on otra cosa
o que son en otro estado.
Et estando aquel rey en tan grand mal estado, la vondat et la piadat de Dios
-que siempre quiere [la] pro de los pecadores et los acarrea a la manera
como se pueden salvar, si por grand su culpa non fuere-, obraron en tal
guisa, que el cativo del rey, que por su sobervia era caído en tan grant perdimiento
et a tan grand abaxamiento, començó a cuidar que este mal quel’
viniera, que fuera por su pecado et por la grant sobervia que en él avía, et,
señaladamente, todo que era por el viesso que mandara raer del cántico de
sancta María que desuso es dicho, que mudara con grant sobervia et por tan
grant locura. Et desque esto fue entendiendo, començó a aver atan grant
dolor et tan grant repentimiento en su coraçón, que omne del mundo non lo
podría dezir por la voca; et era en tal guisa, que mayor dolor et mayor pesar
avía de los yerros que fiziera contra nuestro Señor, que del regno que avía
El Conde Lucanor
165
perdido, et vio cuanto mal andante el su cuerpo estaba, et por ende, nunca
al fazía sinon llorar et matarse et pedir merçed a nuestro señor Dios quel’
perdonasse sus pecados et quel’ oviesse merçed al alma. Et tan grant dolor
avía de sus pecados, que solamente nunca se acordó nin puso en su talante
de pedir merçed a nuestro señor Dios quel’ tornasse en su regno nin en su
onra; ca todo esto preçiava él nada, et non cobdiciava otra cosa sinon aver
perdón de sus pecados et poder salvar el alma.
Et bien cred, señor conde, que cuantos fazen romerías et ayunos et limosnas
et oraciones o otros bienes cualesquier porque Dios les dé o los guarde
o los acresçiente en la salud de los cuerpos o en la onra o en los vienes
temporales, yo non digo que fazen mal, mas digo que si todas estas cosas
fiziessen por aver perdón de todos sus pecados o por aver la gracia de Dios,
la cual se gana por buenas obras et buenas entençiones sin ipocrisía et sin
infinta que serié muy mejor, et sin dubda avrién perdón de sus pecados et
abrían la gracia de Dios: ca la cosa que Dios más quiere del pecador es el
coraçón quebrantando et omillado et la entençión buena et derecha.
Et por ende, luego que por la merçed de Dios el rey se arrepentió de su pecado
et Dios vio el su gran repentimiento et la su buena entención, perdonól’
luego. Et porque la voluntad de Dios es tamaña que non se puede
medir, non tan solamente perdonó todos sus pecados al rey tan pecador,
mas ante le tornó su regno et su onra más complidamente que nunca la oviera,
et fízolo por esta manera:
El ángel que estava en logar de aquel rey et tenié la su figura llamó un su
portero et díxol’:
-Dízenme que anda aquí un omne loco que dize que fue rey de aquesta
tierra, et dize otras muchas buenas locuras; que te vala Dios, ¿qué omne es
o qué cosas dize?
Et acaesçió assí por aventura, que el portero era aquél que firiera al rey el
día que se demudó cuando salió del vaño. Et pues el ángel, quel cuidava ser
el rey, gelo preguntava, contól’ todo lo quel’ contesçiera con aquel loco, et
contól’ cómo andavan las gentes riendo et trebejando con él, oyendo las locuras
que dizié. Et desque esto dixo el portero al rey, mandól’ quel’ fuesse
llamar et gelo troxiesse. Et desque el rey que andava por loco vino ante el
ángel que estava en lugar de rey, apartósse con él et díxol’:
El Conde Lucanor
166
-Amigo, a mí dizen que vós que dezides que sodes rey desta tierra, et que lo
perdiestes non sé por cuál mala ventura et por qué ocasión. Ruégovos, por
la fe que devedes a Dios, que me digades todo como cuidades que es, et
que non me encubrades ninguna cosa, et yo vos prometo a buena fe que
nunca desto vos venga daño.
Cuando el cuitado del rey que andava por loco et tan mal andante oyó dezir
aquellas cosas aquél que él cuidava que era rey, non sopo qué responder; ca
de una parte ovo miedo que gelo preguntava por lo sosacar, et si dixiesse
que era rey quel’ mataría et le faría más mal andante que cuanto era, et por
ende començó a llorar muy fieramente et díxole, como omne que estava
muy coitado:
-Señor, yo non sé lo que vos responder a esto que me dezides, pero porque
entiendo que me sería ya tan buena la muerte como la vida (et sabe Dios
que non tengo mientes por cosa de bien nin de onra en este mundo), non
vos quiero encobrir ninguna cosa de como lo cuido en mi coraçón. Dígovos,
señor, que yo veo que só loco, et todas las gentes me tienen por tal et
tales obras me fazen que yo por tal manera ando grand tiempo a en esta
tierra. Et como quier que alguno errasse, non podría seer, si yo loco non
fuesse, que todas las gentes, buenos et malos, et grandes et pequeños, et de
grand entendimiento et de pequeño, todos me toviessen por loco; pero,
como quier que yo esto veo et entiendo que es assí, çiertamente la mi entençión
et la mi crençia es que yo fuy rey desta tierra et que perdí el regno
et la gracia de Dios con grand derecho por mios pecados, et, señaladamente,
por la grand sobervia et grand orgullo que en mí avía.
Et entonce contó, con muy grand cuita et con muchas lágrimas, todo lo
quel’ contesçiera, tanbién del viesso que fiziera mudar, como los otros pecados.
Et pues el ángel que Dios enviara tomar la su figura et estava por rey
entendió que se dolía más de los yerros en que cayera que del regno et de la
onra que avía perdido, díxol’ por mandado de Dios:
-Amigo, dígovos que dezides en todo muy grand verdat, que vós fuestes
rey desta tierra, et nuestro señor Dios tiróvoslo por estas razones mismas
que vós dezides, et envió a mí, que só su ángel, que tomasse vuestra figura
et estudiesse en vuestro lugar. Et porque la piadat de Dios es tan complida,
et non quiere del pecador sinon que se arrepienta verdaderamente, este
El Conde Lucanor
167
prodigio verdaderamente amostró dos cosas para seer el repentimiento verdadero:
la una es que se arrepienta para nunca tornar aquel pecado; et la
otra, que sea el repentimiento sin infinta. Et porque el nuestro señor Dios
entendió que el vuestro repentimiento es tal, avos perdonado, et mandó a
mí que vos tornasse en vuestra figura et vos dexasse vuestro regno. Et
ruégovos et conséjovos yo que entre todos los pecados vos guardedes del
pecado de la sobervia; ca sabet que de los pecados en que, segund natura,
los omnes caen, que es el que Dios más aborreçe, ca es verdaderamente
contra Dios et contra el su poder, et siempre que es muy aparejado para
fazer perder el alma. Seed çierto que nunca fue tierra, nin linage, nin
estado, nin persona en que este pecado regnasse, que non fuesse desfecho o
muy mal derribado.
Cuando el rey que andava por loco oyó dezir estas palabras del ángel,
dexósse caer ante él llorando muy fieramente, et creyó todo lo quel’ dizía et
adoról’ por reverençia de Dios, cuyo ángel mensagero era, et pidiól’
merçed que se non partiesse ende fasta que todas las gentes se ayuntassen
porque publicasse este tan grand miraglo que nuestro señor Dios fiziera. Et
el ángel fízolo assí. Et desque todos fueron ayuntados, el rey predicó et
contó todo el pleito como passara. Et el ángel, por voluntat de Dios,
paresçió a todos manifiestamente et contóles esso mismo.
Entonçe el rey fizo cuantas emiendas pudo a nuestro señor Dios; et entre
las otras cosas, mandó que, por remembrança desto, que en todo su regno
para siempre fuesse escripto aquel viesso que él revesara con letras de oro.
Et oí dezir que oy en día assí se guarda en aquel regno. Et esto acabado,
fuesse el ángel para nuestro señor Dios quel’ enviara, et fincó el rey con sus
gentes muy alegres et muy bien andantes. Et dallí adelante fue el rey muy
bueno para serviçio de Dios et pro del pueblo et fizo muchos buenos fechos
porque ovo buena fama en este mundo et meresçió aver la gloria del
Paraíso, la cual Él nos quiera dar por la su merçed.
Et vós, señor conde Lucanor, si queredes aver la gracia de Dios et buena
fama del mundo, fazet buenas obras, et sean bien fechas, sin infinta et sin
ipocrisía, et entre todas las cosas del mundo vos guardat de sobervia et set
omildoso sin beguenería et sin ipocrisía; pero la humildat, sea siempre
guardando vuestro estado en guisa que seades omildoso, mas non omillado.
Et los poderosos sobervios nunca fallen en vos humildat con mengua, nin
El Conde Lucanor
168
con vençimiento, mas todos los que se vos omillaren fallen en vos siempre
omildat de vida et de buenas obras complida.
Al conde plogo mucho con este consejo, et rogó a Dios quel’ endereçasse
por quel’ pudiesse todo esto complir et guardar.
Et porque don Johan se pagó mucho además deste enxiemplo, fízolo poner
en este libro, et fizo estos viessos que dizen assí:
Los derechos omildosos Díos mucho los ensalça,
a los que son sobervios fiérelos peor que maça.
Et la estoria deste enxiemplo es ésta que se sigue.
Segunda parte del Libro del Conde Lucanor et de Patronio
Razonamiento que face don Juan por amor de don Jaime, se
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