Conde Lucanor
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padre non les diesse consejo a esto, que non gelo daría omne del mundo, et
contóles qué omne era su padre.
Cuando Saladín, a qui el escudero tenía por joglar, oyó esto, plógol’ ende
muncho. Et fuéronse con él.
Et desque llegaron a casa de su padre, et el escudero le contó cómo vinía
mucho alegre porque caçara muy bien et aún, que avía mayor alegría porque
traía consigo aquellos juglares; et dixo a su padre lo que andavan
preguntando, et pidiól’ por merçed que les dixiesse lo que desto entendía
él, ca él les avía dicho que pues non fallavan quien les diesse desto recabdo,
que si su padre non gelo diesse, que non fallarían omne que les diesse
recabdo.
Cuando el cavallero ançiano esto oyó, entendió que aquél que esta pregunta
fazía que non era juglar; et dixo a su fijo que depués que oviessen comido,
que él les daría recabdo a esto que preguntavan.
Et el escudero dixo esto a Saladín, que él tenía por joglar, de que fue
Saladín mucho alegre, et alongávasele ya mucho porque avía de atender
fasta que oviesse comido.
Desque los manteles fueron levantados et los juglares ovieron fecho su
mester, díxoles el cavallero ançiano quel’ dixiera su fijo que ellos andavan
faziendo una pregunta et que non fallavan omne que les diesse recabdo, et
quel’ dixiessen qué pregunta era aquélla, et él que les diría lo que entendía.
Entonçe, Saladín, que andava por juglar, díxol’ que la pregunta era ésta:
que cuál era la mejor cosa que omne podía aver en sí, et que era madre et
cabeça de todas las vondades.
Cuando el cavallero ançiano oyó esta razón, entendióla muy bien; et otrosí,
conosçió en la palabra que aquél era Saladín; ca él visquiera muy grand
tiempo con él en su casa et reçibiera de’l mucho vien et mucha merçed, et
díxole:
-Amigo, la primera cosa que vos respondo, dígovos que çierto só que fasta
el día de oy que nunca tales juglares entraron en mi casa. Et sabet que si yo
derecho fiziere, que vos debo cognosçer cuánto bien de vos tomé, pero deEl
Conde Lucanor
158
sto non vos diré agora nada, fasta que fable conbusco en poridat, porque
non sepa ninguno nada de vuestra fazienda. Pero, cuanto a la pregunta que
fazedes, vos digo que la mejor cosa que omne puede aver en sí, et que es
madre et cabeça de todas las vondades, dígovos que ésta es la vergüença; et
por vergüença sufre omne la muerte, que es la más grave cosa que puede
seer; ca por vergüença dexa de fazer omne todas las cosas que non le
paresçen bien, por grand voluntat que aya de las fazer. Et assí, en la vergüença
an comienço et cabo todas las vondades, et la vergüença es partimiento
de todos los malos fechos.
Cuando Saladín esta razón oyó, entendió verdaderamente que era assí como
el cavallero le dizía. Et pues entendió que avía fallado recabdo de la
pregunta que fazía, ovo ende muy grant plazer et espidióse del cavallero et
del escudero cuyos huéspedes avían seído. Mas ante que se partiessen de su
casa, fabló con el cavallero ançiano, et le dixo cómo lo conosçía que era
Saladín, et contól’ cuánto bien de’l avía reçebido. Et él et su fijo fiziéronle
cuanto serviçio pudieron, pero en guisa que non fuesse descubierto.
Et desque estas cosas fueron passadas, endereçó Saladín para irse para su
tierra cuanto más aína pudo. Et desque llegó a su tierra, ovieron las gentes
con muy grand plazer et fizieron muy grant alegría por la su venida.
Et después que aquellas alegrías fueron passadas, fuesse Saladín para casa
de aquella buena dueña quel’ fiziera aquella pregunta. Et desque ella sopo
que Saladín vinía a su casa, reçibiól’ muy bien et fízol’ cuanto serviçió
pudo.
Et depués que Saladín ovo comido et entró en su cámara, envió por la
buena dueña; et ella vino a él. Et Saladín le dixo cuánto avía trabajado por
fallar repuesta çierta de la pregunta quel’ fiziera et que la avía fallado, et
pues le podía dar repuesta complida, assí comol’ avía prometido, que ella
otrosí cumpliesse lo quel’ prometiera. Et ella le dixo quel’ pidía por merçed
quel’ guardasse lo quel’ avía prometido et quel’ dixiesse la repuesta a la
pregunta quel’ avía fecho, et que si fuesse tal que él mismo entendiesse que
la repuesta era complida, que ella muy de grado compliría todo lo quel’
avía prometido.
Estonçes le dixo Saladín quel’ plazía desto que ella le dizía, et díxol’ que la
repuesta de la pregunta que ella fiziera que era ésta: que ella le preguntara
El Conde Lucanor
159
cuál era la mejor cosa que omne podía aver en sí et que era madre et cabeça
de todas las vondades, quel’ respondía que la mejor cosa que omne podía
aver en sí et que es madre et cabeça de todas las vondades, que ésta es la
vergüença.
Cuando la buena dueña esta repuesta oyó, fue muy alegre, et díxol’:
-Señor, agora conosco que dezides verdat, et que me avedes complido cuanto
me prometiestes. Et pídovos por merçed que me digades, assí como
rey deve dezir verdat, si cuidades que ha en el mundo mejor omne que vós.
Et Saladín le dixo que, como quier que se le fazía vergüença de dezir, pero
pues la avía a dezir verdat como rey, quel’ dizía que más cuidava que era él
mejor que los otros, que non que avía otro mejor que él.
Cuando la buena dueña esto oyó, dexósse caer en tierra ante los sus pies, et
díxol’ assí, llorando muy fieramente:
-Señor, vós avedes aquí dicho muy grandes dos verdades: la una, que sodes
vós el mejor omne del mundo; la otra, que la vergüença es la mejor cosa
que el omne puede aver en sí. Et señor, pues vós esto conosçedes, et sodes
el mejor omne del mundo, pídovos por merçed que querades en vos la mejor
cosa del mundo, que es la vergüença, et que ayades vergüença de lo que
me dezides.
Cuando Saladín todas estas buenas razones oyó et entendió cómo aquella
buena dueña, con la su vondat et con el su buen entendimiento, sopiera
aguisar que fuesse él guardado de tan grand yerro, gradesçiólo mucho a
Dios. Et comoquier que la él amava ante de otro amor, amóla muy más
dallí adelante de amor leal et verdadero, cual deve aver el buen señor et leal
a todas sus gentes. Et señaladamente por la su vondat della, envió por su
marido et fízoles tanta onra et tanta merçet porque ellos, et todos los ‘que
dellos vinieron, fueron muy bien andantes entre todos sus vezinos.
Et todo este bien acaesçió por la vondat daquella buena dueña, et porque
ella guisó que fuesse sabido que la vergüença es la mejor cosa que omne
puede aver en sí, et que es madre et cabeça de todas las vondades.
El Conde Lucanor
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Et pues vós, señor conde Lucanor, me preguntades cuál es la mejor cosa
que omne puede aver en sí, dígovos que es la vergüença. Ca la vergüença
faze a omne ser esforçado et franco et leal et de buenas costumbres et de
buenas maneras, et fazer todos los vienes que faze. Ca bien cred que todas
estas cosas faze omne más con vergüença que con talante que aya de lo
fazer. Et otrosí, por vergüença dexa omne de fazer todas las cosas desaguisadas
que da la voluntad al omne de fazer. Et por ende, cuán buena cosa es
aver el omne vergüença de fazer lo que non deve et dexar de fazer lo que
deve, tan mala et tan dañosa et tan fea cosa es el que pierde la vergüença.
Et devedes saber que yerra muy fieramente el que faze algún fecho vergonçoso
et cuida que, pues que lo faze encubiertamente, que non deve aver
ende vergüença. Et cierto sed que non ha cosa, por encubierta que sea, que
tarde o aína non sea sabida. Et aunque luego que la cosa vergonçosa se
faga, non aya ende vergüença, devrié omne cuidar qué vergüença sería cuando
fuere sabido. Et aunque desto non tomasse vergüença, dévela tomar
de sí mismo, que entiende el pleito vergonçoso que faze. Et cuando en todo
esto non cuidasse, deve entender cuánto sin ventura es (pues sabe que si un
moço viesse lo que él faze, que lo dexaría por su vergüença) en non lo
dexar nin aver vergüença nin miedo de Dios, que lo vee et lo sabe todo, et
es çierto quel’ dará por ello la pena que meresciere.
Agora, señor conde Lucanor, vos he respondido a esta pregunta que me
feziestes et con esta repuesta vos he respondido a çincuenta preguntas que
me avedes fecho. Et avedes estado en ello tanto tiempo, que só çierto que
son ende enojados muchos de vuestras compañas, et señaladamente se
enojan ende los que non an muy grand talante de oír nin de aprender las cosas
de que se pueden mucho aprovechar. Et contésceles como a las vestias
que van cargadas de oro, que sienten el peso que
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