ziendas tan
bien como les complía; mas otros traen muy bien sus faziendas et non saben
o non quieren o non pueden dezir tres palabras a derechas. Otros fablan
muy bien et fazen muy bien sus faziendas, mas son de malas entençiones,
et como quier que obran bien para sí, obran malas obras para las gentes. Et
destos tales dize la Scriptura que son tales como el loco que tiene la espada
en la mano, o como el mal príncipe que ha grant poder.
Mas para que vós et todos los omnes podades cognosçer cuál es bueno a
Dios et al mundo, et cuál es de buen entendimiento et cuál es de buena
palabra et cuál es de buena entençión, para lo escoger verdaderamente,
conviene que non judguedes a ninguno sinon por las obras que fiziere luengamente
et non poco tiempo, et por como viéredes que mejora o que peora
su fazienda; ca en estas dos cosas se paresçe todo lo que desuso es dicho.
Et todas estas razones vos dixe agora porque vós loades mucho a mí et al
mío entendimiento, et só çierto que desque a todas estas cosas catáredes,
que me non loaredes tanto. Et a lo que me preguntastes que vos dixiesse
cuál era la mejor cosa que omne podía aver en sí, para saber desto la verdat,
querría mucho que sopiésedes lo que contesçió a Saladín con una muy
buena dueña, muger de un cavallero, su vasallo.
Et el conde le preguntó cómo fuera aquello.
El Conde Lucanor
154
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, Saladín era soldán de Babilonia et
traía consigo sienpre muy grand gente; et un día, porque todos non podían
posar con él, fue posar a casa de un cavallero.
Et cuando el cavallero vio a su señor, que era tan onrado, en su casa, fízole
cuanto serviçio et cuanto plazer pudo, et él et su muger et sus fijos et sus
fijas servíanle cuanto podían. Et el Diablo, que sienpre se trabaja en que
faga el omne lo más desaguisado, puso en el talante de Saladín que olbidasse
todo lo que devía guardar et que amasse aquella dueña non como
devía.
Et el amor fue tan grande, quel’ ovo de traer a consejarse con un su mal
consejero en qué manera podría complir lo que él quería. Et devedes saber
que todos devían rogar a Dios que guardasse a su señor de querer fazer mal
fecho, ca si el señor lo quiere, çierto seed que nunca menguará quien gelo
conseje et quien lo ayude a lo complir.
Et assí contesçió a Saladín, que luego falló quien lo consejó cómo pudiesse
complir aquello que quería. Et aquel mal consejero consejól’ que enviasse
por su marido et quel’ fiziesse mucho vien et quel’ diesse muy grant gente
de que fuesse mayoral; et a cabo de algunos días, quel’ enviasse a alguna
tierra lueñe en su serviçio, et en cuanto el cavallero estudiesse allá, que podría
él complir toda su voluntad.
Esto plogo a Saladín, et fízolo assí. Et desque el cavallero fue ido en su
serviçio, cuidando que iba muy bien andante et muy amigo de su señor,
fuesse Saladín para su casa. Desque la buena dueña sopo que Saladín vinía,
porque tanta merçed avía fecho a su marido, reçibiólo muy bien et fízole
mucho serviçio et cuanto plazer pudo ella et toda su compana. Desque la
mesa fue alçada et Saladín entró en su cámara, envió por la dueña. Et ella,
teniendo que enviaba por ál, fue a él. Et Saladín le dixo que la amava
mucho. Et luego que ella esto oyó, entendiólo muy bien, pero dio a entender
que non entendía aquella razón et díxol’ quel’ diesse Dios buena vida et
que gelo gradesçié, ca bien sabié Dios que ella mucho deseava la su vida, et
que siempre rogaría a Dios por él, como lo devía fazer, porque era su señor
et, señaladamente, por cuanta merçed fazía a su marido et a ella.
Saladín le dixo que, sin todas aquellas razones, la amava más que a muger
del mundo. Et ella teníagelo en merçed, non dando a entender que entendía
El Conde Lucanor
155
otra razón. ¿Qué vos iré más alongando? Saladín le ovo a dezir cómo la
amava. Cuando la buena dueña aquello oyó, como era muy buena et de
muy buen entendimiento, respondió assí a Saladín:
-Señor, como quier que yo só assaz muger de pequeña guisa, pero vien sé
que el amor non es en poder del omne, ante es el omne en poder del amor.
Et bien sé yo que si vós tan grand amor me avedes como dezides, que podría
ser verdat esto que me vós dezides, pero assí como esto sé bien, assí sé
otra cosa: que cuando los omnes, et señaladamente los señores, vos pagades
de alguna muger, dades a entender que faredes cuanto ella quisiere, et
desque ella finca mal andante et escarnida, preçiádesla poco et, como es
derecho, finca del todo mal. Et yo, señor, reçelo que conteçerá assí a mí.
Saladín gelo començó a desfazer prometiéndole quel’ faría cuanto ella
quisiesse porque fincasse muy bien andante. Desque Saladín esto le dixo,
repondiól’ la buena dueña que si él le prometiesse de conplir lo que ella le
pidría, ante quel’ fiziesse fuerça nin escarnio, que ella le prometía que,
luego que gelo oviesse complido, faría ella todo lo que él mandasse.
Saladín le dixo que reçelava quel’ pidría que non le fablasse más en aquel
fecho. Et ella díxol’ que non le demandaría esso nin cosa que él muy bien
non pudiesse fazer. Saladín gelo prometió. La buena dueña le vesó la mano
et el pie et díxole que lo que de’l quería era quel’ dixiesse cuál era la mejor
cosa que omne podía aver en sí, et que era madre et cabeça de todas las
vondades.
Cuando Saladín esto oyó, començó muy fieramente a cuidar, et non pudo
fallar qué respondiesse a la buena dueña. Et porquel’ avía prometido que
non le faría fuerça nin escarnio fasta quel’ cumpliesse lo quel’ avía prometido,
díxole que quería acordar sobresto. Et ella díxole que prometía que
en cualquier tiempo que desto le diesse recado, que ella compliría todo lo
que él mandasse.
Assí fincó pleito puesto entrellos. Et Saladín fuesse para sus gentes; et,
como por otra razón, preguntó a todos sus sabios por esto. Et unos dizían
que la mejor cosa que omne podía aver era ser omne de buena alma. Et
otros dizían que era verdat para el otro mundo, mas que por seer solamente
de buena alma, que non sería muy bueno para este mundo. Otros dizían que
lo mejor era seer omne muy leal. Otros dizían que, como quier que seer leal
El Conde Lucanor
156
es muy buena cosa, que podría seer leal et seer muy cobarde, o muy escasso,
o muy torpe, o mal acostumbrado, et assí que ál avía mester, aunque
fuesse muy leal. Et desta guisa fablavan en todas las cosas, et non podían
acertar en lo que Saladín preguntava.
Desque Saladín non falló qui le dixiesse et diesse recabdo a su pregunta en
toda su tierra, traxo consigo dos jubglares, et esto fizo porque mejor pudiesse
con éstos andar por el mundo. Et desconoçidamente passó la mar, et
fue a la corte del Papa, do se ayuntan todos los christianos. Et preguntando
por aquella razón, nunca falló quien le diesse recabdo. Dende, fue a casa
del rey de Françia et a todos los reyes et nunca falló recabdo. Et en esto
moró tanto tiempo que era ya repentido de lo que avía començado.
Et ya por la dueña non fiziera tanto; mas, porque él era tan buen omne,
tenía quel’ era mengua si dexasse de saber aquello que avía començado; ca,
sin dubda, el grant omne grant mengua faze si dexa lo que una vez comiença,
solamente que el fecho non sea malo o pecado; mas, si por miedo o
trabajo lo dexa, non se podría de mengua escusar. Et por ende, Saladín non
quería dexar de saber aquello porque saliera de su tierra.
Et acaesçió que un día, andando por su camino con sus jubglares, que toparon
con un escudero que vinía de correr monte et avía muerto un ciervo.
Et el escudero casara poco tiempo avía, et abía un padre muy viejo que
fuera el mejor cavallero que oviera en toda aquella tierra. Et por la grant
vejez, non veía et non podía salir de su casa, pero avía el entendimiento tan
bueno et tan complido, que non le menguava ninguna cosa por la vejez. El
escudero, que venía de su caça muy alegre, preguntó aquellos omnes que
dónde vinían et qué omnes eran. Ellos le dixieron que eran joglares.
Cuando él esto oyó, plógol’ ende mucho, et díxoles quel vinía muy alegre
de su caça et para complir el alegría, que pues eran ellos muy buenos joglares,
que fuessen con él essa noche. Et ellos le dixieron que ivan a muy
grant priessa, que muy grant tiempo avía que se partieran de su tierra por
saber una cosa et que non pudieron fallar della recabdo et que se querían
tornar, et que por esso non podían ir con él essa noche.
El escudero les preguntó tanto, fasta quel’ ovieron a dezir qué cosa era
aquello que querían saber. Cuando el escudero esto oyó, díxoles que si su
El
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