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Хуан Мануэль Инфант Кастильский. Герцог Луканор. Juan Manuel, Infante de Castilla. El Conde Lucanor


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al Diablo que
si él le diesse manera como pudiesse ser rico, que faría cuanto él quisiesse.
Et bien cred que el Diablo sienpre cata tiempo para engañar a los omnes;
cuando vee que están en alguna quexa, o de mengua, o de miedo, o de
querer complir su talante, estonçe libra él con ellos todo lo que quiere; et
assí cató manera para engañar a aquel omne en el tiempo que estava en
aquella coita.
Estonçe fizieron sus posturas en uno et el omne fue su vasallo. Et desque
las avenençias fueron fechas, dixo el Diablo al omne que, dallí adellante,
que fuesse a furtar, ca nunca fallaría puerta nin casa, por bien çerrada que
fuesse, que él non gela abriesse luego, et si por aventura en alguna priesa se
viesse o fuesse preso, que luego que lo llamasse et le dixiesse: «Acorredme,
don Martín», que luego fuesse con él et lo libraría de aquel periglo
en que estudiesse.
Las posturas fechas entre ellos, partiéronse.
El Conde Lucanor
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Et el omne endereçó a casa de un mercadero, de noche oscura: ca los que
mal quieren fazer siempre aborrecen la lumbre. Et luego que legó a la puerta,
el diablo avriógela, et esso mismo fizo a las arcas, en guisa que luego
ovo ende muy grant aver.
Otro día fizo otro furto muy grande, et después otro, fasta que fue tan rico
que se non acordava de la pobreza que avía passado. Et el mal andante, non
se teniendo por pagado de cómo era fuera de lazeria, començó a furtar aun
más; et tanto lo usó, fasta que fue preso.
Et luego que lo prendieron llamó a don Martín que lo acorriesse; et don
Martín llegó muy apriessa et librólo de la prisión. Et desque el omne vio
que don Martín le fuera tan verdadero, començó a furtar como de cabo, et
fizo muchos furtos, en guisa que fue más rico et fuera de lazeria.
Et usando a furtar, fue otra vez preso, et llamó a don Martín, mas don
Martín non vino tan aína como él quisiera, et los alcaldes del lugar do fuera
el furto començaron a fazer pesquisa sobre aquel furto. Et estando assí el
pleito, llegó don Martín; et el omne díxol’:
-¡A, don Martín! ¡qué grand miedo me pusiestes! ¿Por qué tanto
tardávades? Et don Martín le dixo que estava en otras grandes priessas et
que por esso tardara; et sacólo luego de la prisión.
El omne se tornó a furtar, et sobre muchos furtos fue preso, et fecha la pesquisa
dieron sentençia contra él. Et la sentençia dada, llegó don Martín et
sacólo.
Et él tornó a furtar porque veía que siempre le acorría don Martín. Et otra
vez fue preso, et llamó a don Martín, et non vino, et tardó tanto fasta que
fue jubgado a muerte, et seyendo jubgado, llegó don Martín et tomó alçada
para casa del rey et librólo de la prisión, et fue quito.
Después tornó a furtar et fue preso, et llamó a don Martín, et non vino fasta
que jubgaron quel’ enforcassen. Et seyendo al pie de la forca, llegó don
Martín; et el omne le dixo:
-¡A, don Martín, sabet que esto non era juego, que vien vos digo que grand
miedo he passado!
El Conde Lucanor
138
Et don Martín le dixo que él le traía quinientos maravedís en una limosnera
et que los diesse al alcalde et que luego sería libre. El alcalde avía mandado
ya que lo enforcassen, et non fallaban soga para lo enforcar. Et en cuanto
buscavan la soga, llamó el omne al alcalde et diole la limosnera con los
dineros. Cuando el alcalde cuidó quel’ dava los quinientos maravedís, dixo
a las gentes que ý estavan:
-Amigos, ¡quién vio nunca que menguasse soga para enforcar omne! Ciertamente
este omne non es culpado, et Dios non quiere que muera et por
esso nos mengua la soga; mas tengámoslo fasta cras, et veremos más en
este fecho; ca si culpado es, ý se finca para complir cras la justiçia.
Et esto fazía el alcalde por lo librar por los quinientos maravedís que cuidava
que le avía dado. Et oviendo esto assí acordado, apartósse el alcalde et
avrió la limosnera, et cuidando fallar los quinientos maravedís, non falló
los dineros, mas falló una soga en la limosnera. Et luego que esto vio,
mandól’ enforcar.
Et puniéndolo en la forca, vino don Martín et el omne le dixo quel’ acorriesse.
Et don Martín le dixo que siempre él acorría a todos sus amigos
fasta que los llegava a tal lugar.
Et assí perdió aquel omne el cuerpo et el alma, creyendo al Diablo et fiando
de’l. Et çierto sed que nunca omne de’l creyó nin fió que non llegasse a
aver mala postremería; sinon, parad mientes a todos los agoreros o sorteros
o adevinos, o que fazen cercos o encantamientos et destas cosas cualesquier,
et veredes que siempre ovieron malos acabamientos. Et si non me
credes, acordat vos de Alvar Núñez et de Garcilasso, que fueron los omnes
del mundo que mas fiaron en agüeros et en estas tales cosas, et veredes cuál
acabamiento ovieron.
Et vós, señor conde Lucanor, si bien queredes fazer vuestra fazienda paral
cuerpo et para’l alma, fiat derechamente en Dios et ponet en Él toda vuestra
esperança et vós ayudatvos cuanto pudierdes, et Dios ayudarvos ha. Et non
creades nin fiedes en agüeros, nin en otro devaneo, ca çierto sed que de los
pecados del mundo, el que a Dios más pesa et en que omne mayor tuerto et
mayor desconosçimiento faze a Dios, es en catar agüero et estas tales cosas.
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El conde tovo éste por buen consejo, et fízolo assí et fallósse muy bien
dello.
Et porque don Johan tovo este por buen exiemplo, fízolo escrivir en este
libro, et fizo estos viessos que dizen assí:
El que en Dios non pone su esperança,
morrá mala muerte, abrá mala andança.
Et la estoria deste exiemplo es ésta que se sigue:
Exemplo XLVIº
De lo que contesçió a un filósofo que por ocasión entró en una calle do
moravan malas mugeres
Otra vez fablava el conde Lucanor con Patronio, su consegero, en esta
manera:
-Patronio, vós sabedes que una de las cosas del mundo por que omne más
deve trabajar es por aver buena fama et por se guardar que ninguno non le
pueda travar en ella. Et porque yo sé que en esto, nin en ál, ninguno non me
podría mejor consejar que vos, ruégovos que me consejedes en cuál manera
podré mejor encresçentar et levar adelante et guardar la mi fama.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, mucho me plaze desto que dezides,
et para que vós mejor lo podades fazer, plazerme ía que sopiésedes lo que
contesçió a un muy grand filósofo et mucho ançiano.
El conde le preguntó cómo fuera aquello.
-Señor conde -dixo Patronio-, un muy grand filósofo morava en una villa
del reino de Marruecos; et aquel filósofo avía una enfermedat: que cuandol’
era mester de se desenbargar de las cosas sobejanas que fincavan de la vianda
que avía reçebido, non lo podía fazer sinon con muy grant dolor et
El Conde Lucanor
140
con muy grand pena, et tardava muy grand tiempo ante que pudiesse seer
desenbargado.
Et por esta enfermedat que avía, mandávanle los físicos que cada quel’ tomasse
talante de se desenbargar de aquellas cosas sobejanas, que lo provasse
luego, et non lo tardasse; porque cuanto aquella manera más se
quemasse, más se desecarié et más endurescrié en guisa quel’ serié grand
pena et grand daño para la salud del cuerpo. Et porque esto le mandaron los
físicos, fazielo et fallávasse ende bien.
Et acaesçió que un día, yendo por una calle de aquella villa do morava et
do tenié muchos discípulos que aprendían del quel’ tomó talante de se desenbargar
como es dicho. Et por fazer lo que los físicos le consejavan, et
era su pro, entró en una calleja para fazer aquello que non pudié escusar.
Et atal fue su ventura, que en aquella calleja do él entró, que moravan ý las
mugeres que públicamente biven en las villas fiziendo daño de sus almas et
desonra de sus cuerpos. Et desto non sabía nada el filósofo que tales
mugeres moravan en aquel lugar. Et por la manera de la enfermedat que él
avía, et por el grant tiempo que se detovo en aquel lugar et por las semejanças
que en él paresçieron cuando salió de aquel lugar do aquellas mugeres
moravan, comoquier que él non sabía que tal compaña allí morava, con
todo esso, cuando ende salió, todas las gentes cuidaron que entrara en aquel
logar por otro fecho que era muy desbariado de la vida que él solía et devía
fazer. Et porque paresçe muy peor et fablan muy más et muy peor las gentes
dello cuando algún omne de grand guisa faze alguna cosa quel’ non
pertenesçe et le está peor, por pequeña que sea, que a otro que saben las
gentes que es acostumbrado de non se guardar de fazer muchas cosas peores,
por ende, fue muy fablado et muy tenido a mal, porque aquel filósofo
tan onrado et tan ançiano entrava en aquel lugar quel’ era tan dañoso paral
alma et para’l cuerpo et para la fama.
Et cuando fue en su casa, vinieron a él sus discípulos et, con muy grand
dolor de sus coraçones et con grand pesar, començaron a dezir qu&#

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