çia, tomaron
con las manos daquella agua que estava llena de podre et de aquellas
pustuellas que salían de las llagas de la gafedat que el conde avía, et
bevieron della muy grand pieça. Et passando con el conde su señor tal vida,
fincaron con él fasta que el conde murió.
Et porque ellos tovieron que les sería mengua de tornar a Castiella sin su
señor, vivo o muerto, non quisieron venir sin él. Et como quier que les
dizían quel’ fiziessen cozer et que levassen los sus huesos, dixieron ellos
que tampoco consintrían que ninguno pusiesse la mano en su señor seyendo
muerto como si fuesse vivo. Et non consintieron quel’ coxiessen, mas enterráronle
et esperaron tanto tiempo fasta que fue toda la carne desfecha. Et
metieron los huesos en una arqueta, et traíenlo a veces a cuestas. Et assí
vinían pidiendo las raçiones, trayendo a su señor a cuestas, pero traían testimonio
de todo esto que les avía contesçido. Et viniendo ellos tan pobres,
pero tan bien andantes, llegaron a tierra de Tolosa, et entrando por una
villa, toparon con muy grand gente que levavan a quemar una dueña muy
onrada porque la acusava un hermano de su marido. Et dizía que si algún
cavallero non la salvasse, que cumpliessen en ella aquella justiçia, et non
fallavan cavallero que la salvasse.
Cuando don Pero Núñez, el leal et de buena ventura, entendió que, por
mengua de cavallero, fazían aquella justiçia de aquella dueña, dixo a sus
compañeros que si él sopiesse que la dueña era sin culpa, que él la salvaría.
El Conde Lucanor
133
Et fuesse luego para la dueña et preguntól’ la verdat de aquel fecho. Et ella
díxol’ que ciertamente ella nunca fiziera aquel yerro de que la acusavan,
mas que fuera su talante de lo fazer.
Et como quier que don Pero Núñez entendió que pues ella de su talante
quisiera fazer lo que non devía, que non podía seer que algún mal non le
contesçiesse a él, que la quería salvar, pero pues lo avía començado et sabía
que non fiziera todo el yerro de que la acusavan, dixo que él la salvaría.
Et como quier que los acusadores lo cuidaron desechar diziendo que non
era cavallero, desque mostró el testimonio que traía, non lo podieron
desechar. Et los parientes de la dueña diéronle cavallo et armas, et ante que
entrasse en el campo, dixo a sus parientes que, con la merced de Dios, que
él fincaría con onra et salvaría la dueña, mas que non podía seer que a él
non le viniesse alguna ocasión por lo que la dueña quisiera fazer.
Desque entraron en el campo, ayudó Dios a don Pero Núñez, et venció la
lid et salvó la dueña, pero perdió ý don Pero Núñez el ojo, et assí se cumplió
todo lo que don Pero Núñez dixiera ante que entrasse en el campo.
La dueña et los parientes dieron tanto aver a don Pero Núñez con que pudieron
traer los huesos del conde su señor ya cuanto más sin lazeria que
ante.
Cuando las nuebas llegaron al rey de Castiella de cómo aquellos vien andantes
cavalleros vinían et traían los huesos del conde, su señor, et cómo
vinían tan vien andantes, plógole mucho ende et gradesçió mucho a Dios
porque eran del su regno omnes que tal cosa fizieran. Et envióles mandar
que viniessen de pie, assí mal vestidos como vinían. Et el día que ovieron
de entrar en el regno de Castilla, saliólos a reçebir el rey de pie bien çinco
leguas ante que llegassen al su regno, et fízoles tanto bien que oy en día son
heredados los que vienen de los sus linages de lo que el rey les dio.
Et el rey, et todos cuantos eran con el, por fazer onra al conde, et señaladamente
por lo fazer a los cavalleros, fueron con los huesos del conde
fasta Osma, do lo enterraron. Et desque fue enterrado, fuéronse los cavalleros
para sus casas.
El Conde Lucanor
134
Et el día que don Roy Gonzáles llegó a su casa, cuando se assentó a la mesa
con su muger, desque la buena dueña vio la vianda ante sí, alçó las manos
contra Dios, et dixo:
-¡Señor!, ¡vendito seas tú que me dexaste veer este día, ca tú sabes que
depués que don Roy Gonzáles se partió desta tierra, que ésta es la primera
carne que yo comí, et el primero vino que yo beví!
A don Roy Gonzáles pesó por esto, et preguntól’ por qué lo fiziera. Et ella
díxol’ que bien sabía él que cuando se fuera con el conde, quel’ dixiera que
él nunca tornaría sin el conde et ella que visquiesse como buena dueña, que
nunca le menguaría pan et agua en su casa; et pues él esto le dixiera, que
non era razón quel’ saliese ella de mandado, et por esto nunca comiera nin
biviera sinon pan et agua.
Otrosí, desque don Pero Núñez llegó a su casa, desque fincaron él et su
muger et sus parientes sin otra conpaña, la buena dueña et sus parientes
ovieron con él tan grand plazer, que allí començaron a reír. Et cuidando
don Pero Núñez que fazían escarnio de’l porque perdiera el ojo, cubrió el
manto por la cabeça et echóse muy triste en la cama. Et cuando la buena
dueña lo vio assí ser triste, ovo ende muy grand pesar, et tanto le afincó
fasta quel’ ovo a dezir que se sintía mucho porquel’ fazían escarnio por el
ojo que perdiera.
Cuando la buena dueña esto oyó, diose con una aguja en el su ojo, et quebrólo,
et dixo a don Pero Núñez que aquello fiziera ella porque si alguna
vez riesse, que nunca él cuidasse que reía por le fazer escarnio.
Et assí fizo Dios vien en todo aquellos buenos cavalleros por el bien que
fizieron.
Et tengo que si los que tan bien non lo acertaron en vuestro serviçio fueran
tales como éstos, et sopieran cuánto bien les vino por esto que fizieron, que
non lo erraran como erraron; pero vós, señor conde, por vos fazer algún
yerro algunos que lo non devían fazer, nunca vós por esso dexedes de fazer
bien, ca los que vos yerran, más yerran a sí mismos que a vos. Et parad
mientes que si algunos vos erraron, que muchos otros vos servieron; et más
vos cumplió el serviçio que aquéllos vos fizieron, que vos enpeçió nin vos
tovo mengua los que vos erraron. Et non creades que de todos los que vós
El Conde Lucanor
135
fazedes bien, que de todos tomaredes serviçio, mas un tal acaesçimiento
vos podrá acaesçer: que uno vos fará tal serviçio, que ternedes por bien enpleado
cuanto bien fazedes a los otros.
El conde tovo éste por buen consejo et por verdadero.
Et entendiendo don Johan que este enxiemplo era muy bueno, fízolo escrivir
en este libro, et fizo estos viessos que dizen assí:
Maguer que algunos te ayan errado,
nunca dexes de fazer aguisado.
Et la istoria deste enxiemplo es ésta que se sigue:
Exemplo XLVº
De lo que contesçió a un omne que se fizo amigo et vasallo del Diablo
Fablava una vez el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta
guisa:
-Patronio, un omne me dize: que sabe muchas maneras, tanbién de agüeros
como de otras cosas, en cómo podré saber las cosas que son por venir et
cómo podré fazer muchas arterías con que podré aprovechar mucho mi
fazienda; pero en aquellas cosas tengo que non se puede escusar de aver ý
pecado. Et por la fiança que de vos he, ruégovos que me consejedes lo que
faga en esto.
-Séñor conde -dixo Patronio-, para que vós fagades en esto lo que vos más
cumple, plazerme ía que sepades lo que contesçió a un omne con el Diablo.
El conde le preguntó cómo fuera aquello.
-Señor conde -dixo Patronio-, un omne fuera muy rico et llegó a tan grand
pobreza, que non avía cosa de que se mantener. Et porque non a en el
mundo tan grand desventura como seer muy mal andante el que suele seer
El Conde Lucanor
136
bien andante, por ende, aquel omne que fuera muy bien andante era llegado
a tan grand mengua, que se sintía dello mucho. Et un día, iva en su cabo
solo por un monte, muy triste et cuidando muy fieramente et yendo assí tan
coitado encontrósse con el Diablo.
Et como el Diablo sabe todas las cosas passadas et sabía el coidado en que
vinía aquel omne, et preguntól’ por qué vinía tan triste. Et el omne díxole
que para que gelo diría, ca él non le podría dar consejo en la tristeza que él
avía.
Et el Diablo díxole que si él quisiesse fazer lo que él le diría, que él le daría
cobro para’l cuidado que avía; et porque entendiesse que lo podía fazer,
quel’ diría en lo que vinía cuidando et la razón porque estava tan triste.
Estonçe le contó toda su fazienda et la razón de su tristeza, como aquel que
la sabía muy bien. Et díxol’ que si quisiesse fazer lo que él le diría, que él
le sacaría de toda lazeria et lo faría más rico que nunca fuera él nin omne de
su linage; ca él era el Diablo, et avía poder de lo fazer.
Cuando el omne oyó dezir que era el Diablo, tomó ende muy grand reçelo,
pero por la grand cuita et grand mengua en que estava, dixo
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