6;
De lo que contesçió a un mançebo que casó con una muger muy fuerte
et muy brava
Otra vez fablava el conde Lucanor con Patronio, et díxole:
-Patronio, un mío criado me dixo quel’ traían cassamiento con una muger
muy rica et aun, que es más onrada que él, et que es el casamiento muy
bueno para él, sinon por un enbargo que ý ha, et el enbargo es éste: díxome
quel’ dixeran que aquella muger que era la más fuerte et más brava cosa del
mundo. Et agora ruégovos que me consejedes si le mandaré que case con
aquella muger, pues sabe de cuál manera es, o sil’ mandaré que lo non faga.
-Señor conde -dixo Patronio-, si él fuer tal como fue un fijo de un omne
bueno que era moro, consejalde que case con ella, mas si non fuere tal, non
gelo consejedes.
El conde le rogó quel’ dixiesse cómo fuera aquello.
Patronio le dixo que en una villa avía un omne bueno que avía un fijo, el
mejor mançebo que podía ser, mas non era tan rico que pudiesse complir
tantos fechos et tan grandes como el su coraçón le dava a entender que
devía complir. Et por esto era él en grand cuidado, ca avía la buena voluntat
et non avía el poder.
En aquella villa misma, avía otro omne muy más onrado et más rico que su
padre, et avía una fija non más, et era muy contraria de aquel mançebo; ca
cuanto aquel mançebo avía de buenas maneras, tanto las avía aquella fija
del omne bueno malas et revesadas; et por ende omne del mundo non
quería casar con aquel diablo.
Aquel tan buen mançebo vino un día a su padre et díxole que bien sabía
que él non era tan rico que pudiesse darle con que él pudiesse bevir a su
onra, et que pues le convinía a fazer vida menguada et lazdrada o irse
daquella tierra, que si él por bien tobiesse, quel’ paresçía mejor seso de
catar algún casamiento con que pudiesse aver alguna passada. Et el padre le
dixo quel’ plazría ende mucho si pudiesse fallar para él casamiento quel’
cumpliesse.
El Conde Lucanor
106
Entonce le dixo el fijo que si él quisiesse, que podría guisar que aquel omne
bueno que avía aquella fija que gela diesse para él. Cuando el padre esto
oyó, fue muy maravillado, et díxol’ que cómo cuidava en tal cosa: que non
avía omne que la conosçiesse que, por pobre que fuese, quisiese casar con
ella. El fijo le dixo quel’ pidía por merçed quel’ guisasse aquel casamiento.
Et tanto lo afincó que como quier que el padre lo tovo por estraño, que gelo
otorgó.
Et él fuesse luego para aquel omne bueno, et amos eran mucho amigos, et
díxol’ todo lo que passara con su fijo et rogól’ que pues su fijo se atrevía a
casar con su fija, quel’ ploguiesse et que gela diesse para él. Cuando el
omne bueno esto oyó aquel su amigo, díxole:
-Par Dios, amigo, si yo tal cosa fiziesse, seervos ía muy falso amigo, ca vós
avedes muy buen fijo, et ternía que fazía muy grand maldat si yo consintiesse
su mal nin su muerte; et só çierto que si con mi fija casase, que o sería
muerto o le valdría más la muerte que la vida. Et non entendades que vos
digo esto por non complir vuestro talante, ca si la quisierdes, a mí mucho
me plaze de la dar a vuestro fijo, o a quienquier que me la saque de casa.
El su amigo le dixo quel’ gradesçía mucho cuanto le dizía, et que pues su
fijo quería aquel casamiento, quel’ rogava quel’ ploguiesse.
El casamiento se fizo, et levaron la novia a casa de su marido. Et los moros
an por costumbre que adovan de çena a los novios et pónenles la mesa et
déxanlos en su casa fasta otro día. Et fiziéronlo aquellos assí; pero estavan
los padres et las madres et parientes del novio et de la novia con grand
reçelo, cuidando que otro día fallarían el novio muerto o muy maltrecho.
Luego que ellos fincaron solos en casa, assentáronse a la mesa, et ante que
ella ubiasse a dezir cosa cató el novio en derredor de la mesa, et vio un
perro et díxol’ ya cuanto bravamente:
-¡Perro, danos agua a las manos!
El perro non lo fizo. Et él encomençósse a ensañar et díxol’ más bravamente
que les diesse agua a las manos. Et el perro non lo fizo. Et desque
vio que lo non fazía, levantóse muy sañudo de la mesa et metíó mano a la
El Conde Lucanor
107
espada et endereçó al perro. Cuando el perro lo vio venir contra sí,
començó a foír, et él en pos él, saltando amos por la ropa et por la mesa et
por el fuego, et tanto andido en pos de’l fasta que lo alcançó, et cortól’ la
cabeça et las piernas et los braços, et fízolo todo pedaços et ensangrentó
toda la casa et toda la mesa et la ropa.
Et assí, muy sañudo et todo ensangrentado, tornóse a sentar a la mesa et
cató en derredor, et vio un gato et díxol’ quel’ diesse agua a manos; et porque
non lo fizo, díxole:
-¡Cómo, don falso traidor!, ¿et non vistes lo que fiz al perro porque non
quiso fazer lo quel’ mandé yo? Prometo a Dios que si un punto nin más
conmigo porfías, que esso mismo faré a ti que al perro.
El gato non lo fizo, ca tampoco es su costumbre de dar agua a manos, como
del perro. Et porque non lo fizo, levantóse et tomól’ por las piernas et dio
con él a la pared et fizo de’l más de çient pedaços, et mostrándol’ muy
mayor saña que contra el perro.
Et assí, bravo et sañudo et faziendo muy malos contenentes, tornóse a la
mesa et cató a todas partes. La muger, quel’ vio esto fazer, tovo que estava
loco o fuera de seso, et non dizía nada.
Et desque ovo catado a cada parte, et vio un su cavallo que estava en casa,
et él non avía más de aquél, et díxol’ muy bravamente que les diesse agua a
las manos; el cavallo non lo fizo. Desque vio que lo non fizo, díxol’:
-¡Cómo, don cavallo!, ¿cuidades que porque non he otro cavallo, que por
esso vos dexaré si non fizierdes lo que yo vos mandare? Dessa vos guardat,
que si por vuestra mala ventura non faierdes lo que yo vos mandare, yo juro
a Dios que tan mala muerte vos dé como a los otros; et non ha cosa viva en
el mundo que non faga lo que yo mandare, que esso mismo non le faga.
El cavallo estudo quedo. Et desque vio que non fazía su mandado, fue a él
et cortól’ la cabeça con la mayor saña que podía mostrar, et despedaçólo
todo.
Cuando la muger vio que matava el cavallo non aviendo otro et que dizía
que esto faría a quiquier que su mandado non cumpliesse, tovo que esto ya
El Conde Lucanor
108
non se fazía por juego, et ovo tan grand miedo, que non sabía si era muerta
o biva.
Et él assí, vravo et sañudo et ensangrentado, tornóse a la mesa, jurando que
si mil cavallos et omnes et mugeres oviesse en casa quel’ saliessen de mandado,
que todos serían muertos. Et assentósse et cató a cada parte, teniendo
la espada sangrienta en el regaço; et desque cató a una parte et a otra et non
vio cosa viva, bolvió los ojos contra su muger muy bravamente et díxol’
con grand saña, teniendo la espada en la mano:
-Levantadvos et datme agua a las manos.
La muger, que non esperava otra cosa sinon que la despedaçaría toda, levantóse
muy apriessa et diol’ agua a las manos. Et díxole él:
-¡A!, ¡cómo gradesco a Dios porque fiziestes lo que vos mandé, ca de otra
guisa, por el pesar que estos locos me fizieron, esso oviera fecho a vos que
a ellos!
Después mandól’ quel’ diesse de comer; et ella fízolo. Et cada quel’ dizía
alguna cosa, tan bravamente gelo dizía et en tal son, que ella ya cuidava
que la cabeça era ida del polvo.
Assí passó el fecho entrellos aquella noche, que nunca ella fabló, mas fazía
lo quel’ mandavan. Desque ovieron dormido una pieça, díxol’ él:
-Con esta saña que ove esta noche, non pude bien dormir. Catad que non
me despierte cras ninguno, et tenedme bien adobado de comer.
Cuando fue grand mañana, los padres et las madres et parientes llegaron a
la puerta et porque non fablava ninguno, cuidaron que el novio estava
muerto o ferido. Et desque vieron por entre las puertas a la novia et non al
novio, cuidáronlo más.
Cuando ella los vio a la puerta llegó muy passo et con grand miedo, et
començóles a dezir:
-¡Locos, traidores!, ¿qué fazedes? ¿Cómo osades llegar a la puerta nin fablar?
¡Callad, sinon todos, también vós como yo, todos somos muertos!
El Conde Lucanor
109
Cuando todos esto oyeron, fueron marabillados; et desque sopieron cómo
pasaron en uno, presçiaron mucho el mançebo porque assí sopiera fazer lo
quel’ cumplía et castigar tan bien su casa.
Et daquel día adelante, fue aquella su muger muy bien mandada et ovieron
muy buena bida.
Et dende a pocos días, su suegro quiso fazer assí como fiziera su yerno, et
por aquella manera mató un gallo, et díxole su muger:
-A la fe, don fulán, tarde vos acordastes, ca ya non vos valdría nada si
matássedes çient cavallos: que ante lo oviérades a començar, ca ya bien nos
conosçemos.
Et vós, señor conde, si aquel vuestro
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