25;rez
fiziera e amóle e precióle e fizo mucho más de’l de allí adelante.
E vós, señor conde Lucanor, si sabedes que aquel omne que conbusco
quiere guarecer es buen omne en sí et podedes de’l fiar, cuanto por lo que
vos dizen que fizo algunas cosas sin razón, non lo devedes por eso partir de
vuestra compañía; ca por aventura aquello que los omnes cuidan que fue
sin razón non lo fue, assí como cuidó el rey que don Llorenço Suárez
fiziera desaguisado en matar aquel clérigo, e don Lorenzo Suárez fizo el
mejor fecho del mundo. Mas si bós sopiésedes que lo que él fizo es tan mal
fecho, faríades bien de lo non querer para vuestra compañía.
E al conde plogo mucho desto que Patronio le dixo, e fízolo assí e fallóse
ende bien.
E entendiendo don Juan que este enxemplo hera muy bueno, fízolo escrivir
en este libro et fizo estos viessos que dizen assí:
Muchas cosas parescen sin razón,
et qui las sabe, en sí buenas son.
Et la istoria deste exienplo es ésta que se sigue:
Exemplo XXIXº
De lo que contesçió a un raposo que se echó en la calle et se fizo muerto
Otra ves fablava el conde Lucanor con Patronio, su consegero, et díxole
así:
-Patronio, un mío pariente bive en una tierra do non ha tanto poder que
pueda estrañar cuantas escatimas le fazen, et los que han poder en la tierra
querrían muy de grado que fiziesse él alguna cosa porque oviessen achaque
para seer contra él. Et aquel mío pariente tiene quel’ es muy grave cosa de
sofrir aquellas terrerías quel’ fazen, et querría aventurarlo todo ante que soEl
Conde Lucanor
92
frir tanto pesar de cada día. Et porque yo querría que él acertasse en lo
mejor, ruégovos que me digades en qué manera lo conseje porque passe lo
mejor que pudiere en aquella tierra.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, para que vós le podades consejar en
esto, plazerme ía que sopiéssedes lo que contesçió una vez a un raposo que
se fezo muerto.
El conde le preguntó cómo fuera aquello.
-Señor conde -dixo Patronio-, un raposo entró una noche en un corral do
avía gallinas; et andando en roído con las gallinas, cuando él cuidó que se
podría ir, era ya de día et las gentes andavan ya todos por las calles. Et
desque él vio que non se podía asconder, salió escondidamente a la calle, et
tendiósse assí como si fuesse muerto.
Cuando las gentes lo vieron, cuidaron que era muerto, et non cató ninguno
por él.
A cabo de una pieça passó por ý un omne, et dixo que los cabellos de la
fruente del raposo que eran buenos para poner en la fruente de los moços
pequeños porque non les aojen. Et trasquiló con unas tiseras de los cabellos
de la fruente del raposo.
Después vino otro, et dixo esso mismo de los cabellos del lomo; et otro, de
las ijadas. Et tantos dixieron esto fasta que lo trasquilaron todo. Et por todo
esto, nunca se movió el raposo, porque entendía que aquellos cabellos non
le fazían daño en los perder.
Después vino otro et dixo que la uña del polgar del raposo que era buena
para guaresçer de los panarizos; et sacógela. Et el raposo non se movió.
Et después vino otro que dixo que el diente del raposo era bueno para el
dolor de los dientes; et sacógelo. Et el raposo non se movió.
Et después, a cabo de otra pieça, vino otro que dixo que el coraçón del raposo
era bueno para’l dolor del coraçón, et metió mano a un cochiello para
sacarle el coraçón. Et el raposo vio quel’ querían sacar el coraçón et que si
gelo sacassen non era cosa que se pudiesse cobrar, et que la vida era perEl
Conde Lucanor
93
dida et tovo que era mejor de se aventurar a quequier quel’ pudiesse venir,
que sofrir cosa porque se perdiesse todo. Et aventuróse et puñó en
guaresçer et escapó muy bien.
Et vós, señor conde, consejad a aquel vuestro pariente que si Dios le echó
en tierra do non puede estrañar lo quel’ fazen como él querría o como le
cumplía, que en cuanto las cosas quel’ fizieren fueren atales que se puedan
sofrir sin grand daño et sin grand mengua, que dé a entender que se non
siente dello et que les dé passada; ca en cuanto da omne a entender que se
non tiene por maltrecho de lo que contra él an fecho, non está tan envergonçado;
mas desque da a entender que se tiene por maltrecho de lo que ha
reçebido, si dende adelante non faze todo lo que deve por non fincar menguado,
non está tan bien como ante. Et por ende, a las cosas passaderas,
pues non se pueden estrañar como deven, es mejor de les dar passada, mas
si llegare el fecho a alguna cosa que sea grand daño o grand mengua, estonçe
se aventure et non le sufra, ca mejor es la pérdida o la muerte, defendiendo
omne su derecho et su onra et su estado, que bevir passando en
estas cosas mal et desonradamente.
El conde tovo éste por buen consejo.
Et don Johan fízolo escrivir en este libro et fizo estos viessos que dizen
assí:
Sufre las cosas en cuanto divieres,
estraña las otras en cuanto pudieres.
Et la istoria deste exienplo es ésta que se sigue:
Exemplo XXXº
De lo que contesçió al rey Abenabet de Sevilla con Ramaiquía,
su muger
Un día fablava el conde Lucanor con Patronio, su consegero, en esta
manera:
El Conde Lucanor
94
-Patronio, a mí contesçe con un omne assí: que muchas vezes me ruega et
me pide quel’ ayude et le dé algo de lo mío; et comoquier que cuando fago
aquello que él me ruega, da a entender que me lo gradesçe, luego que otra
vez me pide alguna cosa, si lo non fago assí como él quiere, luego se ensaña
et da a entender que non me lo gradesçe et que a olbidado todo lo que
fiz por él. Et por el buen entendimiento que habedes, ruégovos que me consejedes
en qué manera passe con este omne.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, a mí paresçe que vos contesçe con
este omne segund contesçió al rey Abenabet de Sevilla con Ramaiquía, su
muger.
El conde preguntó cómo fuera aquello.
-Señor conde -dixo Patronio-, el rey Abenabet era casado con Ramaiquía et
amávala más que cosa del mundo; et ella era muy buena muger et los moros
an della muchos buenos exiemplos; pero avía una manera que non era
muy buena: esto era que a las vezes tomava algunos antojos a su voluntad.
Et acaesçió que un día, estando en Córdova en el mes de febrero, cayó una
nieve; et cuando Ramaiquía la vio, començó a llorar. Et preguntól’ el rey
por qué llorava.
Et ella díxol’ que por que nunca la dexava estar en tierra que viesse nieve.
Et el rey, por le fazer plazer, fizo poner almendrales por toda la xierra de
Córdova; porque pues Córdova es tierra caliente et non nieva ý cada año,
que en el febrero paresciessen los almendrales floridos, que semejan nieve,
por le fazer perder el deseo de la nieve.
Otra vez, estando Ramaiquía en una cámara sobre el río, vio una muger
descalça bolviendo lodo cerca el río para fazer adobes; et cuando Ramaiquía
lo vio, començó a llorar; et el rey preguntól’ por qué llorava. Et ella
díxol’ que porque nunca podía estar a su guisa, siquier faziendo lo que
fazía aquella muger.
Entonçe, por le fazer plazer, mandó el rey fenchir de agua rosada aquella
grand albuhera de Córdova en logar de agua, et en lugar de tierra, fízola
El Conde Lucanor
95
fenchir de açúcar et de canela et de gengibre et espic et clavos et musgo et
ambra et algalina, et de todas buenas espeçias et buenos olores que pudían
seer; et en lugar de paja, poner cañas de açúcar. Et desque destas cosas fue
llena el albuhera de tal lodo cual entendedes que podría seer, dixo el rey a
Ramaiquía que se descalçase et que follasse aquel lodo et que fiziesse adobes
del cuantos quisiesse.
Otro día, por otra cosa que se le antojó, començó a llorar; et el rey preguntól’
por qué lo fazía.
Et ella díxol’ que cómo non lloraría, que nunca fiziera el rey cosa por le
fazer plazer. Et el rey veyendo que, pues tanto avía fecho por le fazer plazer
et conplir su talante, et que ya non sabía qué pudiesse fazer más, díxol’ una
palabra que se dize en el algaravía desta guisa: «v. a. le mahar aten?», et
quiere dezir: «¿Et non el día del lodo?», como diziendo que pues las otras
cosas olvidava, que non devía olvidar el lodo que fiziera por le fazer plazer.
Et vés, señor conde, si veedes que por cosa que por aquel omne fagades,
que si non le fazedes todo lo ál que vos dize, que luego olvida et desgradesçe
todo lo que por él avedes fecho, conséjovos que non fagades por
él tanto que se vos torne en grand daño de vuestra fazienda. Et a vos, otrosí,
conséjovos que, si alguno fiziesse por vos alguna cosa que vos cumpla et
después non fiziere todo lo que vós querriedes, que por esso nunca lo
desconozcades el bien que vos vino de lo que por vos fizo.
El conde tovo este por buen consejo et fízolo assí et fallósse ende bien.
Et teniendo don Johan éste por buen enxiemplo, fízolo es
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