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Хуан Мануэль Инфант Кастильский. Герцог Луканор. Juan Manuel, Infante de Castilla. El Conde Lucanor


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assí:
-Sobrino, agora vos he dado la repuesta a lo que en el otro día me dixiestes
que me davan las gentes por grand tacha porque tanto fazía por doña Vascuñana,
mi muger; ca bien cred que todo esto que vós et yo avemos passado
oy, todo lo fize porque entendiéssedes quién es ella, et que lo que yo
por ella fago, que lo fago con razón; ca bien creed que entendía yo que las
primeras vacas que nós fallamos, et que dizía yo que eran yeguas, que vacas
eran, assí como vós dizíades. Et desque doña Vascuñana llegó et vos
oyó que yo dizía que eran yeguas, bien çierto só que entendía que vós
dizíades verdat; mas que fió ella tanto en el mío entendimiento, que tien’
que, por cosa del mundo, non podría errar, tovo que vós et ella errávades en
non lo conosçer cómo era. Et por ende dixo tantas razones et tan buenas,
que fizo entender a vos, et a cuantos allí estavan, que lo que yo dizía era
verdat; et esso mismo fizo después en lo de las yeguas et del río. Et bien
vos digo verdat: que del día que comigo casó, que nunca un día le bi fazer
nin dezir cosa en que yo pudiesse entender que quería nin tomava plazer
sinon en aquello que yo quis’; nin le vi tomar enojo de ninguna cosa que yo
fiziesse. Et sienpre tiene verdaderamente en su talante que cualquier cosa
que yo faga, que aquello es lo mejor; et lo que ella a de fazer de suyo o le
yo acomiendo que faga, sábelo muy bien fazer, et sienpre lo faze guardando
toda mi onra et mi pro et queriendo que entiendan las gentes que yo
só el señor, et que la mi voluntad et la mi onra se cumpla en todo; et non
quiere para sí otra pro, nin otra fama de todo el fecho, sinon que sepan que
es mi pro, et tome yo plazer en ello. Et tengo que si un moro de allende el
mar esto fiziesse, quel’ devía yo mucho amar et presçiar yo et fazer yo
mucho por el su consejo et demás seyendo casado con ella et seyendo ella
tal et de tal linaje de que me tengo por muy bien casado. Et agora, sobrino,
vos he dado repuesta a la tacha que el otro día me dixiestes que avía.
Cuando el sobrino de don Alvar Háñez oyó estas razones, plógol’ ende
mucho, et entendió que pues doña Vascuñana tal era et avía tal entendimiento
et tal entención, que fazía muy grand derecho don Alvar Háñez de
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la amar et fiar en ella et fazer por ella cuanto fazía et aun muy más, si más
fiziesse.
Et assí fueron muy contrarias la muger del enperador et la muger de don
Alvar Háñez.
Et, señor conde Lucanor, si vuestros hermanos son tan desvariados, que el
uno faze todo cuanto su muger quiere et el otro todo lo contrario, por
aventura esto es porque sus mugeres fazen tal vida con ellos como fazía la
emperadriz et doña Vascuñana. Et si ellas tales son, non devedes maravillarvos
nin poner culpa a vuestros hermanos; mas si ellas non son tan buenas
nin tan revesadas como estas dos de que vos he fablado, sin dubda vuestros
hermanos non podrían seer sin grand culpa; ea como quier que aquel
vuestro hermano que faze mucho por su muger faze bien, entendet que este
bien, que se deve fazer con razón et non más; ca si el omne, por aver grand
amor a su muger, quiere estar con ella tanto por que se dexe de ir a los lugares
o a los fechos en que puede fazer su pro et su onra, faze muy grand
yerro; nin si por le plazer nin complir su talante dexa nada de lo que pertenesçe
a su estado, nin a su onra, faze muy desaguisado; mas guardando estas
cosas, todo buen talante et toda fiança que el marido pueda mostrar a su
muger, todo le es fazedero et todo lo deve fazer et le pertenesçe muy bien
que lo faga. Et otrosí, deve mucho guardar que por lo que a él mucho non
cumple, nin le faze gran mengua, que non le faga pesar nin enojo e señaladamente
en ninguna cosa en que pueda aver pecado, ca desto vienen
muchos daños. Lo uno, el pecado e la maldad que el omne faze; e lo ál que
por fazerle enmienda o fazerle plazer porque pierda aquel enojo avrá a
fazer cosas que se tornarán en daño de la fazienda e de la fama. Otrosí el
que por su fuerte bentura tal muger obiera como la del emperador, pues al
comienço non pudo o non sopo poner ý consejo, non ay sinon pasar por su
ventura como Dios gelo quisiere endereçar. Pero saved que para lo uno e
para lo ál cumple mucho que del primer día que el omne casa deve dar a
entender a su muger que él es señor e que le faga entender la vida que ha de
pasar.
E vós, señor conde Lucanor, al mío cuidar, parando mientes a estas cosas
podedes consejar a vuestros hermanos en qué manera bivan con sus
mugeres.
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E al conde plogo mucho destas cosas que Patronio le dixo e tovo que le
dezía verdad e muy buen seso.
E entendiendo don Juan que estos enxemplos heran muy buenos, fízolos
escrivir en este libro e fizo estos versos que dizen assí:
En el comienço deve omne mostrar
a su muger cómo deve passar.
Exemplo XXVIIIº
De lo que contesçió a don Llorenço Suárez Gallinato
El conde Lucanor fablava un día con Patronio, su consegero, en esta guisa:
-Patronio, un omne vino a mí por guarescer comigo e como quier que yo sé
que él es en sí buen omne, pero algunos dízenme que ha fecho algunas cosas
desaguisadas; e por el buen entendimiento que vós avedes, ruégovos
que me consegedes lo que vos parece en esta razón.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, para que vós fagades en esto lo que
yo cuido que vos más cumple, plazerme hía que supiésedes lo que contesció
a don Llorenço Suárez Gallinato.
El conde le preguntó cómo fuera aquello.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, don Llorenço Suárez bivía con el
rey de Granada e desque vino a la merced del rey don Fernando, preguntóle
el rey un día que pues él tanto deservicio avía fecho a Dios con los moros,
que si cuidava que le avría Dios nunca merçed del alma; e él díxole que
nunca fiziera cosa porque cuidase que le abría Dios merced del alma, sinon
porque matara una vez un clérigo misacantano.
E esto tuvo el rey por muy estraño e preguntóle cómo podría esto ser. E él
díxole que biviendo con el rey de Granada, que el rey fiava de’l mucho e
era guarda del su cuerpo; e yendo un día con el rey que andava por la villa,
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oyó roído de omnes que davan bozes, e porque él hera guarda del rey, que
diera de las espuelas al cavallo; e llegó a do fazían aquel roído e falló un
clérigo que estava revestido.
E devedes saber que este clérigo fuera cristiano e tornárase moro, e un día,
por fazer plazer a los moros, díxoles que si quisiesen, que él les daría aquel
Dios en que los cristianos fiavan e tenían por Dios. E los moros le rogaron
que gelo diese. E entonces el clérigo traidor fizo unas vestimentas e fizo un
altar e dixo una misa e consagró una hostia; e desque fue consagrada, diola
a los moros, e los moros andávanla rastrando por el lodo e faziendol’
muchos escarnios.
E cuando don Llorenço Suárez esto vio, como quier que él bivía con los
moros, menbrándose cómo era cristiano e creyendo sin dubda que aquel era
verdaderamente el cuerpo de Dios e que pues Christo muriera por redemir
los nuestros pecados, que sería él de muy buena ventura si muriese él por le
vengar e por le sacar de aquella desonra que aquella falsa gente cuidavan
que le fazían; e por el gran duelo e pesar que desto ovo, endereçó al traidor
del clérigo e renegado que aquella traición fazía, e cortóle la cabeça. E decendió
del cavallo e fincó los hinojos en el suelo e adoró el cuerpo de Dios;
e la hostia, que estava de’l alóngada, saltó del lodo donde estava en la falda
de don Lorenço Suárez.
E cuando los moros esto vieron, ovieron ende grande pesar e metieron
mano a las espadas e a palos e piedras e binieron contra don Llorenço
Suárez por lo matar; e él metió mano a la espada con que descabeçara el
mal clérigo, e començóse a defender. E cuando el rey oyó este ruido e bio
que querían matar a don Llorenço Suárez, mandó que non le fiziesen
ningún mal, e preguntó qué fuera aquello. E los moros, con muy gran
quexa e braveza, dixéronle cómo pasara aquel fecho. E el rey se quexó e le
pesó desto mucho, e preguntó muy sañudamente a don Lorenço Suárez por
qué lo fiziera; e don Lorenço Suárez le dixo que bien sabía que él non era
de la su ley, enpero que el rey esto sabía que fiava del su cuerpo e que le
escogiera para esto cuidando que hera leal, e que por miedo de muerte non
dexaría de lo guardar; e pues si él lo tenía por tan leal, que cuidava que
faría esto por él, que era moro, que parase mientes, si él leal hera, qué devía
fazer si era cristiano por guardar el cuerpo de Dios, que es rey de los reyes
e señor de los señores, e que si por esto le mandase matar, que nunca bería
él mejor día.
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E cuando el rey esto oyó, plúgole mucho de lo que don Llorenço Su

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