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Хуан Мануэль Инфант Кастильский. Герцог Луканор. Juan Manuel, Infante de Castilla. El Conde Lucanor


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a todas le sopo tan bien
responder, que don Alvar Háñez fue muy pagado, et gradesçió mucho a
Dios porque fallara muger de tan buen entendimiento.
Et dixo al conde don Pero Ançúrez que con aquella quería casar. Al conde
plogo mucho ende. Et fizieron ende sus vodas luego. Et fuesse con su
muger luego en buena ventura. Et esta dueña avía nombre doña Vascuñana.
Et después que don Alvar Háñez levó a su muger a su casa, fue ella tan
buena dueña et tan cuerda, que don Alvar Háñez se tovo por bien casado
della et tenía por razón que se fiziesse todo lo que ella querié.
Et esto fazía él por dos razones: la primera, porquel’ fizo Dios a ella tanto
bien, que tanto amava a don Alvar Háñez et tanto presçiava el su entendimiento,
que todo lo que don Alvar Háñez dizía et fazía, que todo tenía ella
verdaderamente que era lo mejor; et plazíale mucho de cuanto dizía et de
cuanto fazía, et nunca en toda su vida contralló cosa que entendiesse que a
él plazía. Et non entendades que fazía esto por le lisonjar, nin por le falagar
por mejor estar con él, mas fazíalo porque verdaderamente creía, et era su
entençión, que todo lo que don Alvar Háñez quería et dizía et fazía, que en
ninguna guisa non podría seer yerro, nin lo podría otro ninguno mejorar. Et
lo uno por esto, que era el mayor bien que podría seer, et lo ál porque ella
era de tan buen entendimiento et de tan buenas obras, que siempre acertava
en lo mejor. Et por estas cosas amávala et preçiávala tanto don Alvar
Háñez que tenía por razón de fazer todo lo que ella querié, ca sienpre ella
quería et le consejava lo que era su pro et su onra. Et nunca tovo mientes,
por talante nin por voluntad que oviesse de ninguna cosa que fiziesse don
Alvar Háñez, sinon lo que a él más le pertenesçía, et que era más su onra et
su pro.
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Et acaesçió que una vez, seyendo don Alvar Háñez en su casa, que vino a él
un so sobrino que vivía en casa del rey, et plógol’ mucho a don Alvar
Háñez con él. Et desque ovo morado con don Alvar Háñez algunos días,
díxol’ un día que era muy buen omne et muy complido et que non podía
poner en él ninguna tacha sinon una. Et don Alvar Háñez preguntól’ que
cuál era. Et el sobrino díxol’ que non fallava tacha quel’ poner sinon que
fazía mucho por su muger et la apoderava mucho en toda su fazienda. Et
don Alvar Háñez respondiól’ que a esto que dende a pocos días le daría
ende la repuesta.
Et ante que don Alvar Háñez viesse a doña Vascuñana, cavalgó et fuesse a
otro lugar et andudo allá algunos días et levó allá aquel su sobrino consigo.
Et después envió por doña Vascuñana, et guisó assí don Alvar Háñez que
se encontraron en el camino, pero que non fablaron ningunas razones entre
sí, nin ovo tiempo aunque lo quisiessen fazer.
Et don Alvar Háñez fuesse adelante, et iba con él su sobrino. Et doña Vascuñana
vinía en pos dellos. Et desque ovieron andado assí una pieça don
Alvar Háñez et su sobrino, fallaron una pieça de vacas. Et don Alvar Háñez
començó a dezir:
-¿Viestes, sobrino, qué fermosas yeguas ha en esta nuestra tierra?
Cuando su sobrino esto oyó, maravillóse ende mucho, et cuidó que gelo
dizía por trebejo et díxol’ que cómo dizía tal cosa, que non eran sinon vacas.
Et don Alvar Háñez se començó mucho de maravillar et dezirle que
reçelava que avía perdido el seso, ea bien beié que aquéllas yeguas eran.
Et de que el sobrino vio que don Alvar Háñez porfiava tanto sobresto, et
que lo dizía a todo su seso, fincó mucho espantado et cuidó que don Alvar
Háñez avía perdido el entendimiento.
Et don Alvar Háñez estido tanto adrede en aquella porfía, fasta que asomó
doña Vascuñana que vinía por el camino. Et de que don Alvar Háñez la
vio, dixo a su sobrino:
El Conde Lucanor
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-Ea, don sobrino, fe aquí a doña Vascuñana que nos partirá nuestra contienda.
Al sobrino plogo desto mucho; et desque doña Vascuñana llegó, díxol’ su
cuñado:
-Señora, don Alvar Háñez et yo estamos en contienda, ca él dize por estas
vacas, que son yeguas, et yo digo que son vacas; et tanto avemos porfiado,
que él me tiene por loco, et yo tengo que él non está bien en su seso. Et vós,
señora, departidnos agora esta contienda.
Et cuando doña Vascuñana esto vio, como quier que ella tenía que aquéllas
eran vacas, pero pues su cuñado le dixo que dizía don Alvar Háñez que
eran yeguas, tovo verdaderamente ella, con todo su entendimiento, que ellos
erravan, que las non conosçían, mas que don Alvar Háñez non erraría
en ninguna manera en las conosçer; et pues dizía que eran yeguas, que en
toda guisa del mundo, que yeguas eran et non vacas.
Et començó a dezir al cuñado et a cuantos ý estavan:
-Por Dios, cuñado, pésame mucho desto que dezides, et sabe Dios que
quisiera que con mayor seso et con mayor pro nos viniéssedes agora de
casa del rey, do tanto avedes morado; ca bien veedes vós que muy grand
mengua de entendimiento et de vista es tener que las yeguas que son vacas.
Et començól’ a mostrar, también por las colores, como por las façiones,
como por otras cosas muchas, que eran yeguas et non vacas, et que era verdat
lo que don Alvar Háñez dizía, que en ninguna manera el entendimiento
et la palabra de don Alvar Háñez que nunca podría errar. Et tanto le afirmó
esto, que ya, el cuñado et todos los otros començaron a dubdar que ellos
erravan, et que don Alvar Háñez dizía verdat que las que ellos tenían por
vacas, que eran yeguas. Et de que esto fue fecho, fuéronse don Alvar Háñez
et su sobrino adelante et fallaron una gran pieça de yeguas.
Et don Alvar Háñez dixo a su sobrino:
-¡Ahá, sobrino! Estas son las vacas, que non las que vos dizíades ante, que
dizía yo que eran yeguas.
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Cuando el sobrino esto oyó, dixo a su tío:
-Por Dios, don Alvar Háñez, si vos verdat dezides, el diablo me traxo a mí
a esta tierra; ca çiertamente, si éstas son vacas, perdido he yo el entendimiento,
ca, en toda guisa del mundo, éstas yeguas son et non vacas.
Don Alvar Háñez començó a porfiar muy fieramente que eran vacas. Et
tanto duró esta porfía, fasta que llegó doña Vascuñana. Et desque ella llegó
et le contaron lo que dizía don Alvar Háñez et dizía su sobrino, maguer a
ella paresçía que el sobrino dizía verdat, non pudo creer por ninguna guisa
que don Alvar Háñez pudiesse errar, nin que pudiesse seer verdat ál sinon
lo que él dizía. Et començó a catar razones para provar que era verdat lo
que dizía don Alvar Háñez, et tantas razones et tan buenas dixo, que su
cuñado et todos los otros tovieron que el su entendimiento, et la su vista,
errava; mas lo que don Alvar Háñez dizía, que era verdat. Et aquesto fincó
assí.
Et fuéronse don Alvar Háñez et su sobrino adelante et andudieron tanto,
fasta que llegaron a un río en que avía pieça de molinos. Et dando del agua
a las vestias en el río, començó a dezir don Alvar Háñez que aquel río que
corría contra la parte onde nasçía, et aquellos molinos, que del otra parte les
vinía el agua.
Et el sobrino de don Alvar Háñez se tovo por perdido cuando esto le oyó;
ca tovo que assí como errara en el conosçimiento de las vacas et de las
yeguas, que assí errava agora en cuidar que aquel río vinía al revés de como
dizía don Alvar Háñez. Pero porfiaron tanto sobresto, fasta que doña Vascuñana
llegó.
Et desquel’ dixieron esta porfía en que estava don Alvar Háñez et su sobrino,
pero que a ella paresçía que el sobrino dizía verdat, non creó al su
entendimiento et tovo que era verdat lo que don Alvar Háñez dizía. Et por
tantas maneras sopo ayudar a la su razón, que su cuñado et cuantos lo oyeron,
creyeron todos que aquella era la verdat.
Et daquel día acá, fincó por fazaña que si el marido dize que corre el río
contra arriba, que la buena muger lo deve crer et deve dezir que es verdat.
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Et desque el sobrino de don Alvar Háñez vio que por todas estas razones
que doña Vascuñana dizía se provava que era verdat lo que dizía don Alvar
Háñez, et que errava él en non conosçer las cosas assí como eran, tóvose
por muy maltrecho, cuidando que avía perdido el entendimiento.
Et de que andudieron assí una grand pieça por el camino, et don Alvar
Háñez vio que su sobrino iva muy triste et en grand cuidado, díxole

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