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Хуан Мануэль Инфант Кастильский. Герцог Луканор. Juan Manuel, Infante de Castilla. El Conde Lucanor


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ides entramos
vuestros hermanos andan muy errados en sus faziendas; ca el uno
nin el otro non devían mostrar tan grand amor nin tan grand desamor como
muestran a aquellas dueñas con qui ellos son casados; mas como quier que
lo ellos yerran, por aventura es por las maneras que an aquellas sus
mugeres; et por ende querría que sopiésedes lo que contesçió al emperador
Fradrique et a don Alvar Fáñez Minaya con sus mugeres.
El conde le preguntó cómo fuera aquello.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, porque estos exiemplos son dos et
non vos los podría entramos dezir en uno, contarvos he primero lo que
contesçió al emperador Fradrique, et después contarvos he lo que contesçió
a don Alvar Háñez.
-Señor conde, el emperador Fradrique casó con una donzella de muy alta
sangre, segund le pertenesçía; mas de tanto, non le acaesçió bien, que non
sopo ante que casasse con aquélla las maneras que avía.
Et después que fueron casados, comoquier que ella era muy buena dueña et
muy guardada en el su cuerpo, començó a seer la más brava et la más fuerte
et la más rebessada cosa del mundo. Assí que si el emperador quería comer,
ella dizía que quería ayunar; et si el emperador quería dormir, queriese ella
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levantar; et si el emperador querié bien alguno, luego ella lo desamava.
¿Qué vos diré más? Todas las cosas del mundo en que el emperador tomava
plazer, en todas dava ella a entender que tomava pesar, et de todo lo
que el emperador fazía, de todo fazía ella el contrario sienpre.
Et desque el emperador sufrió esto un tiempo, et vio que por ninguna guisa
non la podía sacar desta entençión por cosa que él nin otros le dixiessen,
nin por ruegos, nin por amenazas, nin por buen talante nin por malo quel’
mostrasse, et vio que sin el pesar et la vida enojosa que avia de sofrir, quel’
era tan grand daño para su fazienda et para las sus gentes, que non podía ý
poner consejo; et de que esto vio, fuesse para’l Papa et contól’ la su
fazienda, también de la vida que passava, como del grand daño que binía a
él et a toda la tierra por las maneras que avía la emperadriz; et quisiera muy
de grado, si podría seer, que los partiesse el Papa. Mas vio que segund la
ley de los christianos non se podían partir, et que en ninguna manera non
podían bevir en uno por las malas maneras que la emperadriz avía, et sabía
el Papa que esto era assí.
Et desque otro cobro no podieron fallar, dixo el Papa al emperador que este
fecho que lo acomendava él al entendimiento et a la sotileza del emperador,
ca él non podía dar penitençia ante que el pecado fuesse fecho.
Et el emperador partióse del Papa et fuesse para su casa, et trabajó por cuantas
maneras pudo, por falagos et por amenazas et por consejos et por desengaños
et por cuantas maneras él et todos los que con él bivían pudieron
asmar para la sacar de aquella mala entençión, mas todo esto non tobo ý
pro, que cuanto más le dizían que se partiesse de aquella manera, tanto más
fazía ella cada día todo lo revesado.
Et de que el emperador vio que por ninguna guisa esto non se podía endereçar,
díxol’ un día que el quería ir a la caça de los çiervos et que levaría
una partida de aquella yerva que ponen en las saetas con que matan los
çiervos, et que dexaría lo ál para otra vegada, cuando quisiesse ir a caça, et
que se guardasse que por cosa del mundo non pusiesse de aquella yerva en
sarna, nin en postiella, nin en lugar donde saliesse sangre; ca aquella yerva
era tan fuerte, que non avía en el mundo cosa viva que non matasse. Et
tomó de otro ungüento muy bueno et muy aprovechoso para cualquier llaga
et el emperador untósse con él ant’ella en algunos lugares que non estavan
sanos. Et ella et cuantos ý estavan vieron que guaresçía luego con ello. Et
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díxole que si le fuesse mester, que de aquél pusiesse en cualquier llaga que
oviesse. Et esto le dixo ante pieça de omnes et de mugeres. Et de que esto
ovo dicho, tomó aquella yerva que avía menester para matar los çiervos et
fuesse a su caça, assí como avía dicho.
Et luego que el emperador fue ido, començó ella a ensañarse et a enbraveçer,
et començó a dezir:
-¡Veed el falso del emperador, lo que me fue dezir! Porque él sabe que la
sarna que yo he non es de tal manera como la suya, díxome que me untasse
con aquel ungüento que se él untó, porque sabe que non podría guaresçer
con él, mas de aquel otro ungüento bueno con que él sabe que guarescría,
dixo que non tomasse de’l en guisa ninguna; mas por le fazer pesar, yo me
untaré con él, et cuando él viniere, fallarme ha sana. Et só çierta que en
ninguna cosa non le podría fazer mayor pesar, et por esto lo faré.
Los cavalleros et las dueñas que con ella estavan travaron mucho con ella
que lo non fiziesse, et començáronle a pedir merçed, muy fieramente
llorando, que se guardasse de lo fazer; ca çierta fuesse, si lo fiziesse, que
luego sería muerta.
Et por todo esto non lo quiso dexar. Et tomó la yerva et untó con ella las
llagas. Et a poco rato començól’ a tomar la rabia de la muerte, et ella repintiérase
si pudiera, mas ya non era tiempo en que se pudiesse fazer. Et murió
por la manera que avía porfiosa et a su daño.
Mas a don Alvar Háñez contesçió el contrario desto, et porque lo sepades
todo como fue, contarvos he cómo acaesçió.
Don Alvar Háñez era muy buen omne et muy onrado et pobló a Ixcar, et
morava ý. Et el conde don Pero Ançúrez pobló a Cuéllar et morava en ella.
Et el conde don Pero Ançúrez avía tres fijas.
Et un día, estando sin sospecha ninguna, entró don Alvar Háñez por la puerta;
et al conde don Pero Ançúrez plógol’ mucho con él. Et desque ovieron
comido, preguntól’ que por qué vinía tan sin sospecha. Et don Alvar Háñez
díxol’ que vinía por demandar una de sus fijas para con que casase, mas
que quería que gelas mostrasse todas tres et quel’ dexasse fablar con cada
una dellas, et después que escogería cuál quisiesse. Et el conde, veyendo
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quel’ fazía Dios mucho bien en ello, dixo quel’ plazía mucho de fazer cuanto
don Alvar Háñez le dizía.
Et don Alvar Háñez apartósse con la fija mayor et díxol’ que si a ella
ploguiesse, que quería casar con ella; pero ante que fablasse más en el
pleito, quel’ quería contar algo de su fazienda. Que sopiesse, lo primero,
que él non era muy mançebo et que por las muchas feridas que oviera en
las lides que se acertara, quel’ enflaqueçiera tanto la cabeça que por poco
vino que viviesse, quel’ fazié perder luego el entendimiento; et de que
estava fuera de su seso, que se asañava tan fuerte que non catava lo que
dizía; et que a las vegadas firía a los omnes en tal guisa, que se repentía
mucho después que tornaba a su entendimiento; et aun, cuando se echava a
dormir, desque yazía en la cama, que fazía ý muchas cosas que non enpeçería
nin migaja si más linpias fuessen. Et destas cosas le dixo tantas, que
toda muger quel entendimiento non oviesse muy maduro, se podría tener
de’l por non muy bien casada.
Et de que esto le ovo dicho, respondiól’ la fija del conde que este casamiento
non estava en ella, sinon en su padre et en su madre.
Et con tanto, partiósse de don Alvar Háñez et fuesse para su padre.
Et de que el padre et la madre le preguntaron que era su voluntad de fazer,
porque ella non fue de tan buen entendimiento como le era mester, dixo a
su padre et a su madre que tales cosas le dixiera don Alvar Háñez, que ante
quería seer muerta que casar con él.
Et el conde non lo quiso dezir esto a don Alvar Háñez, mas díxol’ que su
fija que non avía entonçe voluntad de casar.
Et fabló don Alvar Háñez con la fija mediana; et passaron entre él et ella
bien assí como con el hermana mayor.
Et después fabló con el hermana menor et díxol’ todas aquellas cosas que
dixiera a las otras sus hermanas.
Et ella respondiól’ que gradesçía mucho a Dios en que don Alvar Háñez
quería casar con ella; et en lo quel’ dizía quel’ fazía mal el vino, que si, por
aventura, alguna vez le cumpliesse por alguna cosa de estar apartado de las
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gentes por aquello quel’ dizía o por ál, que ella lo encubriría mejor que
ninguna otra persona del mundo; et a lo que dizía que él era viejo, que cuanto
por esto non partiría ella el casamiento, que cunplíale a ella del casamiento
el bien et la onra que avía de ser casada con don Alvar Háñez; et
de lo que dizía que era muy sañudo et que firía a las gentes, que cuanto por
esto non fazía fuerça, ca nunca ella le faría por que la firiesse, et si lo fiziesse,
que lo sabría muy bien sofrir.
Et a todas las cosas que don Alvar Háñez le dixo,

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