ído con unos
omnes que me non aman mucho; et estos omnes son tan reboltosos et tan
mintrosos que nunca otra cosa fazen sinon mentir a mí et a todos los otros
con quien an de fazer o de librar alguna cosa. Et las mentiras que dizen,
sábenlas tan bien apostar et aprovéchanse tanto dellas, que me traen a muy
grand daño, et ellos apodéranse mucho, et an gentes muy fieramente contra
mí. Et aun creed que si yo quisiesse obrar por aquella manera, que por
aventura lo sabría fazer tan bien como ellos; mas porque yo sé que la mentira
es de mala manera, nunca me pagué della. Et agora, por el buen entendimiento
que vós avedes, ruégovos que me consejedes qué manera tome
con estos omnes.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, para que vós fagades en esto lo
mejor et más a vuestra pro, plazerme ía mucho que sopiéssedes lo que
contesçió a la Verdat et a la Mentira.
El conde le rogó quel’ dixiesse cómo fuera aquello.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, la Mentira et la Verdat fizieron su
compañía en uno, et de que ovieron estado assí un tiempo, la Mentira, que
es más acuçiosa, dixo a la Verdat que sería bien que pusiessen un árbol de
que oviesen fructa et pudiessen estar a la su sonbra cuando fiziesse calentura.
Et la Verdat, como es cosa llana et de buen talante, dixo quel’ plazía.
Et de que el árbol fue puesto et començó a naçer, dixo la Mentira a la Verdat
que tomasse cada una dellas su parte de aquel árbol. Et a la Verdat
plógol’ con esto. Et la Mentira, dándol’ a entender con razones coloradas et
apuestas que la raíz del árbol es la cosa que da la vida et la mantenençia al
El Conde Lucanor
76
árbol, et que es mejor cosa et más aprovechosa, consejó la Mentira a la
Verdat que tomasse las raízes del árbol que están so tierra et ella que se
aventuraría a tomar aquellas ramiellas que avían a salir et estar sobre tierra,
comoquier que era muy grand peligro porque estava a aventura de tajarlo o
follarlo los omnes o roerlo las vestias o tajarlo las aves con las manos et
con los picos o secarle la grand calentura o quemarle el grant yelo, et que
de todos estos periglos non avía a sofrir ningunos la raíz.
Et cuando la Verdat oyó todas estas razones, porque non ay en ella muchas
maestrías et es cosa de grand fiança et de grand creençia, fiósse en la Mentira,
su compaña, et creó que era verdat lo quel’ dizía, et tovo que la Mentira
le consejava que tomasse muy buena parte, tomó la raíz del árbol et fue
con aquella parte muy pagada. Et cuando la Mentira esto ovo acabado, fue
mucho alegre por el engaño que avía fecho a su compañera diziéndol’
mentiras fermosas et apostadas.
La Verdat metiósse so tierra para vevir ó estavan las raízes que eran la su
parte, et la Mentira fincó sobre tierra do viven los omnes et andan las gentes
et todas las otras cosas. Et como es ella muy fallaguera, en poco tiempo
fueron todos muy pagados della. Et el su árbol començó a cresçer et echar
muy grandes ramos et muy anchas fojas que fazían muy fermosa sonbra et
paresçieron en él muy apuestas flores de muy fermosas colores et muy pagaderas
a paresçencia.
Et desque las gentes vieron aquel árbol tan fermoso, ayuntávanse muy de
buena mente a estar cabo de’l, et pagávanse mucho de la su sombra et de
las sus flores tan bien coloradas, et estavan ý siempre las más de las gentes;
et aun los que se fallavan por los otros logares dizían los unos a los otros
que si querían estar viçiosos et alegres, que fuessen estar a la sombra del
árbol de la Mentira.
Et cuando las gentes eran ayuntadas so aquel árbol, como la Mentira es
muy fallaguera et de grand sabiduría, fazía muchos plazeres a las gentes et
amostrávales de su sabiduría; et las gentes pagávanse de aprender de
aquella su arte mucho. Et por esta manera tiró a sí todas las más gentes del
mundo: ca mostrava a los unos mentiras senziellas, et a los otros más
sotiles, mentiras dobladas, et a otros, muy más sabios, mentiras trebles.
El Conde Lucanor
77
Et devedes saber que la mentira senziella es cuando un omne dice a otro:
«Don Fulano, yo faré tal cosa por vos», et él miente de aquello quel’ dize.
Et la mentira doble es cuando faze juras et omenages et rehenes et da otros
por sí que fagan todos aquellos pleitos, et en faziendo estos seguramientos,
ha él ya pensado et sabe manera cómo todo esto tornará en mentira et en
engaño. Mas la mentira treble, que es mortalmente engañosa, es la quel’
miente et le engaña diziendo verdat.
Et desta sabiduría tal avía tanta en la Mentira et sabíala tan bien mostrar a
los que se pagavan de estar a la sombra del su árbol, que les fazía acabar
por aquella sabiduría lo más de las cosas que ellos querían, et non fallavan
ningún omne que aquella arte non sopiesse, que ellos non le troxiessen a
fazer toda su voluntad. Et lo uno por la fermosura del árbol, et lo ál con la
grand arte que de la Mentira aprendían, deseavan mucho las gentes estar a
aquella sombra et aprender lo que la Mentira les amostrava.
La Mentira estava mucho onrada et muy preçiada et mucho aconpañada de
las gentes, et el que menos se llegava a ella et menos sabía de la su arte,
menos le preçiavan todos, et aun él mismo se preçiava menos.
Et estando la Mentira tan bien andante, la lazdrada et despreçiada de la
Verdat estava ascondida so tierra, et omne del mundo non sabía della parte,
nin se pagava della, nin la quería buscar. Et ella, veyendo que non le avía
fincado cosa en que se pudiesse mantener sinon aquellas raízes del árbol
que era la parte quel’ consejara tomar la Mentira, et con mengua de otra vianda,
ovóse a tornar a roer et a tajar et a governarse de las raízes del árbol
de la Mentira. Et como quier que el árbol tenía muy buenas ramas et muy
anchas fojas que fazían muy grand sombra et muchas flores de muy apuestas
colores ante que pudiessen levar fructo fueron tajadas todas sus raízes,
ca las ovo a comer la Verdat, pues non avía ál de que se governar.
Et desque las raízes del árbol de la Mentira fueron todas tajadas, et estando
la Mentira a la sombra del su árbol con todas las gentes que aprendían de la
su arte, vino un viento et dio en el árbol, et porque las sus raízes eran todas
tajadas, fue muy ligero de derribar et cayó sobre la Mentira et quebrantóla
de muy mala manera; et todos los que estavan aprendiendo de la su arte
fueron todos muertos et muy mal feridos, et fincaron muy mal andantes.
El Conde Lucanor
78
Et por el lugar do estava el tronco del árbol salió la Verdat que estava
escondida, et cuando fue sobre la tierra, falló que la Mentira et todos los
que a ella se allegaron eran muy mal andantes et se fallaron muy mal de
cuanto aprendieron et usaron del arte que aprendieron de la Mentira.
Et vós, señor conde Lucanor, parad mientes que la mentira ha muy grandes
ramos, et las sus flores, que son los sus dichos et los sus pensamientos et
los sus fallagos, son muy plazenteros, et páganse mucho dellos las gentes,
pero todo es sombra et nunca llega a buen fructo. Por ende, si aquellos
vuestros contrarios usan de llas sabidurías et de los engaños de la mentira,
guardatvos dellos cuanto pudierdes et non querades seer su conpañero en
aquella arte, nin ayades envidia de la su buena andança que an por usar del
arte de la mentira, ca cierto sed que poco les durará, et non pueden aver
buena fin; et cuando cuidaren seer más bien andantes, estonçe les fallecerá
assí como fallesçió el árbol de la Mentira a los que cuidavan estar muy bien
andantes a su sombra; mas aunque la verdat sea menospreçiada, abraçatvos
bien con ella et preciadla mucho, ca çierto seed que por ella seredes bien
andante et abredes buen acabamiento et ganaredes la gracia de Dios porque
vos dé en este mundo mucho bien et mucha onra para’l cuerpo et salvamiento
para’l alma en el otro.
Al conde plogo mucho deste consejo que Patronio le dio, et fízolo assí et
fallóse ende bien.
Et entendiendo don Johan que este exiemplo era muy bueno, fízolo escrivir
en este libro et fizo estos viessos que dizen assí:
Seguid verdad por la mentira foir,
ca su mal cresçe quien usa de mentir.
Et la istoria deste exiemplo es ésta que se sigue:
El Conde Lucanor
79
Exemplo XXVIIº
De lo que contesció a un emperador et a don Alvar Háñez Minaya con
sus mugeres
Fablava el conde Lucanor con Patronio, su consegero, un día et díxole assí:
-Patronio, dos hermanos que yo he son casados entramos et biven cada uno
dellos muy desbariadamente el uno del otro; ca el uno ama tanto aquella
dueña con qui es casado, que abés podemos guisar con él que se parta un
día del lugar onde ella es, et non faz cosa del mundo sinon lo que ella
quiere, et si ante non gelo pregunta. Et el otro, en ninguna guisa non podemos
con él que un día la quiera veer de los ojos, nin entrar en casa do ella
sea. Et porque yo he grand pesar desto, ruégovos que me digades alguna
manera porque podamos ý poner consejo.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, segund esto que vós dez
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