manera para se poder vengar.
Et la manera fue ésta: que los cuervos le messaron todo, salvo ende un poco
de las alas, con que volava muy mal et muy poco. Et desque fue assí maltrecho,
fuesse para los búhos et contóles el mal et el daño que los cuervos
le fizieran, señaladamente porque les dizía que non quisiessen seer contra
ellos; mas, pues tan mal lo avían fecho contra él, que si ellos quisiessen,
que él les mostraría muchas maneras cómo se podrían vengar de los cuervos
et fazerles mucho daño.
Cuando los búhos esto oyeron, plógoles mucho, et tovieron que por este
cuervo que era con ellos era todo su fecho endereçado, et començaron a
fazer mucho bien al cuervo et fiar en él todas sus faziendas et sus poridades.
Entre los otros búhos, avía ý uno que era muy biejo et avía passado por
muchas cosas, et desque vio este fecho del cuervo, entendió el engaño con
que el cuervo andava, et fuesse para’l mayoral de los búyos et díxol’ quel’
fuesse çierto que aquel cuervo non viniera a ellos sinon por su daño et por
El Conde Lucanor
51
saber sus faziendas, et que lo echasse de su compaña. Mas este búho non
fue creído de los otros búhos; et desque vio que non le querían creer, partiósse
dellos et fue buscar tierra do los cuervos non le pudiessen fallar.
Et los otros búhos pensaron bien del cuervo. Et desque las péñolas le
fueron eguadas, dixo a los búhos que, pues podía volar, que quería ir saber
do estavan los cuervos et que vernía decírgelo porque pudiessen ayuntarse
et ir a los estroir todos. A los búyos plogo mucho desto.
Et desque el cuervo fue con los otros cuervos, ayuntáronse muchos dellos,
et sabiendo toda la fazienda de los búhos, fueron a ellos de día cuando ellos
non buellan et estavan seguros et sin reçelo, et mataron et destruyeron dellos
tantos porque fincaron vençedores los cuervos de toda su guerra.
Et todo este mal vino a los búhos porque fiaron en el cuervo que naturalmente
era su enemigo.
Et vós, señor conde Lucanor, pues sabedes que este omne que a vos vino es
muy adebdado con aquel vuestro enemigo et naturalmente él et todo su linage
son vuestros enemigos, conséjovos yo que en ninguna manera non lo
trayades en vuestra compaña, ca çierto sed que non vino a vos sinon por
engañar et por vos fazer algún daño. Pero sí él vos quisiere servir seyendo
alongado de vos, de guisa que vos non pueda enpesçer, nin saber nada de
vuestra fazienda, et de fecho fiziere tanto mal et tales manzellamientos a
aquel vuestro enemigo con quien él ha algunos debdos, que veades vós que
non le finca logar para se poder nunca avenir con él, estonce podredes vós
fiar en el, pero siempre fiat en él tanto de que vos non pueda venir daño.
El conde tovo este por buen consejo, et fízolo assí, et fallóse dello muy
bien.
Et porque don Johan entendió que este exiemplo era muy bueno, fízolo escrivir
en este libro et fizo estos viessos que dizen assí:
Al que tu enemigo suel’seer,
nunca quieras en él mucho creer.
Et la istoria deste exienplo es ésta que se sigue:
El Conde Lucanor
52
Exemplo XXº
De lo que contesçió a un rey con un omne quel’ dixo quel’ faría
alquimia
Un día fablava el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta
manera:
-Patronio, un omne vino a mí et dixo que me faría cobrar muy grand pro et
grand onra, et para esto que avía mester que catasse alguna cosa de lo mío
con que se començasse aquel fecho; ca desque fuesse acabado, por un dinero
avría diez. Et por el buen entendimiento que Dios en vos puso, ruégovos
que me digades lo que vierdes que me cumple de fazer en ello.
-Señor conde, para que fagades en esto lo que fuete más vuestra pro, plazerme
ía que sopiéssedes lo que contesçió a un rey con un omne quel’ dizía
que sabía fazer alquimia.
El conde le preguntó cómo fuera aquello.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, un omne era muy grand golfín et
avía muy grand sabor de enrrequesçer et de salir de aquella mala vida que
passava. Et aquel omne sopo que un rey que non era de muy buen recado se
trabajava de fazer alquimia.
Et aquel golfín tomó çient doblas et limólas, et de aquellas limaduras fizo,
con otras cosas que puso con ellas, çient pellas, et cada una de aquellas
pellas pesava una dobla, et demás las otras cosas que él mezcló con las limaduras
de las doblas. Et fuesse para una villa do era el rey, et vistiósse de
paños muy assessegados et levó aquellas pellas et vendiólas a un espeçiero.
Et el espeçiero preguntó que para qué eran aquellas pellas, et el golfín
díxol’ que para muchas cosas, et señaladamente, que sin aquella cosa, que
se non podía fazer el alquimia, et vendiól’ todas las cient pellas por cuantía
de dos o tres doblas. Et el espeçiero preguntól’ cómo avían nombre aquellas
pellas, et el golfín díxol’ que avían nombre tabardíe.
Et aquel golfín moró un tiempo en aquella villa en manera de omne muy
assessegado et fue diziendo a unos et a otros, en manera de poridat, que
sabía fazer alquimia.
El Conde Lucanor
53
Et estas nuebas llegaron al rey, et envió por él et preguntól’ si sabía fazer
alquimia. Et el golfín, como quier quel’ fizo muestra que se quería encobrir
et que lo non sabía, al cabo diol’ a entender que lo sabía; pero dixo al rey
quel’ consejava que deste fecho non fiasse de omne del mundo nin aventurasse
mucho de su aver, pero si quisiesse, que provaría ante’l un poco et
quel’ amostraría lo que ende sabía. Esto le gradesçió el rey mucho, et
paresçiól’ que, segund estas palabras, que non podía aver ý ningún engaño.
Estonçe fizo traer las cosas que quiso, et eran cosas que se podían fallar et
entre las otras mandó traer una pella de tabardíe. Et todas las cosas que
mandó traer non costaban más de dos o tres dineros. Desque las traxieron et
las fundieron ante’l rey salió peso de una dobla de oro fino. Et desque el
rey vio que de cosa que costaba dos o tres dineros salía una dobla, fue muy
alegre et tóvose por el más bien andante del mundo, et dixo al golfín que
esto fazía, que cuidava el rey que era muy buen omne, que fiziesse más.
Et el golfín respondiól’, como si non sopiesse más daquello:
-Señor, cuanto yo desto sabía, todo vos lo he mostrado, et daquí adelante
vós lo faredes tan bien como yo; pero conviene que sepades una cosa: que
cualquier destas cosas que mengüe non se podría fazer este oro.
Et desque esto ovo dicho, espedióse del rey et fuesse para su casa.
El rey probó sin aquel maestro de fazer el oro, et dobló la reçepta, et salió
peso de dos doblas de oro. Otra vez dobló la reçepta, et salió peso de cuatro
doblas; et assí como fue cresçiendo la recepta, assí salió pesso de doblas.
Desque el rey vio que él podía fazer cuanto oro quisiese, mandó traer tanto
daquellas cosas para que pudiese fazer mill doblas. Et fallaron todas las
otras cosas, mas non fallaron el tabardíe. Desque el rey vio que pues menguava
el tabardíe, que se non podía fazer el oro, envió por aquel que gelo
mostrara fazer, et díxol’ que non podía fazer el oro como solía. Et él
preguntól’ si tenía todas las cosas que él le diera por escripto. Et el rey
díxol’ que sí, mas quel’ menguava el tabardíe.
Estonçe le dixo el golfín que por cualquier cosa que menguasse que non se
podía fazer el oro, et que assí lo abía él dicho el primero día.
El Conde Lucanor
54
Estonçe preguntó el rey si sabía él do avía este tabardíe; et el golfín le dixo
que sí.
Entonce le mandó el rey que, pues él sabía do era, que fuesse él por ello et
troxiesse tanto porque pudiesse fazer tanto cuanto oro quisiesse.
El golfín le dixo que como quier que esto podría fazer otri tan bien o mejor
que él, si el rey lo fallasse por su serviçio, que iría por ello: que en su tierra
fallaría ende asaz. Estonçe contó el rey lo que podría costar la compra et la
despensa et montó muy grand aver.
Et desque el golfín lo tovo en su poder, fuesse su carrera et nunca tornó al
rey. Et assí fincó el rey engañado por su mal recabdo. Et desque vio que
tardava más de cuanto devía, envió el rey a su casa por saber si sabían de’l
algunas nuebas. Et non fallaron en su casa cosa del mundo, sinon un arca
cerrada; et desque la avrieron, fallaron ý un escripto que dizía assí:
«Bien creed que non a en el mundo tabardíe; mas sabet que vos he engañado,
et cuando yo vos dizía que vos faría rico, deviérades me dezir que
lo feziesse primero a mí et que me creeríedes.»
A cabo de algunos días, unos omnes estavan riendo et trebejando et escribían
todos los omnes que ellos conosçían, cada uno de cuál manera era,
et dizían: «Los ardides son fulano et fulano; et los ricos, fulano et fulano; et
los cuerdos, fulano et fulano». Et assí de to
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