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Хуан Мануэль Инфант Кастильский. Герцог Луканор. Juan Manuel, Infante de Castilla. El Conde Lucanor


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porque lo ovieron a
fazer, et que lo non fizieron sinon con muy grand mester et con muy grant
cuita et non lo pudiendo escusar. Et porque yo querría saber lo que devo
fazer cuando tales cosas me fizieren, ruégovos que me digades lo que entendedes
en ello.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, esto que vós dezides que a vos contesce,
sobre que me demandades consejo, paresçe mucho a lo que contesçió
a un omne que tomava perdizes.
El conde le rogó quel’ dixiesse cómo fuera aquello.
-Señor conde -dixo Patronio-, un omne paró sus redes a las perdizes; et
desque las perdizes fueron caídas en la ret, aquel que las caçava llegó a la
ret en que yazían las perdizes; et assí como las iva tomando, matávalas et
sacávalas de la red, et en matando las perdizes, dával’ el viento en los ojos
tan reçio quel’ fazía llorar. Et una de las perdizes que estaba biva en la red
començó a dezir a las otras:
-¡Vet, amigas, lo que faze este omne! ¡Como quiera que nos mata, sabet
que a grant duelo de nos, et por ende está llorando!
Et otra perdiz que estava ý, más sabidora que ella, et que con su sabiduría
se guardara de caer en la red, respondiól’ assí:
-Amiga, mucho gradesco a Dios porque me guardó, et ruego a Dios que
guarde a mí et a todas mis amigas del que me quiere matar et fazer mal, et
me da a entender quel’ pesa del mío daño.
Et vós, señor conde Lucanor, siempre vos guardat del que vierdes que vos
faze enojo et da a entender quel’ pesa por ello porque lo faze; pero si alEl
Conde Lucanor
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guno vos fizier enojo, non por vos fazer daño nin desonra, et el enojo non
fuere cosa que vos mucho enpesca, et el omne fuer tal de que ayades tomado
serviçio o ayuda, et lo fiziere con quexa o con mester en tales logares,
conséjovos yo que çerredes el ojo en ello, pero en guisa que lo non faga
tantas vezes, dende se vos siga daño nin vergüença; mas si de otra manera
lo fiziese contra vos, estrañadlo en tal manera porque vuestra fazienda et
vuestra onra sienpre finque guardada.
El conde tovo por buen consejo éste que Patronio le dava et fízolo assí et
fallósse ende bien.
Et entendiendo don Johan que este exiemplo era muy bueno, mandólo poner
en este libro et fizo estos viessos que dizen assí:
Quien te mal faz mostrando grand pesar,
guisa cómo te puedas de’l guardar.
Et la istoria deste exiemplo es ésta que se sigue:
Exemplo XIVº
Del miraglo que fizo sancto Domingo cuando predicó sobre el logrero
Un día fablava el conde Lucanor con Patronio en su fazienda et díxole:
-Patronio, algunos omnes me consejan que ayunte el mayor tesoro que pudiere
et que esto me cumple más que otra cosa para que quier que me contezca.
Et ruégovos que me digades lo que vos paresçe en ello.
-Señor conde -dixo Patronio-, como quier que a los grandes señores vos
cumple de aver algún tesoro para muchas cosas, et señaladamente porque
non dexedes, por mengua de aver, de fazer lo que vos cumplier; et pero non
entendades que este tesoro devedes ayuntar en guisa que pongades tanto el
talante en ayuntar grand tesoro porque dexedes de fazer lo que devedes a
vuestras gentes et para guarda de vuestra onra et de vuestro estado, ca si lo
fiziésedes podervos ía acaesçer lo que contesçió a un lonbardo en Bolonia.
El Conde Lucanor
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El conde le preguntó cómo fuera aquello.
-Señor conde -dixo Patronio-, en Boloñia avía un lonbardo que ayuntó muy
grand tesoro et non catava si era de buena parte o non, sinon ayuntarlo en
cualquier manera que pudiesse. El lonbardo adoleçió de dolençia mortal, et
un su amigo que avía, desque lo vio en la muerte, consejól’ que se confessase
con sancto Domingo, que era estonçe en Bollonia. Et el lonbardo
quísolo fazer.
Et cuando fueron por sancto Domingo, entendió sancto Domingo que non
era voluntad de Dios que aquel mal omne non sufriesse la pena por el mal
que avía fecho, et non quiso ir allá, mas mandó a un fraire que fuesse allá.
Cuando los fijos del lonbardo sopieron que avía enviado por sancto Domingo,
pesóles ende mucho, teniendo que sancto Domingo faría a su padre
que diesse lo que avía por su alma, et que non fincaría nada a ellos. Et cuando
el fraire vino, dixiéronle que suava su padre, mas cuando cumpliesse,
que ellos enbiarían por él.
A poco rato perdió el lombardo la fabla, et murió, en guisa que non fizo
nada de lo que avía mester para su alma. Otro día, cuando lo levaron a enterrar,
rogaron a sancto Domingo que predigasse sobre aquel lonbardo. Et
sancto Domingo fízolo. Et cuando en la predigaçión ovo de fablar daquel
omne, dixo una palabra que dize el Evangelio, que dize assí: «Ubi est tesaurus
tuus, ibi est cor tuum». Que quier dezir: «Do es el tu tesoro, ý es el
tu coraçón». Et cuando esto dixo, tornósse a las gentes et díxoles:
-Amigos, porque beades que la palabra del Evangelio es verdadera, fazet
catar el coraçón a este omne et yo vos digo que non lo fallarán en el cuerpo
suyo et fallarlo an en el arca que tenía el su tesoro.
Estonçe fueron catar el coraçón en el cuerpo et non lo fallaron ý, et falláronlo
en el arca como sancto Domingo dixo. Et estava lleno de gujanos et
olía peor que ninguna cosa por mala nin por podrida que fuesse.
Et vós, señor conde Lucanor, como quier que el tesoro, como desuso es dicho,
es bueno, guardad dos cosas: la una, en que el tesoro que ayuntáredes,
que sea de buena parte; la otra, que non pongades tanto el coraçón en el
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tesoro porque fagades ninguna cosa que vos non caya de fazer; nin dexedes
nada de vuestra onra, nin de lo que devedes fazer, por ayuntar grand tesoro
de buenas obras, porque ayades la gracia de Dios et buena fama de las
gentes.
Al conde plogo mucho deste consejo que Patronio le dio, et fízolo assí, et
fallóse ende bien.
Et teniendo don Johan que este exiemplo era muy bueno, fízolo escrivir en
este libro et fizo estos viessos que dizen assí:
Gana el tesoro verdadero
et guárdate del falleçedero.
Et la istoria deste exiemplo es ésta que se sigue:
Exemplo XVº
De lo que contesçió a don Lorenço Suárez sobre la çerca de Sevilla
Otra vez fablava el conde Lucanor con Patronio, su consegero, en esta
guisa:
-Patronio, a mí acaesçió que ove un rey muy poderoso por enemigo; et
desque mucho duró la contienda entre nos, fallamos entramos por nuestra
pro de nos avenir. Et como quiera que agora estamos por avenidos et non
ayamos guerra, siempre estamos a sospecha el uno del otro. Et algunos,
también de los suyos como de los míos, métenme muchos miedos, et
dízenme que quiere buschar achaque para ser contra mí; et por el buen entendimiento
que avedes, ruégovos que me consejedes lo que faga en esta
razón.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, éste es muy grave consejo de dar
por muchas razones: lo primero, que todo omne que vos quiera meter en
contienda ha muy grant aparejamiento para lo fazer, ca dando a entender
que quiere vuestro servicio et vos desengaña, et vos apercibe et se duele de
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vuestro daño, vos dirá siempre cosas para vos meter en sospecha; et por la
sospecha, abredes a fazer tales aperçibimientos que serán comienço de
contienda, et omne del mundo non podrá dezir contra ellos; ca el que dixiere
que non guardedes vuestro cuerpo, davos a entender que non quiere
vuestra vida; et el que dixiere que non labredes et guardedes et bastescades
vuestras fortalezas, da a entender que non quiere guardar vuestra heredat; et
el que dixiere que non ayades muchos amigos et vassallos et les dedes
mucho por los aver et los guardar, da a entender que non quiere vuestra
onra, nin vuestro defendimiento; et todas estas cosas non se faziendo,
seríades en grand periglo, et puédese fazer en guisa que será comienço de
roído; pero pues queredes que vos conseje lo que entiendo en esto, dígovos
que querría que sopiésedes lo que contesçió a un buen cavallero.
El conde le rogó quel’ dixiesse cómo fuera aquello.
-Señor conde -dixo Patronio-, el sancto et bienaventurado rey don Ferrando
tenía cercada a Sevilla; et entre muchos buenos que eran ý con él, avía ý
tres cavalleros que tenían por los mejores tres cavalleros d’armas que entonçe
avía en el mundo: et dizían al uno don Lorenço Suárez Gallinato, et
al otro don García Périz de Vargas, et del otro non me acuerdo del nombre.
Et estos tres cavalleros ovieron un día porfía entre sí cuál era el mejor
cavallero d’armas. Et porque non se pudieron avenir en otra manera,
acordaron todos tres que se armassen muy bien, et que llegassen fasta la
puerta de Sevilla, en guisa que diessen con las lanças a la puerta.
Otro día mañana, armáronse todos tres et endereçaron a lla Villa; et los moros
que estavan por el muro et por las torres, desque vieron que non eran
más de tres cavalleros, cuidaron que vinían por mandaderos, et non salió
ninguno a ellos, et los tres cavalleros passaron la cava et la barvacana, llegaron
a lla puerta de la villa, et dieron de los cuentos de las lan

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