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. Traía una manta de red y el cabello afeitado, en la forma que va pintado en esta relación, que para que se entendiese mejor se pintaron dos: el uno de la propia forma que era el mismo ídolo y estatua, que es el primero, y el otro de la propia forma que andaba el prisionero que lo representaba, que es el segundo; el cual, cuando era día de fiesta, o cuando había de ser sacrificado, que en esto venía a parar el desventurado, se componía de semejantes arreos que los del ídolo. El otro, que se llamaba Huitzilopuchtli, era también de madera, como aquí va pintado, semejante a un hombre mozo, muy bien retratado, con unas plumas ricas por vestimenta, y manta de lo mismo con tres sartas de chalchihuites, de los que hemos dicho, a la garganta, y un joyel de turquesas en el pecho, engastadas en oro con cascabeles de lo mismo, y en el rostro con dos vetas de oro y otras dos de turquesas, sutilmente labradas y compuestas, y un bezote de caracol blanco, con orejeras de turquesas, y plumería de águila por cabellera, con un capelete de plumas azules adornado de ciertas estampas de oro, y a las espaldas una compostura de plumería a la semejanza de la cabeza de un pájaro pequeño que se cría en esta tierra, que se llama huitzitzili, que significaba el nombre del ídolo: porque del nombre de este pájaro y de cosa izquierda, que en su lengua se dice opochtli, se componía el nombre de este ídolo. Tenía una rodela en la mano izquierda, de plumería, con unas hojas de oro que atravesaban por medio de ella. Tenía sus grebas de oro con sus cascabeles, con cutaras azules, y un pañete con los extremos muy sutilmente tejidos de diversos colores: las piernas veteadas de tinta azul, y en la mano derecha una flecha larga con casquillo de pedernal, arma antigua de los mexicanos, que se tiraban con un artificio pequeño como cruz que tenía en la mano. Y por asiento y estrado lo propio que Tezcatlipoca. A éste no representaba nadie si no era el rey. Cuando moría lo componían de semejantes ornatos, y con ellos quemaban el cuerpo hasta hacerse ceniza, de lo cual se tratará adelante. El otro, llamado Tlaloc, que dizque quiere decir abundador de la tierra, era ídolo de las lluvias y temporales, y también era compuesto de madera, al talle y estatura de un hombre; y todo su traje y vestidura significaba a lluvias y abundancia de frutos. El cuerpo tenía tiznado y untado de un licor de un árbol que llamaban olli, de que hacían las pelotas con que jugaban, y nosotros lo llamamos batey, que es lengua de las islas de Santo Domingo. Tenía en la mano derecha una vara de oro volteada que significaba el relámpago, y en la izquierda una rodela de pluma con guarnición de nácar por encima a manera de red, y sobre las vestiduras, que también eran de plumas azules, tenía la misma guarnición con la orladura de cierta labor tejida de pelos de liebre y conejo, a manera de medias cañas. El rostro era de una figura feísima que ellos en sus pinturas y caracteres figuraban por las lluvias, con una larga cabellera y un grande capelete de plumería blanca y verde, que significaban los frutos verdes y frondosos, y de aquella una sarta de chalchihuites, con grebas de cuero en las piernas, y por asiento un estrado de madera con almenas a la redonda, como por él parece pintado aquí; el cual no tenía indio que lo representase. El templo principal de estos ídolos Hultzilopuchtli y Tlaloc estaba edificado en medio de la ciudad, cuadrado y macizo como terrapleno de barro y piedra, y solamente las haces de cal y canto. Tenía en cada cuadro ochenta brazas largas, y de allí veintisiete: tenía ciento y sesenta escalones a la parte de poniente por donde a él se subía. Comenzaba su edificio desde sus cimientos de tal forma, que como iba subiendo se iba disminuyendo y estrechando de todas partes en forma piramidal, y de trecho a trecho hacía un descanso como poyo alrededor de todo él, como camino de un estado, en medio de las gradas, que subía de abajo arriba hasta la cumbre, que era como división para hacer dos subidas que entrambas iban a parar en un patio que en lo más alto de él se hacía, en donde había dos aposentos grandes, el uno mayor que el otro: en el mayor, que estaba a la parte del sur, estaba el ídolo Huitzilopuchtli, y en el otro, que era el menor, que estaba a la parte del norte, estaba el ídolo Tlaloch, que ellos y los aposentos miraban a la parte del poniente, y por delante el patio que se ha dicho, prolongado de norte a sur, muy llano y lucido, y tan capaz que cabían en él sin pesadumbre quinientos hombres; y al un lado de él hacia la huerta del aposento mayor de Huitzilopuchtli, una piedra levantada de una vara en alto, con lo alto e ella al talle de un cofre tumbado, que nombraban techcatl donde sacrificaban los indios. Estos ídolos estaban sentados, sin embargo, de que se han pintado parados, porque se ha hecho para dar mejor a entender su forma, talle y compostura. Tenía cada aposento de éstos tres sobrados que se mandaban por de dentro de uno en otro con una escalera de madera movediza. Teníanlos llenos de munición de todo género de armas, especialmente de macanas, rodelas, arcos y flechas, lanzas y guijarros y todo género de vestimentas y arreos de guerra; y para que se entienda mejor el talle y forma que este cu tenía, va también pintado en esta relación. El cu de Tezcatlipoca, ídolo principal, estaba, como se ha dicho, en el barrio de Huiznahuac, mucho mas pequeño, pero de la misma hechura, salvo que no tenía división en las gradas. Averiguóse que Nezahualcoyotzin dejó estar en este barrio a este ídolo a contemplación de los indios de él, a cuyo cargo era el guardario, porque sus antepasados lo habían traído al tiempo que a esta tierra vinieron, en la forma que adelante se dirá. Tenía también este templo encima de la casa del ídolo otros tres sobrados adonde asimismo se guardaba la munición que se ha dicho. Hallóse que Nezahualcoyotzin fue el primero que recogió a este ídolo de diversas partes de todos los barrios de esta ciudad en donde estaban derramados en muy pequeños cues y templos, y les hizo el grande que se ha hecho relación y otros muchos, dentro de un cercado muy grande. Junto al cu y templo mayor había una sala y aposento que llamaban tlacatecco, que se interpreta por casa de hombres de dignidad, en donde se guardaban por cosas principalísimas y divinas dos envoltorios o líos de muchas mantas muy ricas y muy blancas, el uno del ídolo de Tezcatlipoca, y el otro de Huitzilopuchtli. En el de Tezcatlipoca estaba un espejo de alinde(1) del trabajo y compás de una media naranja grande, engastado en una piedra negra tosca. Estaban con ella muchas piedras ricas sueltas, como era chalchihuites, esmeraldas, turquesas y de otros muchos géneros, y la manta que estaba más cercana del espejo y piedras era pintada de osamenta humana. Dicen que en este espejo vieron muchas veces al Tezcatlipoca en la forma que se ha dicho y pintado, salvo el adorno de plumería que a su estatua después se añadió, y que de aquí tomó el nombre de Tezcatlipoca, y que cuando vinieron los antepasados de los del barrio de Huiznahuac, que eran culhuaque de Culhuacan, provincia de esta Nueva España en el gobierno de Guadalajara, venía hablando con ellos este espejo en voz humana, para que pasasen adelante y no parasen ni asentasen en las partes que viniendo pretendieron parar y poblar, hasta que llegaron a esta tierra de los chichimecas aculhuaque, donde llegados no les habló más, y por eso hicieron en ella su asiento, de permisión de Quinantzin, señor que era de los chichimecas, y antecesor de Nezahualcoyotzin, y no se halla que después acá les hablase más, salvo que algunas veces lo veían en sueños y mandaba algunas cosas que después hacían; eran los sacerdotes de su templo que estaban en su guarda y servicio, y que esto era muy raras veces. El otro lío de Huitzilopuchtli era de otra burlería de menos fundamento que estotro, porque era de dos púas de maguey, planta muy conocida en esta tierra por su gran provecho y utilidad para la sustentación humana, que estaban atadas y envueltas en muchas mantas, y que los culhuaque que se llamaban mexica lo trajeron antiguamente de la misma provincia de Culhuacan, y no dan ni se halla razón alguna por qué estas púas fuesen tenidas por cosa sagrada, ni que en su virtud se hubiesen hecho algunos engaños o cosas milagrosas, como el lío o espejo de Tezcatlipoca, más de que sus antiguos le hicieron la estatua que hemos dicho y pintado, llamándole Huitzilopuchtli, según y de la forma que lo tenían antiguamente en su provincia de Culhuacan. El ídolo y estatua llamado Tlaloch es más antiguo en esta tierra, porque dicen que los mismos culhuaque le hallaron en esta tierra, y no haciendo caso de él los chichimecas, ellos le comenzaron a adorar y reverenciar por dios de las aguas. Estaba en el monte mayor y más alto de esta ciudad, a la parte de levante de la gran serranía y cordillera del volcán de Chalco, cosa muy conocida y famosa en esta tierra, y de que en la descripción de Chalco y Huexotzinco se habrá dado razón por los que han hecho las relaciones. Llamóse este cerro donde antiquísimamente estaba este ídolo Tlaloc, de manera que el ídolo se llamaba Tlaloc, y el cerro y montaña lo mismo. Estaba en lo más alto de su cumbre: era de piedra blanca y liviana, semejante a la que llaman pómez, aunque algo más dura y mas pesada, labrado a la figura y talle de un cuerpo humano, sin diferencia ninguna. Estaba sentado sobre una loza cuadrada, y en la cabeza, de la misma piedra, un vaso como lebrillo, bien proporcionado y capaz de caber en él como seis cuartillos de agua

Juan Bautista Pomar. Relación de Tezcoco
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