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[XIX. El río o ríos principales que pasaren por cerca, y qué tanto apartados dél, y a qué parte, y qué tan caudalosos son, y si hubiere que saber alguna cosa notable de sus nacimientos, aguas, huertas y aprovechamientos de sus riberas, y si hay en ellas o podrían haber algunos regadíos que fuesen de importancia.]

Río principal y caudaloso no hay ninguno en esta ciudad ni cerca de ella, porque los arroyos de agua que corren por ella apenas pueden llegar a la laguna en tiempo de seca. Aun para esto fue menester incorporar y reducir en uno muchas fuentes de sus propios nacimientos, quitándolos de sus cursos y corrientes naturales, recogiéndolos en caños y acequias que para ello hicieron Nezahualcoyotzin y Nezahualpitzintli, no tanto para beber, porque tenían agua de pozos para esto, cuanto para regar sus huertas y jardines y otras posesiones y casas de placer, aunque ahora se sirven de ella en muchas partes de sus riberas para regadíos de sementeras de maíz y trigo, y en que han hecho los españoles molinos y batanes; como es del río que viene a esta ciudad de las fuentes de Alatlhitia y de otras sus vecinas, de las montanas y serranía de esta ciudad, en los capítulos pasados referidas, con que antiguamente se regaban unas montañuelas cerros pequeños que llaman cuauhyacatl, que quiere decir «principio de monte», en donde los señores de esta ciudad tenían muchas y diversas plantas de flores de muchas y varias colores y muy singulares olores, así de las propias y que naturalmente se dan y crían en esta tierra, como otras de tierras templadas y calientes, que criaban con mucho regalo y beneficio. Y otro río que nace de las fuentes de Teotihuacan, pueblo que tiene en encomienda don Antonio de Bazán, alguacil mayor de la Santa Inquisición de esta Nueva España, que en tres leguas de aquí a la parte del norte, que asimismo Nezahualcoyotzin sacó de su vía y trujo a unas casas de placer como a un cuarto de legua de esta ciudad, que llaman Acatetelco, aunque ahora no llega a ellas por estar en muchas partes rompido y correr por diferentes vías, porque después que se acabó el poder que tenían los sucesores de estos señores, se han caído y venido en gran disminución y ruina todas sus cosas, y una de ellas es ésta. Riéganse con el agua de estos ríos todas las tierras o las más de sus riberas, cuando los años son tardíos o secos y faltos de agua.

[XX. Los lagos, lagunas o fuentes señaladas que hubiere en los términos de los pueblos, con las cosas notables que hubiere en ellos.]

Ya se ha dicho en el capítulo doce de esta relación, que entre esta ciudad y la de México está una laguna, de la cual lo que hay que decir es que de su propiedad y naturaleza es muy amarga, y muy peor sin comparación que la de la mar; y con no ser grande su hondo a respecto de los grandes y muchos ríos de agua dulce que en ella entran, no se mejora ni convierte en la dulzura de ella, antes se está y permanece siempre su amargura natural; y lo otro que aun[que] entran en ella otros ríos, y que alguna vez crece por muchas aguas, no sobrepuja de su ser ordinario arriba de una vara de medir, de donde se presume que tiene algunas vías y aberturas por donde se vacía y desagua, porque si algún año es algo falto de lluvias, mengua tanto que yo me acuerdo que por la sequedad del año apenas se podía navegar por ella; porque yendo por ella en una canoa a la ciudad de México vi una abertura de peña tosca que corría casi por medio de ella de norte a sur, y ancha de una braza y en partes más y menos llena de cieno, por donde debe sumirse el agua de ella, que casi por la mayor parte de ella llevaban la canoa a jorro, o como dicen a la sirga, huyendo de los bajíos y buscando lo más hondo para poder navegar; pero con todo esto no se ha podido saber dónde y a qué parte responda el agua de ella. No cría ningún genero de pescado, si no es a las bocas de los ríos, del agua de los que en ella entran, y esto es poco y pequeño y ruin. Tampoco cría ningún género de aves, porque los géneros de patos y ánsares y otras aves de agua que en ella hay, vienen, según dicen, de la Florida, y no duran más de cuanto dura el invierno; pero con toda su maldad todavía sacan de ella los indios sus vecinos muchos y muy ordinarios provechos. Lo primero es la mucha caza de aves que toman con redes, y el pescadillo que cogen, de que se mantienen casi todo el año, y un genero de comida que llaman tecuitlatl, que hacen de unas lamas verdes que cría, lo cual hecho tortas y cocido, queda con un color verde oscuro, que llaman los españoles queso de la tierra. Cría otro género de comida que se llama ezcauhitli, que hacen de unos gusanillos como lombrices, tan delgados y tan cuajados por su multitud y espesura, que apenas se puede juzgar si es cosa viva o no. Y otra que llaman ahuauhtli, que también comen ya los españoles los viernes, y que son unos huevecillos de unas mosquillas que se crían en ella; y otra que se llama michpitlin y cocolin; aunque las más de éstas no comían ni al presente comen personas principales, sino pobres y gente miserable. No se cría sal del agua de ella, ni aun salitre bueno, porque el que se da en sus riberas no sirve de más de para hacer jabón.

[XXI. Los volcanes, grutas y todas las cosas notables y admirables en naturaleza que hubiere en la comarca, dignas de ser sabidas.]

En cuanto a este capítulo veintiuno no hay que satisfacer ni responder, porque en esta ciudad y en su comarca no hay cosa notable ni digna de admiración, salvo las rutas y cuevas que en muchas partes de ella hay, especialmente las de Cuauhyacac, media legua de esta ciudad hacia la montaña, que son tan grandes y capaces, que pueden vivir en ellas doscientos hombres; y así la tuvieron por casa y asiento principal los señores chichimecas, antecesores de los reyes de esta ciudad, porque a la redonda y comarca hay otras muchas en que asimilan antiguamente los chichimecas, que todas ellas el día de hoy están desiertas y despobladas; pero muy tenidas y estimadas de los principales de estaciudad, sucesores de Nezahualcoyotzin, por la memoria de que sus antepasados, hombres tan valerosos y famosos en esta tierra, la hubiesen tenido por casa y morada.

[XXII. Los árboles silvestres que hubiere en la dicha comarca comúnmente, y los fructos y provechos que dellos y de sus maderas se saca, y para lo que son y serían buenas.]

Los árboles silvestres que hay en esta tierra y en su comarca, especialmente en los montes de esta ciudad, y de que más abunda, son tres géneros. El primero es el abeto, que los indios llaman huiyametl, que son árboles muy grandes y crecidos y muy derechos; y hay de ellos tan gordos, que tienen de redondo cuatro y cinco brazas por el pie y otros más y menos, de que hacen los indios grandes canoas para navegación de la laguna de que ya se ha tratado; y también sacan de ellos tablas para puertas, mesas y cajas; y lo principal de que sirven es para vigas y enmaderamientos, por ser muy derechos y poco ñudosos; y de ellos, especialmente de los nuevos, se saca el aceite que llaman de abeto, que es un licor tan blanco y claro como miel de abejas muy blancas. Es medicinal, y de que en muchas enfermedades se aprovechan los indios y españoles. Muy buena madera para mástiles. Otro género de árbol son pinos, que son de poco provecho, porque no sirven ni aprovechan más que para leña y carbón, y eso no bueno por su poca fuerza. No tienen piñones como los de Castilla. Sácase de ellos resina tea, de que se hace pez. Es madera fofa y de poca fuerza y muy liviana. Son altos y derechos, que a necesidad sirve alguna vez su madera de tablas para puertas o ventanas. El otro género es de robles y encinos, cuyos provechos no se escribe por ser muy netos. Hay madroños, árbol muy conocido, y álamos que llaman prietos, de ningún provecho, sino es para entallar, por ser laborable y liviana. Hay...(13) que llaman de la tierra, que difieren muy poco de los de Castilla; pero éstos son puestos a mano en el cerro de Tetzcuncinco, traídos de los montes de Chalco, donde se crían naturalmente abundancia de ellos.

[XXIII. Los árboles de cultura y frutales que hay en la dicha tierra, y los que de España y otras partes se han llevado, y se dan o no se dan bien en ella.]

Juan Bautista Pomar. Relación de Tezcoco
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