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El hábito que traían en tiempo de su infidelidad, traían por vestido y hábito los principales y señores, como se ha dicho, una manta de algodón blanca y llana, cuadrada, y atada por el hombro, y unos lienzos por panetes con que cubrían los miembros vergonzosos, y las mujeres traían naguas a manera de faldellines sobre que se fajaban, y unas camisas que llamaban huipiles, de algodón de diferentes colores, y el cabello recogido y atado de la suerte que aquí va pintado. La gente común traían las mantas de nequén de maguey, y de lo mismo los panetes, y las mujeres al respeto, que los unos y las otras andaban casi desnudos, y al presente ellas traen el mismo hábito, aunque por honestidad han añadido una cobija blanca, y ellos traen, demás de las mantas, camisas y zaragüelles. Algunos traen ya zapatos en lugar de las cutaras que antiguamente usaban.

Los mantenimientos de que antes usaban es de lo propio que al presente usan y se mantienen, que es lo principal el maíz de diferentes colores, aunque lo mejor es el blanco, y de frijoles de diversas maneras y colores, de chían, que es una semilla de mucha sustancia, y de huauhtli y de michihuauhtli, y de ají, apetito principalísimo y jamás fastidioso, por ordinario y perpetuo que se coma, y con todos los géneros de comida le da gusto y sabor, y gallinas, conejos, liebres, venados y otras muchas suertes de aves de caza; y esto no lo alcanzaban sino los ricos, aunque ya la gente común el día de hoy goza de vaca y carnero, especialmente los que más tratan y conversan con los españoles. El pan de Castilla comen, por regalo y fruta, o por necesidad. Averiguóse una cosa digna de admiración, y es que en tiempo de su infidelidad vivieron sanísimos sin jamás saber que cosa era pestilencia, sino que los que morían habían de ser muy viejos o muy niños y tiernas criaturas; tanto, que se tenía por prodigio y mal agüero cuando moría alguno fuera de estos dos extremos, y no se halla que sus padres ni antepasados diesen noticia de haber habido jamás pestilencia ni mortandad, como después de su conversión las ha habido, tan grandes y crueles que se afirma haberse consumido por ellas de diez partes las nueve de la gente que había; y esto se entiende y tiene por experiencia desde que los primeros conquistadores vinieron a esta tierra, porque afirmaban que era sinúmero la gente que había, y parece bien claro que debía ser así por la mucha tierra que labraban y cultivaban, que hoy día parece acamellonada generalmente en todas partes, la mayor parte de la cual está desierta y eriaza, y con tres pestilencias generales que han tenido desde que los ganaron se han consumido y menguado de tal suerte, que dicen los indios viejos y antiguos con quien esta relación se hace, que pueblos y lugares pequeños sujetos e esta ciudad que tenían en su infidelidad más de a quince mil vecinos, no tienen al presente a seiscientos; y otros que no eran tan grandes están del todo despoblados y desiertos; y es cosa notoria que en la pestilencia general que hubo desde el año pasado de setenta y seis hasta el de ochenta se llevó de tres partes de la gente las dos, a lo menos en esta ciudad y de la de sus sujetos, que se sabe por el número y copia que de ella antes había, y por la cuenta que después acá se ha hecho de su cantidad por mandado de la Real Audiencia para hacer las tasaciones de su tributo; y en otras que hubo ha casi cuarenta años hizo otro tanto estrago, sin la primera de las viruelas al tiempo que estaban los conquistadores en la conquista de la ciudad de México, que se entiende por cosa averiguada haber hecho mayor daño que en las que después acá han tenido, sin otras muchas pestilencias que han tenido de menos furia.

Las causas de donde procedía la sanidad que afirman que tenían en su antigüedad, y las que hay para que al presente tengan tan grandes y tan generales mortandades, aunque se han investigado por muchos españoles doctos y hábiles en medicina, y por los propios indios, haciendo muchasdiligencias e inquisición de su vida y costumbres en tiempo de su infidelidad, y del modo que agora tienen de vivir, para tomar de ello inteligencias, no ha sido posible saberse alguna que del todo cuadre y satisfaga, puesto que los unos y los otros dicen, y lo mismo afirman todos los curiosos que han pretendido llevar esto al cabo, que si hay alguna causa de su consumición es el muy grande y excesivo trabajo que padecen en servicio de los españoles, en sus labores, haciendas y granjerías, porque de ordinario en cada semana se reparten para este efecto mucha cantidad de ellos en todos los pueblos de esta Nueva España, porque en todos los lugares de ellos tienen edificios, haciendas y granjerías de pan, ganados, minas y ingenios de azúcar, caleras y otras muchas maneras y suertes de ellas, que benefician y labran con ellos, que para ir a ellos a doce y a quince leguas de sus casas son compelidos y forzados, y que de lo que padecen allí de hambre y cansancio se debilitan y consumen de tal maneralos cuerpos, que cualquiera y liviana enfermedad que les dé basta para quitalles la vida, por el aparejo y de la mucha flaqueza que en ellos halla, y másde la congoja y fatiga de su espíritu, que nace de verse quitar la libertad que Dios les dio, sin embargo, de haberlo así declarado S.M. por sus leyes y ordenanzas reales para el buen tratamiento y gobierno de ellos, afirmando que del descontento de su espíritu no podía prevalecer con salud el cuerpo, y así andan muy afligidos, y se parece muy claro en sus personas, pues por defuera no muestran ningún género de alegría ni contento, y tienen razón, porque realmente los tratan muy peor que si fueran esclavos.

[XVI. En todos los pueblos de españoles y de indios se diga el asiento donde están poblados, si es sierra o valle o tierra descubierta y llana; y el nombre de la sierra o valle y comarca do estuvieren, y lo que quiere decir en su lengua el nombre de cada cosa.]

El asiento de esta ciudad y población de la mayor y más principal parte de ella es en un llano descubierto que se haceentre la laguna y la serranía y montaña grande de Tlaloc, que es el propio que se trató en el capítulo 14, en donde los indios tenían antiguamente el ídolo de las lluvias y temporales; y la comarca se llama Acolhuacatlalli, que quiere decir «tierra y provincia de los hombres hombrudos», como ya se declaró en el capítulo 13.

[XVII. Y si es en tierra o puesto sano o enfermo; y si enfermo, por qué causa (si se entendiere), y las enfermedades que comúnmente suceden, y los remedios que se suelen hacer para ellas.]

El puesto y sitio de la ciudad de Tezcuco, y generalmente de toda su tierra y provincia, es sana, y tal opinión tiene de los naturales de ella, y por los españoles que la conocen desde el tiempo que a aquesta tierra vinieron, aunque con todo esto en las pestilencias generales no fue exenta ni reservada. Las enfermedades que comúnmente suceden a los indios son calenturas y fiebres, que se curan con sangrías a nuestro modo, y purgas de la tierra de que ellos usan, de muchas y diversas cosas especialmente de raíces; y también suelen enfermar de ciciones tercianas y cuartanas, que asimismo curan con purgas. Algunos suelen tener bubas, pero muy pocos, y no les da ni penetra tanto en los huesos y partes interiores como a los españoles. Cúranselas con raíces que beben, y con sudar mucho trabajando. Suelen tener diviesos, sarna y nacidos, enfermedad vieja suya, que nace de sangre corrompida, aun[que] para las pestilencias generales que han tenido, a lo menos la de ahora siete años y la que pasó ha casi cuarenta, no tuvieron ni hallaron remedio, sin embargo de que entonces los médicos indios y españoles hicieron para ello las diligencias posibles, que ellos llaman cocoliztli ezalahuacque, quiere decir pestilencia de cólera adusta y requemada, y así era la verdad, porque los más que morían echaban por la boca un humor como sangre podrida. Las viruelas que tuvieron al principio de su conversión, por ser mal hasta entonces tan poco conocido de ellos, los maltrató y consumió gran parte, porque lo que tomaban por remedio les era causa de muerte, que era bañarse en agua fría, hasta que lo entendieron y usaron de abrigarse y sudar y hacer otros remedios que la necesidad y experiencia les enseñaba, con lo cual después acá, en otras veces que les ha dado se han curado, especialmente con sangrías. También han tenido pestilencias de paperas y flujo de sangre, aunque no tan mortíferas y contagiosas como las grandes, y también suelen tener tabardete y dolor de costado y cámaras de sangre; y como todas son enfermedades conocidas de los españoles, se han curado y curan por su orden y consejo, aplicándoles las medicinas y remedios ordinarios, con que se valen el día de hoy; de manera que para solos los cocoliztles no han hallado remedio; y si al principio se valieron contra él fueron dos géneros de personas, que eran las unas la gente rica vestida y abrigada y regalada, y la otra la que vivía en tierras cálidas de suerte que en la gente más pobre y que vivía en regiones frías y secas hicieron más efecto; el secreto y misterio de lo cual tampoco se pudo saber.

[XVIII. Qué tan lejos o cerca está de alguna sierra o cordillera señalada que esté cerca dél, y a qué parte le cae, y cómo se llama.]

Está la ciudad de Tezcuco, la sierra nevada y volcán de Chalco a la parte del Sur, aunque algo más inclinados al oriente; la sierra como a diez leguas y el volcán cuatro más adelante por la propia vía de ésta, de cuya cordillera procede la serranía y montaña grande de Tlaloc de esta ciudad, la cual continuada pasa adelante hacia el norte, hasta fenecer en la provincia de Octumpan.

Juan Bautista Pomar. Relación de Tezcoco
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