s siglos.
Las civilizaciones difieren esencialmente.”Jamás se hará, dice el doctor don V. Lopez en su
prólogo a Las Neurosis, un profesor o un catedrático europeo, de un bracma”; así debe ser: pero
no ofrecería la misma dificultad el hacer de un gaucho un bracma lleno de sabiduría; si es que los
bracmas hacen consistir toda su ciencia en su sabiduría proverbial, según los pinta el sabio
conservador de la Biblioteca Nacional de París, en “La sabiduría popular de todas las naciones”,
que difundió en el nuevo mundo el americano Pazos Kanki.
Saturados de ese espíritu gaucho, hay entre nosotros algunos poetas de formas muy cultas y
correctas, y no ha de escasear el género, porque es una producción legítima y espontánea del
país, y que, en verdad, no se manifiesta únicamente en el terreno florido de la literatura.
Concluyo aquí, dejando a la consideración de los benévolos lectores lo que yo no puedo decir sin
extender demasiado este prefacio, poco necesario en las humildes coplas de un hijo del desierto.
!Sea el público indulgente con él! Y acepte esta humilde produccion que le dedicamos, como que
es nuestro mejor y más antiguo amigo.
La originalidad de un libro debe empezar en el prólogo.
Nadie se sorprenda, por lo tanto, ni de la forma ni de los objetos que éste abraza; y debemos
terminarlo haciendo público nuestro agradecimiento hacia los distinguidos escritores que acaban
de honrarnos con su fallo, como el señor D. Jose Tomas Guido, en una bellísima carta que
acogieron deferentes “La Tribuna” y “La Prensa”, y que reprodujeron en sus columnas varios
periódicos de la República. El Dr. D. Miguel Navarro Viola, en la última entrega de la “Biblioteca
Popular”, estimulándonos, con honrosos términos, a continuar en la tarea emprendida.
Diversos periódicos de la ciudad y campaña, como “EL Heraldo”, del Azul, “La Patria”, de Dolores,
“El Oeste”, de Mercedes, y otros, han adquirido también justos títulos a nuestra gratitud, que
conservamos como una deuda sagrada.
Terminamos esta breve reseña con “La Capital, del Rosario, que ha anunciado la VUELTA DE
MARTIN FIERRO, haciendo concebir esperanzas que Dios sabe si van ha ser satisfechas.
Cierrase este prologo diciendo que se llama este libro LA VUELTA DE MARTIN FIERRO, porque
este título le dió el público, antes, mucho antes de haber yo pensado en escribirlo; y allá va a correr
tierras con mi bendición paternal.
José Hernández
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
de José Hernández
I
396
Atención pido al silencio
Y silencio a la atención,
Que voy en esta ocasión,
Si me ayuda la memoria,
A mostrarles que a mi historia
Le faltaba lo mejor.
397
Viene uno como dormido
Cuando vuelve del desierto;
Veré si a esplicarme acierto
Entre gente tan bizzarra
Y si al sentir la guitarra
De mi sueño me despierto.
398
Siento que mi pecho tiembla,
Que se turba mi razón,
Y de la viguela al son
Imploro a la alma de un sabio
Que venga a mover mi labio
Y alentar mi corazón
399
Si no llego a treinta y una
De fijo en treinta me planto,
Y esta confianza adelanto
Porque recibí en mi mismo,
Con el agua del bautismo,
La facultá para el canto.
400
Tanto el pobre como el rico
La razón me la han de dar;
Y si llegan a escuchar
Lo que esplicaré a mi modo,
Digo que no han de rair todos:
Algunos han de llorar.
401
Mucho tiene que contar
El que tuvo que sufrir,
Y empezaré por pedir
No duden de cuanto digo;
Pues debe creerse al testigo
Si no pagan por mentir.
402
Gracias le doy a la virgen,
Gracias le doy al señor,
Porque entre tanto rigor
Y habiendo perdido tanto,
No perdí mi amor al canto
Ni mi voz como cantor.
403
Que cante todo viviente
Otorgó el Eterno Padre;
Cante todo el que le cuadre
Como lo hacemos los dos
Pues sólo no tiene voz
El ser que no tiene sangre.
404
Canta el pueblero… y es pueta;
Canta el gaucho… y, !ay Jesús!,
Lo miran como avestruz,
Su inorancia los asombra;
Mas siempre sirven las sombras
Para distinguir la luz.
405
El campo es del inorante,
El pueblo del hombre estruido;
Yo que en el campo he nacido
Digo que mis cantos son
Para los unos… sonidos,
Y para otros… intención.
406
Yo he conocido cantores
Que era un gusto el escuchar;
Mas no quieren opinar
Y se divierten cantando;
Pero yo canto opinando,
Que es mi modo de cantar.
407
El que va por esta senda
Cuanto sabe desembucha,
Y aunque mi cencia no es mucha,
Esto en mi favor previene;
Yo se el corazón que tiene
El que con gusto me escucha.
408
Lo que pinta este pincel
Ni el tiempo lo ha de borrar;
Ninguno se ha de animar
A corregirme la plana;
No pinta quien tiene gana
Sino quien sabe pintar.
409
Y no piensen los oyentes
Que del saber hago alarde;
He conocido aunque tarde,
Sin haberme arrepentido,
Que es pecado cometido
El decir ciertas verdades.
410
Pero voy en mi camino
Y nada me ladiará;
He de decir la verdá;
De naides soy adulón;
Aqui no hay imitación;
Esta es pura realidá.
411
Y el que me quiera enmendar
Mucho tiene que saber;
Tiene mucho que aprender
El que me sepa escuchar;
Tiene mucho que rumiar
El que me quiera entender.
412
Más que yo y cuantos me oigan,
Más que las cosas que tratan,
Más que los que ellos relatan,
Mis cantos han de durar;
Mucho ha habido que mascar
Para echar esta bravata.
413
Brotan quejas de mi pecho,
Brota un lamento sentido;
Y es tanto lo que he sufrido
Y males de tal tamaño
Que reto a todos los años
A que traigan el olvido.
414
Ya verán si me despierto
Cómo se compone el baile;
Y no se sorprenda naides
Si mayor fuego me anima;
Porque quiero alzar la prima
Como pa tocar al aire.
415
Y con la cuerda tirante
Dende que ese tono elija,
Yo no he de aflojar manija
Mientras que la voz no pierda,
Si no se corta la cuerda
O no cede la clavija.
416
Aunque rompí el estrumento
Por no volverme a tentar,
Tengo tanto que contar
Y cosas de tal calibre,
Que Dios quiera que se libre
El que me enseñó a templar
417
De naides sigo el ejemplo,
Naides a dirigirme viene;
Yo digo cuanto conviene,
Y el que en tal güeya se planta,
debe cantar, cuando canta,
Con toda la voz que tiene
418
He visto rodar la bola
Y no se quiere parar;
Al fin de tanto rodar
Me he decidido a venir
A ver si puedo vivir
Y me dejan trabajar.
419
Sé dirigir la mansera
Y tambien echar un pial;
Sé correr en un rodeo,
Trabajar en un corral;
Me se sentar en un pértigo
Lo mesmo que en un bagual
420
Y enpriéstenmé su atención
Si ansí me quieren honrar
De no, tendré que callar,
Pues el pájaro cantor
Jamás se para de cantar
En árbol que no da flor
421
Hay trapitos que golpiar
Y de aquí no me levanto;úé
Si quieren que desembuche:
Tengo que decirles tanto
Que les mando que me escuchen.
422
Déjenmé tomar un trago:
Estas son otras cuarenta
Mi garganta esta sedienta,
Y de esto no me abochorno,
Pues el viejo, como el horno,
Por la boca se calienta.
II
423
Triste suena mi guitarra
Y el sunto lo requiere;
Ninguno alegrías espere
Sino sentidos lamentos
De aquel que en duros tormentos
Nace, crece, vive y muere.
424
Es triste dejar sus pagos
Y largarse a tierra ajena
Llevándose la alma llena
De tormentos y dolores;
Mas nos llevan los rigores
Como el pampero a la arena;
425
Irse a cruzar el desierto
Lo mesmo que un forajido,
Dejando aquí en el olvido,
Como dejamos nosotros,
Su mujer en brazos de otro
Y sus hijitos perdidos
426
!Cuantas veces al cruzar
En esa inmensa llanura,
Al verse en tal desventura
Y tan lejos de los suyos,
Se tira uno entre los yuyos
A llorar con amargura!
427
En la orilla de un arroyo
Solitario lo pasaba,
En mil cosas cavilaba
Y, a una güelta repentina,
Se me hacía ver a mi china
O escuchar que me llamaba.
428
Y las aguas serenitas
Bebe el pingo trago a trago,
Mientras sin ningún halago
Pasa uno hasta sin comer,
Por pensar en su mujer,
En sus hijos y en su pago.
429
Recordarán que con Cruz
Para el desierto tiramos
En la pampa nos entramos,
Cayendo, por fin del viaje,
A unos toldos de salvajes,
Los primeros que encontramos.
430
La desgracia nos seguía:
Llegamos en mal momento;
Estaban de parlamento
Tratando de una invasión
Y el indio en tal ocasión
Recela hasta de su aliento.
431
Se armó un tremendo alboroto
Cuando nos vieron llegar;
No podiamos aplacar
Tan peligroso hervidero;
Nos tomaron por bomberos
Y nos quisieron lanciar.
432
Nos quitaron los caballos
A los muy pocos minutos;
Estaban irresolutos;
!Quién sabe qué pretendían!
Por los ojos nos metían
Las lanzas aquellos brutos.
433
Y déle en su lengüeteo
Hacer gestos y cabriolas;
Uno desató las bolas
Y se nos vino enseguida;
Ya no créiamos con vida
Salvar ni por carambola.
434
Alla no hay misericordia
Ni esperanza que tener;
El indio es de parecer
Que siempre matar se debe,
Pues la sangre que no bebe
Le gusta verla correr
435
Cruz se dispuso a morir
Peliando y me convidó.
“Aguantemos”, dije yo,’
“El fuego hasta que nos queme”.
Menos los peligros teme
Quien más veces lo venció.
436
Se debe ser mas prudente
Cuando el peligro es mayor;
Siempre se salva mejor
Andando con alvertencia
Porque no está la prudencia
Reñida con el valor.
437
Vino al fin el lenguaraz
Como a trairnos el perdón;
Nos dijo:”La salvación
Se la deben a un cacique;
Me manda que les esplique
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