brazos también te arrojaré de ella por allí, (Señalando al balcón.) si no
me dices que has mentido! (La lleva hacia la izquierda.)
ÁNGELA.- ¡No he mentido!
GONZALO.- ¿No?… ¡Piénsalo bien!
ÁNGELA.- (Mirándole a los ojos.) ¿Pero ya no deliras?
GONZALO.- Yo no lo sé… Pero por última vez te digo… ¡Jura que
mientes?
ÁNGELA.- ¿Cómo quieres, que jure lo que no es verdad?
GONZALO.- ¡Tampoco! ¡Pues ven!…
ÁNGELA.- ¡Gonzalo, compasión!
GONZALO.- ¡No! ¡Ni compasión, ni perdón!… ¿Eres mi esposa? ¿Juraste
ser mi compañera? ¡Pues sigue mi suerte!… ¡Yo sé como cae un cuerpo en
el abismo!… ¿Caí yo?… ¡Pues ahora vas a caer tú!
ÁNGELA.- ¡Gonzalo!
GONZALO.- ¡Anoche fue tu sombra la que rodó por el espacio: ella te
enseñó el camino; ahora será tu cuerpo: solo… que no irás con Enrique,
sino conmigo!… [87]
ÁNGELA.- ¡Gonzalo!…
Escena VIII
ÁNGELA, GONZALO y PAULINA.
PAULINA.- ¡Ángela!… ¡Ángela!… ¡Gonzalo!… (Precipitándose hacia
ellos.)
GONZALO.- ¿Quién viene?… ¿Quieren salvarla?… ¿Quieren arrancarla
de mis brazos?… ¡No: es mía!… ¡Es mía!
PAULINA.- ¡No; Gonzalo!… Es que Enrique… y don Anselmo… ¡Dios
mío!
GONZALO.- ¿Mi padre?… ¿Qué?
PAULINA.- ¡Un desafío!… ¡Un desafío a muerte!
GONZALO.- ¿A muerte?
PAULINA.- ¡Sí!
ÁNGELA.- ¿Pero quién?… ¿Quién… ¿Cuál de los dos?
GONZALO.- ¿Mi padre acaso?
PAULINA.- ¡No! ¡Enrique!
ÁNGELA.- (Cayendo en el sofá.) ¡Él!… ¡Me cumplió su palabra!…
¡Dios lo ha querido!
GONZALO.- ¿De modo?… ¡Sí!… ¡Que todo gira alrededor de la misma
idea!… ¡Lo que ella me decía!… ¡Enrique!… ¡Su villanía!… ¡Su
castigo! ¡Todo se agrupa… se ordena… se aclara… pero mi padre!
¡Falta mi padre!… ¡No dijiste verdad!… ¿Dónde está?…
DON ANSELMO.- (Desde dentro.) ¡Gonzalo!
GONZALO.- ¡Sí!… ¡Ahí está!… ¡Padre!… (Se precipita hacia el
fondo.)
Escena IX
ÁNGELA, PAULINA, GONZALO, DON ANSELMO, después DON LEANDRO.
(DON ANSELMO y GONZALO se encuentran al entrar aquél y se abrazan.)
GONZALO.- ¡Padre!… [88]
DON ANSELMO.- ¡Hijo mío! ¡Gonzalo! ¡Fue preciso! ¡Fue preciso! ¡Que
Dios nos perdone a todos!… ¡Él… Enrique… estaba ciego!… ¡Aquél
hombre estaba ciego!… ¡Yo no sé como fue!… Lo presenté la punta de mi
espada… ¡con energía!… ¡Eso sí, con energía!… ¡Yo estaba seguro de
mí mismo!… ¡Ya lo creo!… ¡Pero él se precipitó!… ¡No era un hombre
que acomete!… ¡Era como un cuerpo que empujan por la espalda!.. ¡Era
como si una mano invisible y justiciera apoyándose en sus hombros lo
echase sobre mi acero!
ÁNGELA.- ¡Jesús!…
DON ANSELMO.- ¡Cómo ha de ser!… ¡Dios lo ha permitido!.. ¡Tú no
tienes remordimiento ninguno!… ¡Si lo hubiere, todo es mío! ¡Lo
pasado… pasó! ¡Y ahora ya puedes abrazar a tu esposa! (ÁNGELA levanta la
cabeza y le mira suplicante.)
GONZALO.- ¡Espera!… ¡Déjame pensar!… ¡Enrique!… ¡De modo que
Enrique!…
DON ANSELMO.- ¡No pienses en él!… ¡Piensa en ella!… ¡Te esperan
sus brazos!
GONZALO.- ¿Sus brazos?… ¡Pero ella dice que no!… ¡Que estoy
deshonrado!.. ¡Que por todas partes se proclama mi afrenta!… ¡Y tengo
miedo, padre mío… por primera vez en mi vida, tengo miedo!…
(Acercándose a su padre como si le pidiera protección.)
DON ANSELMO.- ¡Y yo… qué soy… quién soy… y que sé lo que es
honra, te digo que esa mujer es una esposa honrada!… ¡Tan honrada por el
alma, como lo fue mi propia esposa!… ¡Como lo fue tu madre!
GONZALO.- ¿Qué dices?… ¡Mi cabeza está débil y dolorida!… ¡Mi
cuerpo quebrantado y débil también!… ¡Antes tanta fuerza!… ¡Y
ahora!… ¡Ahora!… ¡No te comprendo!… ¡Tú quieres que yo ame a mi
Ángela!… ¡Pero si la amo más que a mi vida!
DON ANSELMO.- ¡Entonces!…
GONZALO.- ¿Sí… pero y aquéllos? (Señalando a LEANDRO y PAULINA.) ¿Y
todos esos a quienes yo encontré hoy?… ¿Qué pensarán de mí?… ¿Tú
deseas… que yo… le dé mi perdón? [89]
DON ANSELMO.- ¡Perdón, no!… ¡Justicia!
GONZALO.- ¡Y he de presentarla conmigo ante las gentes… pregón
eterno de mi vergüenza!… ¡Padre mío!… ¡Padre mío!… ¡No has penado en
ello!
LEANDRO.- ¡Recobró el juicio!
PAULINA.- ¡Pobre Ángela!
ÁNGELA.- ¡Esto… no lo merezco! (Con desesperación.) ¡Pero no
importa!… ¡Gracias, Dios mío! ¡Ha recobrado el juicio!
DON ANSELMO.- ¿Les oyes?… ¡Mírala! (Señalando a ÁNGELA.)
¡Resuelve!… ¡Y sepa yo si te engendré sin corazón?
GONZALO.- ¿Sin corazón? ¡No!… ¿Pues dónde están las raíces de todos
mis cariños? (Rehaciéndose y cobrando energía.) Pues ella… ¿Ella, no es
mi Ángela?… ¿Y yo, yo no soy su Gonzalo? ¡Ah! ¡Cuántas ideas se agitan
aquí!… ¡Despiertan!… ¡Sí: despiertan con hervor infinito!… ¡Ah! ¿Qué
es eso?… ¡Qué es eso, de mi razón y de mi locura? ¿Por qué dicen
ustedes, que he recobrado la razón?… ¿Por qué soy cobarde? ¿Por qué soy
infame? ¿Por qué el mundo, me asusta? ¿Por qué quiero abandonarla? ¡Ah!…
Pues entonces… Entonces razón humana, nido de pequeñeces, de cobardías y
de egoísmos… renuncio a ti y vuelvo a mi locura… ¡Y vuelvo a mi amor!
¡Ángela, vuelve a mis brazos!
ÁNGELA.- ¡Gonzalo!…. ¡Gonzalo!… ¡Gonzalo mío! (Precipitándose en
sus brazos.)
LEANDRO.- ¡Fue sólo una ráfaga de cordura!… ¡Pobre Gonzalo… está
loco!
PAULINA.- ¡Desdichado!
GONZALO.- ¡Sí: os adivino: os oigo: ¡a todos les oigo!… ¡Que allá
fuera… por todos los centros de la villa bullen y zumban sus murmullos y
sus comentarios! ¡Sí: antes, cuerdo! ¡Ahora, loco! ¡Sea! ¡Pero cuenta que
la locura triplica las fuerzas!… ¡Y todas las que se condensan potentes
en mi corazón! ¡Y todas las que se agitan ardorosas en mi sangre! ¡Y todas
las que piden sus energías al alma en mi pensamiento!… ¡Todas ellas! Sin
que falte un átomo… están a la defensa de mi Ángela! [90] Y al que no
mire con respeto a esta mujer, al que ante ella no se descubra hasta el
suelo, al que ponga en los labios ni el retoque de una sonrisa… a ese le
enseñaré yo que son mortales para los cuerdos los abrazos de los locos!
¡Ángela, soy tu Gonzalo! ¡Fía en mí»
DON ANSELMO.- ¡Ángela, soy tu padre! ¡Fía en mí también! ¡Y levanta
tu frente, que entre tu esposo y tu padre no queda sitio para la deshonra!
FIN DEL DRA
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