Хосе Эчегарай. Вздор и правда. José Echegaray. La realidad y el delirio


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Хосе Эчегарай. Вздор и правда. José Echegaray. La realidad y el delirio

Драма в трех действиях и в прозе
Drama en tres actos y en prosa

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Índice
La realidad y el delirio
Drama en tres actos y en prosa
Acto primero
Acto segundo
Acto tercero

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PERSONAJES ACTORES
ÁNGELA, esposa de Gonzalo. DOÑA ANTONIA CONTRERAS.
GONZALO, hijo de don Anselmo. D. RAFAEL CALVO.
DON ANSELMO. D. ANTONIO VICO.
ENRIQUE, amigo de Gonzalo. D. RICARDO CALVO.
PAULINA, amiga de Ángela y hermana de Luis.
DOÑA AMPARO GUILLÉN.
LUIS. D. JAIME RIVELLES.
CARLOTA, esposa del doctor. DOÑA ELISA CASAS.
DON MATÍAS. D. CARLOS SÁNCHEZ.
LEANDRO. D. DONATO JIMÉNEZ.
BERNARDO, criado. D. EDUARDO LÓPEZ CHICO.
UN CRIADO.No habla.

Escena contemporánea.

Acto primero

(Salón elegante en casa de Gonzalo. En el fondo una puerta por la cual se
ven las antesalas. A la izquierda un balcón en primer término, una puerta
en segundo. A la derecha una puerta, en segundo término: una chimenea
encendida en primero. En primer término, a la izquierda, una mesa, y
alrededor sillas y butacas: a la derecha un sofá. Es de noche: el salón
espléndidamente iluminado.)

Escena I

PAULINA y CARLOTA.

(CARLOTA aparece sentada junto a la chimenea. PAULINA inquieta y dando
vueltas por el salón. Dan las diez.)

PAULINA.- ¡Las diez! ¡Cómo pasa el tiempo! ¡Y Ángela salió antes de
las seis! ¡Cuatro horas, Dios mío!
CARLOTA.- ¿Y qué? Las visitas a los enfermos son cortas, cuando son
visitas de médico, como dice la sentencia vulgar, y como es costumbre de
mi respetable esposo y respetabilísimo doctor don Matías Matallana; pero
cuando son ángeles de caridad los que acuden al lecho del ser que sufre,
duran tanto como dura el dolor. ¡Dolor inmenso!.. ¡Pues inagotable
caridad! (Exagerando.) [6]
PAULINA.- ¡Poética estás!
CARLOTA.- ¡Como sé que tú lo eres, procuro complacerte: que por lo
demás buen trabajo me cuesta! (Riendo.)..., no el complacerte ¡sino el
remontarme a tus alturas!
PAULINA.- (Parándose de pronto.) ¿Y quién es esa amiga, a quien ha
ido a visitar Ángela? ¿Lo sabes tú?
CARLOTA.- Lo ignoro, querida mía.
PAULINA.- ¿Y cuándo vuelve su marido... de ese viaje, que tan de
pronto se le ocurrió?
CARLOTA.- ¿Cuándo vuelve Gonzalo?
PAULINA.- Sí.
CARLOTA.- También lo ignoro.
PAULINA.- Hija, tú lo ignoras todo. (Con impaciencia.) El marido
salió ayer de Madrid: no se sabe a dónde, ni se sabe por qué. La mujer ha
salido esta noche y tampoco se sabe a dónde ha ido. ¡Un matrimonio que se
deshace!
CARLOTA.- ¡Qué cabeza!
PAULINA.- ¡Te digo, que estoy preocupada, inquieta, nerviosa!...
CARLOTA.- Pero si no hay motivo.
PAULINA.- Es que cuando yo quiero a las personas, las quiero de
veras.
CARLOTA.- Y yo también, pero sin esos extremos.
PAULINA.- Pues bueno: yo soy así: y estoy... que no puedo estar en
calma.
CARLOTA.- Es el tiempo, ¡cielo negro, noche tempestuosa, viento
helado, efluvios eléctricos!... ¡Y tú, hija mía, que eres una sensitiva!
Toda viuda joven y guapa es una batería voltaica: dice mi señor esposo, y
tiene razón.
PAULINA.- Eso será. (Sentándose.)
CARLOTA.- Eso es: no lo dudes. Porque es lo cierto que no hay causa
ni razón para que estés intranquila. ¡Sino que tú tienes afición a lo
fantástico: la imaginación te arrastra consigo: en todo ves peligros,
tragedias, catástrofes! En fin ves... lo que no vemos los demás. Por ese
camino se va a la demencia ¡y tendrás que verte con el doctor Matallana!,
famoso alienista, socio honorario de la Academia de Medicina de París y
esposo [7] efectivo de una mujer juiciosa como yo; conque ya sabes las
señas, por si el caso llegase: (Riendo.) hotel inmediato a éste: consulta,
de una a cuatro.
PAULINA.- ¿Conque veo visiones? Tú, en cambio, en todo ves lo
natural: la realidad tranquila y prosaica es tu culto. Pues mira, por ese
camino también se va...
CARLOTA.- No, querida, por ese camino no se va: se queda una muy
quietecita.
PAULINA.- Pues yo no puedo quedarme quieta. Voy a llamar a Bernardo.
(Toca un timbre.)
CARLOTA.- ¿Para qué?
PAULINA.- Ya verás. (Levantándose.)

Escena II

PAULINA, CARLOTA y BERNARDO, criado de edad, por el fondo.

PAULINA.- Bernardo... ¿no ha vuelto la señora?
BERNARDO.- La señora no ha vuelto.
PAULINA.- ¿Y no ha mandado ningún aviso?
BERNARDO.- Ninguno ha mandado.
PAULINA.- ¿Salió sola?
BERNARDO.- Salió sola y salió a pie, porque así lo dispuso. No quiso
que se enganchase, ni que Toribio fuese con ella; y se le obedeció como
era nuestro deber.
CARLOTA.- Bueno, basta: puede usted retirarse. (BERNARDO se dirige al
fondo, pero no acaba de salir.)
PAULINA.- ¡Ah, un coche ha entrado! ¡Será Ángela? (Precipitándose al
balcón.)
BERNARDO.- (Asomándose al fondo.) No, señora. Con su licencia, es el
padre del señor: es el señor don Anselmo... y con él viene el señor don
Leandro de Oca.
CARLOTA.- Mi marido dice que no se llama Oca, sino Eco; porque jamás
tiene ideas propias: como un Eco repite las ideas de los demás.
PAULINA.- ¡Tampoco es ella! (Se separa con enojo del balcón. Entran
DON ANSELMO y DON LEANDRO y se retira BERNARDO.) [8]

Escena III

PAULINA, CARLOTA, DON ANSELMO y DON LEANDRO.

DON ANSELMO.- ¡Mi querida Paulina!... Adiós, Carlota.
LEANDRO.- Señoras mías... siempre a sus pies y a sus órdenes.
(Se van sentando todos, procurando dar verdad a la escena y sobre
todo naturalidad.)
DON ANSELMO.- (Buscando con la vista.) ¿Y mi querida Ángela?
PAULINA.- No está.
DON ANSELMO.- ¿No está Ángela?
CARLOTA.- No, señor.
DON ANSELMO.- ¿Y cómo es eso?
PAULINA.- Le diré a usted: como Gonzalo no estaba... por hacer
compañía a nuestra querida Ángela, vinimos a comer con ella; pero al
sentarnos a la mesa, recibió una carta muy urgente.
DON ANSELMO.- ¿De Gonzalo?
CARLOTA.- No, señor. Según parece, una amiga de Ángela, una antigua
compañera de colegio había caído enferma de pronto... ¡pero muy enferma!
PAULINA.- ¡Caso de muerte!... Según nos dijo Ángela.
CARLOTA.- Y es natural..., la familia la llamaba con extraordinaria
urgencia.
DON ANSELMO.- Vea usted, ¡qué desgracia!
LEANDRO.- Será una meningitis; o un derrame seroso; o una pulmonía; o
un aneurisma: de todo esto hay mucho: lo he leído ayer. Malo, malo, malo:
esto se acaba.
PAULINA.- Pues Ángela se afectó, lo que no es decible. Se quedó
pálida como una muerta: y empezó a temblar: y tuvimos que sostenerla.
LEANDRO.- ¿Había comido ya?
CARLOTA.- No, señor; si fue al sentarnos a la mesa.
LEANDRO.- Menos malo: después de una gran pena, se debe comer...,
para tomar fuerzas; pero antes, nunca. ¡Oh, hay [9] que tener mucho
cuidado: yo con esto no transijo: después de comer, no tolero un disgusto.
DON ANSELMO.- Ya lo sabemos, querido Leandro. (A LEANDRO.) Pero en
fin, ¿Ángela?...
PAULINA.- ¡Rompió a llorar como uña niña! Y luego le dio así...¡A
manera de un rapto de desesperación! ¡Y apretaba los dientes y los puños!
LEANDRO.- ¡Pues, los nervios! ¡es mucha máquina esta máquina nuestra!
DON ANSELMO.- Perdona, Leandro; y deja que acabe Paulina. La verdad
es que me van ustedes alarmando.
CARLOTA.- Es que también Paulina exagera. Como Ángela es tan
impresionable... ¿qué tiene de extraño que al saber el accidente de su
amiga?
DON ANSELMO.- ¿Pero quién es esa señora, o esa señorita? ¿Dónde
vive?, ¿no se puede mandar un recado?
PAULINA.- No sabernos quien es: ni sabernos donde vive.
LEANDRO.- Lo mismo que a mí me sucede: nunca me acuerdo de las señas
de nadie. ¡Es mucha cabeza, esta cabeza nuestra!
CARLOTA.- No: si no las hemos olvidado: es que jamás las hemos
sabido.
LEANDRO.- Mal hecho: las señas hay que apuntarlas.
DON ANSELMO.- Pero en fin, ¿Ángela se repuso?
PAULINA.- Sí, señor. Cobró ánimo, mostró mucha energía, y hasta
sonrió al despedirse de nosotras.
CARLOTA.- Nos dijo que dispensásemos... ¡figúrese usted con la
confianza que tenemos!
DON ANSELMO.- ¿Y se fue?
PAULINA.- ¡Se fue sola!
LEANDRO.- ¡Mal hecho! ¡Sola, y en una noche como ésta! ¡Qué
disparate!
DON ANSELMO.- Esa es la palabra, un disparate. ¡Cuando Gonzalo lo
sepa, bueno se pondrá!
LEANDRO.- ¡Bueno se pondrá! ¿Y cuándo vuelve Gonzalo?
DON ANSELMO.- No sé. En fin, ya no hay más que tener paciencia y
esperar. [10]
LEANDRO.- ¿Esperar a que vuelva Gonzalo?
DON ANSELMO.- No, hombre: Ángela, Gonzalo ya volverá cuando sea

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