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Хосе Эчегарай. Пресмыкаясь. José Echegaray. A fuerza de arrastrarse


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omualdo!…
DON ROMUALDO.-Vamos a ver: ¿cuáles son los proyectos de usted?
PLÁCIDO.-No sé…, trabajar.
DON ROMUALDO.-Pero trabajar, ¿con qué objeto? Será para conseguir algo: fama, posición, riqueza.
PLÁCIDO.-No tengo ambiciones.
DON ROMUALDO.-¿Le gustaría a usted entrar en la redacción de un periódico? La prensa es un arma poderosa.
PLÁCIDO.-Bueno…, si mis protectores me lo aconsejan.
DON ROMUALDO.-Y podrá usted, por ejemplo…, escribir un sobre mi libro.
PLÁCIDO.-¡Ay!…, ¡sí!…, ¡qué idea!… ¡Eso sí!… i Eso sí!…. ¡mi ideal, mi ilusión, don Romualdo!
DON ROMUALDO.-Pues ya realizó usted su ilusión. Yo tengo mucha influencia…, soy uno de los primeros accionistas en uno de los principales periódicos de Madrid. Cuente usted que ya está en él escribiendo… lo que usted quiera.
PLÁCIDO.-Don Romualdo…, yo no se cómo expresar a usted mi gratitud.
DON ROMUALDO.-¿Y nada más?
PLÁCIDO.-¿A qué más puedo aspirar yo?
DON ROMUALDO.-¿No le llama a usted la política?
PLÁCIDO.-Con usted y a sus órdenes… (Con energía.) Entendámonos, ¡para realizar todo lo que dice ese libro de !
DON ROMUALDO.-(Riendo.) Por descontado. ¿Y usted no ha escrito nada? Versos o dramas…, cualquier cosa.
PLÁCIDO.-Sí, señor…; pero a usted me da vergüenza decírselo; he escrito una comedia…, que han aceptado en un teatro por recomendación del marqués, y que se estrena mañana. Nada…, una tontería.
DON ROMUALDO.-No será tontería. De todas maneras, usted escribe la crítica, se le pone cualquier firma y se publica en el periódico.
PLÁCIDO.-¿Yo mismo escribir la crítica de mi comedia? ¡Por Dios, don Romualdo!… Perdone usted, pero es imposible.
DON ROMUALDO.-¡Qué tendría de particular! ¡No sea usted puritano! Así no conseguirá usted nunca cosa que valga la pena.
PLÁCIDO.-No puedo…, no puedo.
DON ROMUALDO.-Bueno, respetemos al joven Catón. Le mandaré a usted nuestro crítico, con orden de que quede usted complacido.
PLÁCIDO.-Eso…, si usted se empeña…, ya es otra cosa.
CRIADO.-Señor don Romualdo, el señor marqués le ruega que pase a su despacho.
DON ROMUALDO.-Allá voy. A trabajar, Plácido, que entre todos le haremos a usted subir.
PLÁCIDO.-No soy adulador…, no encuentro palabras…
DON ROMUALDO.-No hacen falta. (Sale mirando a PLÁCIDO. Aparte.) ¡Tiene mucho talento! ¡Vaya un que escribirá sobre mi libro!

Escena VI

PLÁCIDO; después, un CRIADO; después, TOMÁS.

PLÁCIDO.-Estoy rendido. La tarea hoy es muy fuerte. (Dando un golpe con el libro sobre la mesa.) ¡Ah libro estúpido, no te puedes quejar de mí! (Toca el timbre y sale un CRIADO.) Diga usted a Tomás que haga el favor de venir un momento. Se lo ruego. (Sale el CRIADO.) A ese grosero de Tomás también hay que tratarle con dulzura, casi con mimo. Es el preferido de Josefina, tiene sobre ella mucho dominio y no conviene que ni a ella ni al marqués les hable mal de mí. Hay que seguir «arrastrándose» Hasta ahora no me puedo quejar. Hola, Tomás.
TOMÁS.-¿Qué quería usted, Plácido?
PLÁCIDO.-Pues quería que usted hiciera que viniese aquí, con sigilo…, sin que nadie se enterase, la señorita Josefina.
TOMÁS.-(Con autoridad.) ¡Hola, hola! ¿Y para qué?
PLÁCIDO.-Tengo que hablar con ella de un asunto importante.
TOMÁS.-(Con grosería.) ¿Y qué asunto es ése?
PLÁCIDO.-(Aparte.) De buena gana te rompería el espinazo a palos. (Alto.) Para usted no tengo secretos.
TOMÁS.-Es que si no, la señorita no viene.
PLÁCIDO.-Ya lo sé…, y por eso acudo a usted.
TOMÁS.-Bueno, pues vaya usted diciendo.
PLÁCIDO.- Es para decirle que su padre está en un grave peligro. Que es preciso que a todo trance impida que se bata.
TOMÁS.-¡Ca! No tema usted; el marqués no se bate.
PLÁCIDO.-Quien sabe… De todas maneras, yo cumplo «un deber de conciencia». Siento causar ese disgusto a la señorita Josefina… y que le dé algo.
TOMÁS.-No le da nada.
PLÁCIDO.-Pues haga usted el favor… de hacer que venga.
TOMÁS.-Vendrá…, porque si no… De todas maneras ha de ponerse furiosa. ¡Ah! Un consejo. Procure usted no caracolear mucho alrededor de la señorita Josefina.
PLÁCIDO.-¡Qué bromista es usted, Tomás.
TOMÁS.-Pues por si acaso. (Vase.)

Escena VII

PLÁCIDO; después, JOSEFINA.

PLÁCIDO.-Como yo pueda, ya me pagarás tu grosería. ¡Tú no sabes, imbécil, que la baba del que se arrastra alguna vez es veneno! Hay que apresurar la subida, ¡porque la sangre me va subiendo también muy aprisa! (Cambiando de tono y con dulzura.) ¡Josefina!
JOSEFINA.-Dice Tomás que deseaba usted hablarme.
PLÁCIDO.-Es cierto. Pero no sé cómo empezar.
JOSEFINA.-Pues entre tanto dígame usted algo agradable.
PLÁCIDO.-¡Qué más quisiera yo que decir cosas agradables a Josefina! Ayúdeme usted.
JOSEFINA.-¿Cómo me encuentra usted hoy?
PLÁCIDO.-¿Lo digo?. ¿No se enfadará usted?
JOSEFINA.-No me enfadaré.
PLÁCIDO.-Encantadora. (Aparte.) Está más fea que de costumbre.
JOSEFINA.-(Con coquetería mimosa.) Atrevido.
PLÁCIDO.-Usted dijo…
JOSEFINA.-Yo quería decir que cómo me encontraba usted de salud. Qué aspecto tenía… Blanca asegura que estoy muy pálida.
PLÁCIDO.-La palidez de la azucena.
JOSEFINA.-Gracias. ¿De modo que Blanca no tiene razón al afirmar que mi color es enfermizo?
PLÁCIDO.-¿Qué entiende Blanca de estas cosas?
JOSEFINA.-Y Blanca, ¿no es muy bonita?
PLÁCIDO.-Belleza lugareña.
JOSEFINA.-¿Y yo?
PLÁCIDO.-Belleza refinada y artística.
JOSEFINA.-¡Qué le voy a creer!
PLÁCIDO.-Haría usted mal en no creerme, porque yo hablo siempre con el corazón.
JOSEFINA.-Pero el corazón de usted no le pertenece.
PLÁCIDO.-Acaso acierta usted.
JOSEFINA.-Es de Blanca.
PLÁCIDO.-No…, la quiero… como a una hermana.
JOSEFINA.-Otro gallo le cantara a usted si en vez de haberse enamorado de Blanca hubiera usted puesto sus amores en persona más digna de usted.
PLÁCIDO.-¿Y si yo no fuera digno de esa persona?
JOSEFINA.-¡Qué modesto!
PLÁCIDO.-¡Qué cruel!
JOSEFINA.-(Riendo.) ¿Por qué?
PLÁCIDO.-Si se ríe usted de ese modo, no puedo decirlo.
JOSEFINA.-¿No sabe usted de qué me río?
PLÁCIDO.-No lo sé.
JOSEFINA.-Pues me río pensando en la cara que pondría Tomás si nos oyese.
PLÁCIDO.-(Muy serio.) Es verdad; todavía no he dicho lo que tenía que decir.
JOSEFINA.-¿Es cosa grave?
PLÁCIDO.-¡Muy grave! En breves palabras, porque pueden interrumpir esta conferencia. Su padre quiere batirse.
JOSEFINA.-¿Mi padre?
PLÁCIDO.-Sí, Josefina; con un hombre peligrosísimo.
JOSEFINA.-¡Ay Dios mío! ¿Y pueden matarle?
PLÁCIDO.-Es casi seguro.
JOSEFINA.-No…, eso no…; ¡qué pena y qué trastorno en la casa!
PLÁCIDO.-Pues no diga usted que yo le he dado el aviso; pero evítelo usted a todo trance.
JOSEFINA.-¿Pero cómo?
PLÁCIDO.-No sé…, angustiándose, rogando…, y luego, las lágrimas…; un desmayo…, en fin, como usted pueda.
JOSEFINA.-Sí que lloraré… ¡Ay Dios mío!… ¡Dios mío!… ¡Qué pena tan grande me ha dado. usted! (BLANCA ha salido; se detiene en la puerta y se oye las últimas palabras de JOSEFINA. Se adelanta con ímpetu.)

Escena VIII

JOSEFINA, PLÁCIDO y BLANCA.

BLANCA.-Josefina, ¿por qué lloras?
JOSEFINA.-Por nada.
BLANCA.-Plácido, ¿por qué has hecho…, por qué ha hecho usted llorar a Josefina?
JOSEFINA.-¿Y tú por qué vienes sin que nadie te llame? Plácido y yo teníamos que hablar en secreto.
BLANCA.-(A PLÁCIDO.) ¿Es verdad?
PLÁCIDO.-Es verdad.
JOSEFINA.-¿Eres tú mi madre, o mi hermana, o la novia de Plácido?
BLANCA.-(Con tristeza.) No lo soy.
JOSEFINA.- Entonces, déjanos en paz con tu vigilancia ridícula.
BLANCA.-Perdona, Josefina. Perdone usted, Plácido.
JOSEFINA.-¿Vas a llorar tú también?
BLANCA.-(Con energía orgullosa.) No; yo no lloro.
PLÁCIDO.-Ni habría motivo.
BLANCA.-Los dejo a ustedes.
PLÁCIDO.-No, Blanca, puede usted quedarse…, si Josefina lo permite.
JOSEFINA.-Lo que habíamos de hablar ya lo hemos hablado. Puedes quedarte. Es usted muy bueno y muy cariñoso. Este rasgo de usted no lo olvidaré nunca. (BLANCA vacila, se va, vuelve, quiere irse, quiere quedarse. Todo esto se encomienda al talento de la actriz.) Puedes quedarte. Lo que nos queda por decir puedes oírlo. Es usted (A PLÁCIDO.) una de las personas a quienes más quiero. Mi padre, Tomás y usted son mis predilectos. (BLANCA rompe a reír nerviosamente.)
BLANCA.-Puede usted estar orgulloso, Plácido. ¡Ja, ja, ja!
PLÁCIDO.-Lo estoy. ¡El afecto de Josefina no tiene precio para m

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