Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18


Email This Post Email This Post | Print It Print It |
1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (No Ratings Yet)
Loading ... Loading ...
| 41 views

mucho.
PLÁCIDO.-Finges que lo dudas para tener un pretexto y marcharte: ¡ir a la corte, vivir entre el lujo y el placer, oír galanterías y, al fin y al cabo, casarte con un duque! Y el pobre Plácido, allá, que se muera en el pueblo.
BLANCA.-¡Me vas a volver loca! ¡Yo, riquezas; yo, lujos; yo, galanes! Mira, Plácido, dime de verdad, con todo tu corazón: «Quédate», y desobedezco a mi hermano y «me quedo».
PLÁCIDO.-¿Serías capaz?
BLANCA.-¡Prueba…, prueba!… ¿A que no pruebas?
PLÁCIDO.-Voy a probar: «Quiero que te quedes.»
BLANCA.-Pues suceda lo que quiera, no voy a Madrid.
PLÁCIDO.-Ahora veremos si cuando venga Javier te atreves a decírselo.
BLANCA.-Ahora lo veremos.

Escena V

PLÁCIDO, BLANCA, CLAUDIO y JAVIER.

CLAUDIO.-Ya hemos convencido a la pobre vieja. (Entrando muy alegres.)
JAVIER.-(A BLANCA.) Hola…, ¿has venido tú?
BLANCA.-Sí…, a buscarte… Estuve paseando… hacia la ermita…, y la tarde estaba muy hermosa…, y me dió mucha pena el pensar que voy a dejar todo esto… ¡Mucha pena!… ¡Tú no lo sabes bien! Conque pensé una cosa, y te lo voy a decir.
JAVIER.-¿Qué pensaste?
BLANCA.-También me da mucha pena decírtelo…, porque eres mi hermano y te quiero… Hay días malos en que todo da pena.
JAVIER.-Pues mira tú, para mí es hoy un gran día.
CLAUDIO.-Y para todos nosotros, y para ése. (Por PLÁCIDO.)
BLANCA.-Para ése no.
PLÁCIDO.-Sigue…, sigue… ¿No te atreves a explicarle a tu hermano lo que has pensado?
BLANCA.-Sí me atrevo, Plácido. Oye: tú conoces a Marta; es tina buena mujer y muy honrada.
JAVIER.-Sí lo es. ¿Y qué?
BLANCA.-Tiene dos hijas: son unas buenas chicas.
JAVIER.-Sí lo son.
BLANCA.-Y no hay nadie más en la familia.
CLAUDIO.-Sí hay: el cochinito y la vaca.
JAVIER.-(Riendo.) Es verdad.
BLANCA.-Pues yo sé que si yo le dijese a Marta: «Mi hermano se va a Madrid a probar fortuna; pero yo no quiero ni servirle de estorbo ni serle gravosa, de modo que si tú no tienes inconveniente me quedaré en vuestra casa, os ayudaré como pueda, y os daré como ayuda lo poco que tenga», ¿comprendes? Yo sé que si le dijese esto a Marta se pondría muy contenta.
JAVIER.-¡Pero yo me pondría muy furioso! ¿qué disparate es éste?
BLANCA.-(Medio llorando, pero con energía.) Lo he resuelto.
JAVIER.-¡Pero Blanca!
BLANCA.-(Llorando más, pero decidida.) Lo he resuelto.
JAVIER.-Pero ¿por qué?
BLANCA.-¡Porque soy así; pero lo he resuelto, lo he resuelto! (Llorando desesperadamente.)
JAVIER.-Eres una mala hermana.
BLANCA.-Tienes razón, y lloraré todo lo que tú quieras, y te pediré perdón de rodillas; pero tú te marcharás y de rodillas me quedaré.
JAVIER.-¡Blanca!
CLAUDIO.-¡Esta chica se ha vuelto loca! Lo comprendería si se quedase Plácido…, porque se sabe lo que se sabe…; ¡pero si nos vamos los tres!
BLANCA.-¿Cómo?… ¿Qué estás diciendo?… ¿Que Plácido…? A ver, repítelo.
JAVIER.-Viene con nosotros a Madrid.
BLANCA.-Pero ¿es verdad?
PLÁCIDO.-(Riendo.) ¡Tonta!… ¡Si todo ha sido una broma!… Los tres, y tú con nosotros, a Madrid.
BLANCA.-¿Una broma?
PLÁCIDO.-Sí.
BLANCA.-(Aparte, a PLÁCIDO. Entre tanto, JAVIER y CLAUDIO hablan y ríen.) Ha sido una broma muy cruel y demasiado larga. Yo no hubiera tenido corazón para darte esa pena.
PLÁCIDO.-Es verdad. Perdóname.
BLANCA.-(Entre enojada y risueña.) Harás fortuna en Madrid: sabes fingir.
PLÁCIDO.-¿No estás contenta?
BLANCA.-Sí lo estoy; pero mejor hubiera sido que nos quedásemos.
JAVIER.-(A BLANCA.) Conque, a ver, ¿qué resuelves?
BLANCA.-¡Qué remedio…,. si te empeñas…, si me lo mandas!…
JAVIER.-¡Qué docil eres!
CLAUDIO.-Si has de llegar a las doce a casa de don Rufino, ya puedes emprender la caminata.
PLÁCIDO.-(Resueltamente.) Es verdad. Lo que ha de hacerse, ha de hacerse pronto. Vuelvo en seguida. (Sale un momento.)
BLANCA.-¿Adónde va?
CLAUDIO.-A procurarse fondos para el viaje.
BLANCA.-No comprendo.
JAVIER.-(En broma.) Tiene un tesoro escondido.
CLAUDIO.-¡Un tesoro!
BLANCA.-Estáis de broma…, hoy todo el mundo está de broma.
JAVIER.-Un cuadro…, ¡una pintura admirable!, ¡restos de su riqueza!
CLAUDIO.-Don Rufino, el anticuario…, o el usurero, se lo compra.
JAVIER.-Lo menos da tres mil pesetas.
CLAUDIO.-Pero ¿qué cuadro es ése?
JAVIER.-No sé.
CLAUDIO.-Ni nos importa.
BLANCA.-¿Será…? ¡No puede ser! ¡Por nada de este mundo lo vendería!
PLÁCIDO.-(Dispuesto para el viaje, con el sombrero y un cuadro envuelto en un lienzo.) Ya estoy en marcha. Hasta mañana. Adiós, Blanca; perdóname. (El cabo de vela se apaga; la salida queda a oscuras, por la puerta y la verja entra la luna.)
BLANCA.-¿Qué llevas ahí?
PLÁCIDO.-Un cuadro que me compra don Rufino.
BLANCA.-¿Qué cuadro es?
PLÁCIDO.-Nada…, lo único que tengo…, es precioso… Adiós, que se hace tarde.
BLANCA.-No; espera. No te veo la cara; pero en el tono de voz hay algo que me hiere.
PLÁCIDO.-La miseria hiere siempre. Adiós.
BLANCA.-(Deteniéndole.) No… Responde: ¿es un retrato?
PLÁCIDO.-¿Qué quieres que sea?… ¿Qué otra cosa tengo?… ¿Qué puedo vender?… ¡Como no venda mi alma!
BLANCA.-¿Es aquel retrato tan hermoso que me enseñaste un día?
PLÁCIDO.-¡Sí muy hermoso! ¡Ella era muy hermosa!
BLANCA.-¿Es el retrato de tu madre?
PLÁCIDO.-¡Claro! ¿Para qué están las madres? ¡Para salvar a los hijos! Adiós… (Se desprende de BLANCA y sale corriendo.)
BLANCA.-¡No…; eso, no!… ¡Plácido…, Plácido!… ¡No lo vendas!… ¡Es una mala acción! ¡Es peor que si vendieses tu alma!… ¡Plácido!… ¡No me oye…, no me oye!…
CLAUDIO.-Pero ¿qué tiene esta chica?
JAVIER.-Blanca, ¿qué tienes?
BLANCA.-¡Ay Dios mío! ¡Dios mío! ¡Mal empieza el viaje!… Antes me hizo llorar!… ¡Ahora vende el retrato de su madre! ¡Os digo que me da mucha pena! ¡Que me da mucho miedo!

Acto primero

Salón muy lujoso. Puertas laterales y puertas al fondo. Es de día.

Escena primera

DON CIPRIANO (Marqués de Retamosa del Valle) y JOSEFINA (su hija). JOSEFINA es como
se la ha descrito en el prólogo; el Marqués tiene aires de gran personaje; vanidoso y vacío; su edad, unos cuarenta y cinco o cincuenta años. El Marqués aparece sentado; está preocupado e inquieto. Su hija, en pie, muy nerviosa y como un gato.

JOSEFINA.-¿Qué tienes, papá? Estás inquieto; no me atiendes.
MARQUÉS.-Hija, tengo muchas cosas en qué pensar y muy serias: la política, el periódico…, disgustos y cavilaciones.
JOSEFINA.-Para un hombre superior como tú, ¿qué es todo eso?
MARQUÉS.-Bueno, se puede ser superior y tomar muy a pecho cosas inferiores.
JOSEFINA.-¿Y no puedes atender a tu hija ni un momento?
MARQUÉS.-Vamos, di lo que quieras; ya te oigo.
JOSEFINA.-Que yo también tengo disgustos; que yo no puedo vivir así; que, como tú sabes, estoy muy delicada, que sufro mucho de los nervios y que entre todos me van a matar… Luego, mucho afligirse: «¡Pobre Josefina! ¡Pobre Josefina!…» ¡Pero Josefina ya se murió!
MARQUÉS.-Antes moriré yo.
JOSEFINA.-Eso sería lo regular… Es decir, lo sentiría mucho… Pero ya verás como no sucede.
MARQUÉS.-Vamos a ver qué te pasa; dilo de una vez.
JOSEFINA.-¡Que Blanca tiene un carácter imposible! ¡Que se goza en hacerme daño! ¡Que es una ingrata!
MARQUÉS.-Tú tienes la culpa. Tú te empeñaste en que los protegiese a ella y a su hermano, en que ella se quedase a vivir contigo. Él parece un buen chico: dócil, agradecido y respetuoso… Blanca…, no sé. Guapa, es muy guapa, no cabe duda.
JOSEFINA.-¡Eso es! Porque es guapa, o porque os figuráis que es guapa, ella ha de ser aquí la reina y yo la esclava.
MARQUÉS.-¡Pero Josefina!
JOSEFINA.-Y yo no sé qué hermosura encontráis en Blanca. A mí me parece muy basta y muy ordinaria.
MARQUÉS.-¡Y qué! ¿Qué es lo que hace?
JOSEFINA.-Contrariarme en todo. No servirme en nada. Basta que le mande una cosa para que no la haga y para que tome aires de princesa agraviada. ¿Pues qué se ha figurado que es en esta casa?
MARQUÉS.-Mal hecho.
JOSEFINA.-Ya lo creo. Mira, papaíto, es un picotear constante. Estoy dándole un encargo a Plácido, ese escribiente que has tomado hace poco…
MARQUÉS.-Por recomendación de Blanca y de su hermano y por empeño tuyo.
JOSEFINA.-¿Mío?
MARQUÉS.-Sí; te lo presentó Javier y quedaste encantada.
JOSEFINA.-Porque es muy fino; ya se conoce que ha recibido una gran educación. ¡Y muy obsequioso, y muy servicial, y muy simpático!
MARQUÉS.-Es verdad; el mejor de todos ellos, el más agradecido y el que sabe el puesto que deb

Share and Enjoy:
  • del.icio.us
  • YahooMyWeb
  • Digg
  • E-mail this story to a friend!
  • Facebook
  • Google
  • Live
  • Technorati
  • Print this article!
Tags: , , , , , , , , , , , , ,

Related posts

Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18


  • Рубен Дарио. Уитцилопоцтли. Мексеканская легенда. Rubén Darío. Huitzilopoxtli. Leyenda mexicana
  • Елена Гарро. Во всем виноваты тлашкальтеки. Elena Garro. La culpa es de los tlaxcaltecas
  • Вильям Фолкнер. Интервью с Вильямом Фолкнером. ENTREVISTA A WILLIAM FAULKNER
  • Микель Барсело. Рекомендации по написанию научной фантастики. MIQUEL BARCELÓ. CONSEJOS PARA ESCRIBIR CIENCIA FICCIÓN
  • Хосе Эчегарай. Sic vos non vobis или Последнее подаяние. José Echegaray. Sic vos non vobis o La última limosna

  • Leave a Comment

    You must be logged in to post a comment.


    Copyright by Blok.NOT 2005 - 2008

    XML-Sitemap