Хосе Эчегарай. Пресмыкаясь. José Echegaray. A fuerza de arrastrarse
Uncategorized June 19th, 2006
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o silbar una bala!
MARQUÉS.-¡Ya son dos tiros! ¡Es una cosa muy seria! Esos hombres van a matarse. ¡Del primer tiro, uno! ¡Del segundo tiro, otro! ¡Es un encarnizamiento!
JOSEFINA.-(Con miedo.) ¿Tú crees?…
MARQUÉS.-¡Hija, vámonos! ¡Yo no puedo resistir más estas emociones! Si yo estuviera en el terreno, si fuera uno de ellos, estaría tranquilo; pero aquí no. No puedo. ¡Ven, Josefina! (Se dirige con ella al fondo: aparece TOMÁS.)
Escena XIV
BLANCA, JOSEFINA, MARQUÉS y TOMÁS.
MARQUÉS.-¿Qué hay? ¿Qué ocurre?
JOSEFINA.-¡Vamos, habla pronto, que estoy nerviosa!
TOMÁS.-Que ya se acabó todo.
MARQUÉS.-¿Cuántos han muerto?
TOMÁS.-Ninguno. Dos tiros… y nada.
JOSEFINA.-¿Ni está herido ninguno de los dos?
TOMÁS.-Ninguno. Ahora quedan todos abrazándose y aquí vienen tan contentos.
MARQUÉS.-¡Gracias a Dios!… ¿Y se habrán portado?
JOSEFINA.-¿Cómo se han portado?
TOMÁS. Al pasar oí decir que como dos fieras… (El MARQUES y JOSEFINA dan señales de regocijo.)
MARQUÉS.-(A BLANCA y JAVIER.) Alégrense ustedes de que haya concluído esto.
BLANCA.-Muy de veras nos alegramos.
JOSEFINA.-(Desde la puerta.) Papá…, papá…, que ya vienen. (El MARQUÉS y JOSEFINA, en la puerta, esperando. BLANCA y JAVIER, más retirados, tristes y despreciativos.)
Escena XV
DICHOS, PLÁCIDO y CLAUDIO, por el fondo, con DON ROMUALDO, DON ANSELMO y
los padrinos de CLAUDIO.
MARQUÉS.-(A PLÁCIDO.) Vengan los brazos.
PLÁCIDO.-(Se abrazan.) ¡Padre mío! ¡Don Claudio viene a excusarse con usted, a darle una satisfacción, a pedirle perdón! No ha retrocedido ante la muerte, pero se humilla ante la noble figura del señor Marqués de Retamosa.
CLAUDIO.-No he retrocedido ante la muerte, pero me humillo ante la noble figura del señor marqués. ¡Mil veces volvería a batirme como me he batido, y mil veces me humillaría como me humillo! Para mí, el peligro es un acicate…
PLÁCIDO.-¡Basta!
CLAUDIO.-¡Basta de acicate!…
MARQUÉS.-¡Esa mano!… (Tendiendo la suya.)
CLAUDIO.-No puede usted figurarse con cuánta alegría estrecho su mano. Ya no hay aquí armas mortíferas.
PLÁCIDO.-¡Basta!
CLAUDIO.-Basta de armas mortíferas.
MARQUÉS.-(Llevando a PLÁCIDO aparte.) Ya le he escrito al director del periódico que presente su dimisión. Usted será el director de mi periódico. Así premio yo a hombres como usted.
PLÁCIDO.-Señor marqués… (Se dan las manos.)
DON ROMUALDO.-(Llevándole aparte.) Ya he hablado con el marqués… En mi distrito hay un puesto vacante, el que tenía don Anselmo: cuente usted con que será usted diputado. ¡Eso merecen hombres de corazón como usted!
PLÁCIDO.-Don Romualdo… (Dándose las manos.)
JOSEFINA.-(Llevando aparte a PLÁCIDO.) ¿Se acuerda usted del sueño de antes?… ¿Quiere usted que sea realidad?… ¿Me quiere usted de veras?
PLÁCIDO.-¡Con el alma!
JOSEFINA.-¡Pues yo también! ¡Qué menos para pagar amor tan verdadero!
MARQUÉS.-Todos ustedes me van a honrar acompañándome a la mesa…, y al terminar el almuerzo todos brindaremos por dos hombres de corazón… ¡Plácido, dé usted el brazo a Josefina! (Todos, con alegría y voces, se dirigen al fondo.)
BLANCA.-(A JAVIER.) ¡El menos ridículo, el marqués! ¡El más miserable, Plácido! ¡La más liviana, Josefina!… ¡Óyelos!… ¡Óyelos!… ¡Los malvados, nosotros, y sobre ellos y sobre nosotros, envolviéndonos a todos, la farsa repugnante…, la farsa asquerosa…, la farsa ridícula!… ¡Llévame de esta casa, llévame!… ¡Aire puro, por Dios!
TELÓN
Acto tercero
Salón lujoso. Puerta en el fondo y laterales; una de las puertas laterales del segundo término es pequeña.
Escena primera
TOMÁS, sentado cómodamente en un sofá o sillón. Después, un CRIADO.
TOMÁS.-¡Jesús, qué distracción! (Levantándose de golpe.) Si entra de pronto Plácido, digo el señor vizconde, y me encuentra sentado, ¡buena la hicimos! ¡Bien se desquita, bien! Y bien supo hacerse el amo… ¡Paciencia! Tomás es Tomás, y también me desquitaré yo con él y con niña Josefina…, digo…, con la señora vizcondesa…
CRIADO.-(Entrando por el fondo.) Ahí está el que vino esta mañana. El lugareño. Empeñado en que ha de ver al señor vizconde.
TOMÁS.-¿Para qué?
CRIADO.-No sé. No lo dice: es muy receloso. Sólo nos ha dicho que es de Retamosa.
TOMÁS-¡Ah! ¿De Retamosa? ¡Pchs! Si tiene tanto empeño, que entre. (Sale el CRIADO.) ¿Quién sabe si contará algo útil?
Escena II
TOMÁS y Tío LESMES.
LESMES.-(Mirando a todas partes, con asombro.) A la paz de Dios.
TOMÁS.-¿Quién es usted y qué quiere usted?
LESMES.-¡Ah! Perdone usted. No había reparado, porque usted tiene poco que ver… (Volviendo a mirar el salón) ¡Todo esto sí que tiene que ver!
TOMÁS.-(Aparte.) Vaya un zángano desahogado. (Alto) ¿Que a quién busca usted?
LESMES.-Busco a Plácido. Lléveme usted a donde está.
TOMÁS.-No puede ser. Y entienda que no se llama Plácido.
LESMES.-(Riendo.) ¡Anda, anda, si lo sabré yo! Plácido se llama como no lo haya confirmado el señor obispo.
TOMÁS.-Se llamaba Plácido cuando vino a Madrid. Y así le llamaba yo y ya lo estoy pagando.
LESMES.-¿Que lo paga usted?
TOMÁS.-Desde hace cuatro años, desde que se casó con la hija del señor marqués, con la señorita Josefina, se llama el señor vizconde.
LESMES.-¡Ya…, ya!… Toma con Plácido…
TOMÁS.-¿Y para qué quiere usted ver al señor vizconde?
LESMES.-(Entre simpleza y vanidad.) Para muchas cosas nuestras.
TOMÁS.-¿De usted y del señor vizconde?
LESMES.-Cabalito. Y de don Rufino, a quien le vendió Plácido…
TOMÁS.-¿Qué le vendió?
LESMES.-Un cuadro. Vamos al decir, un retrato.
TOMÁS.-¿Qué retrato?
LESMES.-E1 de su madre.
TOMÁS.-¿El de la madre de don Rufino?
LESMES.-¡Otra que tal! El de su madre…, su madre…, la madre de Plácido.
TOMÁS.-¡Ya!… ¡Plácido vendió el retrato de su madre!…
LESMES.-Plácido me mandó a decir: «Lesmes, pídele a don Rufino el retrato de mi madre; y le das lo que te pida, poco o mucho, que siempre será mucho…, y me lo mandas.» Conque don Rufino me contestó: «Pues no lo tengo, que se lo vendí, perdiendo, a uno que vino a pasar el verano a Retamosa, que entendía de pinturas y que era de Retamosa. Y se fue a Madrid, y tengo entendido que se lo vendió, ganando, a otro, que también es de Retamosa del Valle.» Y en este papel viene todo muy bien explicado… (Sacando un papel.)
TOMÁS.-Bueno; pues démelo usted y yo se lo entregaré al señor vizconde.
LESMES.-¿Qué más da? ¿Yo para qué lo quiero? En no viendo a Plácido, ¿qué más da?
TOMÁS.-Verle no es posible.
LESMES.-Allá él. (Le da un papel a TOMÁS.) Dígale que yo me marcho esta noche. Conque… con Dios. (Al salir mira a todas partes.) ¡Ah! Dígale que mi chico volvió de servir al rey, y que se casó con Pacorra, y que se murió la tía. Y que tengo dos nietos. ¿Plácido tiene nietos?
TOMÁS.-No, señor.
LESMES.-¡Qué ha de haber nietos en Madrid! (Con desprecio.) Vaya…, a más ver, si Dios quiere… Ya sabe…, el tío Lesmes…, Retamosa del Valle…, a mandar. (Ofreciéndose.) ¡Buena casa…, buena, buena! (Sale, mirando a todas partes.)
TOMÁS.-Adiós, bestia. ¿Conque Plácido vendió el retrato de su madre?… Bueno es saberlo. Ya está ahí el Judas. (Toma aspecto respetuoso.)
Escena III
PLÁCIDO y TOMÁS.
PLÁCIDO.-¿Quién hablaba en voz alta? ¿Eras tú? ¿No te he dicho que no me gusta que se hable a gritos?
TOMÁS.-No era yo, señor vizconde.
PLÁCIDO.-¿Pues quién era?
TOMÁS.-Un amigo del señor vizconde.
PLÁCIDO.-¡Mentira! ¡Mis amigos no hablan en forma grosera!
TOMÁS.-Pues el tal dijo que era amigo del señor vizconde y quería verle a todo trance.
PLÁCIDO.-¡Su nombre!
TOMÁS.-Uno de Retamosa del Valle: un patán insolente y grosero.
PLÁCIDO.-(Impaciente.) ¡Su nombre!
TOMÁS.-¡El tío Lesmes!
PLÁCIDO.-¡El tío Lesmes! ¿Ha estado aquí el tío Lesmes?… Pero ¿dónde está, dónde?
TOMÁS.-¡Señor!
PLÁCIDO.-¿Por qué no entró?
TOMÁS.-Yo creí…
PLÁCIDO.-Siempre crees y nunca aciertas. ¡Corre, corre a buscarle!…
TOMÁS.-Ya no está en la casa.
PLÁCIDO.-Pero ¿en dónde para? ¡Su posada!… ¿Cuál es su posada?
TOMÁS.-(Complaciéndose en molestarle.) No lo dijo.
PLÁCIDO.-¿Y cuándo vuel










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