Фидель Кастро Рус. До победы - навсегда! (Речь 18.10.1967г.) Fidel Castro Rus. ¡Hasta la victoria siempre!
Uncategorized August 2nd, 2006
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pero pocas veces como en esta ocasión se puede decir con más justicia, con más exactitud, de
un hombre, lo que decimos del Che: ¡que constituyó un verdadero ejemplo de virtudes
revolucionarias!
Pero además añadía otra cualidad, que no es una cualidad del intelecto, que no es una
cualidad de la voluntad, que no es una cualidad derivada de la experiencia, de la lucha, sino
una cualidad del corazón, ¡porque era un hombre extraordinariamente humano,
extraordinariamente sensible! Por eso decimos, cuando pensamos en su vida, cuando
pensamos en su conducta, que constituyó el caso singular de un hombre rarísimo en cuanto
fue capaz de conjugar en su personalidad no sólo las características de hombre de acción sino
también las de hombre de pensamiento, de hombre de inmaculadas virtudes revolucionarias y
de extraordinaria sensibilidad humana, unidas a un carácter de hierro, a una voluntad de acero,
a una tenacidad indomable.
Y por eso les ha legado a las generaciones futuras no sólo su experiencia, sus conocimientos
como soldado destacado, sino a la vez las obras de su inteligencia. Escribía con la virtuosidad
de un clásico de la lengua. Sus narraciones de la guerra son insuperables. La profundidad de
su pensamiento es impresionante. Nunca escribió sobre nada absolutamente que no lo hiciese
con extraordinaria seriedad, con extraordinaria profundidad, y algunos de sus escritos no
dudamos que pasarán a la posteridad como documentos clásicos del pensamiento
revolucionario.
Y así, como fruto de esa inteligencia vigorosa y profunda, nos dejó infinidad de recuerdos,
infinidad de relatos que, sin su trabajo, sin su esfuerzo, habrían podido tal vez olvidarse para
siempre.
Trabajador infatigable, en los años que estuvo al servicio de nuestra patria no conoció un solo
día de descanso.
Fueron muchas las responsabilidades que se le asignaron: como presidente del Banco
Nacional, como director de la Junta de Planificación, como ministro de Industrias, como
comandante de regiones militares, como jefe de delegaciones de tipo político o de tipo
económico o de tipo fraternal.
Su inteligencia multifacética era capaz de emprender con el máximo de seguridad cualquier
tarea en cualquier orden, en cualquier sentido. Y así, representó de manera brillante a nuestra
patria en numerosas conferencias internacionales, de la misma manera que dirigió
brillantemente a los soldados en el combate, de la misma manera que fue un modelo de
trabajador al frente de cualesquiera de las instituciones que se le asignaron, ¡y para él no hubo
días de descanso, para él no hubo horas de descanso! Y si mirábamos para las ventanas de
sus oficinas, permanecían las luces encendidas hasta altas horas de la noche, estudiando, o
mejor dicho, trabajando o estudiando. Porque era un estudioso de todos los problemas, era un
lector infatigable. Su sed de abarcar conocimientos humanos era prácticamente insaciable, y
las horas que le arrebataba al sueño las dedicaba al estudio.
Los días reglamentarios de descanso los dedicaba al trabajo voluntario. Fue él el inspirador y el
máximo impulsor de ese trabajo que hoy es actividad de cientos de miles de personas en todo
el país, el impulsor de esa actividad que cada día cobra en las masas de nuestro pueblo mayor
fuerza.
Y como revolucionario, como revolucionario comunista, verdaderamente comunista, tenía una
infinita fe en los valores morales, tenía una infinita fe en la conciencia de los hombres. Y
debemos decir que en su concepción vio con absoluta claridad en los resortes morales la
palanca fundamental de la construcción del comunismo en la sociedad humana.
Muchas cosas pensó, desarrolló y escribió. Y hay algo que debe decirse un día como hoy, y es
que los escritos del Che, el pensamiento político y revolucionario del Che tendrán un valor
permanente en el proceso revolucionario cubano y en el proceso revolucionario en América
Latina. Y no dudamos que el valor de sus ideas, de sus ideas tanto como hombre de acción,
como hombre de pensamiento, como hombre de acrisoladas virtudes morales, como hombre
de insuperable sensibilidad humana, como hombre de conducta intachable, tienen y tendrán un
valor universal.
Los imperialistas cantan voces de triunfo ante el hecho del guerrillero muerto en combate; los
imperialistas cantan el triunfo frente al golpe de fortuna que los llevó a eliminar tan formidable
hombre de acción. Pero los imperialistas tal vez ignoran o pretenden ignorar que el carácter de
hombre de acción era una de las tantas facetas de la personalidad de ese combatiente. Y que
si de dolor se trata, a nosotros nos duele no sólo lo que se haya perdido como hombre de
acción, nos duele lo que se ha perdido como hombre virtuoso, nos duele lo que se ha perdido
como hombre de exquisita sensibilidad humana y nos duele pensar que tenía sólo treinta y
nueve años en el momento de su muerte, nos duele pensar cuántos frutos de esa inteligencia y
de esa experiencia que se desarrollaba cada vez más hemos perdido la oportunidad de
percibir.
Nosotros tenemos idea de la dimensión de la pérdida para el movimiento revolucionario. Pero,
sin embargo, ahí es donde está el lado débil del enemigo imperialista: creer que con el hombre
físico ha liquidado su pensamiento, creer que con el hombre físico ha liquidado sus ideas, creer
que con el hombre físico ha liquidado sus virtudes, creer que con el hombre físico ha liquidado
su ejemplo. Y lo creen de manera tan impúdica que no vacilan en publicar, como la cosa más
natural del mundo, las circunstancias casi universalmente ya aceptadas en que lo ultimaron
después de haber sido herido gravemente en combate. No han reparado siquiera en la
repugnancia del procedimiento, no han reparado siquiera en la impudicia del reconocimiento. Y
han divulgado como derecho de los esbirros, han divulgado como derecho de los oligarcas y de
los mercenarios, el disparar contra un combatiente revolucionario gravemente herido. Y lo peor
es que explican además por qué lo hicieron, alegando que habría sido tremendo el proceso en
que hubiesen tenido que juzgar al Che, alegando que habría sido imposible sentar en el
banquillo de un tribunal a semejante revolucionario.
Y no sólo eso sino que además no han vacilado en hacer desaparecer sus restos. Y sea
verdad o sea mentira, es el hecho que anuncian haber incinerado su cadáver, con lo cual
empiezan a demostrar su miedo, con lo cual comienzan a demostrar que no están tan
convencidos de que liquidando la vida física del combatiente liquidan sus ideas y liquidan su
ejemplo.
Che no cayó defendiendo otro interés, defendiendo otra causa de los explotados y los
oprimidos de este continente; Che no cayó defendiendo otra causa que la causa de los pobres
y de los humildes de esta tierra. Y la forma ejemplar y el desinterés con que defendió esa
causa no osan siquiera discutirlos sus más encarnizados enemigos.
Y ante la historia, los hombres que actúan como él, los hombres que lo hacen todo y lo dan
todo por la causa de los humildes, cada día que pasa agigantan, cada día que pasa se
adentran más profundamente en el corazón de los pueblos. Y esto ya lo empiezan a percibir los
enemigos imperialistas, y no tardarán en comprobar que su muerte será a la larga como una
semilla de donde surgirán muchos hombres decididos a emularlo, muchos hombres decididos a
seguir su ejemplo.
Y nosotros estamos absolutamente convencidos de que la causa revolucionaria en este
continente se repondrá del golpe, que la causa revolucionaria en este continente no será
derrotada por ese golpe.
Desde el punto de vista revolucionario, desde el punto de vista de nuestro pueblo, ¿cómo
debemos mirar nosotros el ejemplo del Che? ¿Acaso pensamos que lo hemos perdido? Cierto
es que no volveremos a ver nuevos escritos, cierto es que no volveremos a escuchar de nuevo
su voz. Pero el Che le ha dejado al mundo un patrimonio, un gran patrimonio, y de ese
patrimonio nosotros -que lo conocimos tan de cerca- podemos ser en grado considerable
herederos suyos.
Nos dejó su pensamiento revolucionario, nos dejó sus virtudes revolucionarias, nos dejó su
carácter, su voluntad, su tenacidad, su espíritu de trabajo. En una palabra, ¡nos dejó su
ejemplo! ¡Y el ejemplo del Che debe ser un modelo para nuestro pueblo, el ejemplo del Che
debe ser el modelo ideal para nuestro pueblo!
Si queremos expresar cómo aspiramos que sean nuestros combatientes revolucionarios,
nuestros militantes, nuestros hombres, debemos decir sin vacilación de ninguna índole: ¡que
sean como el Che! Si queremos expresar cómo queremos que sean los hombres de las futuras
generaciones, debemos decir: ¡que sean como el Che! Si queremos decir cómo deseamos que
se eduquen nuestros niños, debemos decir sin vacilación: ¡queremos que se eduquen en el
espíritu del Che! Si queremos un modelo de hombre, un modelo de hombre que no pertenece a
este tiempo, un modelo de hombre que pertenece al futuro, ¡de corazón digo que ese modelo
sin una sola mancha en su conducta, sin una sola mancha en su actitud, sin una sola mancha
en su actuación, ese modelo es el Che! Si queremos expresar cómo deseamos que sean
nuestros hijos, debemos decir con todo el corazón de vehementes revolucionarios: ¡queremos










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