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Берналь Диас дель Кастильо. “Правдивая история завоевания Новой Испании” (BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO. HISTORIA VERDADERA DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA ESPAÑA)


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o acordé
de seguir mi intento con el ornato y pláticas que verán, para que salga a la luz y
hallarán las conquistas de la Nueva España claramente como se han de ver.
Quiero volver con la pluma en la mano, como el buen piloto lleva la sonda
descubriendo bajos por la mar adelante, cuando siente que los hay; así haré yo
en decir los borrones de los cronistas; mas no será todo, porque si parte por parte
se hubiesen de escribir sería más larga la costa de recoger la rebusca que en las
verdaderas vendimias. Digo que sobre esta mi relación pueden los cronistas
sublimar y dar loa al valeroso y esforzado capitán Cortés, y a los fuertes
conquistadores, pues tan grande empresa salió de nuestras manos, y lo que sobre
ellos escribieron diremos los que en aquellos tiempos nos hallamos como
testigos de vista de ser verdad como ahora decimos las contrariedades de él; que
cómo tienen tanto atrevimiento y osadía de escribir tan vicioso y sin verdad,
pues que sabemos que la verdad es cosa bendita y sagrado y que todo lo que
contra ello dijeron va maldito. Más bien me parece que Gómara fue aficionado a
hablar tan loablemente del valeroso Cortés, y tenemos por cierto que le untaron
las manos, pues que a su hijo, el marqués que ahora es, le eligió su crónica,
teniendo a nuestro rey y señor, que con derecho se le había de elegir y
encomendar.
CÓMO VINIMOS CON OTRA ARMADA A LAS TIERRAS NUEVAS Y
POR CAPITÁN EL VALEROSO Y ESFORZADO DON HERNANDO
CORTÉS
Después que llegó a el capitán Juan de Grijalva, y visto el gobernador
Diego Velásquez que eran las tierras ricas, ordenó enviar una buena armada,
muy mayor que la de antes; y para ello tenía ya a punto diez navíos en el puerto
de Santiago de , donde Diego Velásquez residía; los cuatro de ellos eran en
los que volvimos con Juan de Grijalva, porque luego les hizo dar carena y los
otros seis recogieron de toda la isla. Los hizo proveer de bastimento, que era pan
cazabe y tocinos, porque en aquella sazón no había en la isla de ganado
vacuno ni carneros, porque era nuevamente poblada. Y este bastimento no era
más que para hasta llegar a la Habana, porque allí habíamos de hacer todo el
matalotaje.
Diré las diferencias que hubo para elegir capitán para ir aquel viaje. Hubo
muchos debates y contrariedades, porque ciertos hidalgos decían que viniese por
capitán Vazco Porcallo, y temióse Diego Velásquez que se le alzaría con la
armada, porque era atrevido; otros decían que viniese Agustín Bermúdez, o
Antonio Velásquez Borrego, o Bernardino Velásquez, parientes del gobernador,
y todos los más soldados que allí nos hallamos decíamos que volviese el mismo
Juan de Grijalva, porque era buen capitán y no había falta en su persona y en
saber mandar.
Andando las cosas y conciertos de esta manera que aquí he dicho, dos grandes
privados de Diego Velásquez, que se decían Andrés de Duero, secretario del
mismo gobernador, y Amador de Lares, contador de Su Majestad, hicieron
secretamente compañía con un hidalgo que se decía Hernando Cortés, natural de
Medellín, que tenía indios de encomienda en aquella isla, y poco tiempo hacía
que se había casado con una señora que se decía doña Catalina Suárez, la
Marcaida. A lo que yo entendí y otras personas decían, se casó con ella por
amores, y esto de este casamiento muy largo lo decían otras personas que lo
vieron, y por esta causa no tocaré más en esta tecla, y volveré a decir acerca de
la compañía.
Fue de esta manera: que concertasen estos privados de Diego Velásquez que le
hiciesen dar a Hernando Cortés la capitanía general de toda la armada, y que
partirían entre todos tres la ganancia del oro, plata y joyas de la parte que le
cupiese a Cortés, porque secretamente Diego Velásquez enviaba a rescatar y no
a poblar, según después pareció por las instrucciones que de ello dio, y aunque
publicaba y pregonó que enviaba a poblar.
Hecho este concierto, tienen tales modos el Duero y el contador con Diego
Velásquez, y le dicen tan buenas y melosas palabras, loando mucho a Cortés que
es persona en quien cabe el cargo para ser capitán, porque, además de ser muy
esforzado, sabrá mandar y ser temido, y que le sería muy fiel en todo lo que le
encomendasen, así en lo de la armada como en lo demás, de manera que lo
persuadieron a ello, y luego se eligió por capitán general, y el secretario Andrés
de Duero hizo las provisiones, como suele decir el refrán de muy buena tinta, y
como Cortés las quiso, muy bastantes.
CÓMO CORTÉS SE APERCIBIÓ Y ENTENDIÓ EN LAS COSAS QUE
CONVENÍAN PARA DESPACHARSE CON LA ARMADA
Pues como ya fue elegido Hernando Cortés por general, comenzó a buscar todo
género de armas, escopetas, pólvora y ballestas, y todos cuantos pertrechos de
armas pudo haber, y a buscar rescate, y también otras cosas pertenecientes a
aquel viaje. Y además de esto, se comenzó a pulir y ataviar su persona mucho
más que antes, y se puso su penacho de plumas, con su medalla y una cadena de
oro, y una ropa de terciopelo, sembradas por ella unas lazadas de oro, y, en fin,
como un bravoso y esforzado capitán.
Para hacer estos gastos que he dicho, no tenía de qué, porque en aquella sazón
estaba muy adeudado y pobre, aunque tenía buenos indios de encomienda y
sacaba oro de las minas; mas todo lo gastaba en su persona y en atavíos de su
mujer, que era recién casado, y en algunos forasteros huéspedes que se le
allegaban, porque era de buena conversación y apacible, y había sido dos veces
alcalde de la villa de San Juan de Baracoa, donde era vecino, porque en estas
tierras se tiene por mucha honra a quien hacen alcalde.
Luego mandó hacer dos estandartes y banderas, labrados en oro con las armas
reales y una cruz de cada parte, con un letrero que decía: ?Hermanos y
compañeros: sigamos la señal de la Santa Cruz con fe verdadera, que con ella
venceremos?.
Pues como se supo esta nueva en toda la isla de , y también Cortés escribió
a todas las villas a sus amigos para que se aparejasen para ir con él aquel viaje,
unos vendían sus haciendas para buscar armas y caballos, otros hacían pan
cazabe y tocinos para matalotaje, y colchaban armas de algodón y se apercibían
de lo que habían menester lo mejor que podían. De manera que nos juntamos en
Santiago de , donde salimos con la armada más de trescientos cincuenta
soldados.
Nos hicimos a la vela, y con próspero tiempo llegamos al puerto de la Trinidad.
Y tomando puerto y saltados en tierra, nos salieron a recibir todos los más
vecinos de aquella villa, y nos festejaron mucho.
CÓMO EL CAPITÁN HERNANDO CORTÉS SE EMBARCÓ CON TODOS
LOS SOLDADOS PARA IR A LA HABANA
Después que Cortés vio que en la villa de la Trinidad no teníamos en qué
entender, apercibió a todos los caballeros y soldados que allí se habían juntado
para ir en su compañía, que se embarcasen juntamente con él en los navíos que
estaban en el puerto de la banda del sur, y los que por tierra quisiesen ir fuesen
hasta la Haban con Pedro de Alvarado, para que recogiesen unos soldados que
estaban en unas estancias; y yo fui en su compañía. También mandó Cortés a un
hidalgo, que se decía Juan de Escalante, muy amig0 suyo, que fue en un navío
por la banda del norte, y mandó que todos los caballos fuesen por tierra.
Pues ya despachado todo lo que dicho tengo, Cortés se embarcó en la nao
capitana con todos los navíos para ir la derrota de la Habana. Parece ser que las
naos que llevaba en conserva no vieron a la capitana, donde iba Cortés porque
era de noche, y fueron al puerto. Asimismo llegamos por tierra con Pedro de
Alvarado a la villa de la Habana; y el navío en que venía Juan de Escalante por
la banda del norte también había llegado; y todos loscaballos que iban por tierra.
Cortés no vino, ni sabían dar razón de él.
Pasáronse cinco días, y no había nuevas ningunas de su navío, y teníamos
sospecha no se hubiese perdido en los Jardines, que es cerca de las islas de
Pinos, donde hay muchos ajos que están diez o doce leguas de la Habana; y fue
acordado por todos nosotros que fuesen tres navíos de los de menos porte en
busca de Cortés.
En aderezar los navíos y en debates, vaya Fulano, vaya Zutano, o Pedro o
Sancho, se pasaron otros dos días, y Cortés no venía. Ya había entre nosotros

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