Берналь Диас дель Кастильо. “Правдивая история завоевания Новой Испании” (BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO. HISTORIA VERDADERA DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA ESPAÑA)


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Берналь Диас дель Кастильо. "Правдивая история завоевания Новой Испании (Мексики)"
BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO. "HISTORIA VERDADERA DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA ESPAÑA"

BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO
HISTORIA VERDADERA DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA ESPAÑA

COMIENZA LA RELACIÓN DE LA HISTORIA
Bernal Díaz del Castillo, vecino y regidor de la muy leal ciudad de Santiago de
Guatemala, uno de los primeros descubridores y conquistadores de la Nueva
España y sus provincias y Cabo de Honduras e Higueras que en esta tierra así se
nombra, natural de la muy noble e insigne villa de Medina del Campo, hijo de
Francisco Díaz del Castillo, regidor que fue de ella, que por otro nombre le
llamaban ?el Galán?, y de María Díez Rejón, su legítima mujer, que hayan santa
gloria, por lo que a mí me toca y a todos los verdaderos conquistadores mis
compañeros que hemos servido a Su Majestad así en descubrir y conquistar y
pacificar todas las provincias de la Nueva España, que es una de las buenas
partes descubiertas del Nuevo Mundo, lo cual descubrimos a nuestra costa, sin
ser sabedor de ello Su Majestad.
Como mis antepasados y mi padre y un hermano mío siempre fueron servidores
de la corona real y de los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel, de muy
gloriosa memoria, quise parecer en algo a ellos. En aquel tiempo, que fue año de
1514, vino por gobernador de Tierra Firme un caballero que se decía Pedrarias
Dávila, acordé venir con él a su gobernación y conquista. Y por acortar palabras
no diré lo acaecido en el viaje, sino que, unas veces con buen tiempo y otras con
contrario, llegamos a Nombre de Dios.
Desde tres o cuatro meses que estábamos poblados, dio pestilencia, de la cual se
murieron muchos soldados, y además de esto todos los más adolecíamos y se
nos hacían unas malas llagas en las piernas. También había diferencias entre el
mismo gobernador con un hidalgo que en aquella sazón estaba por capitán y
había conquistado aquella provincia aquella provincia, el cual se decía Vasco
Núñez de Balboa, hombre rico, con quien Pedrarias Dávila casó una hija suya; y
después que la hubo desposado, según pareció, y sobre sospechas que tuvo del
yerno que se le quería alzar con copia de soldados, para irse por la mar del Sur,
por sentencia le mandó degollar y hacer justicia de ciertos soldados. Desde que
vimos lo que dicho tengo y otras revueltas entre sus capitanes, y alcanzamos a
saber que era nuevamente poblada y ganada la isla de Cuba, y que estaba en ella
por gobernador un hidalgo que se decía Diego Velásquez, natural de Cuellar,
acordamos ciertos caballeros y personas de calidad, los que habíamos venido
con Pedrarias Dávila, demandarle licencia para irnos a la isla de Cuba y él nos la
dio de buena voluntad, porque no tenía necesidad de tantos soldados como los
que trajo de Castilla para hacer guerra, porque no había qué conquistar, que todo
estaba en paz, que Vasco Núñez de Balboa, yerno de Pedrarias, lo había
conquistado, y la tierra de suyo es muy corta.
Pues desde que tuvimos la licencia nos embarcamos en un buen navío, y con
buen tiempo llegamos a la isla de Cuba y fuimos a hacer acato al gobernador; y
él se holgó con nosotros y nos prometió que nos daría indios, en vacando.
Como se habían ya pasado tres años, así en lo que estuvimos en Tierra Firme e
isla de Cuba, y no habíamos hecho cosa ninguna que se contar sea, acordamos
juntarnos ciento diez compañeros de los que habíamos venido de Tierra Firme y
de los que en la isla de Cuba no tenían indios y concertamos con un hidalgo que
se decía Francisco Hernández de Córdoba, que era hombre rico y tenía pueblo
de indios en aquella isla, para que fuese nuestro capitán, porque era suficiente
para ello, para ir a nuestra ventura a buscar y descubrir tierras nuevas para en
ellas emplear nuestras personas.
[La expedición de Hernández de Córdoba zarpó de La Habana el 8 de febrero de
1517. Como dice Bernal Díaz, la componían algo más de un centenar de
hombres que viajaban en tres navíos, cuyo piloto principal era Antón de
Alaminos. Desembarcaron en la península de Yucatán, a la altura del cabo de
Cotoche y fueron combatidos por los nativos; por esta causa continuaron la
navegación hasta Campeche y Champotón donde nuevamente fueron atacados.
Aquí tuvieron los españoles cerca de cincuenta muertos y algunos heridos, entre
ellos Hernández de Córdoba. Esta circunstancia y la carencia absoluta de
medios, hizo que la expedición, tomando la ruta de Florida, regresara a Cuba.
Fue ésta la primera exploración de las costas mejicanas.
La segunda estuvo a cargo de Juan de Grijalva, pariente de Diego Velásquez,
gobernador de Cuba. Las noticias proporcionadas por Hernández de Córdoba
decidieron a Velásquez a hacer una nueva tentativa. Para ello preparó cuatro
navíos que puso bajo las órdenes de Grijalva. Lo acompañaban entre otros Pedro
de Alvarado, Alonso de Ávila, y el piloto Juan de Alaminos. Zarparon de Cuba
el primero de mayo de 1518 y llegaron cuatro días después a la isla de Cozumel.
Recorrieron las costas de la península de Yucatán hasta Campeche, llegando a
fines del mes al Puerto Deseado, en la Laguna de Términos. A este lugar llamó
Grijalva, Nueva España, nombre que Cortés, más tarde, impondría en sus cartas.
Al continuar la navegación desembarcaron en la isla que llamaron San Juan de
Ulúa. Siguieron hasta Panuco hallando en todas partes poblaciones y terrenos
cultivados. Pensó Grijalva entonces que todo debía deformar parte de algún
imperio, para cuyo sometimiento él no contaba con medios bastantes.
Regresó a Cuba después de seis meses de ausencia. Esperaba reunir mayores
fuerzas para emprender la conquista. Pero Diego Velázquez lo recibió con
frialdad y buscó otro capitán.].
DE LOS BORRONES Y COSAS QUEESCRIBEN LOS CRONISTAS
GÓMARA E ILLESCAS ACERCA DE LAS COSAS DE LA NUEVA
ESPAÑA
Estando escribiendo en esta crónica acaso vi lo que escriben Gómara e Illescas y
Jovio en las conquistas de Méjico y Nueva España, y desde que las leí y entendí
y vi de su policía y estas mis palabras tan groseras y sin primor, dejé de escribir
en ella, estando presentes tan buenas historias; y con este pensamiento torné a
leer y a mirar muy bien las pláticas y razones que dicen en sus historias, y desde
el principio y medio ni cabo no hablan lo que pasó en la Nueva España, y desde
que entraron a decir de las grandes ciudades tantos números que dicen que había
de vecinos en ellas, que tanto les da decir ochenta mil como ocho mil; pues de
aquellas matanzas que dicen que hacíamos, siendo nosotros cuatrocientos
soldados los que andábamos en la guerra, harto teníamos que defendernos no
nos matasen y nos llevasen de vencida, que aunque estuvieran los indios atados,
no hiciéramos tantas muertes, en especial que tenían sus armas de algodón, que
les cubrían el cuerpo, y arcos y saetas, rodelas, lanzas grandes, espadas de
navajas como de dos manos, que cortan más que nuestras espadas, y muy
denodados guerreros.
Dicen que derrocamos y abrasamos muchas ciudades y templos, que son cúes, y
en aquello les parece que placen mucho a los oyentes que leen sus historias y no
lo vieron ni entendieron cuando lo escribían; los verdaderos conquistadores y
curiosos lectores que saben lo que pasó, claramente les dirán que si todo lo que
escriben de otras historias va como lo de la Nueva España, irá todo errado. Y lo
bueno es que ensalzan a unos capitanes y abajan a otros, y los que no se hallaron
en las conquistas dicen que fueron en ellas, y también dicen muchas cosas de tal
calidad, y por ser tantas y en todo no aciertan, no lo declararé. Pues otra cosa
peor dicen: que Cortés mandó secretamente barrenar los navíos: o es así, porque
por consejo de todos los más soldados y mío mandó dar con ellos al través, a
ojos vistas, para que nos ayudasen la gente de mar que en ellos estaban, a velar y
a guerrear. En todo escriben muy vicioso. ¿Y para qué yo meto tanto la pluma
en contar cada cosa por sí, que es gastar papel y tinta?Yo lo maldigo, aunque
lleve buen estilo.
Dejemos esta plática y volveré a mi materia, que después de bien mirado todo lo
que aquí he dicho, que es todo burla lo que escriben acerca de lo acaecido en la
Nueva España, torné a proseguir mi relación, porque la verdadera policía y
agraciado componer es decir verdad en lo que he escrito. Y mirando esto acordé

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