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Бартоломе де лас Касас. «Избранные произведения» (Bartolomé de las Casas. OBRA SELECTA)


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de juicio enajenado y como mentecapto, porque la razón tiene
captiva, ahumada y llena de nubes y nieblas, por lo cual no Puede
hacer obras de libre, ha de andar donde el ímpetu y la fuerza de la
cudicia le echare, y a todo lo susodicho ayuda e inclina, y sopla, y
agui

jona, y da empellones la general corrupción e vicio y pronidad y
maldad de nuestra naturaleza. Este tal, si una vez tiene poder y se
le ofresce ocasión y aparejo para comoquiera que sea cumplir sus
deseos, y echar y añadir en el vacío de su apetito y de su bolsa
¿aprovechará algo ponelle límites e leyes, penas ni otros algunos
remedios si no se le quita el mando y autoridad sobre los que puede
descollar, afligir, oprimir, e tiranizar, y todas otras ocasiones
para que lo pueda o tenga oportunidad de lo hacer? Y después que una
vez lo haga y alcance lo que desea ¿faltalle han escusas, fraudes,
mentiras, perjurios, e si ha robado cien mill sobornar al que le
acusare o le hobíere de tomar cuenta, si fuere menester, con los
treinta y cuarenta mill y quedarse con el resto? Por manera que
nunca los agraviados y desollados y oppresos, tristes y afligidos y
muertos alcance satisfacción, relevaci6n, justicia, consuelo ni
remedio, sin que así parezcan y mueran en desesperación, como
malaventurados. Luego no bastan límites, no leyes, no amenazas, no
penas, no otros ningunos remedios para escusar de no afligir y
desollar y tiranizar los pueblos, sino quitar y no dar mando ni
poder ni jurisdicción ni entrada ni salida a los pobres y cudiciosos
que desean ser ricos, sobre los hombres. Agora, todas las susodichas
aplicando a nuestro propósito, por lo mucho que a Vuestra Majestad
va.
A Vuestra Majestad suplicamos sea servido de con atención entender
lo que aquí inferimos y decimos así: que pues todos los que pasan a
las Indias van y son hombres pobres e cudiciosos y no los mueva ir
allá otro fin sino sola cudicia y el ansia de salir no solamente de
pobreza, pero de ser ricos, y no comoquiera ricos, sino con más
opulencia ricos que en los tiempos pasados nadie pudo tanta riqueza
ser en el mundo posible pensar ni sofiar, y por tanto se haya
determínadamente rendido y hecho siervos y captivos de la avaricia,
como paresce por las obras que han hecho allá y en aquellas tierras
y provincias, por las causas en el quinceno remedio de los generales
dichas, y por las naturales que agora se acaban de decir, sea
inmensa e sin algún término, moderación

y medida más que nunca en ninguna parte de todo el universo orbe
jamás fue, ni juicio de hombre puede pensar, la cudicia y apetito
desordenado de los hombres de tener y poseer infinitas riquezas, y
subir con ellas a alto y desproporcionado estado, especialmente por
la facilídad que hay de haberlas, y al menos es Cierto que las hay,
y cada uno piensa hallar una mina y minas donde pueda sacar cantidad
infinita de oro y plata, y por la gran experiencia e vista de ojos
que se tiene de ver cada día, de muchos años atrás, cuántos hombres
pobres y bajos y de poco linaje y estima hayan alcanzado y traído de
aquellas partes tan crescidas y opulentas riquezas, y por esta causa
esté ya corrupta e inficíonada de cudicia y avaricia toda España.
Donde si bien y con ojos claros e cristianos se mira, verdaderamente
está abrasada e hierve con fuego della, y menos se estima y
reverencia y adora Dios que el dinero. Y sepan y conozcan todos los
que allá viven y acá están que no las pueden haber ni alcanzar como
ellos desean, conviene a saber, descansada y holgazanamente e sin
costa y trabajo alguno suyo, si no es o robándolas violentamente de
lo que de otros tiempos tienen en sus casas los indios, aunque esto
lo menos es comúnmente, o*sacándoselas de sus sudores y trabajos y
servicios, que es lo que más dura y más por los cristianos se
pretende, y donde los indios se deshacen y totalmente perecen, si
los indios se les dejan o de nuevo se les dan y ponen en sus manos
por vía de encomendárselos, o dárselos por vasallos, o en feudo, o
depositados, o de otra cualquiera manera que tengan mando o señorío
o jurisdición, o entrada y salida con ellos ¿qué se podrá esperar de
los tales cudiciosos? ¿Qué harán con los innocentes, humildes y
mansos y tímidos indios, y que no se osan quejar, ni hay quien los
oiga ni defienda y remedie, teniéndolos en los campos y montes, en
las minas y caminos y soledades, donde todo el aparejo que en el
mundo se puede desear hay para sin que se sepa maltratallos, sino lo
que hasta ahora les han hecho e hoy en este día les hacen, que es
chupalles toda la substancia de los cuerpos, porque otra no tienen
ya

en sus casas, hacerles echar la sangre, exponerlos a todos los
peligros, darles intolerables e diversos trabajos, y sobre ellos
muchos tormentos de palos e azotes y otras nunca oídas vejaciones, e
finalmente, sin alguna piedad, por mill maneras corromperles y
destruirles las vidas? Porque si todo avaro y que tiene por fin el
dinero que tiene entrañas de charidad, es duro de corazón y al padre
y a la madre niega, ni de sus parientes y amigos se compadece, y
para sí mismo es tan cruel y enemigo que trae su vida vendida, y a
cada paso puesta al tablero, sólo por adquirir dineros, ¿qué piedad
se podrá esperar que usará con las vidas ajenas, y señaladamente con
las de aquellos que menos estima y precia que bestias y aun que
estiércol de las plazas? Ciertamente con más facilidad las exporná a
toda miseria por alcanzar su fin, pues las toma por medios e
instrumentos de adquirir las riquezas. Porque, según el Filósofo (I,
Poli.): Cada una de las artes tiene un fin indefinido, por más que
quieran realizarlo; pero aquellas cosas que son al fin no son
indefinidas`. Porque no usamos más de los medios e instrumentos de
cuanto nos ayudan a alcanzar el fin que pretendemos. Así no usan los
españoles de los indios más de como medios e instrumentos para
alcanzar el oro e riquezas que desean e tienen por fin. Pues no lo
hizo así Cristo, que no vino al mundo a morir por el oro, sino a
padecer por los hombres para salvar los hombres. Ni Vuestra Majestad
tampoco tiene tal intención que se pervierta y transmude así el fin
que Dios ordenó, que los hombres fuesen fin de todas las cosas, y no
las cosas inferiores fuesen fin de los hombres. Este yerro y
trastrocamiento del fin ha destruido a Vuestra Majestad las Indias,
y no es maravilla, porque así como el fin es en todas las cosas lo
más perfecto y precioso dellas, según el Filósofo, así, según él
dice, el yerro cerca del fin es pésimo y peor que todos los yerros.
Porque errado o trastrocado el fin, no se puede hacer bien alguno,
ni acertar alguna cosa. Pues entregar y darse en poder hombres tan
mansos, simples, humildes y buenos, para que sirvan a quien tanta
ceguedad y error tiene que usan

dellos como de instrumentos muertos, teniendo el oro por vivo y por
principal fin, pervertiendo la orden natural por Dios tan
señaladamente sobre todas las cosas que hizo visibles, establecida,
posponiendo las criaturas racionales que*tanto ama Dios, a lo que es
basura y estiércol y heces de la tierra, y a quien tiene la razón
captíva y el juicio enajenado, y como mentecaptos y que no pueden
hacer obras de libres, y son de natura y costumbre corrupta, y que
tanta hambre tienen y tanto mueren y trabajan y sospiran por
dineros, sin asignar término ni poner tasa ni medida, sino que los
estienden y cuentan en infinito como su bienaventuranza, aunque se
les pongan las leyes y penas cualei y cuantas ponerse quisieren,
¿qué otra cosa es sino entregar la navaja en manos del frenético y
poner la garganta de un hijo muy amado cerca dél? ¿0 poner al hombre
en poder de su furioso y capital enemigo y que ha muchos días que lo
desea matar, y darle espacio y tiempo, después que dél hobiere
cumplido su voluntad, para que si acaesciere ser muerto, dé escusas

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