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Бартоломе де лас Касас. «Избранные произведения» (Bartolomé de las Casas. OBRA SELECTA)


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caso de necesidad. En esto falta

la semejanza: que nosotros, haciéndolo merecemos, y ellos,
haciéndolo incurren la eternal dañación. Porque haciéndolo o no
haciéndolo hacen contra el precepto divinal. Y entendiendo Tullio
ser obligados todos los hombres por derecho natural a defender su
Dios o dioses teniéndolos por verdadero Dios, blasfema de los
franceses diciendo en la oración undécima que tuvo por Marco
Fontero, que degeneraban y eran estraños de todas las otras
naciones, porque no hacían guerra por defensión de sus dioses, el
cual dice así: ¿Acaso consideráis que estas naciones (es decir, de
los Galos) se conmovían por el compromiso sagrado del juramento, o
por el miedo a los dioses inmortales, cuando testimoniaban? Las
cuales tanto desacuerdan con la costumbre y la naturaleza de las
naciones de la tierra, que mi . entras las demás emprenden guerras
en lavor de sus religiones, éstas las hacen contra la religión de
todas `, etcétera. Hec ille. Y así no se sigue lo que el doctor
infiere, que justamente y sin pecado puedan honrar y servir los
ídolos e idolatrar, porque justamente o con propabilidad los
defiendan o sean obligados a defendellos. Y porque su merced no
advirtió la naturaleza del error que los idólatras padecen y la
materia de la consciencia errónea, por eso en su argumento
paralogizó.
A lo demás que dice de la opinión probable, etcétera, digo que
aquélla se dice opinión probable entre cualquiera nación, no por
respecto de las reglas de razón simpliciter, sino porque así parece
y lo usan y aprueban los expertos en algún negocio o arte, aunque
acaezca errar.
Item, los tenidos por más sabios y más prudentes entre cualquiera
gente y de quien los menores y populares son regidos y gobernados,
puesto que en la verdad aquéllos yerran y no sean sabios ni
prudentes por respecto de la recta razón, mayormente por respecto de
la fe y ley divina. Porque no hay virtud verdadera sino donde hay
verdadero conocimiento de Dios, como Sant Augustín dice. Por esta
manera dicen los juristas que la opinión común induce a error
probable `, ut in cap. único, iucta glosa de postula. prelato, Ebro
6, et 1. 2, ff. de jur. et

fac. igno. Pregunto al reverendo doctor si los romanos eran gente
política y humana según él, y si había entre ellos prudentes,
filósofos y sabios. Luego lo que aquéllos aprobaban, hacían y
seguían, probable se podía decir, aunque fuese error y grande. Pues
la opinión de los dioses y de la idolatría seguían y aprobaban bien
cumplidamente los romanos, luego entre ellos y su nación podía
decirse probable; porque los menudos y plebeyos no han de ir a
preguntar a los prudentes de otras naciones si lo que hacen o
introducen sus mayores es probable cuanto a la recta razón. Luego no
se dice la opinión probable por respecto de las reglas de razón
símpliciter, sino porque así paresce y así lo usan y aprueban los
que son estimados por más sabios e más prudentes en cualquiera
nación. Luego vacuo es de substancia y entidad todo lo que el
reverendo doctor por sí trae en cualquier artículo de esta materia.
A lo que más dice que lo que traigo de haber mandado Dios a Abrabam
que le sacrificase su hijo, más es contra mí, digo que muy mal lo
prueba con decir que no le consintió Dios que se lo sacrificase.
Preguntóle: ¿para qué se lo mandó Dios sacrificar? Cierto, allende
del gran misterio que quiso significar, y la prueba de la obediencia
que quiso de su siervo hacer, también para dar a entender que todo
se le debe y que si al cabo no consintió matárselo, fue por la
condescendencia de su infinita bondad y por compasión que hubo de
Isaac. Esta razón se prueba por el voto de Jepté, para complimiento
del cual sacrificó a su hija. Lo cual hizo, aunque indiscretamente,
viendo que Dios lo había mandado a Abraham, como dice allí el
Tostado (Iudicum, 11, q. 48 y q. 52). Y por la misma Escriptura
Sagrada parece aprobar Dios aquel voto y el complimiento dél, como
parece en la epístola de Sant Pablo A los hebreos, cap. 11, donde
entre los santos numera el Apóstol a Jepté. Y también lo que dice
(Judit, cap. 11) de Jepté, que antes que Jepté hiciese el voto vino
sobre él Espíritu del Señor, y después de todo le dio Dios victoria
de sus enemigos, por la consecución de la cual había votado. Por
todo lo

cual parece haber Dios aceptado el tal voto y por consiguiente
habelle placido el sacrificio de hombres. Por los dichos argumentos
y testimonios de la Escriptura no osa Sant Augustín determinarse a
culpar del todo a Jepté, como parece en las cuestiones suyas sobre
el libro de los jueces, quest. 49, la misma que allega el doctor por
sí. Así que pues Jepté creyó agradar con el tal voto a Dios, al
menos después de votado y por los tres argumentos dichos, parece que
Dios no lo reprobó, no es mucho que los infieles creyesen que
ofrecer hombres a Dios, o a los que tenían por Dios, sea cosa a Dios
debida y agradable. Y si no consintió que Abraham el hijo al cabo
sacrificase, fue no porque no se le debiere, sino por su infinita
bondad y por su compasión de Isaac, y aun porque tenía determinado
de tomar dél su carne. Lo mismo en parte decimos de los primogénitos
que mandó que le ofreciesen de los hombres cuando quiso que los
redimiesen por el cordero o por los siclos, o por los palominos o
tórtolas (Exodo, cap. 13 et 34; Levítico, cap. 27; Números, cap. 8 y
Lucas, cap. 2). A lo postrero desta objeción digo que de aquí al día
del juicio nunca serán obligados algunos infieles, ni cuanto a Dios,
ni cuanto a los hombres, a creer la fe de jesucristo, si los
denunciadores della fueten gente de guerra, matadores, robadores,
tiranos, como querría y muere por introducir el doctor Sepúlveda. Y
mientra no fueren los denunciadores y predicadores varones virtuosos
y en la vida verdaderos cristianos y sin compañía de tiranos, nunca
correrá contra los infieles, mayormente los indios y los semejantes,
aquello del Evangelio: más se condenará el que no creyere `, puesto
que por otros pecados que sin fe no se pueden remitir, se pueden ir
y se irán al infierno.

Duodécima réplica

A la final objeción, son tan enormes los errores y proposiciones
escandalosas contra toda verdad evangélica y contra toda
cristiandad, envueltas y pintadas con

falso celo del servicio real, dignísimas de señalado castigo y
durísima reprehensión, las* que acumula el doctor Sepúlveda, que
nadie que fuese prudente cristiano se debería maravillar si contra
él no sólo con larga escriptura, pero como a capital enemigo de la
cristiana república, fautor de crueles tiranos, extirpador del
linaje humano, sembrador de ceguedad mortalísima en estos reinos de
España, lo quisiéramos impugnar. Pero lo más modesto que pudiéremos,
según la ley de Dios nos obliga, respondiendo brevemente a cada
partícula de las que aquí toca, su gran confusión será confirmada.
A lo que dice primero que la intención del papa Alejandro fue que
los indios primero fuesen subjetados por guerra que llama conquista
el doctor en todos sus escriptos en romance y en latín (salva su
reverencia) es gran falsedad. Esto parece por las cláusulas de la
Bula de la concesión, donde en la narrativa sobre la cual funda el
Summo Pontífice todo su fin, que es la conversión y salvación de
aquellas ánimas, dice así: encontraron vuestros embajadores ciertas
islas y tierras firmes, en las cuales habitan muchísimas naciones
que viven pacíficamente. Y más abajo: Os exhortamos grandemente en
el Señor, y por la recepción del sagrado bautismo, mediante el cual
estáis obligados a los mandamientos de los Apóstoles, y por las

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