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Бартоломе де лас Касас. «Избранные произведения» (Bartolomé de las Casas. OBRA SELECTA)


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la le o a creer

Cuarta objeción

A lo que dice que nunca los santos incitaron a los reyes cristianos
que hiciesen guerra a los gentiles por quitarles la idolatría, y que
no se lee que Sant Silvestre exhortase a Constantíno que hiciese
guerra a los paganos por tal causa, respondo que tampoco dije yo que
Sánt Silvestre exhortase a Constantino a hacer guerra a los
gentiles, sino a que quitase la idolatría por ley, con pena de
muerte y perdición de bienes, a quien más la usase, como hizo.
Porque así es de creer que Constantino no hizo aquella ley, sino por
persuasión de los cristianos, y principalmente del papa Sant
Silvestre que lo convirtió y baptizó, pues consta por testimonio de
Sant Augustín, de que arriba hicimos mención, que aquella ley fue
aprobada de todos los cristianos. Pero digo que exhortar a los reyes
a las justas guerras, oficio es de perlados y principalmente del
Papa, como Adriano, pontífice, exhortó a Carlomagno que hiciese
guerra a los longobardos; de lo cual Sancto Tomás, 2 a , T, q. 40,
art. 1, ad 3, dando la causa dice: Toda potestad o arte o virtud, a
la cual pertenece el lin, debe disponer de aquellas cosas que

son al fin. Las guerras y los objetos carnales, en un pueblo fiel,
deben referirse, como a fin, al bien espiritual divino, que los
clérigos consideran. Y por lo tanto a los clérigos pertenece tanto
disponer como inducir a los demás a guerrear guerras justas '. Y por
esto Sant Gregorio, como claramente parece por su carta 23 del libro
primero, alabando exhortaba a Genandio, que tenía las veces del
Emperador en Africa, que hiciese guerra a los gentiles para que
después de subjectos cómodamente se les predicase el Evangelio. Para
lo cual primero se les había de quitar la idolatría, pues él alababa
este hecho en gran manera: Pues bastante es exhortado a realizar el
asunto, quien con grandes alabanzas recomienda el asunto que se
realiza». Y así Sancto Tomás, 2.', 2', questión 10, art. 11,
alludiendo el hecho de Constantino dijo: Las costumbres religiosas
de los infieles no deben tolerarse en ningún modo. Si bien fueron
toleradas por la Iglesia en otros tiempos, cuando la multitud de los
infieles era grande, pero es, antes de existir príncipes cristianos
que pudiesen compelir `. Y en el art. 8, declarando la causa de las
guerras que Genandio hacía a los gentiles y la compulsión del
Evangelio, dice estas palabras: Los infieles, que nunca recibieron
la le, de ningún modo deben ser obligados a la le para que crean
ellos mismos; pueden ser obligados, en cambio, por los fieles (si
hay facultad) a que no impidan la le con blasfemias, o con malas
persuasiones o, también, con persecuciones declaradas '. Porque los
infieles no subjetos a los cristianos de muchas maneras impiden la
fe, porque no admiten los predicadores, antes los matan, y a los que
se convierten procuran con malas persuasiones o claras persecuciones
tornarlos a su error, y también con blasfemias, conviene a saber,
por la idolatría. Porque, como dice él mismo en la q. 94, art. 3, ad
2am, la idolatría encierra una gran blasfemia e impugna de obra a la
le ". La cual doctrina siguiendo, Nicolao de Lira, Numerorum, cap.
31, dice: Una causa de guerra justa es la guerra contra la región
que blasfema de Dios por idolatría '. Y por eso Sancto Tomás, tras
aquellas pri

meras palabras, dice: frecuentemente los fieles a Cristo mueven
guerras contra los infieles, no para compelirlos a creer, sino para
obligarlos a que no impidan la le'. Tomando aquella palabra
Irequenter de la dicha epístola de Sant Gregorio, y el compellant
del Evangelio. Y a lo que el señor obispo dice que Genandio hacía
las guerras contra sus súbditos o contra sus enemigos, todo esto es
falso. Porque estas gentes a quien hacían guerra no eran súbditos a
los romanos, sino finítimas al Imperio romano en la parte interior
de Africa (como el mesmo Sant Gregorio declara al cabo de la misma
epístola, diciendo finitímas gentes). Y que no les hiciese la guerra
por ser sus enemigos ni por otras causas, el mesmo Sant Gregorio
declara diciendo que les hacía la guerra solamente para dilatar la
república cristiana, y porque después de subjectos les predicasen el
nombre de Cristo. De manera que así estas guerras de Genandío, como
la ley de Constantino, se enderezaban principalmente a la emendación
y salvación de los infieles. Porque decir que la ley de Constantíno
principalmente se hizo porque los idólatras no escandalizasen a los
cristianos que estaban entre ellos, es claramente falso. Porque los
heréticos más escandalizaban a los católicos y más les dañaban con
ejemplo y con palabras, disputando cada día con ellos y teniendo
nombre de cristianos; pero en la ley que se hizo contra ellos
principal, se tuvo respecto a que ellos se corrigiesen y salvasen,
como muestra Sant Augustín en muchos lugares de las epístolas 48 y
50 y última, que son ad Vincen., ad Bonif., ad Donat., que están
citadas en el decreto 23, questión 4. Y la mesma razón se tuvo en la
ley contra los paganos, como muestra el mesmo Sant Augustín en las
mismas epístolas, principalmente en la 48, página 116, donde dice
estas palabras: Menos pueden los paganos blasfemar de las leyes que
los emperadores cristianos emitieron contra los adoradores de
ídolos, y, sin embargo, muchos de ellos se corrigieron y se
convirtieron a Dios vivo y verdadero, y cada día se convierte~'.

Quinta objeción

A lo que dice que el Papa no tiene jurisdicción sobre los infieles,
por aquella auctoridad de Sant Pablo, I a los corintios, cap. 5:
¿qué me interesa juzgar a los que están juera? Porque Dios juzgará a
los que están juera ', digo que el sentido de aquellas palabras es
éste: ¿para qué tengo yo de juzgar en vano de la costumbre de los
infieles que no obedecen de su voluntad como los cristianos, ni los
puedo corregir contra ella? Pues yo ni la Iglesia no tenemos fuerzas
temporales para ello, pero aunque yo no los juzgue, Dios los
juzgará. Porque, como dice Sant Augustín en la epístola ad Vicent,
página 116, la costumbre de la Iglesia es que corrige a los que
puede y tollera a los que no puede corregir, remitiéndolos al juicio
de Dios. Y la misma sentencia dice en la epístola ad Marcellinum,
página 116: Sobrellevemos (dice), si no los podemos corregir, a los
que quíeran la existencia, con vicios impunes, de la república, que
los primeros romanos constituyeron e incrementaron con virtudes'. Y
habla de los romanos gentiles que decían que por la religión
cristiana se había perdido el Imperio romano y república. Así que no
es obra de prudente ponerse en cosa con que no pueda salir, ni
oficio de apóstol pedir cuenta de su vida y que vivan cristianamente
a los infieles como a los cristianos. Pero procurar que se
conviertan y predicarles el Evangelio y procurar con todas sus
fuerzas todas las cosas que aprovechan para este fin, propio oficio
es de apóstol, como lo declara la vida del mesmo Sant Pablo y de los
otros apóstoles y la muerte que por esto sufrieron. Porque esto es
averiguado: que el Papa tiene poder para predicar el Evangelio y las
leyes de natura que se contienen en el Decálogo, por sí o por otros,
a todos los infieles del mundo, pues tiene precepto, Mateo, cap.
último; Marcos, cap. 16. El cual poder, aunque principalmente es en
las cosas spirituales, pero no se excluye en las cosas temporales en
cuanto éstas se enderezan a las spirituales, como enseña Santo
Tomás, Deregi. prin.,

Lb. 3, cap. 13. Porque dice el mesmo, 2.', 2', q. 40, art. 2, ad 3:
La potestad a la cual pertenece el fin, debe disponer de aquellas
cosas que pertenecen al fin '. El cual decreto natural está
explicado por la Iglesia en el título De oficio, delega, cap.
preterea et cap. prudentia, cap. suspicionis, donde se dice que a
quien se comete el negocio principal, se entiende juntamente ser
cometidas todas las cosas accesorias y que se enderezan a aquel fin,

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