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. « » (Bartolomé de las Casas. OBRA SELECTA)


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sabemos dónde están los ídolos: Y, con todo, no actuamos porque Dios
no lo concedió en potestad. ¿Cuándo Dios lo concede en potestad?
Cuando se trata de un cristiano '. Muchas palabras añade allí Sant
Augustín en esta razón, para confirmar que no tienen los cristíanos
poder para destruir ni castigar la idolatría de los infieles, según
lo de Sant Pablo: Nada nos interesa los que están juera `; hasta
arrancársela primero de sus corazones para la doctrina evangélica y
traerlos por la fe a nuestra jurisdicción. Y confírmalo el señor
obispo por el mismo Sant Pablo, que primero cuenta todas las
enormidades y vicios de los gentiles, entre los cuales pone la
idolatría, y discurriendo por los otros pecados añade: Pues ¿qué me
interesa juzgar a los que están juera? '. Añadió a la postre el
ejemplo de los Apóstoles y de los mártires, que de ninguno se lee
que destruyese los ídolos sino por la doctrina, como Sant Pablo,
Hechos, cap. décimo quinto, que por razón concluyó a Dionisio la
falsedad de su ídolo, o por milagro, como Sant Bartolomé hizo al
mesmo demonio que él saliese de su estatua y le desmenuzase.
Y por la misma razón que no les podemos quitar la idolatría, dice
que ni los podemos castigar por ella, por falta de jurisdición. Y la
razón que de todo esto, en general, trajo, fue porque, como los
hombres no puedan vivir sin algún dios, no podemos prohibilles que
honren sus dioses sin enseñarles la falsedad dellos y la verdad del
verdadero Dios nuestro.
De suerte que por estos cuatro puntos respondió a la primera
probación del doctor Sepúlveda, donde por auctoridad y ejemplo de la
Sagrada Escriptura quería probar que por razón de la idolatría se
les puede hacer guerra a los gentiles. Añadió otras razones, hasta
doce: toda la substancia dellas se resuelven en lo que está ya dicho
contra la otra su probación, que se fundaría en la gravedad de
aquellos pecados por ser contra natura. El mismo Sepúlveda se hizo
un argumento: que todos los pecados son contra natura, porque son
contra razón, que es contra naturaleza del hombre. Por lo cual, si
por la

idolatría se les pudiese hacer guerra, también podría por los otros
pecados, como son hurto o adulterio. Y respondió que aunque por
estos pecados no se les pudiese hacer guerra, empero, púdoseles
hacer por los pecados que no tienen por pecados, ni ley que los
prohíba. Contra esto arguyó el señor obispo que la infidelidad es
mayor pecado que la idolatría, y no lo tienen por pecado, sino por
cosa lícita y buena, y con todo eso no pueden ser castigados por la
infidelidad, y es expresa doctrina de Sancto Tomás, en la 2.' 2.',
questión 10, axt. 8, et questión 12, art. 2, y de todos los
teólogos. Y que la infidelidad sea mayor pecado probólo porque la
idolatría procede de ignorancia de tener aquéllos por dioses, como
dice Sant Pablo, Hechos, cap. 17: A lo que veneráis sin conocerlo,
eso yo os anuncio'. Empero, la infidelidad positiva, de la cual
hablamos, nace de soberbia, de no querer subjectarse a la doctrina
de los predicadores de la verdad, captivantes (como dice Sant Pablo)
el intelecto en obsequio de Cristo ', y a sabiendas e por
obstinación, lo cual todo agravia el pecado de la infidelidad; por
lo cual dice Sancto Tomás en la 2.' 2.', questión 10, que el pecado
de la infidelidad ha el día del juicio de ser gravísimamente
castigado sobre todos los otros.
A la otra tercera probación que el doctor Sepúlveda trajo por
segunda, que se fundaba en la auctoridad de los canonistas que
parecen decir ser lícita la guerra contra los infieles idólatras,
respondió el señor obispo refiriendo seis casos en los cuales la
Iglesia tiene auctóridad de hacer guerra a los tales. En aquéllos
dijo que se había de entender las opiniones de los canonistas si
habían de ser verdaderas. El primero, sí tienen ocupadas
violentamente las tierras que antes fueron de cristianos, como la
Berberia y especialmente la Tierra Sancta, de la cual conquista se
habla en el cap. quod super hús, de voto. Y por ende, de aquéllas se
ha de entender lo que allí dicen los doctores, que se les puede
castigar la idolatría.
El segundo, si con pecados graves de idolatría ensucian y contaminan
nuestra fe, sacramentos, o templos, o

ímágines, y por ende mandó Constantino que no se permítiese a los
gentiles tener ídolos donde los cristianos se pudiesen escandalizar.
Y en el cap. in nonnulluis, de 1 . ude., se amonesta: Debemos
disimular el oprobio de Aquel que borró nuestros oprobios para
beneficio de nosotros'. Y así lo dice Innocencio en el cap. maiores,
de baptismo, que la Iglesia no puede hacer guerra a los moros ni
sarracenos sino en uno destos dos casos, aunque los que trae
Innocencio, que por ejemplo de Dios que castigó los sodomitas,
podíamos castigar todos los vicios contra natura en los infieles no
lo aprueba el señor obispo, porque dice que de los juicios de Dios
(como arriba se dijo) habémonos de maravillar y no los hemos de
imitar.
El tercero caso, si blasfemasen el nombre de Jesucristo, o de los
sanctos, o de la Iglesia, a sabiendas.
El cuarto, si también a sabiendas impidiesen la predicación della,
conociendo lo que impiden, pero no porque maten a los predicadores
cuando piensan que les van a hacer mal y a engañar, como lo
representan cuando van con gente de armas.
El quinto caso, si ellos nos hacen guerra como los turcos.
El sexto, para librar los innocentes, no por aquella razón: lo que
cada uno ha sido mandado sobre su prójimo ', ni por sus pecados
contra la ley natural, sino por ser los innocentes de ley divina
encomendados a la Iglesia, y ella tener cuidado de su protectión.
Empero añidió que si esta defensa no se puede hacer sino por guerra,
mejor es disimular la tal proteción, porque de dos males, el menor
se ha de escoger; y mucho mayores son los daños que se siguen de la
guerra a muchos más innocentes, que no que algunos pocos innocentes
mueran. En estos casos dijo que se había de entender la opinión de
los canonistas, y así concluyó toda la respuesta a la primera razón
del doctor Sepúlveda, que por razón de la idolatría y pecados contra
natura se les podía hacer guerra. Lo cual había probado por tres ma

neras, conviene a saber: por la auctoridad de los canonistas y por
la gravedad de aquellos pecados.
La segunda razón del doctor fue porque los indios son bárbaros, et
natura servi, a lo cual respondió el señor obispo en fin de sus
escriptos, y por eso, guardando su orden, respondemos primero a la
tercera razón del dicho doctor. Que fue que es lícito subjectarlos
por guerra, por el fin de la fe, la cual después de subjectados se
les puede más fácilmente enseñar, a la cual razón no respondió sólo
en un mismo lugar ni en esta forma, sino todos sus escriptos van
sembrados de argumentos desto. Y todos los argumentos se reducen a
dos o tres cabezas. La primera, que como la fe no pueda demostrarse
por razones naturales, sino por subjeción del entendimiento, como
dice Sant Pablo, in obsequium eius, requiérese en los que la han de
recebir una pía afición (como dice Sancto Tomás) a los que la vienen
a predicar e introducir, para que el ejemplo de su vida les sea
testimonio del verdadero Dios, a quien sirven, y de la verdad de la
fe que predican, para que más fácilmente lo crean. A lo cual todo
son contrarias las guerras que preceden a la predicación para
subjectarlos, por las cuales no solamente no se aficionarán a los
cristianos, mas los aborrecerán y escupirán en tal Dios que tales
gentes sufre, y execrarán la ley que tal permite, y ternán por falsa
la fe que predican (como dice el señor obispo que lo ha mostrado la
experiencia en las Indias). En confirmación de lo cual, aunque no

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