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. « » (Bartolomé de las Casas. OBRA SELECTA)


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os
que le hizo Sebastián de Benalcázar, capitán del gobernador, vino de
paz, y porque no dio tanto oro como le pedían, lo quemaron con otros
muchos caciques e principales. Y a lo que yo pude entender su
intento de los españoles era que no quedase señor en toda la tierra.
ltem, que los españoles recogieron mucho dinero de indios y los
encerraron en tres casas grandes, cuantos en ellas cupieron, e
pegáronles fuego y quemáronlos a todos sin hacer la menor cosa
contra español ni dar la menor causa. Y acaesció allí que un clérigo
que se llama Ocafia sacó un muchacho del fuego en que se quemaba, y
vino allí otro español y tomóselo de las manos y lo echó en medio de
las llamas, donde se hizo ceniza con los demás. El cual dicho
español que así había echado en el fuego al indio, aquel mesmo día,
volviendo al real, cayó súbita

mente muerto en el camino e yo fui de parecer que no lo enterrasen.
Item, yo afirmo que yo mesmo vi ante mis ojos a los españoles
cortar manos, narices y orejas a indios e indias, sin propósito,
sino porque se les antojaba hacerlo, y en tantos lugares y partes
que sería largo de contar. E yo vi que los españoles les echaban
perros a los indios para que los hiciesen pedazos, e los vi así
aperrear a muy muchos. Asimesmo vi yo quemar tantas casas e pueblos,
que no sabría decir el número según eran muchos. Asimesmo es verdad
que tomaban niños de teta por los brazos y los echaban arrojadizos
cuanto podían, e otros desafueros y crueldades sin propósito, que me
ponían espanto, con otras innumerables que vi que serían largas de
contar.
Item, vi que llamaban a los caciques e principales indios que
viniesen de paz seguramente e prometiéndoles seguro, y en llegando
luego los quemaban. Y en mi presencia quemaron dos: el uno en Andón
y el otro en Tumbala, e no fui parte para se lo estorbar que no los
quemasen, con cuanto les prediqué. E según Dios e mi conciencia, en
cuanto yo puedo alcanzar, no por otra causa sino por estos Malos
tractamientos, como claro parece a todos, se alzaron y levantaron
los indios del Perú, y con mucha causa que se les ha dado. Porque
ninguna verdad les han tractado, ni palabra guardado, sino que
contra toda razón e injusticia, tiranamente los han destruido con
toda la tierra, haciéndoles tales obras que han determinado antes de
morir que semejantes obras suf rir.
Item, digo que por la relación de los indios hay mucho más oro
escondido que manifestado, el cual, por las injusticias e crueldades
que los españoles hicieron no lo han querido descubrir, 'ni lo
descubrirán mientras rescibieren tales tractamientos, antes querrán
morir como los pasados. En lo cual Dios Nuestro Señor ha sido mucho
ofendido e Su Majestad muy deservido y defraudado en perder tal
tierra que podía dar buenamente de

comer a toda Castilla, la cual será harto dificultosa y costosa, a
mi ver, de la recuperar '.
Todas éstas son sus palabras del dicho religioso formales, y vienen
también firmadas del obispo de México, dando testimonio de que todo
esto afirmaba el dicho padre fray Marcos.
Hase de considerar aquí lo que este Padre dice que vido, porque fue
en cincuenta o cien leguas de tierras, y ha nueve o diez años,
porque era a los principios, e había muy pocos que al sonido del oro
fueran cuatro y cinco mil españoles y se estendieron por muchos y
grandes reinos y provincias más de quinientas y setecientas leguas,
que las tienen todas asoladas, perpetrando las dichas obras e otras
más fieras y crueles. Verdaderamente, desde entonces acá hasta hoy
más de mil veces más se ha destruido y asolado de ánimas que las que
ha contado, y con menos temor de Dios y del rey e piedad, han
destruido grandísima parte del linaje humano. Más faltan y han
muerto de aquellos reinos hasta hoy (e que hoy también los matan) en
obra de diez años, de cuatro cuentos de ánimas.
Pocos días ha que acañaverearon y mataron una gran
reina, mujer del Inga ", el que quedó por rey de aquellos
reinos, al cual los cristianos, por sus tiranías, poniendo
las manos en él, lo hicieron alzar y está alzado'. Y to
maron a la reina su mujer y contra toda justicia y razón
la mataron (y aun dicen * que estaba preñada) solamente
por dar dolor a su marido.
Si se hobiesen de contar las particulares crueldades y matanzas que
los cristianos en aquellos reinos del Perú han cometido e cada día
hoy cometen, sin dubda ninguna serían espantables y tantas que todo
lo que hemos dicho de las otras partes se escureciese y paresciese
poco, según la cantidad e gravedad dellas.

Del nuevo reino de Granada
El año de mil e quinientos y treinta y nueve concurrieron muchos
tiranos yendo a buscar desde Venezuela

y desde Sancta Marta y desde Cartagena el Perú, e otros que del
mesmo Perú decendían a calar y penetrar aquellas tierras, e hallaron
a las espaldas de Sancta Marta y Cartagena, trecíentas leguas la
tierra dentro, unas felicísímas e admirables provincias llenas de
infinitas gentes mansuetísimas y buenas como las otras y riquísimas
también de oro y piedras preciosas, las que se dicen esmeraldas. A
las cuales provincias pusieron por nombre el Nuevo Reino de Granada,
porque el tirano que llegó primero a estas tierras era natural del
reino que acá está de Granada `. Y porque muchos inicuos e crueles
hombres de los que allí concurrieron de todas partes eran insignes
carniceros y derramadores de la sangre humana, muy acostumbrados y
experimentados en los grandes pecados susodichos en muchas partes de
las Indias, por eso han sido tales y tantas sus endemoniadas obras y
las circunstancias y calidades que las afean e agravian, que han
excedido a muy muchas y aun a todas las que los otros y ellos en las
otras provincias han hecho y cometido.
De infinitas que en estos tres años han perpetrado e que agora en
este día no cesan de hacer, diré algunas muy brevemente de muchas:
que un gobernador (porque no le quiso admitir el que en el dicho
Nuevo Reino de Granada robaba y mataba para que él robase e matase)
hizo una probanza contra él de muchos testigos, sobre los estragos e
desafueros y matanzas que ha hecho e hace, la cual se leyó y está en
el,Consejo de las Indias.
Dicen en la dicha probanza los testigos que, estando todo aquel
reino de paz e sirviendo a los españoles, dándoles de comer de sus
trabajos los indios continuamente y haciéndoles labranzas y
haciendas e trayéndoles mucho oro y piedras preciosas, esmeraldas y
cuanto tenían y podían, repartidos los pueblos y señores y gentes
dellos por los españoles (que es todo lo que pretenden por medio
para alcanzar su fin último, que es el oro) y puestos todos en la
tiranía y servidumbre acostumbrada, el tirano capitán principal que
aquella tierra mandaba prendió al señor y rey de todo aquel reino e
túvolo preso

seis o siete meses pidiéndole oro y esmeraldas, sin otra causa ni
razón alguna. El dicho rey, que se llamaba Bogotá, por el miedo que
le pusieron, dijo que él daría una casa de oro que le pedían,
esperando de soltarse de las manos de quien así lo afligia, y envio
indios a que le trajesen oro, y por veces trajeron mucha cantidad de
oro e piedras, pero porque no daba la casa de oro decían los
españoles que lo matase, pues no cumplía lo que había prometido. El
tirano dijo que se lo pidiesen por justicia ante él mesmo;
pidiéronlo así por demanda, acusando al dicho rey de la tierra; él
dio sentencia condenándolo a tormentos si no diese la casa de oro.
Danle el tormento del tracto de cuerda; echábanle sebo ardiendo en
la barriga, pónenle a cada pie una herradura hincada en un palo, y
el pescuezo atado a otro palo, y dos hombres que le tenían las
manos, e así le pegaban fuego a los pies, y entraba el tirano de

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