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ios, así como yo
hago respetar a todos mis mocetones. Nombre un cacique mayor para todas las
reducciones que han venido a esta junta. Yo puedo ser el mayor. Todos los indios
que hay aquí saben que yo soy cacique principal de Antilhue y que mi padre, mi
abuelo y todos mis mayores han sido principales también. Mi familia no ha tenido
nunca ninguna falta que haya servido para que hablaran mal de él. Todos hemos
sido siempre bien mirados y a nadie le hemos quitado nada. Ei!
«Hemos vivido trabajando toda la vida honestamente, hombres y mujeres y ahora
tengo más de trescientas ovejas (quila pataca ofiscia) más de sesente vacas y
chanchos. Todos mis mocetones tienen caballo ensillado y mis caciquillos tienen
hasta tres y cuatro caballos, y yo también. Tengo plata y soy bien mirado por
muchos caballeros y tengo amigos en Valdivia, en San José, en Temuco, en
Pitrufquen y muchas partes más. Yo puedo ser el mayor y yo defenderé a los
indios. Ei!»
El discurso de Cheuquehuala fue más largo; por lo menos duró veinte minutos y
enumeró todos los méritos que tenía para ser cacique jefe.
Los caciques oían el discurso impasibles; uno que otro caciquillo respondía al Ei!
Que lanzaba de cuando en cuando Cheuquehuala, para llamar la atención sobre
los recordatorios y títulos.
Los que respondían eran los mocetones de la reducción de Antilhue. Es claro!
***Aprobaban y hacían claqué a las palabras de su jefe. En Arauco y en es
igual.
Cuando terminó Chuequehuala, los caciques formaron corrillos y empezaron a
hablar fuerte y poco a poco la conversación o discusión se acaloraba. Después de
dos minutos la bulla era grande: nadie se entendía, al parecer, pero según nuestro
intérprete, esa bulla quería decir que se estaban poniendo de acuerdo….
Un indio avanzó uno pasos al centro y dijo con voz fuerte: ñemen dnum,
allquitupeyeñ (voy a hablar, atiéndanme):
El que pedía la atención era José Cheuquefilu, cacique de Cayumapu. Dijo:
«Que haya un cacique mayor, para que hable por todos y nos defienda, es muy
bueno. Todas las reducciones deben obedecerle cuando él llame o mande algo;
pero ese mayor no puede mandar ni manejar los mocetones ni los animales ni los
terrenos de las demás reducciones, porque para eso tiene cada una su cacique.
-23-
Cuando él entonces hablará con el cacique que maneja esa reducción. Todos los
caciques que están aquí ayudaran al mayor cuando necesite ir a Valdivia o a
Santiago y pagarán entre todos el viaje del mayor y del lenguaraz»
-May, May, dijeron todos en coro.
«Bueno, prosiguió el orador;-entonces hay que nombrar un mayor, este mayor
tiene que ser bien mirado, y rico y valiente y alentado. Los ancianos pueden hablar
y señalarlo. Ei!»
«Ayinque pu peñi (queridos hermanos) se oyó una voz, resuelta y varonil. Era
Juan Catriel Rain, cacique principal de Trailafquén.
«Saben que yo he sido para todos los naturales un hermano a donde han ido
siempre a buscar amparo. Yo he tenido mi ruca para ustedes y la comida que han
necesitado la han tenido en su casa. Plata les he dado al que ha necesitado y
nunca negué a un mapuche un favor. También le he dado buenos consejos al que
me los pedía y si se les han perdido animales mis mocetones han estado listos
para ayudarles a buscar.
« Yo he ido a Santiago para hablar con el presidente dos veces y las dos veces
me ha ido bien y me han atendido y los reclamos que hemos hecho los han oído.
Es que yo he hablado bien con los caballeros del gobierno y es por eso que me
han atendido. Ey! He gastado mucha plata en esos viajes y todo por ustedes,
porque yo no he necesitado todavía que me defiendan: pero como tengo plata,
animales y buenas siembras no siento gastar. Ei!
Yo soy hijo de Rencanahuekl-rain, el cacique más valiente que ha habido entre
ñas mares (los lagos) de Trailafquen, Calafquén y Panguipulli y soy nieto de
Nahuelanca que era principal de Pitrufquén hasta Trailafquén. Ei! Mi abuelo y mi
bisabuelo Loncomilla, principal de Purulón y Traitraico, pelearon contra los
españoles en grandes guerras hasta que los huincas fueron amigos de los indios.
En mis posesiones hay cuatro panteones. Ei!«
« Soy rico, soy valiente; a mí no me asusta Joaquín Mera yo pelearía con él si a
mí me hiciera algo; he protegido a mis hermanos, siempre sin interés ninguno; yo
debo ser el mayor. Ei!
Gran parte de los indios lanzaron una gran voz y empezaron a demostrar su
aprobación haciendo sonar las pifilcas que es un palo hueco como un flautín; que
se hace sonar soplando por una punta como en una llave. Ei! Ei! Mai, Mai, Catriel
cacique gritaban entusiasmados.
Un indio viejo, alto, vigoroso aún, tuerto del derecho, de melena casi blanca, labios
contraídos y gruesos, feo en general, pero imponente, se levantó con tranquilo
continente, paseó las mirada por los circundantes mientras recogía sus gran
poncho sobre los hombros y con voz entera y tono autoritario dijo:
Ñi allquimn! (óiganme). El silencio fue casi simultáneo al mandato.
Mauricio Hueitra, principal de Ancacomoe y cacique de gran prestigio y
ascendiente sobre los mapuches, empezó de esta manera:
«Mucho han parlamentado en esta junta contando lo que les han hecho los
huincas y pidiendo que los ancianos digan lo que se ha de hacer para que alguna
vez los naturales queden tranquilos en sus posesiones. Bueno. Ahora yo voy a
decirles lo que piensan los ancianos y esto han de hacer. Está bien que haya un
mayor que hable por todos y que sea valiente y rico y alentado.
-24-
Siempre ha habido entre los mapuches un mayor; pero desde mucho tiempo que
no se reconoce. ¡Mayor soy yo! Mi padre fue el mayor de siete reducciones que
pelearon con Epulef en Villarrica contra los españoles, hasta que se acabaron las
guerras, cuando los huincas nos prometieron ser nuestros amigos. Yo soy ahora
mayor de esas reducciones, anciano soy (fichan) y eso, obedézcanme, también
soy rico. Yo no puedo quedar a las órdenes de otro más joven que yo; a mí
siempre me han respetado y mis reducciones son obedientes. Otros caciques
serán más ricos que yo, pero no son ancianos y los mapuches deben acordarse
de que sus padres y sus abuelos han obedecido siempre a los ancianos. Los
caballeros le hacen más caso a un anciano que a un joven porque los jóvenes no
tienen experiencia y hacen las cosas mal hechas. Yo, como anciano, debo ser el
mayor. Ei!
Ei! Ei! Mai cacique Hueitra! Gritaron muchos que se aprestaban a continuar las
demostraciones; pero la presencia de Catriel, que se para de nuevo, apaga los
gritos y hace rápido silencio.
Avanza hacia Hueitra y dícele, dirigiéndose también a los ancianos que
gesticulaban en su contra:
«Nosotros respetamos y obedecemos a los ancianos; esa es la ley de los
mapuches; pero ahora no se trata de no obedecerles. Todos los caciques tienen
siempre la misma autoridad sobre sus mocetones, mujeres y animales. El mayor
que debe elegirse es para que trabaje y defienda a los naturales sin meterse a
mandar en las reducciones. El mayor tiene que ser joven porque habrá mucho que
hacer; tendrá que ir a Valdivia, a Santiago y a otras partes, montar a caballo a
cualquier hora para salir a defender a los indios cuando quieran echarlos de sus
terrenos o quitarles sus animales, o quemarles sus casas; un anciano no podrá
hacer esto; todos los respetamos, si; ahora lo que queremos es un mayor valiente,
rico y alentado. Yo quiero ser mayor, porque soy valiente, rico y tengo amigos que
me ayudarán a conseguir mucho en favor de los naturales. Tengo buenos amigos
en Santiago. Nada tendrán que decir los ancianos de mí, ni de mi familia. Ellos
conocieron a mi padre y a mis abuelos, que fueron principales.
Hueitra. -Nadie te dice que no eres valiente, rico y alentado ni que tu familia no ha
sido principal; peor eres muy joven y yo soy más viejo y no te obedeceré porque
no puedo dejar que me mandes.
Catriel. -Yo no voy a mandarte ni a tus mocetones ni animales tampoco. Si
necesito que me ayudes, hablaré contigo a la buena para que me acompañes si tú
necesitas algo también te ayudaré.
Sigue la discusión entre Hueitra y Catriel, por el mismo estilo y en ella toman
parte, a voces, los partidarios de ambos contendientes, pues ya se han diseñado
en el parlamento estas dos únicas candidaturas.
Juan Cheuquehuela, el primero que lanzó su candidatura, se dio por derrotado
ante los méritos de Catriel y ahora lo apoya.
Cesáreo Antinahuel, cacique de una reducción que no recordamos, que también
había pretendido la jefatura, fue francamente rechazado por todos. Según nos
pareció -porque nuestro intérprete no nos dio detalles- le echaron en cara ciertos
actos que había ejecutado contra los indígenas en compañía de unos
«españoles».
-25-
También fue rechazado, o mejor dicho, poco y mal trabajada candidatura del
cacique de Panguipulli Camilo Aillapán.
La discusión se hizo general en corrillos grandes y pequeños; algunos montaban a
caballo y hablaban desde allí, para dominar los tumultos.
Hubo un momento en que creímos que el parlamento había concluido a capazos,
como cualquier sesión municipal; todos se amontonaban o circulaban por
cualquier parte.
El óvalo que habían formado al principio ya no existía y por más que ex

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