Аурелио Диас Меса. В Араукании. Aurelio Díaz Meza. EN LA ARAUCANÍA
Uncategorized August 4th, 2006
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o y se llama
Manuel Curipán Treulén.
Hecho el saludo por el dueño de casa, los indios se organizaron en seguida por
reducciones, con su cacique, capitán, calfimalén y sargento a la cabeza e hicieron
un desfile delante de nosotros, que lo presenciamos en compañía de Treulén
desde el boldo donde debía reunirse el Parlamento.
Durante un cuarto de hora estuvimos mirando desfilar las reducciones con sus
toques de corneta y trutruca. Al enfrentarnos lanzaban un grito, destemplado
algunas veces, que era acompañado del saludo con que nos brindaba el cacique.
¿Cuántas reducciones pasaron? No podría recordarlo. Los principales eran más
de veinte y cada una de éstas tiene diez o más caciques tributarios.
De todos los indios que vimos, el cinco por ciento y aún menos andarían mal
vestidos y desaseados, los demás vestían con toda decencia, ya fuera pantalón o
chiripa, poncho de tejido indígena y de colores chillones con grandes flecos, botas
y sombrero guarapón de paño.
Los caciques, capitanes y sargentos se distinguían por la limpieza de su traje, así
mismo por el lujo de los arreos de la cabalgadura.
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El cacique Hueitra, de Ancacomoe, montaba un rico caballo negro azabache con
riendas y cabezadas de argollas de plata. La montura y estriberas tenían adornos
del mismo metal y al lado derecho de la cabeza, el caballo ostentaba un pom-pom
de plumas lacres.
El aspecto general de esta reunión no tenía nada de salvaje, de degenerado: era
una reunión de ciudadanos que tenía mucho de imponente.
Terminado el desfile, los caciques se desmontaron, y empezaron a reunirse junto
al boldo, mientras que los mocetones hacían una gran rueda alrededor.
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VI. EL PARLAMENTO
Nosotros habíamos preguntado ya en qué idioma iban a hablar los caciques y se
nos había contestado lo que ya sospechábamos con anterioridad: iban a hablar en
mapuche. Poca esperanza teníamos de saber que iban a decir y cómo se
expresarían, lo que para nosotros tenía el mayor interés.
En esta emergencia recurrimos a José Antonio Curipán, sobrino del cacique de
Coz-Coz, mozo de unos veintisiete años, vivo y de no escasa ilustración, para que
nos sirviera de intérprete.
José Antonio se excusó cuanto pudo, diciendo que si él entendía perfectamente
araucano, no se encontraba capaz de traducirlo con fidelidad y ligereza al
castellano, como requerían las circunstancias y que por lo tanto creía él que no
podría desempeñar bien la comisión que nosotros deseábamos encomendarle.
Quiso que no, lo obligamos a hacernos ese servicio y mediante él podemos
estampar algo de lo que se habló en el Parlamento, previniendo que hemos
tratado en lo posible de guardar la forma de lenguaje empleado por los oradores,
que, entre paréntesis, fueron muchísimos más de los que aparecerán aquí.
Hicieron los caciques un gran óvalo, uno de cuyos extremos se apoyaba en el
boldo donde Manuel Curipán Treulén estaba con su padre. El silencio se hizo tan
pronto como Curipán levantó la voz y dijo:
«Peñi cacique (hermanos caciques) Hemos querido mi padre y yo que haya en
Coz-Coz una junta grande, para que vinieran los caciques a parlamentar, porque
hace mucho tiempo que no se hablan ellos de lo que les pasa en sus reducciones
con los «huincas« que nos quieren quitar la tierra que ha sido siempre de
nosotros.
Ei!!
Ei!! Responden todos en un grito largo.
«Bueno; entonces mi padre me dijo: manda a los mocetones que vayan a todas
las reducciones que puedan alcanzar en quince días de ida y vuelta y que les
digan a los caciques que vengan a Coz-Coz a parlamentar, para que sepan todos
los mapuches lo que les pasa a sus hermanos y vean ellos lo que harán, para que
todos nos amparemos Ei!!
«Aquí en Coz-Coz Joaquín Mera le ha quitado la tierra a tres indias hijas de la
Nieves Aiñamco, después que la mató. El juez lo soltó después que lo tuvo preso;
entonces Mera vino a quemarle la casa a la Antonia Vera, hija de la Nieves.
El gobierno no hace justicia a los indios, porque los indios son pobres y así dice
Joaquín Mera que él hace lo que quiere porque tiene plata.
Ei!!»
Varios caciques hablan a la vez afirmando la veracidad de lo dicho por el orador.
«Mi padre ha tenido que recoger a la Antonia Vera, que era antes la mayor de
Pinco, porque ahora Joaquín Mera se ha agarrado todo el fundo. El gobierno no
puede tener ley para que Mera haga esto.
«Bueno; entonces los caciques ancianos que han venido a parlamentar digan que
haremos los araucanos para que el Gobierno ampare a los mapuches y podamos
estar tranquilos en la tierra que es nuestra. Los mapuches más alentados digan
también qué haremos para que no se rían de nosotros.
Ei!!»
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He aquí la síntesis del discurso del cacique de Coz-Coz.
Cuando terminó el orador, los caciques empezaron a discutir entre sí y nuestro
intérprete no pudo hilar esa discusión.
Por fin, se levantó uno, alzó la mano y empezó:
«Peñi mapuche. Es el cacique de Quilche, Lorenzo Carileu.
«Hermanos mapuches: hace mucho tiempo que nosotros estamos sufriendo los
atropellos de los españoles, sin que jamás hayamos tenido justicia del Gobierno; y
de esto nosotros mucha culpa, porque vivimos tan apartes unos de otros y porque
nunca se nos ocurre unirnos para que así se nos respete.
«Una vez Rafael Mera me hizo un cerco en Quilche; quería quitarme un retazo de
tierra en que yo tenía un manzanal. Un mocetón me avisó luego y yo fui más tarde
con quince mocetones e hice pedazos el cerco. Ei!
«Dos días después Mera Levantó otra vez el cerco y yo volví a hacerlo pedazos y
me llevé las varas a Pehual hasta bien lejos.
«Después me fui a Santiago y hablé con el presidente, el caballero Germán
Riesco; de ahí me mandaron donde otro caballero y éste me dio un papel y me
dijo que lo guardara y si alguna vez me atropellaban que enseñara el papel
«Bueno, yo tenía el papel bien guardado y una vez Rafael Mera me encontró en el
camino y me dijo que me iba a quitar con los gendarmes el terreno. Yo saqué el
papel, se lo echó al bolsillo, le pico al caballo y arrancó; yo le seguí pero él se
juntó con unos mozos y me amenazo con el revólver si yo lo seguía. Me dijo que
no entregaba más el papel. Ei!!
«Desde entonces no lo he podido encontrar nunca solo. Ahora me quiere quitar
otros terrenos y no me deja trabajar. Si nosotros los mapuches quisiéramos nos
haríamos respetar muy bien Ei!!
«Ya hemos visto que para nosotros los naturales no hay justicia. Vamos a
Valdivia, allá estamos diez, quince días sin poder hablar con nadie porque todos
dicen que somos unos cargosos.
Y al último cuando reclamamos, por más buena voluntad que tenga el caballero
protector de indígenas o Promotor Fiscal, todo queda en nada en el juzgado. Nos
piden testigos, llevamos los testigos, pagamos intérpretes, fuera de lo que hay que
pagarle al secretario y al último dicen que nuestros testigos no sirven. Ni pagando
encontramos justicia nosotros.
«Ramón Jaramillo me ha quitado muchos terrenos; me mató dos mocetones, me
ha quitado animales; ha sembrado barbechos míos; me ha quemado cercos y
roces ¿Qué le han hecho? Si hubiera sido un natural, entonces sí que lo habrían
tomado preso y lo habrían azotado!
«Bueno; aquí hay ancianos que digan lo qué debemos hacer los mapuches, para
que nos dejen trabajar tranquilos nuestra tierra. Ei!
Reucan Nehuel, cacique de Chalupén, se pone de pie y con voz sonora y acento
enérgico, dice «Sí, sí; que digan un remedio para esta situación; nosotros estamos
quedando cada día más pobres, porque nos roban los españoles y ellos tienen
armas y a nosotros no nos permiten ni machete; los gendarmes nos lo quitan. Si
nosotros tuviéramos armas no nos robarían los animales. Debemos pedir al
Gobierno que nos devuelvan nuestra tierra- Mai! Mai!
Naguilef Noncon, cacique de Liongahue: «Cuando hablaron de guerra con la
Argentina, todos nosotros y hasta los ancianos nos presentamos al Gobierno para
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pelear por Chile y ahora el Gobierno no nos hace caso. Que nos dé siquiera una
orden para defendernos nosotros mismos y no necesitamos más; porque si
nosotros les hacemos algo a los españoles, ellos van a Valdivia y vuelven con los
gendarmes a tomar preso al indio. Ei!
Juan Cheuquehuela, cacique de Antilhue impone silencio, pues la discusión se ha
hecho general y todos hablan a veces sin entenderse.
«Yo estoy viviendo tranquilo en Antilhue, con toda mi gente, porque no he dejado
que me quiten mis terrenos. Muchas veces Romualdo García me ha querido quitar
la tierra en varias partes y yo con mi gente nos hemos puesto firmes. Cuando se
han perdido animales, hemos ido a buscarlos a los potreros de Romualdo García y
los hemos encontrando allí y él ha visto que es inútil todo lo que haga para que yo
me aburra y le deje la tierra. Toda mi gente es buena y obediente y lo que yo
mando lo hace inmediatamente. Yo creo que si todos los mapuches vivieran así
como yo, ningún español se animaría a atropellarnos. Si hubiera un cacique mayor
al que todos obedecieran, el cacique haría respetar a todos los ind










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