Quedando Francisco de Villagra en la ciudad de Sanctiago por capitán de Valdivia, como a persona que lo tenía por amigo y fiaba dél toda cosa, estando en el mando y cargo acaeció que un hidalgo principal casado en Toledo, llamado de nombre Pedro Sancho de la Hoz había llegado poco había de España, al cual el emperador don Carlos le había hecho merced de la gobernación que alcanzase desde el estrecho de Magallanes abajo trecientas leguas la costa de Chile hacia lo que Valdivia tenía poblado; y aunque traía la provisión y merced que le fué fecha, no osó ponerse al gobierno por temor que tuvo de Valdivia; mas después que Valdivia fué ido al Pirú y ausente del reino, comenzó a tratar que pues era ido y se creía no volvería más a Chile, teniendo él por cédula la gobernación, más justo era gobernarla él que otro alguno. Estas cosas las comunicaba con sus amigos y aquéllos las trataban con otros, por donde se vino a saber, que aunque en público las dijera parescieran bien; pues la merced y título que tenía era el verdadero; mas estaban las cosas en Chile tan vedriosas en aquel tiempo, que Villagra, pareciéndole que [le] darían el cargo y gobierno del reino, como lo supo, comenzó a guardarse recatándose de allí adelante, diciendo lo querían matar y alzarse contra él, lo cual se dijo entre algunos que para salir con ello era menester matallo, porque después no habría impedimento alguno. Informado Villagra de sus amigos, hizo información contra él por escripto, y a su parescer hallándolo culpable lo mandó prender y luego cortalle la cabeza, cosa de grande crueldad. Muerto Pedro Sancho, quedó Villagra en quietud, sustentando lo que Valdivia le había dejado a su cargo. Hízose bien quisto con muchos; ganándoles la voluntad, grangeándolos, trató y puso en efeto una gran cautela debajo de amistad bien debida a Valdivia, que la ambición y deseo de mando le hizo poner por obra: que mandó y dió orden en hacer dos probanzas, la una en favor de Valdivia y la otra en contra, y hechas, que halló testigos para todo, mandó hacer una fragata, y en ella envió al Pirú algunos que con Valdivia estaban mal y tenían quejas dél; para que allá hiciesen como que les paresciese, y con ellos envió a Pedro de Villagra, que después fué gobernador, el cual decía llevaba las probanzas consigo envueltas en gran maldad, para si hallase a Valdivia mal puesto con el que gobernaba al Pirú le ayudase a derribar con la que llevase contra él; y si lo hallase bien puesto, lo pidiese en nombre del reino y presentase en su favor la otra probanza: todo esto lo vino después a saber Valdivia y dello resultó a Villagra mucho daño y desasosiego. Siéndole, pues, a Valdivia el tiempo favorable, llegó al puerto de Arica, donde supo que el licenciado Gasca estaba en Lima, y los poderes grandes que traía del emperador don Carlos, y cómo Gonzalo Pizarro tenía el reino tiranizado, aunque esto ya él lo sabía antes que saliese de Chile por cartas que de Pizarro había tenido, el secreto de las cuales reservó para sí. De allí hizo vela a los Reyes: llegado al puerto, supo que el licenciado Gasca iba caminando en busca de Gonzalo Pizarro hacia el valle de Jaquijaguana. Tomando cabalgaduras par él y sus criados y amigos se dió tanta priesa que lo alcanzó breve. Viéndose con él fué bien recebido y le hizo mucha honra y merced en tratamiento; y como Valdivia era conoscido y tenido por hombre de guerra, el licenciado Gasca le rogó que mandase en todo lo que viese que al servicio de su Majestad convenía, porque él en su nombre se lo mandaba y en el suyo se lo pedía por merced, pues había coyontura que tanto efeto podía hacer su venida; y ansí Valdivia sin cargo alguno, sino como hombre privado, andaba en el campo y mandaba todo lo que a él le parescía que convenía; y subcediendo lo que todos saben, sabida la historia por parte del rey, hallándose Valdivia en su acompañamiento, siéndole conforme a su disinio favorable la suerte y pretensión que tenía. Estando bien puesto con el licenciado Gasca, vueltos que fueron a Lima, comenzó a tratar en sus negocios pidiéndole la gobernación de Chile, tratándose tan lustrosamente y con tanta generosidad, que todo lo que decía y hacía era al licenciado Gasca muy acepto y le parescía bien, teniéndole por muy hombre. Supo negociar tan bien, que con algunas personas principales que le ayudaban alcanzó la merced que él pretendía por palabra.
Capítulo IX
De cómo volviendo Valdivia a Chile por gobernador, el capitán Pedro de Hinojosa le volvió preso del camino por orden del presidente Gasca
Después que Valdivia hubo alcanzado la merced que pretendía, pidió licencia al licenciado Gasca para irse, el cual se la dió con provisión y título de gobernador; ansí mismo le dió algunos desterrados que iban del Pirú para Castilla que los llevase a Chile, y otros que estaban en la cárcel que habían sido secuaces de Gonzalo Pizarro, teniéndolos para castigar, Valdivia los pidió al licencado Gasca le hiciese de ellos merced; el cual se la concedió, pues iban a servir al rey y en tierra nueva, comutándoles la pena en aquel nombre de destierro. Siguiendo su camino llegó a Arica, donde estándose proveyendo de algunas cosas para su viaje, formaron delante del presidente muchas quejas de él: éstas por cartas que enviaron a Arequipa y de otras partes diciendo que iba amotinado y en deservicio de el rey; porque los que iban con él robaban a los indios por donde pasaban y los metían en colleras, y que a los españoles que topaban por el camino les quitaban sus haciendas, los cuales males los hacía Valdivia todos, pues los consentía. Esto indinó en tanta manera al presidente Gasca, que mandó luego al capitán Pedro de Hinojosa, general que había sido en el Pirú en servicio del rey contra Gonzalo Pizarro, fuese tras de él y donde lo alcanzase lo volviese preso. Hinojosa tomó veinte soldados arcabuceros, y se dió tanta priesa a caminar, que antes que Valdivia saliese de Arica lo alcanzó, y con todo buen término le dió a entender su venida y de lo que el presidente le mandaba. Valdivia le dijo que mucho enhora buena se hiciese ansí; aunque algunos soldados amigos y criados que allí consigo tenía le dijeron que si quería lo defenderían y se irían su jornada. A éstos reprehendió gravemente y proveyó que sus criados caminasen a Chile, y la gente que estaba en camino con los capitanes que la llevaban a su cargo continuasen su viaje y él se volvió preso a Lima con Hinojosa.
Antes que llegase en la corte del presidente había varios pareceres, y unos decían que volvería, otros que no, antes se afirmaban que como era hombre de guerra y había recebido aquella befa lo quería apostar, y que fácilmente lo podría hacer, pues llevaba gente consigo y se le llegarían otros muchos. Tratándose de ordinario en esto, llegó nueva de cómo venía Hinojosa y Valdivia con él, de que el presidente Gasca, viendo aquel nublado deshecho, rescibió grandísimo placer en haber sucedido bien caso tan dudoso; mandó que le diesen cárcel conforme a su persona. Desde a pocos días, conocida su humildad, de la cual no le hacían sus émulos y que era mentira lo que de él se había dicho, teniendo tan buenos amigos y terceros, en especial un caballero de el hábito de Santiago llamado Alonso de Alvarado, mariscal de el Pirú, que había venido con el presidente Gasca de Castilla y servido a su Majestad en aquella guerra, tuvo tan buenos medios en negosciar, que breve le fué concedida licencia para irse.



















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