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Алонсо де Гонгора Мармолехо. История Чили со времен открытия и до 1575 года. Alonso de Góngora Marmolejo. Historia de Chile desde su descubrimiento hasta el año 1575


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Después de concertado Saravia con los vecinos de Valdivia que le darían seis mill pesos por dos años, en cada uno tres mill, y aquellas ciudades porque los reservase de la guerra, como atrás se dijo, para cumplir con ellos en lo de la visita y tasación de los indios que les había prometido, rogó al provincial de los franciscos, llamado fray Juan de Vega, y al vicario general de los dominicos, fray Lope de la Fuente, tomasen a su cargo la visita general de aquellas cuatro ciudades, a causa que, habiendo visto la disposición de los repartimientos en la tasa, que era el tributo que habían de dar a sus encomenderos, se hiciese conforme a conciencia; y pues ellos habían de asistir a la tasación que se haría en la Audiencia, convenía viesen personalmente la calidad de las tierras que los indios tenían. Dada esta orden, les señaló dos vecinos que anduviesen juntamente con ellos, se embarcó en un navío de dos que había mandado cargar de trigo, en aquel invierno que en Valdivia estuvo, obligando la caja del rey a la paga. Se hizo a la vela, llegó a la Concepción en dos días sesenta leguas de costa por el mes de setiembre del año de setenta y uno, donde estuvo el verano. Desde a poco llegó fray Antonio de San Miguel, obispo de la Imperial, y el licenciado Egas, que venían por tierra con muchos caballos y soldados que en su compañía venían todos juntos en la Concepción. Los indios no por eso dejaban de venir a hacer correrías, y de noche andaban en los indios que estaban de paz cerca de la ciudad; salían a quitalles el ganado y presas que de ordinario hacían todo el verano, no dejando de hacer salto en las partes que les parescía ser aprovechados. Saravia escribió a su hijo, que estaba en Santiago, viniese a juntarse con el general Lorenzo Bernal, en donde estuviese con la gente que pudiese traer sin dalles socorro alguno. Juntó entre sus amigos treinta soldados, con ellos vino a Angol; desde allí salían a hacer la guerra por aquella comarca, que más se podía decir destruir la tierra, porque las mujeres y muchachos que tomaban las vendían, y jugaban los soldados unos con otros, que parescía andaba el gobernador Saravia buscando cómo acabar de destruir aquellos pocos indios que en la tierra llana quedaban, pues era cierto que conquistado Arauco aquello luego daba la paz, y en el ínter no podían servir, porque los de guerra de noche venían sobre ellos y los mataban. Estuvo en la Concepción en su Audiencia hasta que llegó el mes de mayo, que se embarcó en un navío que de Valdivia había venido con trigo para el sustento de aquella ciudad, y vino a la de Santiago, donde tenía su mujer y casa.
Los oidores y fiscal que en la Audiencia residían murmuraban de las idas y venidas que hacía, no asistiendo en su cargo de presidente, pues las tomaba por su recreación, quedándose ellos en aquella ciudad faltos de todas cosas a todo lo que les sucediese, como en tierra tan de guerra, porque luego que salió de la Concepción desde a pocos días los indios comarcanos de paz se conjuraron con los de guerra para un día que querían beber y holgarse a su usanza, después de pascua de Espíritu Santo, por fiesta de la pascua, y que aquel día viniesen todos los que pudiesen y se emboscasen junto a la ciudad, y a la hora que les pareciese a propósito de hacer efeto les darían aviso, y todos juntos darían en el pueblo, que estaba descuidado de semejante acaescimiento, y sería posible desbaratallos. Esta conjuración se vino a saber por intercesión de una mujer india que lo descubrió. Luego se hizo información, y halló por ella el capitán Altamira no culpables ciertos principales que haciendo confianza dellos andaban entre los cristianos. Estos que lo habían ordenado, fueron ahorcados, y con ellos otros algunos que entraban a la parte. Los oidores dieron aviso al gobernador Saravia, que envió treinta soldados en buenos caballos desde la ciudad de Santiago con su hijo Ramiro Yáñez, que se dió tanta priesa en caminar que llegó a tiempo de hacer mucho efeto para el sosiego del pueblo. Desde a pocos días volvió a Santiago, donde su padre estaba, a informarle del estado de aquella ciudad, para que fuese su persona o enviase más gente. El gobernador comenzó luego a dar orden cómo sacar de los vecinos de aquella ciudad otra pinsión como de los de las demás ciudades había sacado, y puesta plática que le diesen con qué socorrer a los soldados que en la guerra andaban, y a los que consigo llevaría, como los demás pueblos habían hecho, juntos en su casa lo trató en general; dijeron le que después de haberlo comunicado entre sí, le darían la respuesta. Anduvieron algunos días tratando en ello; al cabo se resumieron en que los dos alcaldes ordinarios, que eran Juan de Cuevas y Pedro Lisperguer, ambos vecinos de aquella ciudad, lo tratasen con Saravia, y que lo que ellos hiciesen, por aquello pasarían todos. Estos le dijeron estaban pobres y adeudados con las ordinarias guerras, por la cual causa no le podían dar lo que pedía, si no fuese que les diesen libramiento para cobrallo de la caja del rey rata por cantidad, como cupiese a cada uno, y que desta manera lo buscarían, aunque fuese tomándolo a censo, mas que se entendiese se lo prestaban, y no en servicio que les hacían de gracia. Desta respuesta se desgustó mucho, y trataba de llevallos consigo a la sustentación de las ciudades pobladas y demás, y que presentasen los títulos que tenían de encomiendas de indios, porque quería saber cómo los poseían y con qué derecho. Los vecinos, viéndose apretados, como les ponía tantas cosas por delante, y que al fin ellos habían de pagar y lastar lo que él había perdido, haciendo cuenta consigo, les paresció que más habían de gastar si los llevaba a la guerra que lo que les pedía, y aflojando los alcaldes de lo que tenían a su cargo, conforme a la orden que les habían dado, y que como era letrado no les pusiese en confusión en algunos repartimientos que tenían, dando la voz al fiscal del rey, vinieron en que le darían dos mil pesos en oro y cincuenta caballos, y más quinientas fanegas de trigo para llevar a la Concepción. Con esta data los dejó en sus casas y mandó cobrar los dineros y caballos, y porque algunos vecinos no tenían el oro para se lo dar de presente, diciéndole se lo darían en ropa en las tiendas de mercaderes que allí había en las cosas que quisiese, pues era para dar a soldados, no lo quiso hacer, sino que se lo diesen en oro. Con este rigor se lo dieron en oro, el cual efeto no podían entender, pues había de dar a los soldados ropas con que se vistiesen y no oro que guardasen. Decían debía de tener tino a lo que de España vendría proveído, porque había escrito a los señores del Consejo de Indias y a su majestad le sacase de aquel cargo, que se hallaba viejo y el reino estaba de guerra; por el cual respeto toda la provincia estaba pobre y no cobraba [el] salario que su majestad le daba; andaba recogiendo dineros para su aprovechamiento, teniendo atención a lo que vendría proveído en la armada que esperaba de Castilla. Después de haber hecho lo que pretendía, se partió para la Concepción, llevando consigo menos gente de la que llevara si quisiera partir con soldados lo que los vecinos de Santiago le dieron.

Capítulo LXXVII

De cómo el licenciado Juan de Torres de Vera fué a castigar un motín que se hacía en la ciudad de Valdivia, y de lo que acaesció en la ciudad de Osorno en aquel tiempo

Como el reino de estaba con tantos trabajos por las ordinarias guerras, y tan pobres en general todos los estantes en él, se levantó el ánimo a un mozo, hijo de india y de español, que éstos por la mayor parte son y han sido mal inclinados, diciendo este soldado (era oficial platero) ser trabajo vivir en tierra de tanta guerra, sino irse della, pues había tan buena noticia de lo de adelante ser tierra rica y noble, y no estar atenidos a tantas vejaciones como de ordinario rescebían de los gobernadores y capitanes; y para ponello en efeto vino a la ciudad de Angol, donde había muchos soldados descontentos, que está cincuenta leguas de Valdivia, donde era casado y tenía su casa. Remedando a lo que en tiempo de las comunidades hizo en Toledo un bonetero, y en Medina del Campo un frenero, por aquí quiso sonar y levantar su nombre. Llegado [a] Angol comenzó a tratar con otros como él salirse del reino, pues en él estaban tan oprimidos, y levantar una persona que los llevase a su cargo. Andando en esta plática, el capitán Lorenzo Bernal lo vino a saber y hizo contra él información y dió aviso con ella a la Audiencia. Aquellos señores mandaron en su acuerdo lo fuese a castigar el licenciado Juan de Torres de Vera, con comisión que para ello le dieron, el cual se embarcó en un navío que estaba en el puerto de aquella ciudad, y de allí fué a la de Valdivia en mitad del invierno con mucho riesgo, por la fortunosa navegación que hay por aquella costa, donde decían se habían de juntar y estaba concertado.

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