Алонсо де Гонгора Мармолехо. История Чили со времен открытия и до 1575 года. Alonso de Góngora Marmolejo. Historia de Chile desde su descubrimiento hasta el año 1575


23 346 views

De lo que hizo el gobernador Saravia después que despobló la ciudad de Cañete y casa fuerte de Arauco, y de lo demás que acaesció

Estando Saravia en la Concepción, quitado del cuidado que había tenido de la casa fuerte de Arauco y ciudad de Cañete, por haberlas despoblado, mandó que en una fragata del rey, que en aquella ciudad estaba, se embarcasen las mujeres que de Cañete habían venido, con sus maridos, hijos y familia, porque sustentar tanta gente en la Concepción a costa del rey, que era grande el gasto que se hacía, y ansí mesmo licenció otros soldados para las ciudades que quisieron irse, dejando la que bastaba para el sustento de aquel pueblo. Y porque don Miguel, que había sido su general, se quiso ir al Pirú, trató con él pidiese socorro al visorrey don Francisco de Toledo, que lo gobernaba, informándole la nescesidad que tenía de gente el reino de Chile, y el mucho servicio que al rey se hacía proveer remedio con brevedad; y comunicó con el licenciado Juan de Torres de Vera, natural de la villa de Estepa, que era oidor en aquella Audiencia, se encargase de la guerra como su general, dándole el supremo grado en todo el reino. El licenciado lo acetó, aunque contra el parescer de algunos amigos suyos que le dijeron no lo hiciese, porque el doctor Saravia era mudable e inconstante en las cosas que hacía: que siendo oidor del rey le era mejor estarse en su Audiencia que ocuparse en cosas de guerra, y que demás desto le encomendaba una cosa muy pesada, porque estaba ruinada y perdida mucha parte del reino, sin podello reparar ni tener gente bastante para volvello a restaurar: como cosa perdida, no debía encargarse della, teniendo atención a lo de adelante. El licenciado, como hombre de grande ánimo, entendiendo Saravia tuviera más constancia, no dió oído a lo que le dijeron, paresciéndole que habiendo dado su palabra, no le estaba bien apartarse della; y como por la guerra los hombres que son deseosos de gloria levantan su nombre y fama, y que andando el tiempo lo que estaba de guerra se había de quietar, estuvo en su opinión; y para hacer la guerra el verano adelante, el gobernador le dió comisión que fuese a la ciudad de Santiago y hiciese gente, y de la hacienda real gastase los pesos de oro que le paresciese. Con esta orden se embarcó en un navío pequeño con treinta soldados, dos dellos amigos suyos, y otros que estaban mal en orden para que se aderezasen. Llegado a Santiago, comenzó a hablar y a apercebir las personas que estaban desocupadas para ir en su compañía: dándoles con que se aderezasen, armas, caballos, ropas de vestir, juntó en breve tiempo ciento y diez soldados aquel invierno, y para el aviamiento de todos gastó ocho mil pesos, que es número de diez mil ducados. Salió a la primavera con muchos amigos que de la ciudad de Santiago le dieron los vecinos della. Con esta gente entró por los términos de la Concepción: llamando de paz a los que estaban de guerra y castigando a los rebeldes, anduvo por toda su comarca quitándoles la ocasión de no ir sobre las ciudades Concepción ni Angol, corriéndoles de ordinario sus tierras la mayor parte del verano, hasta que fué Dios servido año de mil y quinientos y sesenta y ocho, miércoles de ceniza, vino repentinamente un temblor de tierra y terremoto en aquella ciudad, tan grande que se cayeron la mayor parte de las casas, y se abrió la tierra por tantas partes que era admirable cosa verlo; de manera que los que andaban por la ciudad no sabían qué se hacer, creyendo que el mundo se acababa, porque vían por las aberturas de la tierra salir grandes borbollones de agua negra y un hedor de azufre pésimo y malo que parescía cosa de infierno; los hombres andaban desatinados, atónitos, hasta que cesó el temblor. Luego vino la mar con tanta soberbia que anegó mucha parte del pueblo, y retirándose más de lo ordinario mucho, volvía con grandísimo ímpetu y braveza a tenderse por la ciudad. Los vecinos y estantes se subían a lo alto del pueblo, desamparando las partes que estaban bajas, creyendo perecer. Los indios de la comarca, entendiendo ser la ciudad perdida, vinieron sobre ella, y como vieron que los cristianos estaban sin peligro, siendo ellos pocos, se volvieron sin intentar cosa alguna. El licenciado tuvo de ello nueva ocho leguas de allí; partió luego a dalles socorro, y se puso dos leguas de la Concepción, que por estar destruida del terremoto no quiso entrar en ella, y desque supo estaban sin peligro, después de haber estado tres días a su reparo, se volvió al río de Niviqueten, ocho leguas de allí, donde anduvo haciendo guerra a los indios alzados, castigando muchos dellos, y de allí pasó a la tierra de las minas, que es donde los vecinos de aquella ciudad sacan el oro, por nombre llamado Gualqui, gente belicosa por la disposición que tienen de cerros y tierra doblada, quebradas cenagosas, que es a su propósito para pelear con gente de caballo a su ventaja; y así anduvo todo aquel verano dando castigo a muchos que lo merescían; a la entrada del invierno se retiró a la Concepción por las tempestades de agua.
El gobernador Saravia, de la madera que las casas tenían hizo un fuerte donde se recogiese el pueblo, si los indios viniesen sobre él, como se creía; hincando las vigas gruesas en tierra, y atravesando ramas de árboles y varas pequeñas entre ellas, distancia de unas a otras de dos pies poco más de grueso, lleno de tierra pisada, quedaba hecha buena defensa. Cercó una cuadra que tenía por frente trecientos pies por cada un lienzo, y dos cubos de madera, que cada uno guardaba los dos lienzos, con tres piezas de artillería en cada uno de los cubos que alcanzaba lejos a la campaña. Hecho este fuerte, y traído por su mandado mucho trigo de las ciudades de Valdivia y Santiago, se embarcó con sus criados, dejando al licenciado Juan de Torres de Vera en aquella ciudad toda cosa a su cargo, con nombre y título de general, se fué a Santiago a esperar allí, si el visorrey don Francisco de Toledo daba socorro de gente a don Miguel de Velasco para proveer de lo que nescesario fuese y volver a hacer la guerra restaurando lo perdido, o si todo faltase, el verano adelante traer alguna gente para reparar las ciudades pobladas, teniendo cuidado por falta, della no tuviese caso adverso.

Capítulo LXXII

De las cosas que acaescieron en la Concepción después que el gobernador Saravia se fue a Santiago

Partiendo Saravia de la Concepción en un navío del rey que en aquella ciudad estaba para irse a Santiago, el licenciado Juan de Torres de Vera, como capitán que tenía a su cargo la guerra, procuraba no sólo sustentar lo poco que estaba de paz, sino atraer lo de guerra, y para este efeto tenía todo el cuidado posible en dar trasnochadas, que cuando más descuidados los indios estaban, los hallaban en sus tierras castigando sus maldades y desvergüenzas, porque queriendo hacer un fuerte cerca de la Concepción, en un asiento llamado Pichituven, para pelear a su ventaja, como lo hacen, fué con tanta presteza a ellos, que antes se acabasen de juntar desbarató los que en el fuerte estaban, castigando algunos que pudo haber; y siendo informado que los indios y principales de Talcaguano, que está ribera del río Biobio, se querían alzar y pasarse con los de guerra de la otra banda, fué una noche sobre ellos, y al amanecer prendió los principales; haciendo castigo de los más culpables, dejó sosegada su comarca. Muchas veces, indios salteadores venían a la Concepción en cuadrillas, como es tierra doblada, a robar caballos y ganados; viendo tiempo para hacer alto, se iban con la presa por los montes. Tocando arma los ganaderos, era cosa increíble cuán de presto acudía al peligro, más como soldado que capitán, por poner en los demás presteza en los casos de guerra que se ofrescen, en los cuales muchas veces se pierden ocasiones y buenas suertes que se harían por acudir a ellos perezosamente, quitándoles siempre el ganado que llevaban, andando desvelado en castigar los indios que venían a la ciudad, casi no parando de noche ni de día; y aun después de dejado el cargo, como adelante se dirá, no podía sufrir con su ánimo rebato alguno que no fuese el primero que se ponía al reparo de lo que podía acaescer.

Capítulo LXXIII

De cómo llegó a Santiago don Miguel de Velasco con docientos hombres que le dió el visorrey don Francisco de Toledo para socorrer a Chile, y de lo que hizo

Алонсо де Гонгора Мармолехо. История Чили со времен открытия и до 1575 года. Alonso de Góngora Marmolejo. Historia de Chile desde su descubrimiento hasta el año 1575
Tagged on:                                         

Залишити відповідь

8 visitors online now
8 guests, 0 members
All time: 12686 at 01-05-2016 01:39 am UTC
Max visitors today: 31 at 11:29 am UTC
This month: 43 at 09-12-2017 03:19 pm UTC
This year: 62 at 03-12-2017 08:20 pm UTC
Read previous post:
Фрай Рехинальдо де Лисаррага. Колониальное описание. Fray Reginaldo de Lizárraga. Descripción colonial (libro primero)

Фрай Рехинальдо де Лисаррага. Колониальное описание (Книга первая). Fray Reginaldo de Lizárraga Libro primero Descripción colonial Noticia preliminar Sumario: Quién...

Карта территорий коренных жителей Чили (Mapa de tierras indigenas de Chile)

Карта территорий коренных жителей Чили. Mapa de tierras indigenas de Chile. Карта содержит двенадцать территорий, на которых проживают такие народы...

Close