Алонсо де Гонгора Мармолехо. История Чили со времен открытия и до 1575 года. Alonso de Góngora Marmolejo. Historia de Chile desde su descubrimiento hasta el año 1575


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Juntos que fueron los dos campos, el gobernador mandó al maestro de campo que tomase reseña de toda la gente para saber el número que había de hombres que tomasen armas; halló eran por todos cuatrocientos, en que había docientos y sesenta arcabuceros. Luego mandó juntar los capitanes antiguos que venían en su campo, y por honrar algunos hombres principales de los que habían venido con el capitán Costilla, mandó se hallasen presentes. Después de haber hecho compañías de toda la gente de a pie y de a caballo, y señalado los capitanes y el número que cada compañía había de tener, juntos en consulta de guerra trataron algunos que en el fuerte de Catiray, donde habían los indios desbaratado al licenciado Altamirano y muerto a Pedro de Villagra, había mucha junta de gente que los estaban esperando, y que pues tenía el gobernador tanta gente y tan buena con tantos arcabuces, no era bien pasara delante sin desbaratallo, pues era cierto los indios en su religión tenían aquel lugar por adoratorio y cosa invencible por haberles ido siempre allí bien, y que habían de entender que para cristianos no había cosa dificultosa, sino todo llano, y que agora tenía el gobernador aparejo para dárselo a entender, y que un campo tan grande como el que tenía no se juntaba en Chile tan fácilmente; que no se debía perder tan buena ocasión: éstos eran algunos de los capitanes antiguos, y el que más insistía en ello era el capitán Francisco de Ulloa. Otros que más atentamente medían las cosas, decían que no se debía de pelear en fuerte alguno, sino después de bien reconoscido, viendo que estaba puesto en parte cómoda, o a lo menos con el menos riesgo, ya que no con conoscida ventaja, y no torpemente aventurallo a cosa incierta; y que no era de capitanes prudentes juzgar las cosas al más o menos, sino pesadas con gran cordura, pues era cierto que si desbarataban a los indios en el fuerte que tenían, no aventuraban a ganar cosa alguna sino maderos y piedras, detrás de las cuales estaban metidos, porque tenían las espaldas una quebrada grande, y junto a ella otras muchas, que si les decía mal se echaban por ellas, sin perder más gente de la que al primer ímpetu les podían matar, que serían bien pocos por respeto de la defensa grande que tenían. Después de haber tratado el pro y contra sin que se resumiesen en cosa alguna, el maestre de campo fué con cincuenta soldados a reconoscer el fuerte, o de la manera que estaban, y llevó por delante una mujer india con una carta que diese a un mestizo que decían estaba con los indios. Llegó cerca del fuerte sin ver indio alguno; desde allí envió la india con la carta no pasando adelante. Los indios de guerra desde lo alto estaban mirando el camino que llevaba, y no parescieron por dejallo llegar hasta el fuerte sin salir a él; mas desque vieron había parado y no pasaba adelante, salieron de las emboscadas donde estaban metidos más de diez mill indios, y muy desvergonzadamente se vinieron a los cristianos. El maestre de campo mandó se retirasen la cuesta abajo; los indios vinieron tras dél un poco, y viendo que no esperaba, se pararon.
El gobernador volvió a tratar el camino que se llevaría para entrar en Arauco; decíanle que desbaratando aquel fuerte cualquier camino era bueno. El maestro de campo afirmaba no era de tratar en aquello, sino dejallos en su fuerte e irse por la montaña de Talcamavida, que era desembarazada, porque los indios que en el fuerte estaban, viendo que los despreciaban, habían de salir y venillos a buscar, y que él entonces pelearía con ellos de la manera que quisiese; y que si todavía el señor gobernador era de parescer, porque estaba indeterminable, se fuese a combatir, que él se desistía del cargo y pelearía como soldado: decía estas palabras con tanta determinación, por espiriencia que tenía, que movía a los oyentes. El gobernador, como prudente, entendiendo que aquello era lo mejor, mandó se fuese por el camino de Talcamavida.
Los indios de guerra, como eran muchos convocados de todo el reino, viendo que los dejaba, salen del fuerte y se le van a poner delante en una loma por donde había de pasar, y hacen luego un fuerte de poca defensa: puestos en él y al derredor, esperaron. El maestro de campo llevaba el avanguardia con cincuenta hombres; llegado donde los indios estaban, reconosció eran perdidos. Salieron a escaramuzar con él y peleó un rato al principio; luego salió tanta gente en favor de los que escaramuzaban, que le convino retirarse una loma abajo, y tan sin orden, que algunos cayeron de los caballos envueltos con los indios. Despojaron de las armas a Gabriel de Zúñiga, el cual, por el buen socorro que tuvo y buen ánimo para defenderse, no murió. Tomás Pastene cayó el caballo con él, y por el socorro que tuvo del maestro de campo no fué muerto, aunque él se defendió con buen ánimo; el campo se alojó en un llano junto a los indios, lugar conviniente. Luego otro día el maestro de campo con trecientos hombres volvió a combatir con los indios, creyendo los hallara en el fuerte; mas ellos, como hombres de guerra, conosciendo su perdición en la parte que estaban, desmampararon el sitio que tenían: cuando llegó, ya se habían ido. Tuvo algunos émulos que decían lo había hecho no acertadamente, pues como hombre de guerra y tan ejercitado, conosciendo que los indios estaban en parte que se les podía hacer mucho daño, no los había de dejar, sino entretenellos y enviar por gente, porque en aquel suceso bueno se castigaba toda la provincia. El maestro de campo se descargaba diciendo: indios que habían tenido ánimo para desamparar el fuerte en donde primero estaban, y se les habían venido a poner delante, no era de entender habían de huir, sino pelear, pues con él habían escaramuzado y le habían hecho volver las espaldas, que era más acrecentamiento de ánimo para no irse hasta probar su fortuna.»

Capítulo LIV

De cómo yendo el gobernador Rodrigo de Quiroga para entrar en Arauco por la montaña de Talcamanida pelearon los indios con él, y de lo demás que sucedió

Después que los indios desampararon el fuerte, se retiraron a la montaña de Talcamavida, por ser tierra áspera y de muchas quebradas, por donde de nescesidad el campo había de caminar para entrar en Arauco; y como eran muchos, se fortificaron con piedras y maderos, no para pelear dentro de aquel sitio que por fuerte tenían, sino para estar seguros no los tomasen descuidados; y en el entre tanto que el gobernador llegaba a aquel paso, pusieron dos emboscadas dentro del monte para que habiendo el campo pasado hiciesen arremetida en la retaguardia, y que ellos saldrían entonces de su fuerte y se le pondrían delante, para que todos a un tiempo diesen en los cristianos: con esta orden los turbarían y harían alguno suerte con que tomasen ánimo para lo de adelante. Andaban entre estos indios algunos principales hombres de guerra y los más nombrados, entre ellos Llanganaval, señor en el valle de Arauco; Millalelmo, Loble, a quien todos seguían. Dada esta orden, estuvieron en el puesto que les fué señalado, esperando que los cristianos llegasen. El gobernador caminó en batalla con todo el campo; el maestro de campo llevaba el avanguardia. Llegado al fuerte, salen los indios a él y se le ponen delante; los emboscados salen al mesmo tiempo y arremeten a la retaguardia con grande ánimo. El general Martín Ruiz, que la llevaba a su cargo, defendiendo y peleando, mandaba recoger los bagajes: fué la voz de mano en mano que los indios habían desbaratado la retaguardia. El gobernador mandó al maestro de campo que volviese a dalles socorro con algunos arcabuceros. Luego, recogiendo los bagajes y dejando soldados para guarda dellos, con la resta que le quedaba rompió con tanta determinación en los indios que los desbarató y pasó por ellos, alanceando algunos; siguióse el alcance camino de Arauco más de una legua, aunque se hizo poco efeto por ser mala tierra para caballos y muy a propósito de los indios, que como es gente suelta andan desenvueltamente por los cerros como quiera. El maestro de campo llegó a la retaguardia, y recogido, echados los indios por las quebradas, y muertos algunos con los arcabuces, volvió [a] alcanzar al gobernador, que estaba hecho alto, y por ser tarde alojó su campo cerca de allí. Otro día llegó al valle de Chiculingo y cortó las simenteras a los indios.

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