Алонсо де Гонгора Мармолехо. История Чили со времен открытия и до 1575 года. Alonso de Góngora Marmolejo. Historia de Chile desde su descubrimiento hasta el año 1575


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Los indios, con su capitán Millalelmo, teniendo nueva de su venida por los humos que los comarcanos hacían, lo esperó dos leguas de la Concepción a un paso de un río llamado Andalien, con una ciénaga que juntamente con el río los hacía muy fuertes, e no saliéndole bien la batalla que pensaban dar al capitán Zurita, su capitán, que aunque había otros lugares donde poder pelear con astucia de guerra, quisieron descuidallo esperándole más cerca de la Concepción; ansí llegó donde los indios estaban muy alegres, porque desde el alto del monte, habían visto los muchos caballos que traían cargados de fardos y petacas en que llevaban sus ropas. Millalelmo mandó que treinta indios se les mostrasen delante con sus lanzas y arcos y que arremetiendo los cristianos a ellos se retirasen a los árboles y matas de monte comarcano, a no más fin de deshacelles la orden que traían y embarazallos, y habló a sus indios diciéndoles peleasen valientemente, que los cristianos que allí venían era gente nueva en la guerra, y que demás de no tener plática de pelear, en la parte que estaban les tenían gran ventaja: que era imposible tan poca gente podelles resistir, que no les quitasen la ropa que llevaban por lo menos, y que si la quería defender entendía tenellos a todos en su poder como a gente vencida. Los que llevaban el avanguardia desque vieron los indios tocaron arma; Zurita mandó juntar el bagaje para pelear, y pasó adelante a reconoscer qué gente era. Como vió tan pocos indios mandó romper con ellos: los enemigos como tenían el emboscada cerca tuviéronles poco temor, antes se llegaron a pelear con ellos, acometiéndolos y retirándose. Millalelmo, como vido lo que deseaba, salió de la emboscada con tres mill indios dando terrible grita, que como era valle y estrecho atronaba la comarca, tocando grande número de cornetas y una trompeta que había ganado a cristianos. El capitán Zurita, recogida su gente, no desmayó, antes dejando diez soldados que mirasen por el bagaje, rompió con los demás peleando valientemente. Don Pedro de Godoy, natural de Sevilla, quiso mostrarse animando a los demás que hiciesen lo que él hacía; se arrojó entre los indios peleando, socorrióle otro soldado valiente hombre, llamado Rolón: a entrambos derribaron de los caballos y hicieron pedazos, porque estos indios de toda esta provincia en la guerra son cruelísimos; cortáronles las cabezas y puestas en unas lanzas largas fueron dando muestra de su victoria, y como eran muchos, con este principio cobraron tanto ánimo que luego mataron a otro soldado llamado Hinestrosa y a otro llamado Villero, y ansí con ánimo denodado rompieron. El capitán Zurita, que muy bien había peleado acaudillando su gente, hizo todo lo que en semejante caso se podía hacer: vueltas las espaldas le dejaron a Millalelmo y a su gente todo el bagaje que era de mucho precio que en socorro habían rescebido del capitán Gabriel Villagra en la ciudad de Valdivia. El capitán Zurita, viéndose desbaratado y perdido todos los caballos que llevaba de dobladura, por un camino que atravesaba de montes, fué a salir al paraje donde habían desbaratado al capitán Vaca, y no osando ir a la Concepción, se fué a Santiago con la gente que le quedó, pobres y perdidos. El gobernador se disculpaba después diciendo que el capitán Zurita tenía la culpa por no haber querido guardar la orden que le había dado mandándole que por aquel camino no entrase en la Concepción, sino por el camino de Itata, que era el mejor y más seguro.

Capítulo XLVI

De cómo se juntaron los indios de la comarca de Angol y vinieron sobre la ciudad por tres partes, y fueron desbaratados por el capitán Lorenzo Bernal

Después de desbaratado el capitán Zurita, los indios de la provincia, cantando victoria, despachan mensajeros a todos los comarcanos que animasen a los demás principales, para que tornando las armas todos juntos echasen a los cristianos de aquella ciudad, pues en los recuentros que habían tenido siempre habían salido con victoria, y que no dejasen pasar el tiempo conforme a su pretensión tan favorable, éstos, despertando a la voz, hicieron junta a su usanza, que es juntarse en un campo llano, y con gran cantidad de vino que hacen de maíz y de otras legumbres todos juntos beben, y después de haber bien bebido, un principal plático de semejantes oraciones se sube en un madero que para el efeto tienen hincado en medio de todos, y allí les habla poniéndoles por delante sus trabajos y libertad, y la orden que para ello dan los señores principales a quien todos tienen de obedecer: que se animen a tomar las armas, y echen de sí una carga de tanta pesadumbre como de ordinario reciben con los cristianos, gente que nunca descanse de hacelles mal, y acaben de una vez guerra tan pesada e importuna, pues era nescesario ya tener seguridad en sus casas, echállos de la provincia, porque quedándose en ella, en ninguna parte podrían estar; que de día y de noche, lloviendo, con grandes fríos, cuando más descuidados estuviesen los habían de hallar a sus puertas matando sus hijos y mujeres y destruyendo sus haciendas. Esta oración les hace el principal señor si es hombre elocuente, y si no toma la mano por él algún indio otro que los sepa persuadir más o menos conforme a lo que intentan hacer, y como el tiempo lo requiere. Resumidos los indios en que seguirán su voluntad, se apartan luego los señores principales, y sin dejar llegar ningún indio que no sea principal por la orden que tienen de guardar secreto, se reunen en lo que han de hacer; y ansí, después de haberse juntado y tratado como dije, se determinaron ir sobre la ciudad de Angol por tres partes. Llegándose a ella con buena orden de guerra, reparándose por ser tierra llana con fuertes que hacían para no rescebir daño alguno, y desde un fuerte resconocer en dónde harían otro primero que aquel desamparasen, y desta manera ir a ponerse sobre la ciudad todos juntos, y que estando cerca, a la hora que les paresciese, conforme a la plática que de las espías tendrían puestas para el efeto dentro en la ciudad, que les avisarían de todo lo que los cristianos hacían; con este acuerdo, asaltando la ciudad todos a un tiempo, la ganarían tomando la mano. Los principales de Mareguano, juntos cuatro mill indios, vinieron a un estero que estaba de la ciudad dos leguas; allí cortaron madera y se hicieron fuertes con una palizada. Puestos en defensa, enviaron mensajeros por toda la provincia les viniesen a ayudar los demás principales que estaban con ellos acordados.
En este tiempo los vecinos de Angol, como estaban sin capitán, los alcaldes ordinarios, no confiando en su plática de guerra, con todos los principales de la ciudad rogaron al capitán Lorenzo Bernal se encargase de todo, ansí de lo de guerra como de paz y república; el cual, a contemplación de sus amigos, que ansí mesmo se lo pidieron por merced, lo acetó. Fué rescebido en el cabildo, e luego mandó hacer reseña de toda la gente que en la ciudad había, y de las armas que tenían: halló ochenta hombres entre soldados y vecinos, de los cuales tomó cincuenta, y con ellos fué a reconoscer el fuerte que los indios tenían en el estero. Paresciéndole más fuerte de lo que se entendía, contra el parescer de algunos se volvió a la ciudad; los indios, como les vieron ir sin acometelles, tratan que de miedo lo hacía por no osar pelear más. El capitán Bernal, como astuto, entendió que los indios, soberbecidos de no acometelles ni pelear con ellos en el lugar que estaban, habían de salir a buscalle; y como él lo dijo en público, ansí fué, que otro día salieron del fuerte, y se fueron a poner legua y media de la ciudad, ribera de un río grande y de mucha defensa para ellos. El capitán Bernal con treinta hombres los volvió a reconoscer, dejando la ciudad reparada de fuerte y de guardia ordinaria; como vido el sitio que tenían, que era fuerte y muy a su ventaja, se volvió sin hacer más que reconoscer de la manera que estaban. Los indios soberbios, viendo que dos veces que con ellos se habían visto no había osado pelear, dieron aviso a los demás escuadrones que caminasen todo lo que pudiesen, que los cristianos estaban con tanto miedo que no osaban con ellos pelear, y que llegando sobre la ciudad los turbarían de manera que sin perder lanza sería todo suyo. Tan confiados estaban en la vitoria, que las mujeres que en la ciudad había las habían repartido entre los señores principales. Con esta arrogancia y soberbia salieron de allí, y se ponen camino de la ciudad en una loma junto a otro río, donde esperan respuesta de sus amigos.

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