Алонсо де Гонгора Мармолехо. История Чили со времен открытия и до 1575 года. Alonso de Góngora Marmolejo. Historia de Chile desde su descubrimiento hasta el año 1575


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En este tiempo y días, Martín de Peñalosa, soldado antiguo en Chile y hijodalgo, que había ayudado a ganar y descubrir todo el reino con Pedro de Valdivia, viéndose pobre y que no tenía posible para poder sustentarse conforme a su merescer y trabajos, trató de secreto con algunos amigos irse del reino a una noticia que tenía de tierra rica y próspera de oro y gente. Comunicado con Francisco de Talaverano, que era mucho su amigo, comenzaron hacer gente de callada, y para un día señalado que se juntasen entre Valdivia y Osorno, dos ciudades que están cerca una de otra. Para el efeto salió Martín de Peñalosa de la Ciudad Imperial, donde tenía su casa, con cuatro amigos que estaban en el número de ir con él; y como se tenía cuanta con su persona y sospecha en lo que andaba, la justicia de aquella ciudad, hallándolo menos, salió tras dél con doce hombres, aunque no lo pudo alcanzar, y dió aviso a las demás ciudades; Salió de Osorno el capitán Juan de Larreynaga, y de la Ciudad Rica Pedro de Aranda, de la ciudad de Valdivia Juan de Matienzo, en su busca todos juntos con gente armada; y no teniendo rastro ni plática dónde estaba, se volvieron a sus pueblos. Aunque ya había cuando salieron a buscarlo tres días que estaba en la parte donde se habían de juntar, esperando la gente quél había dicho acudirían allí, y acaesció que le faltaron todos, y no vino alguno; como de ordinario se ve en esta tierra de las Indias meter a hombres principales en pelazas y pasiones, y después que los vean metidos en ellas los dejan solos, siendo, a lo que después se supo, muchos. Viendo que no le acudía nadie y le habían dejado solo, dijo a los que con él estaban se fuese cada uno a donde quisiese, que él sabía lo habían de venir buscar; pues no tenían culpa no se quisiesen perder. Hiciéronlo ansí, que se quedó con tres amigos que en amistad tenía prendados; y otros cuatro que se le habían juntado, se fueron donde les paresció. El capitán Juan de Matienzo, natural de las montañas de Burgos, tenía a su cargo la ciudad de Valdivia por Francisco de Villagra; viendo que no parecía ni se tenía rastro alguno, pidió por merced a los demás capitanes que todos se volviesen a sus ciudades, que pues andaba Martín de Peñasola solo, bastaba un alguacil con cinco o seis hombres que lo buscasen, y que a él tocaba proveello, pues estaba en su jurisdición; y siendo buscado por esta orden, lo hallaron en casa de un indio, que se había apeado a comer y dar de comer a su caballo. De sobresalto, Hernando de Alvarado, Martín de Herrera Albornoz, con otros cuatro, lo prendieron allí, y a Francisco de Talaverano con él. Llevólos luego a la ciudad de Valdivia: la justicia los metió en un navío a entrambos, y les dio tormento; confesaron estaban conjurados mucha gente principal para irse del reino. Por su propia confisión, sin más información otra, les mandó cortar las cabezas y ponellas en la horca, diciendo eran amotinadores; la demás información envió a Francisco de Villagra, el cual, como hombre discreto, viendo que entrabanan ello algunos hombres de lustre, mandó no se tratase más, ni se entendiese en ello, por no darles ocasión alguna de envoltura. Desta manera se deshizo un nudo, que cierto si pasara adelante fuera muy dañoso para Chile.

Capítulo XLII

De la muerte de Francisco de Villagra y de la manera que murió

Gobernando el reino de Chile Francisco de Villagra con tantas mohindades, viéndose tan enfermo que no podía andar por los grandes dolores que tenía de ordinario en los pies, quiso ponerse en cura, porque le fatigaban mucho, contra el parecer de los amigos que tenía, a morir o vivir lo que Dios fuese servido hacer dél; encomendándose a un médico que tenía plática de dar unciones con azogue preparado con otras muchas cosas, se puso en sus manos. El médico, llamado bachiller Bazán, lo tomó a su cargo; aderezándole un aposento que estuviese abrigado por ser en mitad del invierno, lo comenzó a curar, estando siempre este médico con él. Como las unciones le provocasen sed, estando el médico un día ausente, pidió a un criado suyo le diese una redoma de agua; no se la queriendo dar, porque la orden que tenía era ansí, no dándosela su criado se la dió un pariente suyo, casado con una hermana de su mujer, llamado Mazo de Alderete, de la cual agua bebió todo lo que quiso. Acabado de beber se sintió mortal, y mandó llamar al médico que le curaba; luego que vino, tomándole el pulso le dijo ordenase su ánima, porque el agua que había bebido le quitaba la vida; hízolo ansí que se confesó y rescibió los sacramentos de la Iglesia. Apretándole la enfermedad, desde a poco hizo testamento, y nombró por gobernador hasta que el rey proveyese a Pedro de Villagra, su general, por virtud de una provisión que tenía del Audiencia de los Reyes, en que por ella le concedía pudiese nombrar persona que estuviese en el gobierno como él propio. Este testamento se metió en la caja del rey, y que allí se guardase, haciendo cargo a los oficiales hasta el fin de su vida. Muerto Villagra, abrieron la caja para ver a quién dejaba nombrado, que no lo había querido decir; hallaron que a Pedro de Villagra dejaba en su lugar. Luego lo recibieron en el cabildo, y dió orden cómo se enterrase en un monasterio de frailes de la Orden de Sant Francisco, en cuyo hábito murió, llevándole delante honradamente su estandarte y guión.
Era Francisco de Villagra cuando murió de edad de cincuenta y seis años, natural de Astorga, hijo de un comendador de la Orden de Sant Juan, llamado Sarria. Su padre no fué casado; su madre era una hijadalgo principal del apellido de Villagra. Gobernó en nombre del rey don Felipe dos años y medio con poca ventura, porque todo se le hacía mal; era de mediana estatura, el rostro redondo con mucha gravedad y autoridad; las barbas, entre rubias; el color del rostro, sanguino; amigo de andar bien vestido y de comer y beber; enemigo de pobres; fué bien quisto antes que fuese gobernador, y mal quisto después que lo fué. Quejábanse dél que hacía, más por sus enemigos a causa de atraellos a sí, que por sus amigos, por cuyo respeto decían era mejor para enemigo que para amigo. Fué vicioso de mujeres y mohino en las cosas de guerra mientras que vivió; sólo en la buena muerte que tuvo fué venturoso; era amigo de lo poco que tenía guardallo; más se holgaba de rescebir que de dar. Murió en la ciudad de la Concepción en quince días del mes de julio de mill y quinientos y sesenta y tres años.

Capítulo XLIII

De las cosas que hizo Pedro de Villagra después que fué rescebido al gobierno

Siendo Pedro de Villagra rescebido por gobernador, conforme al nombramiento que en él hizo Francisco de Villagra, por virtud de la provisión que del Audiencia de los Reyes tenía, envió a la ciudad de Santiago testimonio de su rescebimiento para que rescibiesen por su poder y en su nombre al licenciado Juan de Herrera, natural de Sevilla, que por Francisco de Villagra administraba justicia en aquella ciudad; y paresciéndole, como hombre que a su cargo tenía el gobierno, que estar tanta gente junta y tan buenos soldados en el fuerte de Arauco, sin hacer efeto alguno más de estarse allí metidos, no siendo parte para más de sólo guardar aquella fuerza, y que teniéndolos, consigo con los demás que tenía, hecho de todo un cuerpo, era gran fuerza y podía reparar con ellos la ciudad de Angol y Concepción, y con la demás gente que al verano juntaría podría campear buena traza y orden de guerra, si les saliera ansí. Con este proveimiento envió al capitán Hernán Pérez, hombre de buena reputación y crédito, en una fragata y dos barcos, para que sacase el artillería, municiones y cosas pesadas que por tierra no se pudiesen llevar, e indios que tenían de su servicio, mujeres y muchachos. Con esto proveyó de vino, aceite, conservas y otros regalos para enfermos y heridos. Después de haberlo tratado y comunicado con hombres antiguos que lo entendían, resumido en que era acertado ansí, escribió al capitán Lorenzo Bernal diciendo no le podía dar ningún socorro, y que dello le hacía cierto, para que después no se quejase ni dijese no haber sido advertido: que le parescía se debía de ir con toda la gente y caballos a la ciudad de Angol, y que los que no estuviesen para ir aquella jornada, los enviase por la mar.

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