Juan de Betánzos. SUMA Y NARRACION DE LOS INCAS.

Juan de Betánzos. SUMA Y NARRACION DE LOS INCAS.
Хуан де Бетансос. Повествование об Инках и их общем количестве.
Juan de Betanzos.

SUMA Y NARRACION

DE
LOS INCAS,

que los indios llamaron capaccuna,
que fueron señores de la ciudad del cuzco y de todo
lo á ella subjeto,

escrita por
JUAN DE BETÁNZOS.

publícala

MÁRCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA.

(imagen no disponible)

MADRID.
IMPRENTA DE MANUEL G. HERNANDEZ,
Libertad, 16 duplicado.
1880

[Nota del transcriptor: la ortografía del original no ha sido corregida ni modernizada.]

Desde que por los años de 1607 el erudito dominico fray Gregorio García dió noticia en el proemio y cap. VII del libro último de su Orígen de los indios de la historia hecha por Juan de Betánzos del principio, descendencia y sucesion de los Incas y de sus guerras y sucesos hasta la entrada de los españoles en el Perú, añadiendo que la tenia en su poder y le habia ayudado mucho para aquel su escrito, no creo que nadie se haya ocupado en ella ni dado cuenta de su paradero con posterioridad á la muerte de García, acaecida en su convento de Baeza. Salvo la ligera mencion que les merece á Leon Pinelo y Nicolás Antonio, y esa de referencia á lo que dijo el dominico, el libro de Betánzos no vuelve á sonar hasta nuestros dias, citado dos ó tres veces, y no con distincion, por Prescott en su Conquista del Perú, entre los materiales de que se sirvió para recomponer ó fantasear el pasado de aquella vastísima monarquía. Pero el título bajo el cual hace sus cortas citas, demuestra que el manuscrito que tuvo á la mano no es el de fray Gregorio, original ó copia, sino un traslado de la que existe en el mismo códice L j 5 de la biblioteca del Escorial que guarda anónima la Segunda parte de la crónica del Perú de Cieza de Leon, y que el célebre historiador norte-americano recibiria probablemente con otro traslado de esa segunda parte, endosada por quien lo sacó de los papeles del lord Kingsborough á Juan de Sarmiento, y remitido de Lóndres por Mr. Rich; y á la copia del libro de Betánzos existente en el Escorial, le falta mucho, por desgracia, para estar completa. Por lo ménos, tal como yo la hallé el verano de 1875 en un grueso volúmen encuadernado largos años atrás y con todos sus fólios—y presumo que de igual suerte la hallaria el que sacó la copia para Kingsborough—constaba solamente de los principios y de los diez y ocho primeros capítulos, el último incompleto.

Y no es eso lo peor, sino que, en mi entender, dicho fragmento, aunque considerable, es lo único que hoy se conoce de la Suma y narracion de los Incas. El silencio de los bibliófilos y de los cronistas dominicanos, por una parte, y por otra el ningun resultado de mis gestiones en busca del MS., que tuvo y aprovechó fray Gregorio, y que seguramente legaria al convento donde murió, son indicios de mal agüero.

Ahora, lo que conviene examinar, con vista de estas fatales presunciones, es si aquellos principios y capítulos valen la pena de ser publicados ántes y con tiempo, ó si será preferible esperar á que parezca lo restante, y, con todo junto, formarse cabal idea de la importancia de la obra y mérito del autor y decidir entónces si merecen el honor de la estampa.

No negaré que en estas cosas, como buen español, peco de impaciente; pero, ¿y si Betánzos tuviera que aguardarse por los siglos?, que bien pudiera suceder. Además, por lo que hace á los restos de su tratado, yo los creo de verdadera importancia y de no poca utilidad para el estudio de las antigüedades peruanas; y no tan sólo por las noticias únicas que en ellos se consignan, y por la inestimable circunstancia de haberse recogido y averiguado todos los datos que contienen desde los primeros años de la Conquista hasta el de 1551, sino muy especialmente por su estilo, que los hace sin par. Nadie como Betánzos, al referir las obras, hechos, acciones y pasiones de los indios peruanos, retrata con más verdad el carácter de esta gente, su flema, su calma, y los súbitos arranques de crueldad, alegría, tristeza ó miedo que con ella contrastan; las cosas, en su historia, suceden á lo indio, no como en Cieza y Garcilaso y otros las leemos, á la española, ó quizá á la romana y á la griega. Cuando habla un personaje habla y se produce como en su tierra, discurriendo prolijamente, remachando los conceptos, repitiendo, sin necesidad, unas mismas frases, escaseando los sinónimos. Bien se le puede creer á Betánzos lo que dice en la dedicatoria á don Antonio de Mendoza: que para hacer su historia verdadera tuvo que traducir como ello pasaba y guardar la manera y órden de hablar de los naturales.

Pues un trabajo de estas condiciones no debe continuar inédito.

En cuanto á lo que atañe á la personalidad de su autor, siquiera no fuese más que porque se sepa que compuso ántes que la Suma y narracion de los Incas una doctrina cristiana y dos vocabularios quíchuas, los primeros, quizás, que se han escrito, era buen pretexto la publicacion de aquélla, supliendo así las omisiones de Pinelo, Nicolás Antonio, del mismo fray Gregorio, que es lo más extraño, y del erudito bibliógrafo gallego don Manuel Murguía, el cual da como sentado que Betánzos es paisano suyo, fundándose, sin duda, en el apellido, que no siempre es fundamento bastante en ese género de deducciones. Lo cierto y averiguado acerca de la persona de este escritor oscurecido, es que pasó á la conquista del Perú con Francisco Pizarro, y que habiéndose consagrado, sin descuidar otros intereses, al estudio del idioma quíchua, fué nombrado lengua ó intérprete oficial del gobernador y despues de la Audiencia y de los vireyes sucesivos. Avecindóse en el Cuzco, aunque no de los primeros, y tenia sus casas al barrio de Carmenca, no lejos de las que fueron de Diego de Silva, hijo del famoso novelista Feliciano de Silva. Muerto el marqués don Francisco Pizarro, casó con una de sus mancebas, llamada Añas, segun creo, en su gentilidad, y al bautizarse doña Angelina, ñusta ó princesa real, hermana de Atahuallpa y madre de don Francisco Pizarro, tercero hijo del marqués y único que murió sin legitimar. Este casamiento y su reputacion de gran lenguaraz le valieron ser nombrado el año de 1558 por el marqués de Cañete, intérprete y negociador con fray Bautista García en la conversion y reduccion de Inca Xairi Tupac Yupanqui, retirado en los Andes, las cuales se llevaron á cabo felicísimamente. Tambien hubo de intervenir despues, en tiempo del gobernador Lope García de Castro, en las primeras negociaciones que se entablaron con el otro inca rebelde Titu Cusi Yupanqui. Ignoro cuando Betánzos falleció; sólo sé que su muerte, y ántes la del virey Mendoza, que le mandó escribir la Suma y narracion de los Incas, terminada en el año de 1551[1], impidieron que este libro se publicase.

Al hacerlo yo, sigo la misma norma que he adoptado en la edicion de la Segunda parte de la crónica de Cieza; esto es, limitarme á la restauracion del MS., que es de la misma letra y calidad que el otro, y excusar en lo posible observaciones críticas tocantes al fondo del tratado, así porque su extension las haria impropias de unas notas, como porque semejante trabajo tendria que ser, por fuerza, defectuoso, á causa de hallarse inéditos todavía ó muy mal traducidos, otros libros donde se historia largamente de los antiguos monarcas peruanos y las cosas de su monarquía.

M. Jiménez de la Espada.
ÍNDICE DE CAPÍTULOS.
Páginas.
Capítulo I.—Que trata del Con Tici Viracocha,
que ellos tienen que fué el Hacedor, é de
cómo hizo el cielo é tierra é las gentes indios
destas provincias del Perú. 1
Cap. II.—En que se trata cómo salieron las gentes
desta tierra por mandado de Viracocha é
asímesmo de aquellos sus viracochas que
para ello enviaba; y cómo el Con Tici Viracocha
ansímesmo se partió, é los dos que le
quedaron, á hacer la mesma obra, y cómo se
juntó, al fin de haber esto acabado, con los
suyos, y se metió por la mar, adonde nunca
más le vieron. 4
Cap. III.—En que trata del sitio y manera en que
tenia el lugar do ora dicen y llaman la gran
ciudad del Cuzco, y del producimiento de los
Orejones y segun que ellos tienen que producieron
y salieron de cierta cueva. 9
Cap. IV.—En que trata cómo Ayar Mango se
descendió de los altos de Guanacaure á vivir
á otra quebrada, donde, despues de cierto
tiempo, de allí se pasó á vivir á la ciudad del
Cuzco en compañía de Alcaviza, dejando
en el cerro Guanacaure á su compañero Ayar
Oche hecho ídolo, como por la historia más
largo lo contará. 13
Cap. V.—En que trata cómo murió Ayar Auca,
compañero de Mango Capac, y cómo hubo
un hijo Mango Capac, el cual se llamó Sinchi
Roca; é cómo murió Mango Capac, y cómo
murió despues desto Alcaviza despues; y de
los Señores que deste Sinchi Roca sucedieron
hasta Viracocha Inca, y de los casos y cosas
que acaecieron en los tiempos destos hasta
Viracocha Inca. 16
Cap. VI.—En que trata de cómo habia muchos
Señores en la redondez del Cuzco, que se intitulaban
reyes y Señores en las provincias
donde estaban; é de cómo se levantó de entre
estos un Señor Chanca que llamaron Uscovilca,
é cómo hizo guerra él y sus capitanes
á los demás Señores, é los sujetó, é cómo
vino sobre el Cuzco tiniendo noticia de Viracocha
Inca, é de cómo Viracocha Inca le invió
á dar obediencia, é despues se salió Viracocha
Inca á cierto peñol, llevando consigo
todos los de la ciudad. 19
Cap. VII—En que trata cómo despues de quedado
Inca Yupanqui en la ciudad, Uscovilca
invió sus mensajeros á Viracocha Inca como
supo que se habia retraido al peñol; y cómo
ansímismo, sabido que Inca Yupanqui se
quedaba en la ciudad y al fin que se quedaba,
y cómo le invió sus mensajeros ansímismo
al Inca Yupanqui; y cómo Inca Yupanqui
envió á pedir socorro á su padre y á las
demás provincias en torno de la ciudad, y lo
que entre ellos pasó. 26
Cap. VIII.—En que trata del ser y virtudes de
Inca Yupanqui, é de cómo, apartado que fué
de sus compañeros, se puso en oracion; é
cómo tuvo, segun dicen los autores, revelacion
del cielo; é cómo fué favorescido y dió
batalla á Uscovilca y le prendió y mató en
ella, y de otros casos y cosas que acaecieron. 33
Cap. IX.—En que trata cómo Inca Yupanqui,
despues de haber desbaratado y muerto á
Uscovilca, tomó sus vestidos y ensinias de
Señor que traia, é los demás capitanes prisioneros
que habia traido, y las llevó á su
padre Viracocha Inca, y las cosas que pasó
con su padre, é cómo ordenó el padre de lo
matar, y cómo se volvió Inca Yupanqui á la
ciudad del Cuzco; é cómo desde cierto tiempo
murió Viracocha Inca, y de las cosas que
entre ellos pasaron en este medio tiempo; é
de una costumbre que entre estos Señores tenian
en honrar los capitanes que de la guerra
venian victoriosos[2]. 39
Cap. X.—En que trata de cómo Inca Yupanqui
hizo juntar su gente y les repartió el despojo;
y lo que se hizo de la gente que el Viracocha
le diera por la oracion que á él hiciera; y
cómo tuvo nueva de la gente que hacian los
capitanes de Uscovilca, y de cómo fué sobre
ellos y los venció, y cómo, despues de esto,
tornó otra vez á partir el despojo que en esta
batalla hubieron; y de las cosas que en este
tiempo pasaron. 53
Cap. XI.—En que trata de cómo Inca Yupanqui
hizo la Casa del Sol, y el bulto del sol, y de
los grandes ayunos, idolatrías y ofrecimientos
que en ello hizo. 62
Cap. XII.—En que trata cómo Inca Yupanqui
hizo juntar los señores de toda la tierra que
hasta allí á él eran subjetos, y cómo fortaleció
é hizo repartir las tierras en torno de la
ciudad del Cuzco; y cómo hizo hacer los primeros
depósitos de comidas é otros proveimientos
que para el bien de la república en
el Cuzco eran necesarios. 72
Cap. XIII.—En que trata de cómo se juntaron,
despues de un año pasado, los señores caciques,
y cómo Inca Yupanqui hizo reparar
los dos arroyos que por la ciudad del Cuzco
pasan; y cómo casó los mancebos solteros
que habia, y cómo dió órden en el proveimiento
de comidas que en la ciudad del
Cuzco eran necesarias y república dél. 79
Cap. XIV.—En que trata cómo Inca Yupanqui
constituyó y ordenó la órden que se habia
de tener en el hacer de los orejones, y los
ayunos, cerimonias ó sacrificios que en el tal
ordenar se habian de hacer, constituyendo,
en este tiempo que esto se hiciese, una fiesta
al sol, la cual fiesta y ordenamiento de orejones
llamó y nombró Raymi. 89
Cap. XV.—En que trata de cómo Inca Yupanqui
señaló el año y los meses y los puso nombre,
y de las grandes idolatrías que constituyó
en las fiestas que ansí ordenó que se
hiciesen en los tales meses; é de cómo hizo
relojes de sol por los cuales viesen los de la
ciudad del Cuzco cuando era tiempo de sembrar
sus sementeras. 101
Cap. XVI.—En que trata cómo Inca Yupanqui
reedificó la ciudad del Cuzco, é cómo la repartió
entre los suyos. 106
Cap. XVII.—En que trata de cómo los señores
del Cuzco quisieron que Inca Yupanqui tomase
la borla del Estado, viendo su gran
saber é valerosidad, y él no la quiso rescebir,
porque su padre Viracocha Inca era vivo, é
sino fuese por su mano, que no la pensaba
rescebir; é cómo vino su padre Viracocha
Inca y se la dió; é de cierta afrenta que despues
desto hizo á su padre Viracocha Inca,
é de la fin é muerte de Viracocha Inca. 116
Cap. XVIII.—En el cual se contiene cómo Inca
Yupanqui Pachacuti juntó los suyos, en la
cual junta les mandó que todos se aderezasen
con sus armas para cierto dia, porque queria
ir á buscar tierras é gentes que ganar é conquistar
é sujetar al dominio é servidumbre
de la ciudad del Cuzco; é cómo salió con
toda su gente é amigos, é ganó é conquistó
muchos pueblos y provincias, é de lo que en
la tal jornada le acaeció á él y á sus capitanes. 130

SUMA Y NARRACION DE LOS INCAS
que los indios llamaron Capaccuna, que fueron
Señores en la ciudad del Cuzco, y de todo lo á
ella subjeto, que fueron mill leguas de tierra,
las cuales eran desde el rio de Maule, que es
delante de Chile, hasta de aquella parte de la
ciudad del Quito; todo cual poseyeron y señorearon
hasta que el marqués don Francisco Pizarro
lo ganó é conquistó é puso debajo del
yugo é dominio real de Su Magestad, en la cual
Suma se contiene la vida y hechos de los Incas
Capaccuna pasados. Agora nuevamente
traducido é recopilado de lengua india
de los naturales del Perú por Juan
de Betánzos, vecino de la gran
ciudad del Cuzco. La cual
Suma y historia va
dividida en dos
partes.
(imagen no disponible)

TABLA
de los Incas y Capaccuna, Señores que
fueron destas provincias del Perú.
1.º —Mango Capac [Manco Capac].
2.º —Chincheroca [Sinchi Roca], su hijo.
3.º —Lloque Yupanque [Lloque Yupanqui], su hijo.
4.º —Capac Yupanque [Capac Yupanqui], su hijo.
5.º —Mayta Capac, su hijo.
6.º —Yngaroca Inga [Inca Roca Inca], su hijo.
7.º —Yaguar Guacac Inga Yupanque [Yahuar
Huacac Inca Yupanqui], hijo mayor.
8.º —Viracocha Inga [Huiracocha Inca], su hijo.
9.º —Ynga Yupanque Pachacuti Ynca [Inca Yupanqui
Pachacutec Inca], hijo menor.
10.º —Yamque[3] Yupanque [Inca Yupanqui].
11.º —Topa Inga Yupanque [Tupac Inca Yupanqui].
12.º —Guayna Capac [Huaina Capac].
13.º —Atagualpa [Atahuallpa], ¿su hermano?

Los que despues de la muerte de Atagualpa nombró el marqués Yngas:
Topa Gualpa [Tupac Huallpa], Mango Ynga [Manco Inca].
El que nombraron los capitanes de Mango Inga:
Saire Topa [Xairi Tupac], que agora está en las montañas.

Al Illustre y Excelentissimo Señor Don Antonio de Mendoza, Vissorey y Capitan general por Su Magestad en estos reinos y provincias del Perú.

Ilustrísimo y Excelentísimo Señor: Acabado de traducir y recopilar un libro que Doctrina chripstiana se dice, en el cual se contiene la doctrina chripstiana y dos Vocabularios, uno de vocablos, y otro de noticias y oraciones enteras y coloquios y confisionario, quedó mi juicio tan fatigado y mi cuerpo tan cansado, en seis años de mi mocedad que en él gasté, que propuse, y habia determinado entre mí, de no componer ni traducir otro libro de semejante materia en lengua india, que tratase de los hechos y costumbres destos indios naturales del Perú, por el gran trabajo que dello ví que se me ofrecia y por la variedad que hallaba en el informarme destas cosas, y ver cuán diferentemente los conquistadores hablan dello, y muy lejos de lo que los indios usaron; y esto creo yo ser, porque entónces, no tanto se empleaban en sabello, cuanto en sujetar la tierra y adquirir; y tambien, porque, nuevos en el trato de los indios, no sabrian inquirillo y preguntallo, faltándoles la inteligencia de la lengua, y los indios, recelándose, no sabrian dar entera relacion. Fácil cosa podria parecer escribir semejantes libros, y muy difícil contentar al lector; porque los ojos, conténtanse con que sea bien legible la letra, mas, el delicado, y experimentado juicio de Vuestra Ilustrísima Señoría requeria estilo gracioso y elocuencia suave, lo cual ya, para presente y servicio que yo á Vuestra Excelencia hiciese, en mi falta, y la historia de semejante materia no da lugar, pues para ser verdadero y fiel traducidor, tengo de guardar la manera y órden del hablar de los naturales. Y viniendo al propósito, digo, que en esta presente escriptura algunos ratos empleará Vuestra Excelencia los ojos para leella, la cual, aunque no sea volúmen muy alto, ha sido muy trabajoso; lo uno, porque no le traduje y recopilé siendo informado de uno solo, sino de muchos, y de los más antiguos y de crédito que hallé entre estos naturales; y lo otro, pensando que habia de ser ofrecida á Vuestra Excelencia. Háme sido tambien muy penosa, por el poco tiempo que he tenido para ocuparme en ella, pues para el otro libro de la Doctrina era menester todo; y sobre todo, añadióse al trabajo haber de dar fin á este libro en breve, agora que Vuestra Excelencia me lo mandó. Los nombres de los Ingas que los indios llamaron Capaccuna, que á su entender quiere decir, que mayor no lo hay ni puede haber, é cuyos hechos y vidas aquí escribo, la tabla de los cuales se hallará en fin de este prólogo, si alguno me quisiere redargüir que en la materia deste libro hay algo supérfluo ó que dejé algo de decir por olvido, será sin motivo, dicho de indios comunes que hablan por antojo ó por sueños, que ansí lo suelen hacer, ó porque á los tales reprendedores les parecia, cuando se informaban, que los indios comunes querian decir lo que ellos agora afirman contando estas cosas, no lo entendiendo retamente. Ni áun las lenguas, en los tiempos pasados, no sabian inquirir y preguntar lo que ellos pretendian saber y ser informados. Bien veo ser niñerías y vanidades lo que estos indios usaban y yo escribo aquí; mas, relatarlas yo siendo mandado, tengo de traducir como ello pasaba; y por tanto este libro resciba favor de Vuestra Excelencia.

Excelentísimo Señor: La vida y estado de Vuestra Excelencia, Nuestro Señor prospere con mucha felicidad.

[página 1]

(imagen no disponible)

CAPÍTULO PRIMERO.—Que trata del Con Tici Viracocha[4], que ellos tienen que fué el Hacedor, é de cómo hizo el cielo é tierra é las gentes indios destas provincias del Perú.

En los tiempos antiguos, dicen ser la tierra é provincia del Perú escura, y que en ella no habia lumbre ni dia. Que habia en este tiempo cierta gente en ella, la cual gente tenia cierto Señor que la mandaba y á quien ella era subjeta. Del nombre desta gente y del Señor que la mandaba no se acuerdan. Y en estos tiempos que esta tierra era toda noche, dicen que salió de una laguna que es en esta tierra del Perú en la [pág. 2]provincia que dicen de Collasuyo, un Señor que llamaron Con Tici Viracocha, el cual dicen haber sacado consigo cierto número de gentes, del cual número no se acuerdan. Y como este hubiese salido desta laguna, fuése de allí á un sitio ques junto á esta laguna, questá donde hoy dia es un pueblo que llaman Tiaguanaco, en esta provincia ya dicha del Collao; y como allí fuese él y los suyos, luego allí en improviso dicen que hizo el sol y el dia, y que al sol mandó que anduviese por el curso que anda; y luego dicen que hizo las estrellas y la luna. El cual Con Tici Viracocha, dicen haber salido otra vez ántes de aquella, y que en esta vez primera que salió, hizo el cielo y la tierra, y que todo lo dejó escuro; y que entónces hizo aquella gente que habia en el tiempo de la escuridad ya dicha; y que esta gente le hizo cierto deservicio á este Viracocha, y como della estuviese enojado, tornó esta vez postrera y salió como ántes habia hecho, y á aquella gente primera y á su Señor, en castigo del enojo que le hicieron, hízolos que se tornasen piedra luego.

Así como salió y en aquella mesma hora, como ya hemos dicho, dicen que hizo el sol y dia, y luna y estrellas; y que esto hecho, que en aquel asiento de Tiaguanaco, hizo de piedra cierta gente y manera de dechado de la gente que despues habia de producir, haciéndolo en esta manera: Que hizo de piedra cierto número de gente y un principal que la gobernaba y señoreaba y muchas mujeres preñadas y otras paridas y que los niños tenian en cunas, segun su uso;[pág. 3] todo lo cual ansí hecho de piedra, que lo apartaba á cierta parte; y que él luego hizo otra provincia allí en Tiaguanaco, formándolos de piedras en la manera ya dicha, y como los hobiese acabado de hacer, mandó á toda su gente que se partiesen todos los que él allí consigo tenia, dejando solos dos en su compañía, á los cuales dijo que mirasen aquellos bultos y los nombres que les habia dado á cada género de aquellos, señalándoles y diciéndoles: "éstos se llamarán los tales y saldrán de tal fuente en tal provincia, y poblarán en ella, y allí serán aumentados; y éstos saldrán de tal cueva, y se nombrarán los fulanos, y poblarán en tal parte; y ansí como yo aquí los tengo pintados y hechos de piedras, ansí han de salir de las fuentes y rios, y cuevas y cerros, en las provincias que ansí os he dicho y nombrado; é ireis luego todos vosotros por esta parte (señalándoles hácia donde el sol sale), dividiéndoles á cada uno por sí y señalándoles el derecho que deba de llevar."[pág. 4]

CAP. II.—En que se trata cómo salieron las gentes desta tierra por mandado de Viracocha é asímesmo de aquellos sus viracochas que para ello enviaba; y como el Con Tici Viracocha ansimesmo se partió, é los dos que le quedaron, á hacer la mesma obra, y cómo se juntó, al fin de haber esto acabado, con los suyos, y se metió por la mar, adonde nunca más le vieron.

É ansí se partieron estos viracochas que habeis oido, los cuales iban por las provincias que les habia dicho Viracocha, llamando en cada provincia, ansí como llegaban, cada uno de ellos, por la parte que iban á la tal provincia, los que el Viracocha en Tiaguanaco les señaló de piedra que en la tal provincia habian de salir, puniéndose cada uno destos viracochas allí junto al sitio do les era dicho que la tal gente de allí habia de salir; y siendo ansí, allí este Viracocha decia en alta voz: "Fulano, salid é poblad esta tierra que está desierta, porque ansí lo mandó el Con Tici Viracocha, que hizo el mundo." Y como estos ansí los llamasen, luego salian las tales gentes de aquellas partes y lugares que ansí les era dicho por el Viracocha. Y ansí dicen que iban estos llamando y sacando[pág. 5] las gentes de las cuevas, rios y fuentes é altas sierras, como ya en el capítulo ántes déste habeis oido, y poblando la tierra hácia la parte do el sol sale.

É como el Con Tici Viracocha hobiese ya despachado esto, y ido en la manera ya dicha, dicen que los dos que allí quedaron con él en el pueblo de Tiaguanaco, que los envió asímismo á que llamasen y sacasen las gentes en la manera que ya habeis oido, devidiendo estos dos en esta manera: Que envió el uno por la parte y provincia de Condesuyo, que es, estando en este Tiaguanaco las espaldas do el sol sale, á la mano izquierda, para que ansímismo fuesen hacer lo que habian ido los primeros, y que ansímismo llamasen los indios y naturales de la provincia de Condesuyo; y que lo mismo envió el otro por la parte y provincia de Andesuyo, que es á la otra manderecha, puesto en la manera dicha, las espaldas hácia do el sol sale.

Y estos dos ansí despachados, dicen que él ansímismo se partió por el derecho hácia el Cuzco, que es por el medio destas dos provincias, viniendo por el camino real que va por la sierra hácia Caxamalca; por el cual camino iba él ansímismo llamando y sacando las gentes en la manera que ya habeis oido. Y como llegase á una provincia que dicen Cacha, que es de indios Canas, la cual está diez y ocho leguas de la ciudad del Cuzco, este Viracocha, como hobiese allí llamado estos indios Canas, que luego como salieron, que salieron armados, y como viesen al Viracocha, no lo conociendo, dicen que se venian á él con sus armas todos juntos á le matar, y que él, como los viese venir[pág. 6] ansí, entendiendo á lo que venian, luego improviso hizo que cayese fuego del cielo y que viniese quemando una cordillera de un cerro hácia do los indios estaban. Y como los indios viesen el fuego, que tuvieron temor de ser quemados y arrojaron las armas en tierra, y se fueron derechos al Viracocha, y como llegasen á él, se echaron por tierra todos; el cual, como ansí los viese, tomó una vara en las manos y fué do el fuego estaba, y dió en él dos ó tres varazos y luego fué muerto. Y todo esto hecho, dijo á los indios cómo él era su hacedor; y luego los indios Canas hicieron en el lugar do él se puso, para quel fuego cayese del cielo y de allí partió á matalles, una suntuosa guaca, que quiere decir guaca adoratorio ó ídolo, en la cual guaca ofrecieron mucha cantidad de oro y plata éstos y sus descendientes, en la cual guaca pusieron un bulto de piedra esculpido en una piedra grande de casi cinco varas en largo y de ancho una vara ó poco ménos, en memoria de este Viracocha y de aquello allí subcedido; lo cual dicen estar hecha esta guaca desde su antigüedad hasta hoy.—Y yo he visto el cerro quemado y las piedras dél, y la quemadura es de más de un cuarto de legua; y viendo esta admiracion, llamé en este pueblo de Chaca[5] los indios é principales más ancianos, é preguntéles qué hobiese sido aquello de aquel cerro quemado, y ellos me dijeron esto que habeis oido. Y la guaca de este Viracocha está en derecho desta [pág. 7]quemadura un tiro de piedra della, en un llano y de la otra parte de un arroyo que está entre esta quemadura y la guaca. Muchas personas han pasado este arroyo y han visto esta guaca, porque han oido lo ya dicho á los indios, y han visto esta piedra: que preguntando á los indios que qué figura tenia este Viracocha cuando ansí le vieron los antiguos, segun que dello ellos tenian noticia, y dijéronme que era un hombre alto de cuerpo y que tenia una vestidura blanca que le daba hasta los piés, y questa vestidura traia ceñida; é que traia el cabello corto y una corona hecha en la cabeza á manera de sacerdote; y que andaba destocado, y que traia en las manos cierta cosa que á ellos les parece el dia de hoy como estos breviarios que los sacerdotes traian en las manos. Y esta es la razon que yo desto tuve, segun que los indios me dijeron. Y preguntéles cómo se llamaba aquella persona en cuyo lugar aquella piedra era puesta, y dijéronme que se llama Con Tici Viracocha Pachayachachic, que quiere decir en su lengua, Dios hacedor del mundo.

Y volviendo á nuestra historia, dicen que despues de haber hecho en esta provincia de Cacha este milagro, que pasó adelante, siempre entendiendo en su obra, como ya habeis oido, y como llegase á un sitio que agora dicen el Tambo de Úrcos, que es seis leguas de la ciudad del Cuzco, subióse á un cerro alto y sentóse en lo más alto dél, de donde dicen que mandó que produciesen y saliesen de aquella altura los indios naturales que allí residen el dia de hoy. Y porque este Viracocha allí se hubiese sentado, le hicieron[pág. 8] en aquel lugar una muy rica y suntuosa guaca, en la cual guaca, porque se sentó en aquel lugar este Viracocha, pusieron los que la edificaron un escaño de oro fino, y el bulto que en el lugar deste Viracocha pusieron, le sentaron en este escaño; el cual bulto de oro fino, en la parte[6] del Cuzco que los chripstianos hicieron cuando le ganaron, [valió ó pesó] diez y seis ó diez y ocho mill pesos. Y de allí el Viracocha se partió y vino haciendo sus gentes, como ya habeis oido, hasta que llegó al Cuzco; donde llegado que fué, dicen que hizo un Señor, al cual puso por nombre Alcaviza, y puso nombre ansímesmo á este sitio, do este Señor hizo, Cuzco; y dejando órden como despues quél pasase produciese los orejones, se partió adelante haciendo su obra. Y como llegase á la provincia de Puerto Viejo, se juntó allí con los suyos que ante él inviaba en la manera ya dicha, donde como allí se juntasen, se metió por la mar juntamente con ellos, por do dicen que andaba él y los suyos por el agua ansí como si anduvieran por tierra. Otras muchas cosas hobiera aquí más escripto deste Viracocha, segund que estos indios me han informado dél, sino, por evitar proligidad y grandes idolatrías y bestialidad, no las puse; donde le dejaremos y hablaremos del producimiento de los orejones de la ciudad del Cuzco, que ansímesmo van [usan] y siguen la bestialidad é idolatría gentílica y bárbara que ya habeis oido[7].[pág. 9]

CAP. III.—En que trata del sitio y manera en (así) que tenia el lugar do ora dicen y llaman la gran ciudad del Cuzco, y del producimiento de los Orejones y segun que ellos tienen que producieron y salieron de cierta cueva.

En el lugar y sitio que hoy dicen y llaman la gran ciudad del Cuzco, en la provincia del Perú, en los tiempos antiguos, ántes que en él hobiese Señores Orejones, Incas, Capaccuna, que ellos dicen reyes, habia un pueblo pequeño de hasta treinta casas pequeñas pajizas y muy ruines, y en ellas habia treinta indios, y el Señor y cacique de este pueblo se decia Alcaviza; y lo demas dentorno deste pueblo pequeño, era una ciénega de junco, [y] yerba cortadera, la cual ciénega causaban los manantiales de agua que de la sierra y lugar do agora es la fortaleza salian; y esta ciénaga era y se hacia en el lugar do agora es la plaza y las casas del marqués don Francisco Pizarro, que despues esta ciudad ganó; y lo mismo era en el sitio de las casas del comendador Hernando Pizarro; y asimismo era[pág. 10] ciénaga el lugar y sitio do es en esta ciudad, de la parte del arroyo que por medio della pasa, el mercado ó tiánguez, plaza de contratacion de los mismos naturales indios. Al cual pueblo llamaban los moradores dél desde su antigüedad Cozco; y lo que quiere decir este nombre Cozco no lo saben declarar, mas de decir que ansí se nombraba antiguamente.

Y viviendo y residiendo en este pueblo Alcaviza, abrió la tierra una cueva siete leguas deste pueblo, do llaman hoy Pacaritambo, que dice Casa de producimiento; y esta cueva tenia la salida della cuanto un hombre podia caber saliendo ó entrando á gatas; de la cual cueva, luego que se abrió, salieron cuatro hombres con sus mujeres, saliendo en esta manera. Salió primero el que se llamó Ayar Cache y su mujer con él, que se llamó Mama Guaco; y tras éste salió otro que se llamó Ayar Oche, y tras él su mujer, que se llamó Cura; y tras éste salió otro que se llamó Ayar Auca, y su mujer, que se llamó Ragua Ocllo; y tras éstos salió otro que se llamó Ayar Mango, a quien despues llamaron Mango Capac, que quiere decir el rey Mango; y tras éste salió su mujer que llamaron Mama Ocllo; los cuales sacaron en sus manos, de dentro de la cueva, unas alabardas de oro, y ellos salieron vestidos de unas vestiduras de lana fina tejida con oro fino, y á los cuellos sacaron unas bolsas, ansí mismo de lana y oro, muy labradas, en las cuales bolsas sacaron unas hondas de niervos. Y las mujeres salieron asimismo vestidas muy ricamente, con unas mantas y fajas, que ellos llaman chumbis, muy labradas de oro, y con los prendederos[pág. 11] de oro muy fino, los cuales son unos alfileres largos de dos palmos que ellos llaman topos; y ansí mismo sacaron estas mujeres el servicio con que habian de servir y guisar de comer á sus maridos, como son ollas y cántaros pequeños, y platos y escudillas y vasos para beber, todo de oro fino. Los cuales, como fuesen de allí hasta un cerro questá legua y media del Cozco, Guanacaure, y descendieron de allí, á las espaldas deste cerro, á un valle pequeño que en él se hace, donde como fuesen allí, sembraron unas tierras de papas, comida destos indios, y subiendo un dia al cerro Guanacaure para de allí mirar y devisar donde fuese mejor asiento y sitio para poblar; y siendo ya encima del cerro, Ayar Cache, que fué el primero que salió de la cueva, sacó una honda y puso en ella una piedra y tiróla á un cerro alto, y del golpe que dió, derribó el cerro y hizo en él una quebrada; y ansímismo tiró otras tres piedras, y hizo de cada una una quebrada grande en los cerros altos; los cuales tiros eran y son, desde donde los tiró hasta donde el golpe hicieron, segun que ellos lo fantasean, espacio de legua y media y de una legua.

Y viendo estos tiros de honda los otros tres sus compañeros, paráronse á pensar en la fortaleza deste Ayar Cache, y apartáronse de allí un poco aparte, y ordenaron de dar manera como aquel Ayar Cache se echase de su compañía, porque les parescia que era hombre de grandes fuerzas y valerosidad, y que los mandaria y subjetaria andando el tiempo, y acordaron de tornar desde allí á las cuevas donde habian salido;[pág. 12] y porquellos al salir habian dejado muchas riquezas de oro y ropa y del más servicio dentro de la cueva, ordenaron, sobre cautela, que tenian necesidad deste servicio, que volviese á lo sacar Ayar Cache; el cual dijo que le placia, y siendo ya á la puerta de la cueva, Ayar Cache entró agatado, bien ansí como habia salido, que no podian entrar ménos; y como le viesen los demás dentro, tomaron una gran losa, y cerráronle la salida y puerta por do entró; y luego, con mucha piedra y mezcla, hicieron á ésta en toda [entrada?] una gruesa pared, de manera que cuando volviese á salir, no pudiese y se quedase allá. Y esto acabado, estuviéronse allí hasta que dende á cierto rato oyeron cómo daba golpes en la losa de dentro Ayar Cache, y viendo los compañeros que no podia salir, tornáronse al asiento de Guanacaure, donde estuvieron los tres juntos un año y las cuatro mujeres con ellos; y la mujer de Ayar Cache, que ya era quedado en la cueva, diéronla á Ayar Mango, para que le sirviese.[pág. 13]

CAP. IV.—En que trata cómo Ayar Mango se descendió de los altos de Guanacaure á vivir á otra quebrada, donde, despues de cierto tiempo, de allí se pasó á vivir á la ciudad del Cuzco, en compañía de Alcaviza, dejando en el cerro Guanacaure á su compañero Ayar Oche hecho ídolo, como por la historia más largo lo contará.

Y el año cumplido que allí estuvieron, paresciéndoles que aquel sitio no era cual les convenia, pasáronse de allí media legua más hácia el Cuzco, á otra quebrada, questuvieron otro año, y desde encima de los cerros desta quebrada, la cual se llama Matagua, miraban el valle del Cuzco y el pueblo que tenia poblado Alcaviza, y parescióles que era buen sitio aquel do estaba poblado aquel pueblo de Alcaviza; y descendidos que fueron al sitio y ranchería que tenian, entraron en su acuerdo, y parescióles quel uno dellos se quedase en el cerro de Guanacaure hecho ídolo, é que los que quedaban, fuesen á poblar con los que vivian en aquel pueblo y que adorasen á éste que ansí quedase hecho ídolo, y que hablase con el sol, su padre, que los guardase y aumentase y diese hijos, y los inviase buenos temporales. Y luego se levantó en[pág. 14] pié Ayar Oche y mostró unas alas grandes y dijo quél habia de ser el que quedase allí en el cerro de Guanacaure por ídolo, para hablar con el sol su padre. Y luego subieron el cerro arriba, y siendo ya en el sitio do habia de quedar hecho ídolo, dió un vuelo hácia el cielo el Ayar Oche, tan alto, que no lo devisaron; y tornóse allí, y díjole á Ayar Mango, que de allí se nombrase Mango Capac, porque él venia de donde el sol estaba, y que ansí lo mandaba el sol que se nombrase; y que se descendiese de allí y se fuese al pueblo que habian visto y que le seria fecha buena compañía por los moradores del pueblo; y que poblase allí; y que su mujer Cura, que se la daba para que le sirviese, y quél llevase consigo á su compañero Ayar Auca.

Y acabado de decir esto por el ídolo Ayar Oche, tornóse piedra ansí como estaba, con sus alas, y luego se descendió Mango Capac y Ayar Auca á su ranchería; y descendidos que fueron, vinieron donde el ídolo estaba muchos indios de un pueblo de allí cercano, y como vieron el ídolo hecho piedra, que le habian visto cuando el vuelo dió en lo alto, tiráronle una piedra y desta piedra le quebraron al ídolo una ala; de donde, como ya le hubiesen quebrado una ala, no pudo volar ya más; y como le viesen hecho piedra, no le hicieron más enojo.

Y volviéndose estos indios que esto hicieron ansí á su pueblo, Mango Capac y su compañero Ayar Auca salieron de sus rancherías, llevando consigo sus cuatro mujeres ya nombradas, y caminaron para el pueblo de el Cozco, donde estaba Alcaviza. Y ántes que llegasen[pág. 15] al pueblo, dos tiros de arcabuz, estaba poblado un pueblo pequeño, en el cual pueblo habia coca y ají; y la mujer de Ayar Oche, el que se perdió en la cueva, llamada Mama Guaco, dió á un indio de los deste pueblo de coca un golpe con unos ayllos y matóle y abrióle de pronto y sacóle los bofes y el corazon, y á vista de los demás del pueblo, hinchó los bofes soplándolos; y visto por los indios del pueblo aquel caso, tuvieron gran temor, é con el miedo que habian tomado, luego en aquella hora se fueron huyendo al valle que llaman el dia de hoy Gualla, de donde han procedido los indios que el dia de hoy benefician la coca de Gualla. Y esto hecho, pasaron adelante Mango Capac y su gente, y hablaron con Alcaviza, diciéndole que el sol los inviaba á que poblasen con él alli en aquel pueblo del Cozco; y el Alcaviza, como le viese tan bien aderezado á él y á su compañía, y las alabardas de oro que en las manos traian, y el demás servicio de oro, entendió que era ansí y que eran hijos del sol, y díjoles que poblasen donde mejor les paresciese. Y el Mango Capac agradescióselo, y paresciéndole bien el sitio y asiento do agora es en esta ciudad del Cuzco la casa y convento de Santo Domingo, que ántes solia ser la Casa del Sol, como adelante la historia lo dirá, hizo allí el Mango Capac y su compañero, y con el ayuda de las cuatro mujeres, una casa, sin consentir que gente Alcaviza les ayudase, aunque los querian ayudar; en la cual casa se metieron ellos dos y sus cuatro mujeres. Y esto hecho, dende á cierto tiempo el Mango Capac y su compañero con sus cuatro mujeres, sembraron unas tierras[pág. 16] de maiz, la cual semilla de maiz dicen haber sacado ellos de la cueva, á la cual cueva nombró este Señor Mango Capac, Pacarictambo, que dice, Casa de producimiento; porque, como ya habeis oido, dicen que salieron de aquella cueva. Su sementera hecha, holgábanse y regocijábanse Mango Capac y Alcaviza en buena amistad y en contentamiento.

CAP. V.—En que trata cómo murió Ayar Auca, compañero de Mango Capac, y cómo hubo un hijo Mango Capac, el cual se llamó Sinchi Roca[8]; é cómo murió Mango Capac, y cómo murió despues de esto Alcaviza despues; y de los Señores que deste Sinchi Roca sucedieron hasta Viracocha Inca, y de los casos y cosas que acaecieron en los tiempos destos hasta Viracocha Inca.

Dende á dos años que allí vino Mango Capac, murió su compañero Ayar Auca, y quedó la mujer en compañía de las demás de Mango Capac, sin que en ella hobiese habido hijo ninguno de Ayar Auca, y ansí, quedó solo Mango Capac con su mujer y las otras tres[pág. 17] de sus compañeros ya dichos, y sin que tuviese que ver con ninguna dellas para en cuanto á tenellas por mujeres propias, sino con la suya propia; en la cual, dende á poco tiempo hubo un hijo, al cual hizo llamar Sinchi Roca. Y siendo ya Sinchi Roca mancebo de hasta quince ó diez y seis años, murió su padre Mango Capac, sin dejar otro hijo sino fué este Sinchi Roca. É dende cinco años que murió Mango Capac, murió Alcaviza. Y como fuese ya de edad de veinte años este Sinchi Roca, hijo de Mango Capac, usó por mujer una señora llamada Mama Coca, hija de un cacique Señor de un pueblo questá una legua del Cuzco, que llaman Zañu, en la cual señora hubo Sinchi Roca un hijo llamado Lloque Yupanqui. Este Lloque Yupanqui nació con dientes, y luego que nació, anduvo, y nunca quiso mamar; y luego habló cosas de admiracion, que á mi parescer debió de ser otro Merlin, segun que las fábulas dicen. Y ansí como este nació, que tomó una piedra en las manos y tiróla á otro muchacho descendiente de Alcaviza, que al presente por allí pasaba, el cual iba por agua á una fuente con cierta vasija en las manos, de la cual pedrada Lloque Yupanqui, el recien nacido, quebró una pierna al muchacho de Alcaviza ya dicho, del cual caso los agoreros dijeron, que los que descendieren de este Lloque Yupanqui serian grandes Señores, y que señorearian aquel pueblo; y que los descendientes de los de Alcaviza serian echados de aquel pueblo por los descendientes de Lloque Yupanqui; lo cual así fué, como la historia lo dirá adelante, segun que lo dijeron los que dieron razon dello. Y porque este[pág. 18] Lloque Yupanqui no hizo cosas más notables questa ya dicha, en el tiempo que vivió, le dejaremos.

Y despues de los dias de éste sucedió en su lugar un hijo suyo, que se llamó Capac Yupanqui, del cual se dice no haber procurado[9] más ser que su padre Lloque Yupanqui le dejó. Y despues de los dias de éste, sucedió en su lugar un hijo suyo que se dijo Mayta Capac, el cual dicen no haber procurado más ser que sus pasados. Y despues de los dias de éste, sucedió en su lugar un hijo suyo que se dijo Inca Roca Inca, del cual dicen haber habido en seis mujeres que tuvo, treinta hijos y hijas. Y despues de los dias deste, sucedió en su lugar un hijo suyo y mayor de los otros, que se llamó Yaguar Guacac Inca Yupanqui. Déste dicen que nació llorando sangre, y por eso le llamaron Yaguar Guacac, que dicen, llorar sangre. Deste dicen que tuvo veinte mujeres, en las cuales hubo cincuenta hijos y hijas; del cual dicen no haber procurado más ser que le dejaron sus pasados.

Y despues de los dias deste, sucedió en su lugar un hijo suyo que llaman Viracocha Inca, porque era muy amigable á los suyos y afable y los gobernaba en mucha quietud, dándoles siempre dádivas y haciéndoles mercedes. Y como éste fuese ansí, amábanle los suyos con gran voluntad; y levantándose un dia por la mañana, salió alegre á los suyos, y preguntándole los suyos que de qué se regocijaba, dicen que les [pág. 19]respondió que el Viracocha Pachayachachic le habia hablado aquella noche, diciendo que Dios le habia hablado aquella noche (así); y luego se levantaron todos los suyos y le llamaron Viracocha Inca, que quiere decir, Rey y Dios; y desde allí se nombró este nombre.

CAP. VI.—En que trata de cómo habia muchos Señores en la redondez del Cuzco, que se intitulaban reyes y Señores en las provincias donde estaban; é de cómo se levantó de entre estos un Señor Chanca que llamaron Uscovilca, é cómo hizo guerra él y sus capitanes á los demás Señores, é los sujetó, é cómo vino sobre el Cuzco, tiniendo noticia de Viracocha Inca, é de cómo Viracocha Inca le invió á dar obediencia, é despues se salió Viracocha Inca á cierto peñol, llevando consigo todos los de la ciudad.

En el tiempo deste Viracocha Inca habia más de doscientos Señores caciques de pueblos y provincias, cincuenta y sesenta leguas en la redondez desta ciudad del Cuzco, los cuales se intitulaban y nombraban en sus tierras y pueblos Capac Inca, que quiere decir Señores é reyes; y lo mismo hacia este Viracocha Inca, é intitulábase, como arriba diximos, Dios; de donde vieron los demás Señores ya dichos, que se intitulaba de[pág. 20] más sér que ninguno dellos. Y como un Señor destos, de nacion Chanca, que se decia Uscovilca, el cual era señor de mucha suma de gente é tenia seys capitanes muy valerosos, sus sujetos, que se llamaron Malma[10], y otro Rapa, y otro Yanavilca[11], y otro Teclovilca, y otro Guamanguaraca, y otro Tomayguaraca; y este Uscovilca, como tuviese noticia que en el Cuzco residia Viracocha Inca y que se intitulase de mayor señor que él, siendo él más poderoso de gente é intitulándose él Señor de toda la tierra, pareciéndole bien ver qué poder era el de Viracocha Inca, y para ver esto, estando este Uscovilca en el pueblo de Paucaray[12], que es tres leguas de Párcos, entró en consulta con los suyos qué órden debiesen tener para este hecho; y viendo que su poder era grande, acordaron en su acuerdo que debian ir sus capitanes á descubrir por las partes de Condesuyo é provincias, é ansímismo por la parte de Andesuyo á lo mismo, y que él ansímismo, con dos capitanes de los suyos y con la gente que le quedase, fuese por medio destas dos provincias derechamente á la ciudad del Cuzco, y que desta manera seria Señor de toda la tierra, y que él de su mano sujetaria á Viracocha Inca. Y ansí, salió de su acuerdo; y desque hobo salido, mandó que para un dia señalado se juntase toda su gente en aquel lugar é llano de [pág. 21]Paucaray[13], donde él era natural; y ansí se juntaron todos los suyos el dia que les fué mandado. Y siendo ansí juntos, mandó á sus capitanes que hiciesen tres partes toda aquella gente; y siendo ya apartados y hechas las tres partes, mandólos proveer de armas á todos, que fueron lanzas, alabardas y hachas, y porras, y hondas y ayllos y rodelas; de las cuales, siendo ya proveidos deste menester, mandóles proveer de muchos mantenimientos para su camino, como es carne seca, y maíz, y pescado seco y de las demas comidas, haciéndoles la gracia y merced de todo el despojo que en la guerra hobiesen de ganado, ropa y oro y plata é mujeres y otras piezas é anaconas que ansí en la guerra hobiesen. Y dando una parte destas gentes á los capitanes de los suyos, que se llamaron Malma y Irapa[14], á los cuales mandó que luego se partiesen, y que fuesen conquistando por la provincia de Condesuyo hasta donde gente no hallasen que conquistar pudiesen. Y ansí se fueron estos dos capitanes ya dichos, llevando la gente ya dicha; y al tiempo que se despidieron del Señor, diéronle grandes gracias y loores, ansí los capitanes como la demás gente, por la merced que les fué hecha del despojo. Y ansí fueron conquistando estos dos capitanes Malma y Irapa por la provincia de Condesuyo, llevando gran poder de gente; y fué tanta la ventura destos dos capitanes, que ganaron é sujetaron yendo desdel[pág. 22] pueblo de Paucaray por la provincia de Condesuyo, hasta llegar á las dichas cincuenta leguas más allá de los Charcas.

Dejaremos estos capitanes y hablaremos de los otros dos que invió ansímismo Uscovilca por la parte de Andesuyo, los cuales se llamaron Yana Vilca y Toquello Vilca[15]; á los cuales como les diese su Señor Uscovilca la otra parte de gente, partieron de allí de Paucaray; á los cuales, al partir, les fue mandado por Uscovilca que no llegasen al Cuzco con diez leguas, sino que pasasen apartados dél, porquel Uscovilca queria esta empresa del Cuzco para sí. Y ansí, se apartaron estos dos capitanes, metiéndose por la provincia de Condesuyo, ganando y conquistando provincias hasta llegar á los Chiriguanes, donde los dejaremos y hablaremos de Uscovilca.

El cual, como hobiese despachado sus cuatro capitanes en la manera que ya habeis oido, y tuviese[16] gran voluntad de por su persona ir é sujetar al Cuzco y al Viracocha Inca, tomando la otra tercia parte de gente que le quedó, dejando su tierra y pueblo con el recaudo y guarda necesaria, para que si alguno sobre él se viniese le avisasen para volver en su guarda y reparo;—é ansí, ya hecho esto y proveido, se partió con su gente, y llevando consigo sus dos capitanes, en busca é demanda de Viracocha Inca. El cual estaba[pág. 23] muy quieto de aquella zozobra, porque él no hacia guerra á nadie ni procuraba tomar ni quitar á nadie lo suyo.

Y estando ansí quieto desta guerra que sobre él venia, llegaron á él dos mensajeros que le inviaba Uscovilca, por los cuales le inviaba á decir que la diese obediencia, como á Señor que era, donde nó, que se aparejase, quel le iba á hacer guerra, é que pensaba dalle batalla é sujetalle; que le hacia saber quél quedaba en Vilcacunga, que es siete leguas de la ciudad del Cuzco, y que seria bien breve con él. Y como Viracocha Inca viese la tal embajada que el Uscovilca le invió, y que traia gran poder, y que todo lo que atrás dejaba á él quedaba sujeto, invióle á decir que le placia de le dar obidiencia, y que queria comer y beber con él. Y salidos que fueron estos mensajeros de la ciudad del Cuzco con esta embajada de Viracocha Inca, hizo juntar sus principales y entraron en su acuerdo para ver lo que debian hacer, porque fueron tan breves los mensajeros de Uscovilca, que no le dieron lugar á que con los suyos tomase parecer en lo que debia responder; y ansí, respondió lo que habeis oido; y despues entró[17]; y estando en ella, consideraron que Uscovilca venia con gran poder de gente, y que venia soberbio y que, dándosele ansí tan fácilmente, que serian tenidos en poco, y acordaron, para con él mejor capitular las cosas que más les hacian á su [pág. 24]conservacion, y aunque quedasen subjetos, no quedarian tanto cuanto si fácilmente se diesen,—de se salir desta ciudad del Cuzco el Viracocha con toda la gente de la ciudad, y con los más de los comarcanos que seguirlos quisiesen, irse á un peñol questá siete leguas desta ciudad del Cuzco, por cima de un pueblo que se dice Calca, el cual peñol y fuerte se llama Caca Xaqui Xahuana[18].

Viracocha Inca en esta sazon tenia siete hijos; tenia uno de ellos menor de todos, el cual se llamaba Inca Yupanqui; y en aquel tiempo que Viracocha Inca se queria salir del Cuzco, este su hijo Inca Yupanqui, aunque era menor, era mancebo de gran presuncion y hombre que tenia en mucho su persona; y pareciéndole mal que su padre Viracocha Inca hacia de desmamparar su pueblo y quererse dar á subjetacion, así como ya se habia ofrecido, parecióle que era mal caso y gran infamia para las gentes que desto tuviesen noticia; y viendo questaba acordado por su padre y los demás señores del Cuzco de se salir, presupuso en sí de no salir él y juntar la gente que pudiese, y ya que Uscovilca[pág. 25] viniese, él no darle tal obidiencia, sino morir ántes que decir que vivia en subjecion; y que por ventura podria juntar tanta gente y su ventura ser tal que venciese al Uscovilca, y ansí se libertaria su pueblo.

Y presuponiendo lo que ansí habia pensado, fuése en busca de tres mancebos, hijos de señores y amigos suyos, y hijos de aquellos señores con quien su padre habia entrado en consulta para se salir y dar obediencia al Chanca,—los nombres de los cuales mancebos eran, el uno Vica Quirao[19], y el otro Apo Mayta, y el otro Quilescachi Urco Guaranga;—y juntándose Inca Yupanqui con estos tres mancebos señores, consultó con ellos lo que tenia pensado, y díjoles que ántes se debia presuponer y holgar de recebirse la muerte, que no vivir en tal subjecion é infamia, no habiendo sido nacidos subjetos. Y estando todos cuatro ansí juntos, los mancebos holgaron de que Inca Yupanqui les dijese aquello, é diéronle palabra de hacer lo que él hiciese; y siendo todos cuatro de una opinion y parescer, Viracocha Inca salia ya de la ciudad para su peñol llevando consigo la gente del Cuzco, y la más de los comarcanos que pudo llevar consigo. Inca Yupanqui y los tres señores mancebos ya dichos, quedáronse en la ciudad con cada sendos criados que quedarse quisieron con ellos, los cuales criados se llamaban Pata Yupanqui, y Muru Uanca[20], y Apo Yupanqui, Uxuta Urco[pág. 26] Guaranga; los cuales quedaron solos, que no quedó con ellos otra persona más destos criados suyos. Y visto por Viracocha Inca que su hijo Inca Yupanqui se quedaba con aquel propósito, rióse mucho y no hizo caso dél, porque llevó consigo sus seis hijos, y con ellos el mayor y más querido suyo, que se llamaba Inca Urco, en quien pensaba dejar el lugar y nombre de su persona.

CAP. VII.—En que trata cómo despues de quedado Inca Yupanqui en la ciudad, Uscovilca invió sus mensajeros á Viracocha Inca como supo que se habia retraido al peñol; y cómo ansimismo, sabido que Inca Yupanqui se quedaba en la ciudad y al fin que se quedaba, y cómo le invió sus mensajeros ansímismo al Inca Yupanqui; y cómo Inca Yupanqui envió á pedir socorro á su padre y á las demás provincias en torno de la ciudad, y lo que entre ellos pasó.

Sabido que fué por el chanca Uscovilca lo que habia hecho Viracocha Inca, acordó de le enviar un capitan suyo que se decia Guaman Guaraca, para que con el Viracocha Inca concertase lo que le paresciese y bien le tuviese; el cual capitan llegó, y el Viracocha[pág. 27] Inca le recibió muy bien en el peñol dó estaba. Y despachado este capitan por Uscovilca á Viracocha Inca, supo cómo se habia quedado en el Cuzco Inca Yupanqui con los tres señores ya dichos, y con cada un criado que le sirviese, y con el propósito de morir é no ser subjetos; y sabida esta nueva por Uscovilca, holgóse mucho, porque le paresció, que venciendo á este Inca Yupanqui, hijo de Viracocha Inca y á los tres señores que con él eran, que podria triunfar, y más tomándolos dentro en el Cuzco, á dondél venia encaminado. Y un capitan deste Uscovilca, llamado Tomay Guaraca, sabida la nueva deste propósito de Inca Yupanqui, pidió á Uscovilca, su Señor, que le hiciese merced desta empresa; quél queria ir al Cuzco y prender y matar á Inca Yupanqui y á los que con él eran. Y Uscovilca le respondió, que semejante empresa que aquella, que para sí la queria, y que por su mano la queria él acabar; y luego invió un mensajero suyo á Inca Yupanqui, por el cual le invió á decir que se holgaba mucho de saber que con él quisiese probar sus fuerzas y ánimo de mancebo, que se aderezase él y los suyos que con él estaban, que de allí á tres meses se queria ir á ver con él; que porque dél no se quejase, le queria dar espacio de tres meses para que con él mejor se pudiese ver, y ansí mismo aderezarse de las armas y gente que le paresciese. Porque, como el Uscovilca hobiese sabido que Viracocha Inca se habia salido huyendo de la ciudad del Cuzco, y llevado consigo toda su gente, y la más que pudo llevar de los demás pueblos comarcanos á la ciudad del Cuzco, tuvo este Uscovilca que no le acudiria[pág. 28] nadie al Inca Yupanqui que parte fuese á resistir el poder que el traia. Y visto por Inca Yupanqui lo que le inviaba á decir Uscovilca, respondióle quél era presto de morir peleando ántes de ser subjeto, por quél libre habia nascido y señor, y si su padre daba obidiencia, que la podia dar por sí y por los que con él tenia allá en el peñol do estaba, y que él no estaba en aquello, sino que si él habia de ser Señor del Cuzco é intitularse de tal, que peleando con él y venciéndole, ternia la tal nombradía; y que se holgaba que su padre hobiese desmamparado la ciudad del Cuzco y salídose de ella, siendo de opinion de se rendir, lo cual el Cuzco nunca tal habia hecho ni sido vencido por nadie, desde que Mango Capac lo habia fundado. Y oida su embajada y respuesta, se salió del Cuzco, y fué á su Señor Uscovilca, que estaba en aquella sazon holgándose con los señores que traia consigo, allí en el asiento de Vilcacunga; y oido por Uscovilca la respuesta que Inca Yupanqui le inviaba con su mensajero, holgóse della, porque pensaba triunfar del Cuzco, como ya habeis oido.

El changa[21] entró en su acuerdo con los tres señores que consigo tenia, y acordaron de inviar cierto mensajero á Viracocha Inca su padre, por el cual le inviase á decir, que mirase la deshonra que le venia y que el Cuzco nunca habia sido subjeto desde que[pág. 29] Mango Capac lo habia poblado; que le parescia, si á él le paresciese, que debian de defender su ciudad, y que no permitiese que dél se dijese semejante cosa que hobiese desmanparado su pueblo, y despues se diese y rindiese á sus enemigos; que se viniese á su ciudad, que él le prometia, como su hijo que era, de morir delante de su persona, si él ansí volviese, y defendella, por quél tenia presupuesto de morir ántes que dél se dijese que se habia dejado subjetar siendo señor y habiendo nacido libertado.

Y luego fué uno de los cuatro mozos que allí tenian, al cual se le dijo que llevase la embajada que ya habeis oido; el cual mensajero se partió y llegó donde estaba Viracocha Inca, y díjole su embajada de parte de Inca Yupanqui. Y oido por Viracocha Inca lo que su hijo le inviaba á decir, rióse mucho de la tal embajada y dijo: "Siendo yo hombre que comunico y hablo con Dios, y sabido por él he sido avisado que no soy parte para resistir á Uscovilca, y siendo ansí avisado me salí del Cuzco para mejor poder dar órden ¿cómo Uscovilca no me haga deshonra y á los mios maltratamiento, y ese muchacho Inca Yupanqui quiere morir y presumir que yo he sido mal acordado? Volved y decilde que me rio de su mocedad, y que se venga él y los suyos que consigo tiene, y si no lo quiere hacer, que me pesa, porques mi hijo y quiera morir desa manera." El mensajero le respondió á estas palabras que le decia Viracocha Inca, que su señor tenia presupuesto aquello, y que en ninguna manera dejaba de morir ó vencer él y los que[pág. 30] con él estaban ántes que venir en subjecion. Y á esto le respondió Viracocha Inca, que se volviese, y pues era aquella la opinión de su señor y voluntad suya, que pelease é hiciese todo su poder, que lo quentendia que habia de ser al fin de su batalla, que seria ser preso é muerto mozo y sin entendimiento; é que les dijese á sus señores, quél no pensaba ir allí y que en ninguna manera le tornase á inviar con embajada semejante. Y esto oido por el mensajero, se partió con su respuesta á donde su señor estaba, y llegado que fué, díjole lo que su padre Viracocha Inca le inviaba á decir en respuesta de su mensaje. Todo lo cual oido por Inca Yupanqui, rescibió pesar de la tal respuesta, porque pensó que su padre le inviara algun socorro, y que como viesen los comarcanos de los pueblos questán en torno de la ciudad del Cuzco que su padre Viracocha Inca le socorria con algun favor y ayuda, que ansí mismo le acudirian y darian favor los tales comarcanos.

Y estando así triste él y los suyos por lo que ya habeis oido, parescióle que era bien inviar sus mensajeros á los caciques de los pueblos comarcanos, haciéndoles saber en la necesidad en questaba y cómo habia inviado sus mensajeros á su padre, el cual no le habia querido inviar ningun socorro; que les rogaba que le favoresciesen con sus poderes y gente. Y esto ansí pensado por Inca Yupanqui, llamó á aquellos cuatro mozos que allí tenia, á los que les mandó, y á cada uno por sí, que fuesen con la embajada que habeis oido á los caciques y Señores que ansí eran en torno de la ciudad[pág. 31] en espacio de tres leguas; y siendo divididos (así) por Inca Yupanqui estos mensajeros, se partieron cada uno por sí á los pueblos y caciques con la embajada que ya habeis oido; donde, como hobiesen llegado á los caciques y Señores, do su señor los inviaba, y oido por los tales caciques la embajada y ruego que les inviaba Inca Yupanqui, respondiéronles á estos mensajeros en esta manera: "Volved, hermanos, y decid á vuestro señor Inca Yupanqui, que nos llamamos[22] de corazon y voluntad, é que holgaremos de le hacer esa ayuda que nos pide y socorrerle con nuestras gentes y poder; mas, que nos paresce que el poder de Uscovilca Chanca, que sobre él y sobre nos viene, que es mucho y muy grande, y que como él [no] tenga más gente de á su persona y á sus compañeros, y que el poder que ellos le podian dar y ayudar era ansímismo poco, y que no le podian socorrer, y que si acaso fuese aquellos le socorriesen, no tiniendo él más poder del que hasta allí tenia, seria echarse á perder él y ellos,—porque ansímismo ellos estaban en dar obidiencia al Chanca, como su padre pensaba hacer, cada y cuando que por el Chanca se les fuese pedida, lo cual hasta allí no les habia sido por el Chanca inviado á pedir cosa; mas que lo [que] ellos harian con él era, que como él buscase de alguna parte ó por alguna via tuviese algun tanto de poder de gente, que ellos ansímismo estaban prestos de le ayudar en semejante necesidad é [pág. 32]resistencia que queria hacer, cosa que no solamente á él solo tocaba, sino á ellos ansimismo, y á cada uno por sí; y que ansímismo inviarian á las demás provincias y pueblos que con cada uno confinaba[23], á pedir sus socorros y favor, y que con sus gentes y con las tales ayudas, aquellos le prometian de le ayudar y socorrer, cada y cuando aquellos viesen que él tenia alguna parte de gente para ponerse en la tal resistencia; la cual le agradecian y rogaban que ansí lo hiciese, que ellos ansimismo lo harian lo que dicho tenian." Todo lo cual oido por los mensajeros, se volvieron donde su señor estaba, al cual dijeron la respuesta que ya habeis oido. Y oido por Inca Yupanqui, rescibió muy grande pena por verse solo, viendo la voluntad y ofrecimientos que los caciques le hacian, considerando en sí que tenian junto[24] y pedian lo que era razon, quel tuviese alguna gente, con la cual la de los tales caciques y ayuda que le fuese hecha [se juntase]. Y estando en esta pena, dicen que seria ya hora del sol puesto y que ya oscurecia la noche, y como fuese anochecido, que dijo á sus compañeros y á los demás sus criados, que se quedasen todos allí juntos como estaban, é que ninguno saliese con él; y ansí se salió del aposento solo sin llevar otro ninguno consigo.[pág. 33]

CAP. VIII.—En que trata del ser y virtudes de Inca Yupanqui, é de cómo, apartado que fué de sus compañeros, se puso en oracion; é cómo tuvo, segun dicen los autores, revelacion del cielo; é cómo fué favorescido y dió batalla á Uscovilca y le prendió y mató en ella, y de otros casos y cosas que acaecieron.

Inca Yupanqui era mancebo muy virtuoso y afable en su conversacion; era hombre que hablaba poco para ser tan mancebo, é no se reia en demasía de manera, sino con mucho tiento; y muy amigo de hacer bien á los pobres; y que era mancebo casto, que nunca le oyeron que hobiese conocido mujer; y que nunca le conocieron los de su tiempo decir mentira é que pusiese cosa que dejase de cumplir. É como él tuviese estas partes de virtud y valeroso señor, aunque mancebo, y fuese de grande ánimo, considerando su padre á este ser de Inca Yupanqui su hijo, reinó envidia en él y aborresciale, porque quisiera que un hijo mayor suyo, que se decia Inca Urco, tuviese este ser de Inca Yupanqui; y como él viese que esta virtud reinase en Inca Yupanqui, no consentia que se pusiese delante dél, ni daba ocasion para que nadie conosciese dél que le [pág. 34]amaba; porque, como viese que tenia tan grandes partes, temia que despues de sus dias los señores del Cuzco é la demás comunidad le alzasen á este por tal Señor, é que aunquél dejase á Inca Urco por tal Señor, los tales señores le privarian deste estado, por ver en él que era algo simple é que no reinaba en él aquella capacidad é ser que en Inca Yupanqui; al cual amaban todos de gran voluntad, como ya habeis oido.

É como el Viracocha quisiese á Inca Urco dejarle en su lugar despues de sus dias, hacia que le hiciesen los señores de la ciudad del Cuzco y la demás gente aquel acatamiento y respeto que hacian á su persona; y ansí, le hacia servir é que le sirviesen los señores del Cuzco con las insinias reales que á su persona hacian; que eran, que delante dél no parescia ninguno, por señor que fuese, ni ninguno de sus hermanos, con zapatos en los piés, sino descalzos y las cabezas bajas todo el tiempo que delante dél estuviesen hablando ó que le trujesen algun mensaje; comia solo, sin que nadie osase meter mano en el plato quél comia; traíase en andas y hombros de señores; si salia á la plaza, sentábase en asiento de oro; tenia tirasol hecho de pluma de avestruces teñidas de colorado; bebia en vasos de oro, y ansímismo eran las demás vasijas del servicio de su casa, de oro; tenia muchas mujeres; de todo lo cual era muy ageno Inca Yupanqui, por ser, como ya habeis oido, aborrecido de su padre, y tener amor á Inca Urco. Y ansí, cuando vido Viracocha Inca que se habia quedado Inca Yupanqui en la ciudad del Cuzco, holgóse dello, pensando que allí acabaria sus dias, y cuando[pág. 35] le invió á pedir el socorro que ya habeis oido, no lo quiso socorrer.

É apartándose Inca Yupanqui de sus compañeros la noche que ya la historia os ha contado, dicen que se fué á cierta parte do ninguno de los suyos le viesen, espacio de dos tiros de honda de la ciudad, é que allí se puso en oracion al Hacedor de todas las cosas, que ellos llaman Viracocha Pachayachachic, y questando en su oracion, que decia en esta manera: "Señor Dios que me hiciste é diste ser de hombre, socórreme en esta necesidad en que estoy; puesto eres mi Padre, y tú me formaste y diste ser y forma de hombre, no permitas que yo sea muerto por mis enemigos; dáme favor contra ellos; no permitas que yo sea subjeto dellos; y pues tú me hiciste libre y sólo á tí subjeto, no permitas que yo sea subjeto destas gentes que ansí me quieren subjetar y meter en servidumbre; dáme, Señor, poder para podellos resistir, y haz de mí á tu voluntad, pues soy tuyo." É cuando[25] estas razones decia, las decia llorando de todo corazon. É que estando en su oracion, se cayó dormido, siendo vencido del sueño; y questando en su sueño, vino á él el Viracocha en figura de hombre, y que le dijo: "Hijo, no tengas pena, que yo te enviaré, el dia que á batalla estuvieres con tus enemigos, gentes con que los desbaratar y quedes victorioso."[pág. 36]

É que Inca Yupanqui, entónces, recordó deste sueño que seria ya hora que queria amanescer, y como estuviese deste sueño alegre, tomó ánimo, y que se fué á los suyos, y que les dijo que estuviesen alegres, porque él lo estaba, é que no tuviesen temor que no serian vencidos de sus enemigos, que él ternia gente cuando menester la hobiese; y no les quiso decir más, ni otras cosas de qué, ni de cómo, ni de dónde, aunque ellos se lo interrogaron. Y que de allí adelante, cada noche se apartaba de sus compañeros é se iba al sitio do su oracion habia hecho, á do siempre la continuó hacer ni más ni ménos que la primera vez lo hizo, y no para que le viniese cada noche el sueño que la primera.

Mas de que, la postrer noche, questando él en su oracion, que tornó á él el Viracocha en figura de hombre, y estando despierto, y que le dijo: "Hijo, mañana te vernán los enemigos á dar batalla, y yo te socorreré con gente, para que los desbarates y quedes victorioso." Y otro dia de mañana, dicen que descendiendo Uscovilca con su gente por Carminga [Carmenca] abajo, que es un cerro que estaba á la descendida á la ciudad del Cuzco, yendo de la ciudad de Los Reyes, y como descendiese este Uscovilca con todo su poder y gente, que asomaron veinte escuadrones de gente no vista ni conoscida por Inca Yupanqui ni los suyos, la cual gente asomó por la parte de Collasuyo, y por el camino de Acha, y por el camino de Condesuyo; y como llegase esta gente á do Inca Yupanqui estaba, el cual estaba mirando con sus compañeros cómo descendian[pág. 37] á él sus enemigos, y que como á él llegasen los que en su favor venian, que le tomaron en medio diciéndole: Apu Capac Inca aucaccata atipullac chaymiccanqui hina (?) punchaupi[26]; que dice: "Vamos, solo rey, y venceremos á tus enemigos, que hoy en este dia ternás contigo prisioneros," Y que ansí se fueron á la gente de Uscovilca que venia con todo hervor los cerros abajo, y encontrándose, trabaron su batalla y pelearon desde la mañana, que fué la hora que se juntaron, hasta medio dia; y fué de tal suerte la batalla, que de la gente de Uscovilca murió muy mucha cantidad de gente, é ninguno fué tomado á mano que no muriese. En la cual batalla el Uscovilca fué preso y muerto; y como los suyos le viesen muerto y viesen la gran matanza que en ellos se hacia, no acordaron de aguardar más, y dando la vuelta por el camino por do habian venido, huyeron[27] hasta llegar al pueblo de Xaquixaguana, donde se tornaron á recoger y rehacer.

Y escapando deste desbarate algunos capitanes de Uscovilca, enviaron á hacer saber esta nueva luego á su tierra, y que les inviasen socorro; y ansimismo inviaron á hacer saber esta nueva á los capitanes Malma y Rapa, capitanes que habian ido conquistando por las provincias de Condesuyo hasta la de los Chichas, como ya la historia lo ha contado; los cuales volvian ya [pág. 38]victoriosos y triunfando de las provincias que en esta jornada habian sujetado y conquistado, y venian muy prósperos, y traian grandes despojos. Y ansimismo inviaron sus mensajeros los capitanes desbaratados que en Xaquixaguana hacian junta, á los otros dos capitanes que ansímismo habia inviado Uscovilca desde su pueblo de Paucaray á descubrir y conquistar las provincias y pueblos que hallasen; los cuales habian entrado por la provincia de los Andes y habian ido conquistando hasta aquella parte de los Chiriguanaes, que es doscientas leguas y más, á donde llegaron desde este Paucaray; los cuales capitanes se llamaban Yana Vilca y Teclo Vilca, á los cuales toparon los mensajeros, que venian ya de vuelta victoriosos y con grandes [despojos?]. Y como los unos y los otros supiesen la muerte de su señor Uscovilca, y cómo le hobiesen desbaratado y de la manera, diéronse toda la más brevedad que pudieron, ansí los unos como los otros, con los capitanes que del desbarate de Uscovilca habian escapado, que hacian juntas en Xaquixaguana, como ya habeis oido; donde siendo ya todos juntos, los dejaremos y volveremos á hablar de Inca Yupanqui, que estaba victorioso.[pág. 39]

CAP. IX.—En que trata cómo Inca Yupanqui, despues de haber desbaratado y muerto á Uscovilca, tomó sus vestidos y ensinias de Señor que traia, é los demás capitanes prisioneros que habia traido, y las llevó á su padre Viracocha Inca, y las cosas que pasó con su padre, é cómo ordenó el padre de lo matar, y cómo se volvió Inca Yupanqui á la ciudad del Cuzco; é cómo desde cierto tiempo murió Viracocha Inca, y de las cosas que entre ellos pasaron en este medio tiempo; é de una costumbre que estos Señores tenian en honrar los capitanes que de la guerra venian victoriosos.

El cual, despues de haber muerto á Uscovilca, mandó tomar sus vestiduras é insignias que en la guerra traia, ansí de oro y plata, [y] joyas que sobre él traia, como de ropa de plumas, plumajes y armas y arreos de su persona; y metiéndose en unas andas, se partió para do su padre Viracocha Inca estaba, llevando consigo á sus amigos, los tres que con él habian quedado, como ya la historia os lo ha contado, Vicaquirao, Apu Mayta y Quiliscachi Urcoguaranga, y dos mill hombres de guerra que guardaban su persona.[pág. 40] Donde, llegado que fué á donde su padre estaba, le hizo el acatamiento que á su Señor y padre debia, y ansimismo le puso delante las insignias, armas y vestidos del chanca Uscovilca, que él habia ya vencido y muerto; y rogóle que se las pisase aquellas insignias del enemigo que habia vencido, y ansimismo le rogó que le pisase ciertos capitanes de Uscovilca que presos él allí llevaba, haciéndoselos echar por tierra. Porque, habrán de saber, que tenian una usanza estos Señores, que cuando algun capitan y capitanes venian victoriosos de la guerra, traian las insignias y adornamentos de los tales señores que en la guerra mataban y prendian; y como entrasen los tales capitanes por la ciudad del Cuzco victoriosos, é traian delante de sí las insinias y prisioneros, é poniénlas delante de sus Señores, y los Señores, viendo el tal despojo é insinias y prisioneros delante de sí, levantábase el tal Señor, é pisábalo é daba un paso por encima de los tales prisioneros. Y esto hacian los tales Señores, en señal de que rescibian los tales que lo traian triunfo y favor del Señor, y era acetado en servicio el trabajo que ansí habian pasado en sujetar y vencer los tales enemigos. Y ansimismo, el Señor á quien era pedido que pisase las tales cosas y prisioneros, recibia y habia, haciendo aquello, posesion y señorío de las tales tierras que ansí eran ganadas y vasallos que en ellas vivian.

Y al fin de aquesto, queriendo tener Inca Yupanqui todo respeto á su padre, aunque no le habia querido dar favor, le trujo delante dél todas las cosas que habeis oido, para que su padre dél rescibiese aquel [pág. 41]servicio y aprendiese la posesion de los tales enemigos por sus vasallos, sujetados por capitan suyo. El cual, como viese las tales insignias delante de sí, y los capitanes que ansí le traia presos en señal de su victoria, y quél le pidia que se los pisase como tal su Señor y padre, en esta sazon tenia consigo el Viracocha Inca un principal del Uscovilca que le habia sido enviado por el Uscovilca, para que con él concertase de la manera que se le habia de dar y las condiciones que con él queria poner; y como hasta aquella hora no hubiese dado órden, teníale él consigo, y no habiendo él sabido lo que le habia pasado con el Uscovilca, Viracocha Inca no tuvo por cierto ser aquello que el Inca Yupanqui traia delante dél, de Uscovilca, y que él le hubiese muerto y desbaratado; y como él no estuviese satisfecho de lo que via, mandó que paresciese allí delante aquel principal que con él estaba, el cual se llamaba Guaman Guaraca, que es el que Uscovilca inviaba para hacer los conciertos, como ya habeis oido; y como cosa que tenia por sueño, preguntó el Viracocha Inca al Guaman Guaraca: "Díme, ¿tú conoces estos vestidos y insinias que sean de tu señor Uscovilca?" Y como los viese el Guaman Guaraca, y conociese y viese los capitanes de su Señor echados por tierra, puso los ojos en el suelo y comenzó á llorar, y echóse allí en tierra con ellos.

Y como esto viese Viracocha Inca que era verdad que hubiese habido victoria de sus enemigos Inca Yupanqui, su hijo, tomó gran pesar y envidia dello, por gran ódio que le tenia, como ya os he contado; todo lo cual conoció en él Inca Yupanqui su hijo, con gran [pág. 42]pesar. Y no tiniendo respeto á aquello, sino á que era su padre y Señor, tornóle á rogar Inca Yupanqui que le pisase como su Señor y padre; á lo cual respondió Viracocha Inca, que lo mandase meter en cierto aposento y que lo pisase primero su hijo Inca Urco, que era el hijo quél más queria, en quien él pensaba dejar despues de sus dias su estado y lugar de su persona, como ya hemos contado. Á lo cual respondió Inca Yupanqui, que á él, como á su padre, rogaba que se lo pisase, que él no habia ganado victoria para que se lo pisasen semejantes mujeres como eran Inca Urco y los demás hermanos; que se lo pisase él como persona á quien él tenia por su Señor é su padre; si no que se iria.

Y estando en esto, hizo llamar Viracocha Inca un señor de los que consigo tenia, y hablándole á solas, le dijo que sacase secretamente la gente de guerra que consigo tenian, é que la llevase á cierta quebrada de monte y paja alta donde estuviese secretamente; y que tan de mientras quél iba, quél ternia en palabras á Inca Yupanqui en cierto aposento, mientras él emboscase allí á la gente; y que dentro del aposento, si él pudiese, á manos le mataria; y que si de allí escapase, que le matase él en la quebrada del monte por do habia de tornar á volver el Inca Yupanqui. Y esto concertado, salióse aquel señor á hacer lo que le mandaba Viracocha Inca.

Viracocha Inca volvióse á Inca Yupanqui é comenzóle de hablar con buenas palabras y á mostrarle rostro alegre. Ya que le paresció que habria hecho[pág. 43] aquel capitan suyo lo que le habia mandado, levantóse el Viracocha Inca y rogó á Inca Yupanqui que metiese aquellas cosas que llevaba de Uscovilca dentro del aposento do ántes le habia rogado que las mandase meter, para que las pisase su hijo Inca Urco y que luego se las pisase él. Tornóle á responder Inca Yupanqui que las pisase él, si quisiese, y si no que se iria, como ya le habia dicho. Y viendo Viracocha Inca que no podia acabar con él que las pisase Inca Urco, pensando de le matar dentro del aposento, dijo que lo mandase meter dentro del aposento, questando ellos solos, lo pisaria delante dél. Y estando en esta porfia, llegáronse á Inca Yupanqui sus tres buenos amigos, y sospechando la traicion que Viracocha Inca queria hacer, no consintieron que Inca Yupanqui entrase en el aposento.

Y estando en esto, llegó á Inca Yupanqui un capitan suyo de los que él con la gente de guarda traia, y díjole que habian visto salir cierta gente de guerra de allí del peñol, los cuales habian salido uno á uno y de dos en dos, y que era mucha cantidad de gente la que habia salido, y que algunos de ellos llevaban lanzas y alabardas, é que iban por el camino do ellos habian venido; que sospechaba que aquestos fuesen á tomar algun paso para desque volviesen, ó que fuesen á tomar y robar lo que ellos en la cibdad del Cuzco tenian, y á tomársela. Y como aquesto le dijese aquel su capitan delante de sus tres buenos amigos, rióse Inca Yupanqui de ver que su padre le queria matar de aquella manera, y de conocer que reinaba envidia en[pág. 44] él, y estándole él rogando que se sirviese de todo ello y que se lo acetase en servicio. Y como hubiese oido lo que aquel capitan le decia, dijo á los dos de aquellos sus tres amigos que tomasen la mitad de la gente que él en su guarda allí habia traido, y que ansí como habian salido los del peñol á le hacer traicion, que ansí los inviasen ellos uno á uno é dos á dos, los cuales fuesen en siguimiento de los que por Viracocha eran inviados, y que mirasen si los tales se emboscasen en algunos montes ó quebradas, y si iban al Cuzco; y con lo que ansí viesen y entendiesen, volviesen á el á le avisar de lo que ansí pasaba, para que él, teniendo entendimiento é siendo avisado de lo que era, diese órden en lo que habia de hacer con los que quedaban; é si caso fuese que los tales tuviesen hecha alguna emboscada, que allí do tuviesen razon y entendimiento dello, hiciesen alto, no avisando ni poniéndose de manera que los enemigos tuviesen entendimiento que los habian entendido; y que se fuesen luego con toda brevedad, porque él concluiria en breve con su padre, y con lo que ansí hiciesen luego se volverian.

Y ansí, sus buenos dos amigos, rogándole [rogáronle] que por ninguna via entrase á solas en el aposento con su padre, porque no le matasen en alguna traicion; y lo mismo encargaron á Apu Mayta, que quedaba con él, que mirase por su señor; y ansí salieron estos dos señores y mandaron entrar dentro do Inca Yupanqui estaba doscientos indios con sus hachas en las manos, á los cuales mandaron que se pusiesen en torno de donde Inca Yupanqui estuviese, y que le mirasen y [pág. 45]guardasen, no le fuese hecha alguna traicion. Á la demás gente que allí quedaba, mandaron que se quedase á la puerta do Inca Yupanqui estaba, y que si sintiesen algun estruendo de gente dentro, entrasen de golpe todos, y que mirasen por su señor.

Y esto hecho, tomaron la gente que Inca Yupanqui les habia mandado, y echando delante cincuenta indios, uno á uno, dos á dos, cubiertas sus mantas (así), muy disimuladamente, bien así como habian salido los que habia mandado Viracocha Inca que delante saliesen; los cuales cincuenta indios fueron descubriendo y mirando por sus enemigos. Y como fuesen derramados y grande espacio unos de otros, un indio destos que delante iba, ya que llegaron junto á la quebrada de la leña y arroyo do la paja alta era, vió los enemigos que estaban emboscados; los cuales, como los viesen asomar, dejáronse todos caer sobre la paja, pensando que los habian visto. Y este indio, como los viese, sentóse en el suelo y hizo que se pasaba á atar cierta atadura de sus zapatos, la cual disimulacion era seña y aviso para sus compañeros que detras dél venian; al cual, como le viesen en la manera que habeis oido, de uno en otro volvió la nueva á los dos señores que detras dellos venian, los cuales, como entendieron que era emboscada, mandaron á todos los suyos que se recogiesen é juntasen allí do la voz les habia tomado, excepto á los cincuenta que delante habian salido; á los cuales mandaron que se anduviesen por allí mirando é descubriendo á los que estaban en la emboscada si salian ó pasaban delante, y avisasen al que ataba los [pág. 46]zapatos, llegando un indio bajamente á él, el cual le dijese que mostrase que ataba y desataba sus zapatos y otras cosas de su traer, con lo cual mostrase disimulacion de lo que allí entendia.

Y dejando esto en este estado, volvamos á Inca Yupanqui, el cual, como hobiese proveido en lo que habeis oido, rogó á su padre que le pisase aquellas insignias de prisioneros que allí le habia traido de Uscovilca, al cual respondió Viracocha Inca, que no queria, si no lo pisaba primero Inca Urco; y á esto dijo Inca Yupanqui, que por ser él su padre y por le tener respeto y dalle obidiencia como á tal su Señor, habia él venido allí á su pueblo á que le pisase aquello, y ansímismo á le rogar que se volviese á su pueblo é ciudad del Cuzco; pues él, como su padre y en su nombre le habia ganado aquel empresa, que quisiese salir de allí y irse á la ciudad del Cuzco y entrase triunfando con aquellos capitanes y cosas de Uscovilca, porque aquella habia sido su intencion é á lo cual habia venido allí; que otra manera, que no tenia él que traer lo quél habia ganado á que lo pisase semejante Inca Urco, su hijo mayor. Y acabado de decir esto Inca Yupanqui á su padre Viracocha Inca, mandó tomar las vestiduras y lo demás de Uscovilca, y mandó levantar los prisioneros del suelo, que hasta aquella hora habian estado tendidos en tierra, é ansí se salió Inca Yupanqui, enojado y corrido de que su padre no hubiese querido pisarle sus prisioneros é lo que ya habeis oido. Y pesábale que su padre mostraba estar tan mal con él que le quisiese matar é procurar la[pág. 47] muerte, viendo él en sí que no le habia dado causa para que dél hobiese enojo é dél tuviese malquerencia, sino que ántes procuraba y habia procurado hacerle todo servicio, y hacerle todo placer y contentamiento; y como conociese que el enojo y pasion que dél tenia era por invidia de ver quel escedia á todos sus hermanos, tenia algun tanto de pasion por ello.

En ansí se salió de donde su padre estaba, considerando estas y otras muchas cosas; y cómo llegase á do sus dos buenos amigos estaban con su gente esperándole y tiniéndole avisado de la traicion que le tenian armada, pensando de le tomar descuidado, dijo allí á sus capitanes que hiciesen tres partes aquella gente, y que las dos dellas fuesen divididas, la una por la parte del camino, y la otra por la otra, y la otra que fuese allí con él; y que estas dos partes que ansí iban divididas, fuesen encubiertas lo más que ser pudiesen, y que él entraria por el camino y por medio del monte, y que diesen por do la emboscada; y como sus capitanes dijesen: C ac'ayacha yaque, que dice: ¡Á ellos, á ellos![28], que luego su gente saliese, la que ansí iba cercando el monte, y que diesen en los enemigos, y que sin tener respeto á ninguno, no dejasen ninguno á vida.

Y esto ansí hecho y proveido, partió esta gente de guarda en la manera que ya habeis oido, é Inca Yupanqui con la que ansí quedó, é yendo por el camino[pág. 48] derecho; y llegando á la quebrada, Inca Yupanqui, do el monte estaba y la emboscada le era hecha, ya que iba al medio de ella, llevando su gente apercibida y avisada de lo que sospechaban, tiráronle[29] de dentro de la montaña una piedra á Inca Yupanqui y no le acertaron, mas de que dieron á uno de los que las andas llevaban; y visto esto por Inca Yupanqui y sus tres buenos amigos, dijeron en alta voz: ¡Á ellos, á ellos!; y como su gente, que ya tenian el monte cercado, oyesen la voz, dieron en los de la emboscada de tal manera, que no se les escapó hombre.

Y llegado que fué Inca Yupanqui á la ciudad del Cuzco, mandó á su amigo Vicaquirao que volviese á su padre Viracocha Inca, y que le dijese que viniese á su ciudad, que le tenia guardadas las cosas ya dichas para que dellas triunfase; y ansí mandó que saliesen con él tres mill hombres que le guardasen y acompañasen. Y ansí, se partió Vicaquirao; y llegado que fué al peñol do Viracocha Inca estaba, hallólo que estaba en grande llanto él y los suyos por la muerte de los que Inca Yupanqui les matara en la emboscada, en la cual habian sido muertos muchos señores principales de los que con él tenia; y como tuviese nueva Viracocha Inca que de hácia el Cuzco venia gran golpe de gente de guerra, tenia que volvia su hijo sobre él á le matar á él y á los suyos que consigo tenia, y entró allí en breve consulta con los suyos, en la cual acordaron,[pág. 49] que si de guerra venia su hijo sobre él y caso fuese que á plática viniesen de algun concierto ú otra cosa en que fuese pedille vasallaje, que hiciese todo aquello que por él le fuese pedido é demandado. É para saber quién venia, ó en qué demanda venia el que allí venia, mandó Viracocha que saliese un señor de los que con él estaban puesto de luto y llorando, y que ansí mismo con él otros diez indios en la misma manera, é que saliesen del peñol uno en pos de otro, y queste señor fuese delante y que los indios que detrás dél iban, mirasen de qué arte los recibian la gente que ansí venia, si les prendia ó hacian algun enojo, y de lo que ansí viesen le volviesen á avisar.

Y ansí, salió este señor en la manera ya dicha; y como llegasen á do Vicaquirao venia y llegasen á él, hizo su acatamiento, y lo mismo á él Vicaquirao; y como le viese ansí venir llorando, preguntóle que qué pasion habia habido, aunque él bien sospechaba lo que era, porque él le habia muerto por sus manos un hermano suyo en la emboscada. El señor le dijo que lloraba por un hermano suyo que en la emboscada habia muerto; todo lo cual el Vicaquirao le riñó y le dijo ser mal hecho y acordado. El señor le respondió que él no era culpante en ello, y que Viracocha Inca lo habia proveido sin darles parte. Á esto le respondió Vicaquirao, que si Viracocha Inca lo habia proveido, que lo que de allí habia ganado que lo guardase, que no restituía tan aina los amigos y deudos que allí habia perdido. El señor dijo que ya aquello era hecho, y que en ello no habia que hacer ni hablar,[pág. 50] que en acuerdo loco lo habia proveido Viracocha Inca; que le rogaba que le dijese que á qué volvia y qué era su demanda. Vicaquirao se lo dijo, y entónces aquel señor le dijo á Vicaquirao el arma que les habia dado y acuerdo que habian tenido, y lo que en el tal acuerdo se habia acordado, y á lo que él habia salido. Todo lo cual oido por Vicaquirao, le tomó muy gran risa á él y á los suyos que allí estaban en torno, y fué tan de gana este reir, que aquel señor se rió con ellos. Ansí, todos juntos se fueron á do estaba Viracocha Inca; y como ansí fuesen un espacio, éste rogó á Vicaquirao que le dejase ir delante, para asegurar á Viracocha Inca, que le habia dejado alborotado á él y á todos los suyos con temor de lo que ya le habia dicho; y ansí se fué este señor á do Viracocha estaba y le dijo á lo que Vicaquirao iba. Y dende á poco, llegó Vicaquirao á do el Viracocha Inca, y hízole su acatamiento, y díjole la embajada que de parte de Inca Yupanqui le llevaba que ya habeis oido; al cual respondió Viracocha Inca quél holgara de hacello si no entendiera que volver á el Cuzco, habiendo salido dél huyendo, le era cosa afrentosa, y que no estaria á él bien entrar en la ciudad, habiéndola desamparado y habiendo habido vitoria un muchacho, como era su hijo Inca Yupanqui; que allí do estaba en aquel peñol de Cayuca Xaquixaguana[30], pensaba hacer un pueblo con la gente que consigo tenia, y allí pensaba morir;[pág. 51] y que más no le esperasen en el Cuzco, que no pensaba entrar más en él en sus dias. Y así lo hizo Viracocha Inca, que pobló en aquel peñol, por cima de Calca, siete leguas del Cuzco, y hizo un pueblo las más de las casas de cantería.

Y como entendiesen y conociesen todos los más que con Viracocha estaban en el peñol, que Inca Yupanqui era tan guerrero y tan amigable á todos, lo cual le conocian desde su niñez, y tenian que siendo señor, como era, y habiendo acabado una empresa tan grande, que no podria dejar de hacer grandes mercedes á los que á él se llegasen y le quisiesen servir, y considerando esto, muy mucha gente, de la que allí consigo tenia Viracocha Inca, se fué á la ciudad del Cuzco. Inca Yupanqui los recibió con rostro alegre; y desculpábansele los tales que ansí iban y decíanle, que si le habian desmamparado, que su padre los habia llevado; y él los respondía á esto que le decian, que no tenia enojo contra ellos, que si habian ido con su padre, que habian hecho como buenos, que su padre era su Señor y de todos ellos. Ansí, como llegaban do él estaba viniendose de donde su padre estaba, los rescibia bien, y dábales tierras, mujeres, y casas, y ropa, y nunca quitó á ninguno cosa de las que allí habia dejado, cuando con su padre saliera, como eran casas, tierras, depósitos de comida, é ropas que en sus casas ansí habian dejado; ántes les decia á los tales, que él habia quedado en guarda de sus haciendas, que como entendiese dellos que se habian ido á recrear con su padre, que él habia quedado en guarda de sus haciendas[pág. 52] todas, que cada uno mirase si le faltaba alguna cosa de su casa, que él como guarda que habia quedado de ellas, les daria cuenta dello, é que á ninguno le faltaria cosa. Todo lo cual él habia hecho proveer; é mandó á ciertos señores que no consintiesen que entrase nadie en ninguna casa que ansí habian dejado despoblada, porque siempre tuvo que los tales moradores de ellas, constándoles á cada uno por sí su gran magnificencia, se volveria cada uno ansí á su casa; y ansí se volvian, como ya habeis oido.

É tornando á hablar de Vicaquirao, que habia quedado con Viracocha Inca persuadiéndole y rogándole que se quisiese venir á su ciudad, lo cual nunca pudo acabar con él; y pasados los tres dias que allí estuvo en su compañía, constándole que Viracocha Inca estaba en no querer volver al Cuzco, se volvió Vicaquirao. Llegado á la ciudad del Cuzco, dijo á Inca Yupanqui la respuesta que Viracocha Inca le dijera, que ya habeis oido, y lo demás que con él pasara; todo lo cual oido por Inca Yupanqui, pesóle, por ver que su padre no quisiera venir á ser Señor como lo era ántes.[pág. 53]

CAP. X.—En que trata de cómo Inca Yupanqui hizo juntar su gente y les repartió el despojo; y lo que se hizo de la gente que el Viracocha le diera por la oracion que á él hiciera; y cómo tuvo nueva de la gente que hacian los capitanes de Uscovilca, y de cómo fué sobre ellos y los venció, y cómo, despues de esto, tornó otra vez á partir el despojo que en esta batalla hubieron; y de las cosas que en este tiempo pasaron.

Y viendo aquello, mandó juntar toda su gente la que con él al presente era, que dicen seria más de cincuenta mill hombres de guerra; y estos eran los que los señores comarcanos quedaron de le dar, si gente tuviese, que como viesen la multitud de gente que en favor de Inca Yupanqui venian, y como hubiesen quedado de le ayudar, lanzáronse ellos con toda su gente á le ayudar, con la gente que ansí venia en favor de Inca Yupanqui; [é] ansí le dieron favor estos comarcanos. Y dicen que acabada de dar la batalla á Uscovilca, y habido vitoria por Inca Yupanqui, que la gente que el Viracocha le inviara, que luego se le desapareciera y que no viera consigo más destos cincuenta ó sesenta mill hombres, que fueron los que[pág. 54] mezclaron los comarcanos entre la gente que habeis oido.

Y haciendo Inca Yupanqui juntar su gente, mandó que ante sí trujesen todo el despojo de la batalla, tomando dello lo mejor que le paresció, para hacer dello sacrificio al Viracocha, por el favor y vitoria que le diera de sus enemigos; y todo lo demás del despojo dió é repartió á todas sus gentes, conforme á su calidad y servicios. Y sabido que fué por la redondez y comarca desta ciudad la gran magnificencia del nuevo Señor y cómo sabia gratificar los servicios, hubo en toda la redondez gran contentamiento; y ansí se le vinieron muchos caciques y gente á se le ofrescer de todas partes y tener por Señor.

Y estando Inca Yupanqui en esta manera que ya habeis oido, vino á él un mensajero de un capitan suyo, que al presente estaba en guarda de la ciudad, dos leguas della, procurando saber de sus enemigos lo que hacian en la junta do se juntaban, por el cual le invió á decir, que los capitanes que se escaparon de la batalla huyendo do matóse á Uscovilca, que ya habeis oido, questaban ya rehechos en Xaquixaguana y confederados con los naturales della, y que de su tierra les habia venido mucha gente y socorro; y que ansimismo eran ya llegados allí los otros cuatro capitanes de Uscovilca que de Paucaray él les inviara á descubrir por las provincias de Condesuyo é Andesuyo, que ya la historia os ha contado; que como ya fuesen todos juntos, partian otro dia por la mañana á le dar la batalla y á vengar la muerte de su señor Uscovilca.[pág. 55]

Sabida la nueva por Inca Yupanqui, mandó á los tres sus buenos amigos y á los demás caciques y señores que en su córte y servicio habian venido, que luego juntasen la gente de guerra y la sacasen á cierto campo, cada uno con sus armas, é que los contasen todos uno á uno. Y sacados y contados, hallaron de número cien mill hombres de guerra, la cual gente se le habia juntado por la gran fama que dél se publicó. Y dicen que los enemigos que eran casi doscientos mill hombres. Y ansí, mandó Inca Yupanqui que fuesen hechos cuatro escuadrones desta su gente, mandando que cada cacique señor de los indios que allí eran, fuesen caudillos de su gente; y así repartidos, [nombró?] por generales de los tres escuadrones á sus tres buenos amigos, tomando para sí el uno de ellos; y proveidos todos ellos de las armas necesarias, mandó marchar su campo en busca de sus enemigos; los cuales, como supiesen que eran salidos del Cuzco, tornáronse á volver á Xaquixaguana, donde le esperaron. Y el Inca Yupanqui con su gente, el dia de la batalla, como se viese á vista de sus enemigos, y para romper y frontar con ellos, dicen que volvió la cara atrás á ver su gente é escuadrones, los cuales estaban divididos y cada uno por sí, [y] dicen que vió tanta gente que se le habian llegado en aquella sazon para le ayudar, que no se pudo contar; y afrontóse con sus enemigos tomándolos en medio y dándoles por todas partes, que fué tan cruel y tan reñida esta batalla, que la comenzaron ya alto el sol, que seria á la hora de las diez, segun ellos señalan, y á hora de vísperas fué conocida vitoria[pág. 56] della por Inca Yupanqui, donde fueron muertos de la parte de Inca Yupanqui más de treinta mill hombres, y de los Chancas, que eran los enemigos, no quedó hombre á vida; entre los cuales se hallaban que se habian metido los naturales de Xaquixaguana, y se habian hecho inciensar[31] los cabellos.

Y conocida la vitoria y vencida la batalla, apartáronse á una parte todos los de Xaquixaguana, y todos juntos fueron delante de Inca Yupanqui, y echáronsele por tierra, á los cuales los de Inca Yupanqui quisieran matar por haber visto la muerte de los suyos. Inca Yupanqui se lo defendió, diciendo que no los matasen, que si con los Chancas se habian hallado, que seria por haber sido la junta en su tierra, é que no podian hacer otra cosa; y ellos ansímismo decian las mismas palabras y daban la misma satisfaccion. Y luego mandó Inca Yupanqui, que por cuanto eran orejones, que luego les fuesen trasquilados sus cabellos; y ansí ellos mismos se trasquilaron todos, viendo la voluntad del Inca y viendo que les hacia merced en aquello, y porquel traje de Inca Yupanqui y de los del Cuzco era andar atusados. Y esto hecho, mandóles que se fuesen todos á su pueblo, é que viviesen en paz; y mandó á sus capitanes que no consintiesen que á aquestos de Xaquixaguana nadie les hiciese enojo ninguno ni les tomasen cosa, y si alguna cosa de sus haciendas en[pág. 57] aquel despojo les fuese tomada, luego se la hiciesen volver.

Y luego mandó que todos los prisioneros fuesen traidos delante de sí; á los cuales, como allí fuesen, les preguntó ¿qué habia sido la causa, constándoles que era su poder grande, que con él hiciesen otra vez batalla? Y siendo allí entre los prisioneros que allí fueron habidos los cuatro capitanes de Uscovilca que habian ido á descubrir, como ya la historia os ha contado, [dijeron, respondieron?] que la causa que les movió hacer la junta que hicieron en dar aquella batalla, que fué haber visto que su ventura era grande en las jornadas que habian andado é tierras que habian conquistado, dándole allí razon de las batallas y recuentros que en tal jornada cada uno dellos habia habido, y que en ninguna de ellas nunca habian habido desgracia, sino que siempre habian sido victoriosos; y como esto les hubiese acaescido, teniendo que siempre su vitoria estaba en pié, que habian querido dar aquella batalla, pensando restaurar aquella pérdida de su Señor y vengar su muerte. Á lo cual respondió Inca Yupanqui, que lo habian mirado mal, é que si fueran gentes de entendimiento, que habian de presumir, que si habian habido vitoria por la tierra que le decian que habian andado, que habian de considerar que la habian habido en ventura de su Señor Uscovilca, que en la tal demanda los habia inviado, y que como viesen y hobiesen sabido que su Señor era desbaratado y muerto, que habian de presumir que ya les era acabada la ventura, y que él ni ellos no la tenian ya; y que para que ellos fuesen [pág. 58]castigados y otros mirasen é oyesen, que en aquel sitio serian castigados ellos y todos los demás; é porque no fuesen otra vez [á] hacer gente, la cual á él le desasosegase y fuesen causa ellos de que otros questaban inocentes de se hallar en semejantes casos por donde perdiesen las vidas, como habia sido muy muchos que ellos [á] aquella junta habian hecho juntar, que en aquel sitio serian castigados. Y ansí, los mandó llevar de delante de sí, y que en el sitio do la batalla se diera, y para que della hobiese memoria, en presencia de todos los de su campo mandasen hincar muchos palos de los cuales fuesen ahorcados, y despues de aderezados [ahorcados], les fuesen cortadas las cabezas y puestas en lo alto de los palos; y que sus cuerpos fuesen allí quemados y hechos polvos, y desde los cerros más altos fuesen aventados por el aire, para que desto hobiesen memoria. Y ansí mismo mandó que ninguno fuese osado de enterrar ningun cuerpo de los enemigos que ansí habian muerto en la batalla, porque fuesen comidos de zorros y aves y los gusanos [huesos] de los tales fuesen allí vistos todo el tiempo. Todo lo cual fué hecho generalmente en la manera que habeis oido.

Y esto acabado, mandó hacer Inca Yupanqui que se recogiese todo el despojo y joyas de oro y plata que en el tal despojo se habia habido, todo lo cual fué fecho; y traido delante dél y visto por él, mandó que ansí junto como estaba, lo llevasen á la ciudad del Cuzco, donde lo pensaba repartir y dar á sus amigos. Todo lo cual fué ansí llevado á él y se partió juntamente con ello para la ciudad del Cuzco, donde, llegado que fué,[pág. 59] dió y repartió el tal despojo á los suyos, dando á cada uno lo que le paresció que le bastaba y conforme á la calidad de su persona. Y esto hecho y repartido, mandó que de su ropa é grandes ganados que en la ciudad habia, [é] de otros bastimentos, mandó (así) que le fuese allí traido cierta cantidad, la que á él le parescia que á todos bastase; todo lo cual ansí traido, mandó á sus capitanes que lo repartiesen entre toda su gente; todo lo cual fué repartido.

Y hechas estas mercedes y otras muy muchas más que á sus capitanes él hizo, mandó que se fuesen á sus tierras á descansar, y agradecióles el favor y ayuda que le habian dado, y ansí se fueron todos, é Inca Yupanqui quedó en su ciudad con los suyos. É al tiempo que dél se despedian los tales señores para se ir á sus tierras, le rogaron que los quisiese rescibir debajo de su amparo y merced y por sus tales vasallos, é que querian tomase la borla del Estado y ser de Inca; todo lo cual les agradesció Inca Yupanqui y respondióles, que al presente era vivo su padre y Señor, y que no era justo que mientras su padre viviese, él tomase la borla del Estado; que si al presente estaba allí, que era porquél era capitan de su padre; y que les rogaba dos cosas que por él hiciesen, que era la una, que de allí, ansí como iban, fuesen á do su padre estaba y le respetasen y hiciesen lo que él les mandase como tal Señor que era; y ellos dijeron que ansí lo harian. É que la otra era, que le tuviesen á él por su tal amigo y hermano, y que cada y cuando que por él les fuese inviado á les rogar, que lo hiciesen; y ellos dijeron que[pág. 60] ellos no tenian otro Señor sino era él, y como á sus tales vasallos, de ellos podia hacer aquello que bien le estuviese; y él se lo agradeció.

Y ansí, se partieron[32], y Inca Yupanqui se quedó en la ciudad, y los tales señores caciques se fueron de allí derechos do Viracocha Inca estaba; y despues de le haber hecho su debido acatamiento, como Inca Yupanqui se lo habia mandado, le dijeron cómo Inca Yupanqui los inviaba allí a que viesen en qué era servido que ellos le sirviesen; y como Viracocha Inca los viese delante de sí y tan gran multitud de señores y de tanto poder, holgóse mucho de ello, porque dellos tenia gran necesidad al presente, para que le favoresciesen con algun tanto de sus rentas, para edificar aquel pueblo que allí queria hacer; é díjoles que fuesen muy bien venidos, é levantóse de su asiento y abrazólos á todos y tornóse á sentar en su silla, y mandólos á todos que ansí se sentasen; y mandó que sacasen muchos vasos de chicha, y que les diesen á beber; y luego les hizo sacar mucha cantidad de coca, una yerba preciada que ellos siempre traen en la boca, la cual yerba la historia adelante dirá. Y ansí repartida entre aquellos señores, levantóse en pié Viracocha Inca, [y] considerando, que pues su hijo le inviaba aquellos señores y ellos tanto le amaban y le querian por Señor, que era justo que él ansimismo en ello les animase, les hizo cierta oracion, por la cual él de su parte les agradescia lo[pág. 61] que por él y por su hijo habian hecho, y que ya sabian y habian oido decir que él hasta allí habia sido Señor del Cuzco, é que él se habia salido dél por causas que para ello le movieron; y que de allí adelante Inca Yupanqui, su hijo, habia de ser Señor en la ciudad del Cuzco, y que á él obedeciesen y respetasen, como su tal Señor, y que él desde allí se desestia de la insignia y borla real y la ponia en la cabeza de su hijo Inca Yupanqui. Todo lo cual oido por los señores, se levantaron en pié, y uno á uno fueron á él y le dieron grandes gracias, y mostraron que rescibian en gran merced ellos el hecho del tal desistirse de la tal dignidad y darla á su hijo Inca Yupanqui, que ellos tanto amaban é querian por Señor; y esto hecho, se tornaron á sentar.

Y Viracocha Inca les rogó, que por cuanto él queria allí en el peñol do estaba edificar un pueblo, y que para ello tenia necesidad de su ayuda y gente, que les rogaba que tuviesen por bien de darle aquella ayuda; á lo cual le respondieron aquellos señores, que ellos habian venido allí para que él viese lo que ellos le pudiesen hacer algun servicio, como su Señor Inca Yupanqui se lo habia mandado; é que aquello y otra cualquier cosa que él mandarles quisiese estaban prestos de lo hacer; que les dijese el tiempo y mes en que queria comenzar [á] hacer su obra, para que ellos inviasen allí sus principales é indios para que entendiesen en la hacer y hiciesen los tales edificios; y que él, entretanto, diese la traza del tal pueblo, y hiciese hacer de barro la figura de los tales edificios, que ellos le[pág. 62] inviarian allí maestros que los supiesen bien hacer, ansí de cantería, como de la manera quél los quisiese. Y Viracocha Inca su hijo (así) se lo agradeció á todos ellos, y luego mandó sacar muchas cosas, como fueron hondas y petacas de coca, y ciertas piezas de ropa fina y otras muchas cosas entre ellos muy preciadas; todas las cuales fueron traidas delante dél, y siendo, él allí mesmo por sus manos las dió y repartió á aquellos señores; y esto hecho, mandóles dar á beber, y que asímesmo les fuese repartida cierta cantidad de coca. Y esto hecho, Viracocha Inca se levantó en pié y les agradeció la voluntad y amor que á él y á su hijo le mostraban y tenian; y díjoles el mes y tiempo en que habian de enviarle sus indios y gentes para que edificasen su pueblo; é ansí, los señores se levantaron en pié, é quedando con él de se los inviar, como dicho tenian, le hicieron su acatamiento, é ansí se despidieron dél; donde le dejaremos, y hablaremos de Inca Yupanqui.

CAP. XI.—En que trata de cómo Inca Yupanqui hizo la Casa del Sol y el bulto del sol, y de los grandes ayunos, idolatrias y ofrecimientos que en ello hizo.

Salidos que fueron aquellos señores caciques de donde Inca Yupanqui estaba, y fueron á do Viracocha Inca estaba, como ya la historia os ha contado,[pág. 63] é Inca Yupanqui quedase solo en su ciudad con los suyos, despues de haber reposado dos dias, parescióle que tenian ya ociosidad, é habia tomado por recreacion el ejercer de su persona; é ansí, salió un dia de mañana de la ciudad del Cuzco, é llevando consigo los señores que allí consigo tenia, anduvo aquel dia todas las tierras que en torno de la ciudad eran, y lo mismo hizo otro dia siguiente; [y] despues de las haber bien visto y mirado, vió la mala reparticion é arte que el tiempo que allí su padre estuvo ellas tenian. El tercero dia, tambien ansímismo anduvo mirando, juntamente con los señores, el sitio donde la ciudad del Cuzco estaba fundada, todo lo cual, ó lo más dello, eran ciénagas y maniantales, como ya la historia os lo ha contado, y las casas de los moradores della eran pequeñas y pajizas é mal edificadas y sin proporcion de arte de pueblo que calles tuviese; y bien ansí como es el dia de hoy junto á esta ciudad un pueblo que llaman Cayaucachi, era en aquel tiempo las casas y pueblo que agora es la gran ciudad del Cuzco.

Y como Inca Yupanqui viese tan mal parado este pueblo del Cuzco, é ansímismo las tierras de labranzas que en torno dél eran, parescióle, viendo que tenia tiempo y gran aparejo para de nuevo reedificarla, y que primero que en el pueblo hiciese casa, ni el reparto de las tierras, que seria bien hacer y edificar una casa al sol, en la cual casa pusiesen y fuese puesto un bulto en el lugar do el sol reverenciasen y hiciesen sacrificios; porque, aunque ellos tienen que haya uno que es el Hacedor, á quien ellos llaman Viracocha[pág. 64] Pachayachachic, que dice Hacedor del mundo, y ellos tienen que éste hizo el sol y todo lo que es criado en el cielo y tierra, como ya habeis oido; caresciendo de letras, y siendo ciegos del entendimiento en el saber, casí muchos varian en esto en todo y por todo, que unas veces tienen al sol por hacedor, y otras veces dicen que el Viracocha; y por la mayor parte, en toda la tierra y en cada provincia della, como el Demonio les traiga ofuscados, y en cada parte que se les demostraba les decia mil mentiras y engaños, y ansí los traia engañados y ciegos, y en los tales lugares do ansí le vian ponian piedras en su lugar, á quien ellos reverenciaban y adoraban. Y como les dijese unas veces que era el sol, y á otros en otras partes decia que era la luna, y á otros que era su Dios y Hacedor, é á otros que era su lumbre que los calentaba y alumbraba, é que ansí lo verian en los volcanes de Arequipa[33]; en otras partes decia que era el Señor que habia dado el ser al mundo, y que se llamaba Pachacama, que dice, Dador de ser al mundo; y ansí los traya, como tengo dicho, engañados y ciegos.

Y volviendo á nuestra historia, este Señor Inca Yupanqui, como quisiese hacer casa y adoratorio á quien él reverenciase y los demás de su pueblo, quiriendo lo hacer á reverencia y semejanza del que habia visto ántes de su batalla, y considerando él quel que ansí viera, á quien él llamaba Viracocha, que le vió con gran resplandor, segun ellos dicen, y en tanta manera que[pág. 65] le paresció que todo el dia era allí delante dél y su lumbre, lo cual viendo delante de sí, dicen que hubo gran pavor, y que nunca le dijo quién fuese; considerando él en sí, cuando esta casa queria edificar, que aquel que viera, segun la lumbre que en él habia visto, que debia de ser el sol, y que como llegase á él y la primera palabra que le dijese "Hijo, no tengas temor," y ansí los suyos, como la historia os ha contado, le llamaron despues Hijo del Sol; y tiniendo él ansí lo que ya habeis oido, propuso de hacer esta Casa del Sol.

Y como la propusiese, llamó los suyos y los señores de la ciudad del Cuzco que allí consigo tenia, y díjoles lo que ansí tenia pensado y que queria edificar esta casa; y ellos le dijeron que diese la órden y traza del edificio della, porque tal casa como aquella, ellos, los naturales y propios de la ciudad del Cuzco la debian edificar é hacer; é Inca Yupanqui les dijo que la casa debia ser edificada luego, porque él ansí lo tenia pensado. Y visto por él el sitio do á él mejor le paresció que la casa debia de ser edificada, mandó que allí fuese traido un cordel, y siéndole traido, levantáronse del lugar do estaban él y los suyos, y siendo ya en el sitio do habia de ser la casa edificada, él mismo por sus manos con el cordel midió y trazó la Casa del Sol; y habiéndola trazado, partió de allí con los suyos y fué á un pueblo que dicen Salu[34], que es casi cinco leguas[pág. 66] de esta ciudad, ques do se sacan las canteras, y midió las piedras para el edificio desta casa, y ansí medidas, de los pueblos comarcanos pusieron las piedras que les fué señaladas y las que fueron bastantes para el edificio desta casa; y juntamente con esto, trujeron todo lo demás que para el edificio desta era necesario; y siendo ya allí, pusieron por obra el edificio della, bien ansí como Inca Yupanqui la habia trazado y imaginado. Andó él siempre y los demás señores encima de la obra, mirando cómo la edificaban, y ansí él como los demás, trabajaban en el tal edificio; la cual obra, como allí tuviese juntos los materiales y menesteres della, que en breve tiempo fué acabada.

Y como ya fuese acabada esta otra Casa del Sol que habeis oido, mandó Inca Yupanqui que luego fuesen juntas quinientas mujeres doncellas, y como allí fuesen traidas, ofreciólas al sol, para que allí siempre estas tales doncellas sirviesen al sol y estuviesen allí dentro, bien ansí como las monjas son encerradas; y luego, allí, llamando á un señor anciano y natural de la ciudad del Cuzco que á él le pareció que era hombre honesto y de buen exemplo y fama, que estuviese y regiese allí en la Casa del Sol, y que fuese mayordomo del sol y de la tal casa. Y luego mandó que allí fuesen entregados doscientos mozos de servicio del sol; y ansímismo en aquella hora señaló ciertas tierras para el sol, en que sembrasen estos doscientos yanaconas.

Y esto hecho, mandó Inca Yupanqui á los señores del Cuzco que, para de allí á diez dias, tuviesen aparejado mucho proveimiento de maíz, ovejas y corderos,[pág. 67] y ansímismo mucha ropa fina, y cierta suma de niños y niñas, que ellos llaman Capacocha, todo lo cual era para hacer sacrificio al sol. Y siendo los diez dias cumplidos y ésto ya todo junto, Inca Yupanqui mandó hacer un gran fuego, en el cual fuego mandó, despues de haber hecho degollar las ovejas y corderos, que fuesen echados en él, y las demás ropas y maíz, ofreciéndolo todo al sol; y los niños y niñas que ansí habian juntado, estando bien vestidos y aderezados, mandólos enterrar vivos en aquella casa, que en especial era hecha para donde estuviese el bulto del sol; y con la sangre que de los corderos y ovejas habian sacado, mandó que fuesen hechas ciertas rayas en las paredes desta casa; todo lo cual hacia y los sus tres amigos é otros; todo lo cual sinificaba una manera de biendecir y consagrar esta casa; en el cual sacrificio andaba Inca Yupanqui y sus compañeros descalzos y mostrando gran reverencia á esta casa y al sol. É ansímismo con la misma gente [sangre?] el Inca Yupanqui hizo ciertas rayas en la cara [á] aquel señor que era señalado por mayordomo desta casa, y lo mismo hizo á aquellos señores, sus tres amigos, y á las mamaconas monjas que para el servicio del sol eran allí. Y luego mandó que todos los de la ciudad, ansí hombres como mujeres, viniesen á hacer sus sacrificios allí á la casa del sol; los cuales sacrificios que ansí la gente comun hizo, fué quemar cierto maíz y coca en aquel fuego que ansí era hecho, entrando cada uno destos uno á uno y descalzos, los ojos bajos; y al salir que ansí salian, despues de haber hecho su sacrificio, á cada[pág. 68] uno destos por sí mandó Inca Yupanqui que aquel mayordomo del sol hiciese la raya misma que habeis oido, con la sangre de las ovejas, en los rostros destos que ansí salian, á los cuales les era mandado, que desde aquella hora hasta que el bulto del sol fuese hecho de oro, todos estuviesen en ayuno, y que no comiesen carne ni pescado ni áun guisallo, ni llegasen á mujer, ni comiesen verdura ninguna, y que solamente comiesen maíz crudo y bebiesen chicha, sopena que el que el ayuno quebrantase, fuese sacrificado al sol y quemado en el mismo fuego. El cual fuego mandó Inca Yupanqui que siempre estuviese ardiendo de noche y de dia; la leña del cual fuego mandó Inca Yupanqui que fuese labrada y quemada mientras al ídolo se hiciesen en el fuego sacrificios, los cuales mandó que durante este tiempo hiciesen las mamaconas del sol; las cuales ansímismo estaban en grande ayuno y lo mismo el Inca Yupanqui y los demás señores.

Y esto hecho y proveido, mandó Inca Yupanqui que viniesen allí los plateros que en la ciudad habia, y los mejores oficiales, y dándoles todo aparejo allí en las Casas del Sol, les mandó que hiciese un niño de oro macizo y vaciadizo, que fuese el tamaño del niño del altor y proporcion de un niño de un año y desnudo; porque dicen que aquel que le hablara cuando él se puso en oracion estando en el sueño, que viniera á él en aquella figura de un niño muy resplandeciente, y que él vino á él despues, estando despierto, la noche ántes que diese la batalla á Uscovilca, como ya os he contado, que fué tanto el resplandor que vió que dél[pág. 69] resultaba, que no le dejó ver qué figura tenia; y ansí mandó hacer este ídolo del tamaño y figura de un niño de edad de un año; el cual bulto se tardó de hacer un mes, en el cual mes tuvieron grandes sacrificios y ayunos.

Y este bulto acabado, mandó Inca Yupanqui que aquel señor que habia señalado por mayordomo del sol, que tomase el ídolo, el cual le tomó con muchas reverencias, y vistióle una camiseta muy ricamente tejida de oro y lana é de diversas labores, y púsole en la cabeza cierta atadura á uso y costumbre de ellos, y luego le puso una borla segun la del estado de los Señores, y encima della le puso una patena de oro, y en los piés le calzó unos zapatos, uxutas[35] que ellos llaman, ansímismo de oro. Y estando ansí el bulto, llegó Inca Yupanqui á do el bulto estaba, el cual iba descalzo, y como llegase á él, hízole sus mochas[36] y gran reverencia, mostrándole gran respeto; é ansí, tomó el bulto del ídolo en sus manos y llevólo á do era la casa y lugar do él habia de estar; en la cual casa estaba hecho un escaño, hecho de madera y muy bien cubierto de unas plumas de pájaros tornasoles de diversas maneras y colores, de las cuales y con las cuales era muy vistosamente labrado; en el cual escaño puso Inca Yupanqui el bulto del ídolo. Y siendo allí puesto, hizo traer un brasero de oro, y siendo [pág. 70]encendido en él fuego, mandóle poner delante del ídolo, en el cual fuego y brasero hizo echar ciertos pajaricos y ciertos granos de maíz, y derramar en el tal fuego cierta chicha; todo lo cual dijo que comia el sol, é que haciendo aquello, le daba de comer; y de allí adelante se tuvo aquella costumbre ordinariamente; lo cual hacia aquel mayordomo dél, ansí como si fuera persona que comiera y bebiera; ansí se tenia especial cuidado de le guisar de comer diversas comidas y maneras de manjares, y ansí las quemaban delante, á la tarde y á la mañana en braseros de oro y plata, en la manera que ya habeis oido. Y dende allí adelante adoraban en aquel ídolo; y no entraban dentro del ídolo donde estaba, sino eran los señores principales, entrando con mucha reverencia y veneracion, los zapatos quitados, y las cabezas bajas; y el Inca Yupanqui entraba sólo, y él mismo por su mano sacrificaba las ovejas y corderos, haciendo él el fuego y quemando el sacrificio. Y cuando él ansí estaba haciendo el sacrificio, ningun señor osaba entrar dentro, y todos se quedaban en el patio, y allí hacian ellos fuera sus sacrificios y sus mochas y adoramientos. Y para en que la gente comun adorasen allá fuera, porque no habian de entrar allá dentro si no fuesen señores, y éstos en el patio, hizo poner en medio de la plaza del Cuzco, donde agora es el rollo, una piedra de la hechura de un pan de azúcar, puntiaguda para arriba y enforrada de una hoja de oro; la cual piedra hizo ansímismo labrar el dia que mandó hacer el bulto del sol, y esta piedra, para en quel comun adorase, y el bulto,[pág. 71] en la Casa del Sol, los señores; la cual casa era reverenciada y tenido en gran reverencia, no solamente el bulto, mas las piedras della y los sirvientes y yanaconas della eran tenidos por cosa bendita y consagrada.

Y al tiempo que la edificaban, estando asentando cierta piedra, quebróse de la juntura de la tal piedra un pedazo como tres dedos en ancho y largo, y mandó Inca Yupanqui que luego fuese allí derretida cierta plata y vaciada de tal manera en la piedra y quebrado della, que viniese al justo de lo que la piedra se quebró; todo lo cual era de cantería, y la juntura de la tal cantería de piedra con piedra era tan sotilmente asentado, que parescia raya hecha con un clavo en una piedra. En la cual se enterraban los señores principales en los patios y aposentos, excepto donde el ídolo estaba; y el dia quel ídolo se puso en la casa, entraron en la ciudad, que no lo saben ni pueden inumerarlo, mas que dicen que la vez que ménos ovejas y corderos allí sacrificaron, que pasaba de más de quinientos.[pág. 72]

CAP. XII.—En que trata cómo Inca Yupanqui hizo juntar los señores de toda la tierra que hasta allí á él eran subjetos, y cómo fortaleció é hizo repartir las tierras en torno de la ciudad del Cuzco; y cómo hizo hacer los primeros depósitos de comidas é otros proveimientos que para el bien de la república en el Cuzco eran necesarios.

Acabado de dar órden Inca Yupanqui é de haber hecho los ídolos y casas del sol, que habeis oido, mandó en la ciudad del Cuzco que en un cierto dia señalado fuesen juntos en ella todos los señores, caciques y principales que en las provincias y comarcas de en torno de la ciudad del Cuzco vivian y á él habian dado obidiencia, para [por] que tenia ciertas cosas que comunicar con ellos; é oido el mando por los principales del Cuzco, luego inviaron sus orejones por las provincias y comarcas que ya habeis oido, con los cuales inviaban á mandar á los tales señores de ellas el mando que el Inca Yupanqui tenia hecho, y que para aquel dia señalado fuesen todos á la ciudad. Y como los tales señores supiesen el mando que el Inca Yupanqui mandaba, con la más brevedad que posible les fué, se vinieron á la ciudad del Cuzco; y siendo ya todos [pág. 73]juntos, Inca Yupanqui les dijo, que ya vian que el sol era en su favor y que no era justo que se contentasen con poco; que le parescia que, porque andando el tiempo la guerra no les daria lugar á hacer sus tierras y repartirlas[37] de la manera que de una vez queria que se repartiesen, que para perpetuamente ellos y sus descendientes sembrasen y se sustentasen, que le parescia que seria bien que cada uno tuviese sus tierras señaladas y conoscidas, para que las sembrasen y aderezasen cada uno dellos con la gente de sus casas y amigos, todo lo cual decia á los señores y moradores de la ciudad del Cuzco. Y ansí, todos juntos, viendo la merced grande que les hacia de darles las tierras que conosciesen para perpetuamente á cada uno de ellos, todos juntos y á una voz le dieron grandes gracias, llamándolo é intitulándolo Intipchuri, que dice "Hijo del sol."

Y luego de allí mandó Inca Yupanqui que todos fuesen á cierto sitio do las tales tierras estaban pintadas, donde, como allí fuesen, dió y repartió las dichas tierras, dando á cada uno de ellos las tierras que le paresció que le bastaban. Y esto hecho, mandó luego que aquellos tres señores sus amigos se las fuesen á repartir á todos los de la ciudad, bien ansí como se las habia dado y señalado, y que esto hecho, volviesen todos ellos delante dél. Y ansí, los señores fueron y[pág. 74] dieron y repartieron las tierras, y metieron en las posesiones de ellas á los tales que ansí les fué hecha la dicha merced por el Inca Yupanqui. [¿Mandó?] á los señores caciques que allí estaban, que le trujesen por cuenta cada uno de ellos los indios que allí consigo tenian; y luego los señores caciques le trujeron por quipo, que dice cuenta, la suma de los indios que tenian; y sabido por el Inca Yupanqui los indios que habia, mandó[38] á los señores que luego los repartiesen por casas; y ansí fué hecho. Y mandó que luego otro dia, que cada uno de los del Cuzco, como le habia cabido la suerte de las tierras, saliesen á las aderezar y reparar y hacer sus caños y regaderas, todo lo cual fuese reparado y hecho de piedra de cantería, porque fuese el tal edificio de tal manera hecho, que para perpétuamente durase, mandándoles que pusiesen sus linderos y mojones altos, de tal manera hechos, que nunca se perdiesen, debajo de los cuales mojones y de cada uno dellos fuese puesta cierta carga de carbon, diciendo, que si en algun tiempo se cayese el mojon, que por el carbon que allí se hallase conocerian los linderos de las tales tierras. Y esto proveido, Inca Yupanqui estuvo algunos dias, mientras en el aderezar de las tierras se daba órden, holgándose y recreándose viendo como cada uno trabajaba y aderezaba la parte que le habia cabido, y al que via que con algun trabajo lo hacia, dábale ayuda.[pág. 75]

Y como viese que el edificio y reparacion de las tales tierras iba largo y que segun iban los reparos que los tales hacian, y que era edificio que no se podia acabar sin[39] ayuda, mandó que los señores y caciques que allí eran se juntasen en su casa cierto dia, y luego fueron juntos bien ansí como él lo mandó; y siendo allí en su casa, díjoles que habia gran necesidad que en la ciudad del Cuzco hubiese depósitos de todas comidas, ansí de maíz como de aji y frísoles é chochos, y chichas y quínua, y carnes secas, é todos los demás proveimientos y comidas curadas que ellos tienen; y que para aquello habia necesidad que de sus tierras lo mandasen traer. Y luego los señores caciques dijeron que les placia de toda voluntad de lo mandar traer, que mandase que de la ciudad del Cuzco fuesen algunos orejones en compañía de los indios que ansí ellos inviasen, para que en sus tierras les constase á los que allá eran que era su voluntad que el tal proveimiento hiciesen á la ciudad del Cuzco, porque aquel era el primero que ellos hacian, y por ellos muy mucho deseado de hacer el tal servicio á la ciudad del Cuzco y á su Señor Inca Yupanqui. Todo lo cual les fué agradecido por Inca Yupanqui y mandó luego á aquellos señores del Cuzco que proveyesen allá en sus posadas, juntamente con aquellos caciques y señores, los orejones que ansí habian de ir por los pueblos y provincias á juntar y traer las tales comidas y mantenimientos.[pág. 76] Y ansí, fueron los señores é sus capitanes é hicieron allá su junta ellos y los caciques, y repartieron lo que cada una provincia habia de traer y contribuir. Y ansí se les repartió á los caciques que allí eran los depósitos que ansí habian de hacer, y se les mandó y señaló el tiempo que de tantos á tantos años se le hiciesen in perpetuum, si por el Inca no les fuese mandado otra cosa; todo lo cual acetaron de hacer los tales caciques, porque entendian que Inca Yupanqui era Señor que sabia bien satisfacer todo servicio que le fuese hecho.

Y luego allí en su junta los señores señalaron los orejones que habian de ir, é ansí mismo los caciques, los principales que con ellos inviaban; é ansí, se partieron estos orejones y principales á traer las tales comidas y proveimientos. Y los señores caciques salieron de su junta y fueron do Inca Yupanqui estaba, al cual le dijeron lo que ansí habian hecho y ordenado, como [á] ellos habian ordenado y avisado, y que los señalase los sitios y lugares do habian de ser hechos los depósitos, porque los que cada uno de ellos habia de hacer, ya entre ellos los tenian repartidos. Y luego Inca Yupanqui les señaló ciertas chapas[40] y laderas de sierras que en torno de la ciudad del Cuzco están y á vista de él, y allí les mandó que luego fuesen edificados los tales depósitos, para que, cuando el tal proveimiento fuese traido, hallasen en qué lo meter. Y[pág. 77] luego fueron los señores á los sitios que por el Inca les fueron señalados y pusieron por obra y edificio los tales depósitos. Y tardóse en hacer estos depósitos y repartir las tierras cinco años, porque fueron muy muchos los depósitos que hicieron, los cuales mandaba hacer Inca Yupanqui, por tener mucha cantidad de comida y tanta que no le faltase. Y mediante la comida que ansí tuviese, queria edificar la ciudad del Cuzco de cantería y reparar los arroyos que la cercan; y tenia en sí, que teniendo bastimentos en tanta cantidad que no le faltasen, que podia echar la gente que él quisiese [á] hacer y edificar los edificios y casas que ansí reedificar queria.

Y los depósitos hechos y proveidos, y siendo ya las tierras repartidas y acabadas de repartir, Inca Yupanqui mandó juntar los caciques y señores que, en todo lo ya dicho, le habian hecho servicio, y pareciéndole que era justo hacelles algunas mercedes y dalles algun contentamiento, y siendo ansí juntos, dióles y repartióles muchas joyas de oro y plata que mediante aquel tiempo que en la obra estuvieron las habia mandado labrar; y ansímismo les dió á cada dos vestidos de las ropas de su vestir, é á cada uno dellos les dió una señora naturales del Cuzco, de su linaje, para que fuesen cada una destas mujeres principal del cacique á quien ansí le habia dado, é que los hijos que en las tales hubiesen, fuesen herederos de los tales estados é señoríos que sus padres tuviesen; fundándose Inca Yupanqui por el deudo que con ellos por esta vía habia, que nunca ninguno dellos en sus dias se le rebelaria, é que[pág. 78] habria entre ellos é de los de la ciudad del Cuzco perpétua amistad y confederacion. Todo lo cual ansí hecho, y visto por los caciques las grandes injurias[41] que les hacia, todos se inclinaron á le besar los piés y á le dar grandes gracias. Á los cuales mandó Inca Yupanqui que se fuesen á descansar á sus tierras, y que dende á un año volviesen á la ciudad del Cuzco, é que en este tiempo, cada uno de ellos en sus tierras hiciesen sembrar muchas sementeras de todas comidas, porque tenia que seria menester, andando el tiempo; é que les encomendaba que en sus tierras no hobiese ociosidad en los mancebos y en las mujeres, porque no fuesen causa las tales ociosidades de tener los suyos resábios de mal ejemplo; que procurasen ejecutar [ejercitar], todo tiempo que no entendiesen en hacer sementeras, en las cosas de guerra, que los [y en los] semejantes ejercicios, como era en saber esgrimir hondas, tirar flechas, jugar con hachas á manera de pelea en batalla, blandir lanzas con rodelas en las manos; todo lo cual habian de hacer en sus tierras los mancebos, haciendo poner tantos á un cabo como á otro. Todo lo cual oido por los caciques, dijeron que ansí lo harian y que los decia lo que era bueno. Y ansí el Inca los despidió, y ellos, haciendo su acatamiento, se salieron y se fueron.[pág. 79]

CAP. XIII.—En que trata de cómo se juntaron, despues de un año pasado, los señores caciques, y cómo Inca Yupanqui hizo reparar los dos arroyos que por la ciudad del Cuzco pasan; y cómo casó los mancebos solteros que habia, y cómo dió órden en el proveimiento de comidas que en la ciudad del Cuzco eran necesarias y república dél.

Idos que fueron los caciques á sus tierras, aquel año que los tales caciques habian destar en sus tierras é Inca Yupanqui, mediante este tiempo, que no tuviese que hacer, tomó por ejercicio de irse á cazar, lo cual hacia los más de los dias; y otros dias se andaba por la ciudad mirándola y el sitio della, imaginando él en sí la órden que le habia de dar y el edificio é reedificacion que en ella pensaba hacer, como viese que aquellos dos arroyos que la ciudad tomaban en medio, que eran gran perjuicio en ella; porque, como las lluvias viniesen cada año, ellos venian de avenida, é como ansí viniesen siempre, comian la tierra y se iban ensanchando y metiendo por la ciudad, y via que aquello era perjuicio para la ciudad y para los moradores della, y que para hacer sus edificios y casas que en ella pensaba edificar, que era necesario reparar primero las veras de[pág. 80] aquellos dos arroyos, y que éstos reparados, podria edificar todo cualquier edificio sin temor que las tales avenidas se los desluciesen.

Y el año cumplido que á Inca Yupanqui le pareció que ya era tiempo que tales señores comarcanos viniesen, invióles sus mensajeros, por los cuales les inviaba á decir, que ya era tiempo que viniesen á la ciudad, como ya él les habia dicho cuando de allí fueron; y que ansímesmo trujesen todos los más ganados que pudiesen, é comidas é mantenimientos, porque era ya llegado el tiempo que dellos é dello ternia necesidad. Todo lo cual oido por los caciques, como ellos tenian ansímismo en cuidado lo que así les mandara cuando dél se partieron, luego se pusieron en camino, porque ellos ya tenian junto todo aquel menester para traerlo, y ansí estaban ya en camino; con todo lo cual se partieron é vinieron á la ciudad del Cuzco é trujeron consigo toda la más gente que pudieron.

É llegados que fueron á la ciudad del Cuzco, hicieron su acatamiento al Inca en esta manera, porque esta era la usanza que se tenia cuando delante dél se vian: que como delante dél fuesen, alzaban las manos é los rostros al sol, haciéndoles sus mochas é acatamientos, é luego ansímesmo las hacian al Inca no ménos; y las palabras que ansí le decian cuando ansí le saludaban, que le decian: "¡Ah, Hijo del sol amoroso é amigable á los pobres!" Esto dicho, poníanle delante sus presentes que ansí le traian, é luego le sacrificaban ciertas ovejas é corderos delante dél con todo respeto é acatamiento, como á hijo del sol; y esto ansí hecho,[pág. 81] el Inca los saludaba diciéndoles que fuesen bien venidos, y preguntándoles si venian buenos é si lo estaban ansímesmo sus tierras. Todo lo cual que habeis oido hicieron estos señores caciques con Inca Yupanqui, cuando delante dél se vieron, y él ansímismo dijo lo que habeis oido. É díjoles que diesen aquello que ansí traian á aquellos señores del Cuzco que allí estaban, é ansí se salieron de do el Inca estaba, y ellos y aquellos señores del Cuzco fueron do los depósitos eran, é pusieron todo el mantenimiento que traian á recaudo.

Y despues de haberse holgado con el Inca é con los señores del Cuzco cinco dias, en sus fiestas é regocijos, Inca Yupanqui les dijo lo que pensaba hacer, é como queria reparar é fortalescer aquellas veras de aquellos dos arroyos que por la ciudad pasaban, contándoles el perjuicio que la ciudad rescebia; y ellos dijeron questaban prestos para hacer todo aquello que por él les fuese mandado; que les dijese la manera quen ello se habia de tener, porque proveerian lo que para ello fuese necesario. É ansí, Inca Yupanqui les señaló los nacimientos de los arroyos, y desde á donde á él le paresció que habian de comenzar los tales fortalecimientos y reparos, hasta la junta de los dos arroyos, que es el remate de la ciudad do ellos llaman Pumachupa [Pumapchupan], que dice "cola de leon"[42]; é de allí mandó que este fortalecimiento é reparo llegase hasta Muyna[43], ques cuatro leguas desta ciudad. É ansí[pág. 82] los señores caciques medieron con sus cordones el espacio que habia desde el comienzo de donde Inca Yupanqui [dijo] que comenzasen, hasta la junta de los arroyos; é ansí medido, repartieron entre sí la parte que á cada uno cabia del edificio que ansí habian de hacer; y esto hecho, mandólos Inca Yupanqui que hiciesen traer mucha piedra tosca, porque de piedra tosca habia de ser el reparo, é que la mezcla que habia de entrar entre piedra y piedra, que mirasen que habia de ser un barro pegajoso, que ya que el agua lo mojase, no lo despegase, y que ántes estuviesen las piedras más asidas unas con otras y el agua no comiese la tal mezcla. Y ansí, los caciques dieron órden en buscar el tal barro é mezcla é traer la piedra tosca que ansí les era mandado todo; lo cual ansí traido, comenzaron su edificio. É mandó que este edificio é fortalecimiento llegase hasta la Muyna[44]; porque, como fuese reparado este arroyo de la ciudad de abajo, por donde las tierras é sementeras eran, y á las lluvias viniesen las tales avenidas, este arroyo no rompiese las barrancas é se entrase por las tierras é hiciese mal y daño en los tales sembrados.

Y esto hecho é proveido, mandó á los señores del Cuzco que para cierto dia queria con ellos comunicar cierta cosa que convenia mucho al bien de la ciudad é su república; á los cuales dijo, como ya ansí fuesen juntos, que habia gran necesidad de hacerse depósitos de[pág. 83] ropa en cantidad, y que para aquello queria hacer una gran fiesta á los caciques, en la cual fiesta, viendo él que estaban contentos, que se lo queria decir é mandar que ansí lo hiciesen é lo proveyesen de sus tierras. É los señores dijeron que era cosa muy conveniente é bien acordada, que ellos querian dar órden é mandar que se hiciese mucha chicha; y esto hecho é aderezado, hiciéronselo saber al Inca; el cual, como supiese que todo hecho estaba, dijo que otro dia queria que comenzase la fiesta; é ansí mandó llamar todos aquellos caciques señores, é siendo delante dél, les dijo cómo se queria holgar é regocijar con ellos, y ellos lo recibieron á gran merced.

É otro dia de mañana fué traida mucha juncia y echada por toda la plaza é traidos muchos ramos que hincaron en ella, de los cuales ramos fueron colgados muchas flores é muchos pájaros vivos; é ansí, los señores del Cuzco salieron muy bien vestidos de las ropas que ellos más preciadas tenian, y el Inca juntamente con ellos; é ansímismo vinieron los caciques, los cuales traian vestidos los vestidos que el Inca les diera.

É luego fueron sacados allí á la plaza mucha y muy gran cantidad de cántaros de chicha; y luego vinieron las señoras, ansí las mujeres del Inca como las demás principales, las cuales sacaron muchos y diversos manjares; é luego se sentaron á comer todos, é despues de haber comido, comenzaron á beber, é despues de haber bebido, el Inca mandó sacar cuatro atambores de oro, é siendo allí en plaza, mandáronlos poner á trecho en ella, é luego se asieron de las manos todos[pág. 84] ellos, tantos á una parte como á otra, é tocando los atambores, que ansí en medio estaban, empezaron á cantar todos juntos, comenzando este cantar las señoras mujeres que detrás dellos estaban; en el cual cantar decian é declaraban la venida que Uscovilca habia venido sobre ellos, é la salida de Viracocha, [é cómo] Inca Yupanqui le habia preso é muerto, diciendo que el sol le habia dado favor para ello, como á su hijo; é cómo despues ansímismo habia desbaratado y preso y muerto á los capitanes que ansí habian hecho la junta postrera. É despues deste canto, dando loores y gracias al sol é ansímismo á Inca Yupanqui, saludándole como á hijo del sol, se tornaron á sentar. É ansímismo comenzaron á beber la chicha que allí tenian, que segun ellos dicen habia muy mucha, y en muy gran cantidad. É luego les fué traida allí mucha coca é repartida entre todos ellos; y esto así hecho, se tornaron á levantar é hicieron, ansímismo como habeis oido, un canto y baile.

La cual fiesta duró seis [dias], en fin de los cuales, el Inca les dijo á aquellos caciques señores, que para el ser del Cuzco convenia que en él hobiese depósitos de ropa, ansí de lana como de algodon; é que ansímismo convenia que hubiese depósitos de unas mantas de cabuya bastas é gruesas, con unos cordeles de á dos palmos en las puntas dellas, con los cuales las atasen á los pescuezos como mejor les paresciese á los indios que ansí se diesen, las cuales se habian de repartir á los trabajadores é obreros que en los reparos de la obra de los arroyos andaban, é á los que ansímesmo en[pág. 85] los demás edificios habian de andar, para que en las tales mantas de cabuya trujesen é acarreasen la tierra é piedra que ansí era necesaria para la tal obra, é que como tuviesen estas mantas ya dichas, no gastasen las suyas propias, que eran de lana é algodon, é sus capas con que ellos se cubren. Todo lo cual oido por los señores caciques que allí eran, dijeron á Inca Yupanqui que les placia y holgaban de lo hacer bien ansí como el Inca se lo habia mandado.

É salidos de allí, luego enviaron á sus tierras, pueblos é provincias; é para que hubiese efecto este beneficio, mandaron que luego en sus tierras fuesen juntas muchas mujeres, é puestas en casas y corrales, les fuese repartida mucha lana fina é de diversos colores, y que ansímesmo fuesen puestos y armados muchos telares, é que ansí hombres como mujeres, con toda la más brevedad que fuese posible, hiciesen la ropa que les habia cabido, cada uno por sí, segun la medida del largor y anchor que les fué dada. Y esta ropa ansí hecha é acabada, fué traida á la ciudad del Cuzco; é como allí fuese, el Inca mandó á los principales del Cuzco que la mandasen poner en los depósitos que para tal ropa ansí habian mandado hacer.

Y esto ansí hecho, el Inca é los señores é los demás caciques, anduvieron fortaleciendo y reparando estas veras destos dos arroyos de la ciudad del Cuzco, que ya habeis oido, andando siempre ansí él como ellos sobre los tales obreros que en la tal obra andaban, dándoles la más prisa que podian á que con toda brevedad hiciesen y acabasen los tales reparos y [pág. 86]fortalecimientos, en la cual obra estuvieron cuatro años, dándose la brevedad que les fué posible hacer é acabar su obra.

Donde, como fuese acabada, el Inca ordenó é mandó que se hiciese otra fiesta, segun que las que ya os hemos contado, en la cual fiesta participasen é gozasen della ansí los señores como los demás sus súbditos; en la cual fiesta estuvieron treinta dias; en fin de los cuales mandó el Inca que luego saliesen de la ciudad del Cuzco cierta suma de orejones, los cuales fuesen por las tierras de aquellos señores que allí eran é supiesen é le trujesen por cuenta qué suma habia en las tales tierras é pueblos de mancebos solteros é mozas solteras, mandándoles á los caciques é principales que inviasen á hacer saber á sus mayordomos, llactacamayos que ellos llaman, que aquella era su voluntad é mando, é que luego con toda brevedad les dijesen é diesen la cuenta á los tales orejones de lo que se enviaba á saber, los cuales con toda brevedad volviesen; todo lo cual fué ansí hecho é despachado. É habida por los orejones en los tales pueblos é provincias la cuenta é razon de su demanda, volvieron á la ciudad del Cuzco, donde, siendo delante del Inca, le dieron la razon de lo que ansí habian sabido.

Y entendido por el Inca la cantidad de mancebos é mozas solteras que habia en los tales pueblos é provincias, mandó á aquellos señores, sus tres buenos amigos, que luego se partiesen para los tales pueblos é provincias, é que llevasen consigo todos los caciques é señores que al presente allí eran con él, en presencia de los[pág. 87] cuales, en cada pueblo é provincia que llegasen, casasen los mozos de una provincia con las mozas solteras de la otra, é las mozas solteras de la otra con los mancebos de la otra; é ansí fuesen haciendo por las tierras é subjeto de aquellos señores caciques que con él eran, para que creciesen é multiplicasen é tuviesen perpétua amistad, deudo y hermandad los unos con los otros. Y esto ansí proveido, el Inca hizo muchas y grandes mercedes [á] aquellos señores caciques, dándoles muchas dádivas; é ansí, se partieron aquellos señores del Cuzco é los demás caciques, y fueron á hacer lo que ya habeis oido.

É ansí, quedó el Inca en la ciudad del Cuzco con los de la misma ciudad é con algunos señores de los pueblos de los que en torno de la ciudad están á una legua, é á media, é á menos; á los cuales mandó, é ansímesmo á los de la ciudad del Cuzco, que luego trujesen delante dél, un señor de aquellos por sí, los mancebos é mozas solteras que ansí en sus pueblos tenian. É siendo traidos delante dél los tales mozos é mozas, el mismo Inca los casó á todos; y esto hecho, mandó sacar de los depósitos la ropa necesaria que á todos estos bastase, y él por su mano la dió é repartió á todos, ansí hombres como mujeres, dando á cada uno dos vestidos; y ansímesmo les dió á cada uno destos una manta de cabuya más de los vestidos que les daba, para que con la tal manta trabajasen sus labores y ejercicios é no gastasen en aquellos los vestidos que les daba; y ansímismo les repartió é les hizo repartir el maíz y carne seca é pescado seco, é ovejas[pág. 88] cupre[45] é loza con que se sirviesen, é todo lo demás que á él le pareció que necesario les era para tener casa cada uno dellos é lo necesario que les era tener en ella. Y mandó que cada cuatro dias se diese é repartiese á todos los del Cuzco lo que cada uno habia menester de comida é proveimiento, visto y sabido por la casa del [el?] número de servicio [que] cada uno dellos tenia, [é] que ansí les fuese dado el proveimiento que ansí les fuese necesario para sí é para su servicio, mandando que de los depósitos se sacasen los tales bastimentos é comidas, é que dellos se hiciesen en la plaza de la ciudad grandes montones de las tales comidas, y de allí se les fuese repartiendo por su medida, cuenta y razon, dando á cada uno lo que ansí hobiese menester; el cual beneficio mandó que siempre se hiciese é durase el tiempo que la ciudad del Cuzco fuese. Y ansí duró deste señor Inca Yupanqui este beneficio é proveimiento, hasta que los indios fueron subjetos con la entrada de los españoles en estos reinos, con cuya entrada todo esto se perdió é cebsó.[pág. 89]

CAP. XIV.—En que trata cómo Inca Yupanqui constituyó y ordenó la órden que se habia de tener en el hacer de los orejones, y los ayunos, cerimonias é sacrificios que en el tal ordenar se habian de hacer, constituyendo en este tiempo que esto se hiciese, una fiesta al sol, la cual fiesta y ordenamiento de orejones llamó y nombró Raymi.

Acabado de proveer Inca Yupanqui la órden que se habia de tener en el proveimiento de la ciudad del Cuzco é su república, volvieron los señores sus tres buenos amigos que ansí él habia enviado á casar los solteros, como ya la historia os ha contado; é siendo ya en el Cuzco estos señores é los demás que en la ciudad eran, mandó Inca Yupanqui que todos se juntasen en su casa otro dia de mañana, porque queria comunicar con ellos cierta fiesta, la cual fiesta queria que se hiciese cada año al sol, por la vitoria que le habia dado y hecho Señor; y porque desta fiesta hubiese memoria, queria constituir en ella cierta cosa que allá con ellos en su junta comunicaria. Y otro dia de mañana se juntaron estos señores en las casas del Inca, que comunicó con ellos la fiesta que ansí queria hacer; é para que della hobiese memoria para siempre, díjoles[pág. 90] Inca Yupanqui que queria bien que en esta fiesta se hiciesen los orejones con ciertas cerimonias y ayunos, porque una cosa semejante que aquella, que era señal y insignia para que por toda la tierra fuesen conoscidos dende el menor hasta el mayor de aquella ciudad por tales señores é hijos del sol, porque le parecia que, desde allí adelante, habian de ser tenidos é respetados los de aquella ciudad por los de toda la ciudad[46] y de la tierra más que habian sido hasta allí; é que porque habian de ser llamados hijos del sol, queria que fuesen hechos y ordenados orejones en aquella fiesta del sol con muchas cerimonias é ayunos; porque los que habian sido hechos orejones hasta allí, ellos y sus padres les horadaban las orejas cada y cuando que querian é bien les estaba, é porque aquello era cosa que tan fácilmente se debiese de hacer, por lo que ya tenia dicho, que le parecia que en lo tal era bien que hubiese órden é cerimonias en la manera siguiente: Que se juntasen los deudos del mozo que ansí habia de ser hecho orejon, como fuese natural de partes de padre de la ciudad del Cuzco y que él y su padre y madre fuesen señores, y sinó, lo fuese el padre; y si caso fuese que no tuviese padre, que los deudos de su padre é más cercanos; y que éstos hiciesen cierta fiesta á todos los demás deudos, y que en esta fiesta diesen órden é dijesen como querian hacer orejon á aquel tal su hijo ó deudo; que les regoci...[47][pág. 91] que en la tal fiesta se hallasen y con sus prosperidades y mantenimientos le favoreciesen; [é] aunque fuese el que la tal fiesta habia de hacer el más rico de los deudos, se habia de encomendar á que le favoreciesen los demás sus deudos en la tal fiesta y otras cosas que ansí le subcediesen, con lo que ansí tuviesen; porque les queria dar á entender, que por prósperos que fuesen, habian de tener en mucho á los que tenian no tanto, porque, al fin, podria ser posible que el que al presente se vía en prosperidad, que podria perderse, y el otro que no tenia tanto, estar aumentado en bienes y le podria socorrer; y porque siempre tuviesen una hermandad y confederacion, daba aquella órden é aquella manera. É que de allí adelante, que demás del nombre que de[48] Señor tenia, el sobrenombre que ellos y los demás le nombrasen cada y cuando que con él alguno hablase, que le nombrasen Huaccha ccuyac[49], que dice "amoroso de los pobres,"[50] [de] la cual institucion, los demás sus descendientes ansí se intitularan.

Y volviendo al caso, díjoles, que, siendo ansí juntos, señalaran un dia en el cual dia se juntasen las mujeres de los tales deudos del que ansí habia de ser hecho orejon, y siendo ansí juntas las tales mujeres, que los tales padres del mozo trujesen cierta lana negra, la[pág. 92] que bastase para una camiseta para su hijo, y ansí traida, la repartiesen entre aquellas mujeres; y que otro dia, en aquel mesmo sitio, la hilasen é diesen hecha; y que el tal mozo, aquel dia que la tal camiseta se hiciese, parta de allí por la mañana y vaya ayunando al campo, y lleve otros mozos consigo deudos suyos, y él y ellos cojan é traigan cada sendos haces de paja, porque no haya en ellos ociosidad, sino que sepan é deprendan á ser domeñados, é que si acaso fuere tuvieren necesidad de comida, que sepan qué cosa es andar en el trabajo é ayunando; é ansí traida esta paja, la den é repartan entre aquellas mujeres que la camiseta le han hecho; [é] dende á cinco dias, se tornen á juntar otra vez é hagan otra fiesta, en la cual fiesta hagan aquellas mujeres cuatro cántaros de chicha, los cuales cántaros de chicha estén hechos desde que en esta fiesta fueren hechos, hasta que toda la fiesta del sol se acabe, é questén siempre bien atapados; los cuales cántaros lleva cada uno cinco arrobas; y que dende á cinco dias, este mozo vaya ayunando al cerro de Guanacaure, yendo solo, y coja otro haz de paja y repártala á aquellas mujeres que la chicha le hicieron; el cual mozo, desde que la camiseta se le teja é haga, ha de ayunar siempre hasta el dia que haya uno de ser armado orejon; é que no coma sino fuere maíz crudo, é que no coma carne, ni sal, ni aun tenga que hacer con mujer; y dende á un mes que este ayuno comenzare, los tales parientes le traigan una moza doncella que no haya conocido á varon, la cual moza, estando ansímismo en el ayuno, haga cierto cantarillo de chicha, el cual[pág. 93] cantarillo llamen caliz[51]; y esta moza ande siempre en compañía deste mozo en los sacrificios é ayunos que mientras la fiesta durare [hiciere?], sirviéndole; y esta chicha hecha por la tal moza, los parientes del novel la tomen y lleven por delante, é ansímesmo la moza con él llevando aquel cantarillo de chicha llamado caliz; y ansí le llevan al tal novel á la guaca de Guanacaure, que es legua y media de la ciudad, y en una fuente que allí hay, los parientes laven todo el cuerpo á este novel, y despues de lavado, le tresquilen el cabello muy tusado, y despues de tusado, vístanle aquella camiseta que le hicieron aquellas mujeres primeras, de lana negra, y cálcenle unos zapatos hechos de paja, los cuales el mozo haya hecho estando en su ayuno, para que sepan, que si en la guerra anduviere y le faltaren zapatos, que los sepa hacer de paja y seguir los enemigos con ellos; y ansí estos zapatos calzados, pónganle en la cabeza una cinta negra, y encima desta cinta pónganle una honda blanca, y átenle al cuello una manta blanca que cuelgue á las espaldas, la cual haya de ser angosta de dos palmos en ancho é que le tome de la cabeza hasta los piés; y esto hecho, pónganle en las manos un manojo de paja del gordor de una muñeca, las puntas de la cual paja lleve para arriba,[pág. 94] segun aquella nace, y del remate desta paja cuélguenle cierto copo de lana larga, que casi parece un copo de cáñamo blanco y largo; y ya questé ansí, llegue á do la guaca está, é la moza que ansí consigo lleva, de aquel cantarillo caliz hincha dos vasos pequeños de chicha y délos al novel, el cual beba el uno, y el otro délo á beber al ídolo, el cual derramará delante dél. Y esto hecho, se descienda el tal novel y sus parientes de la guaca, y vénganse á la ciudad; y el novel traiga aquella paja, así enhiesta, en las manos; é siendo ansí en la ciudad, vistan al novel una camiseta colorada é con una lista blanca de abajo arriba por medio de la camiseta, con cierta flocadura segun por el remate de la camiseta, y pónganle en la cabeza una cinta colorada con una lista de cualquier color; y estando ansí, pónganle aquella manera descapulario en las espaldas; y de allí, vayan á una guaca que yo mañana señalaré, la cual se llama Anaguarque, y llegados allí, hagan su sacrificio ofreciéndole cierta chicha y haciendo delante della un fuego, en el cual fuego le ofrezcan algun maíz é coca y sebo; é cuando ansí fueren, lleven los parientes deste novel, que casi quieren imitar á padrinos, unas alabardas grandes y altas de oro é plata, y siendo ya el sacrificio hecho, aten en lo alto, en los hierros destas alabardas, aquella paja que en las manos ansí llevan, colgando [de] los tales hierros aquella lana que ansí cuelga de la paja; y estando ya ansí atada esta paja, dén á cada uno de sus noveles una alabarda destas en las manos; y esto ya hecho, júntenlos todos á estos noveles que allí se hallaren y mándenles que[pág. 95] partan de allí corriendo todos juntos con sus alabardas en las manos, bien ansí como si fuesen siguiendo alcance de enemigos, y este correr sea desde la guaca hasta un cerro do se parece esta ciudad; [é] estén allí en este sitio, para que vean ciertos y [seguros?] cómo llegan estos caballeros noveles corriendo, y quién es aquel que primero llegare corriendo, y este tal hónrenle los suyos y dénle cierta cosa y díganle que lo hizo como buen orejon, é dénle por sobrenombre guaman, que dice "halcon"; y estos tales que ansí se extremaren, cuando orejones fueron hechos, sean conocidos, para cuando la ciudad del Cuzco tuviere guerra, suban á los péñoles, como más ligeros, é combatan con los enemigos.

É otro dia salgan de la ciudad, é yo ansímismo señalaré otra guaca, la cual guaca se llamará Yavirá, la cual será el ídolo de las mercedes; é siendo ya en ella, hagan hacer un gran fuego é ofrezcan á esta guaca é al sol estas ovejas é corderos, degollándolos primero, con la sangre de los cuales les sea hecha una raya con mucha reverencia por los rostros, que les tome de oreja á oreja; y ofrezcan ansímismo á este fuego mucho maíz é coca, todo lo cual sea hecho con grande reverencia é acatamiento, ofreciéndolo al sol, y allí le pidan estos noveles, é cada uno por sí, que le dé prosperidades y le aumente sus ganados, y los mire y libre de cualquier mal que les venga. Y esto acabado, les sea tomado juramento á cada uno por sí, delante del ídolo, que ternán cuidado de siempre acatar y reverenciar al sol y labrarle sus tierras, y ser obedientes al Inca é[pág. 96] siempre tratarle verdad y serle leal vasallo é no tratarle traicion, é que cada y cuando que sepa que traicion le hace alguno al Inca, se lo manifestará é dirá; é que lo mismo será leal á la ciudad del Cuzco; y que cada y cuando que el Inca tenga guerra ó la ciudad del Cuzco, que servirá con su persona é armas en la tal guerra, é que morirá en defensa della é del Inca.

Y esto jurado, el señor que allí estuviere en la guaca, ante quien la jura hiciere, le responda en nombre é lugar del sol é de aquel ídolo, que se lo agradece, é que ansí lo haga; é que le diga que el sol há por bien que sea auqui[52], que dice "caballero." Y esto hecho, que el tal novel rinda gracias por ello ahí al sol, é que luego allí le vistan una camiseta muy pintada, y le pongan una manta muy pintada encima, todo lo cual sea ropa fina, y que le cuelguen de las orejas unas orejeras grandes de oro colgando, con un hilo colorado atadas, y que le pongan una venera de oro grande en los pechos, y que le calcen unos zapatos de enea, é que le pongan en la cabeza una cinta muy pintada, que llaman pillaca llauto; que encima desta cinta le pongan una patena de oro, y que hasta allí ningun mozo se la pueda poner, é si cosa fuere que allí se le olvidare de poner, nunca se le pueda poner en sus dias. Y que esto hecho, le hagan tender los brazos al tal novel, é que aquellos sus parientes que allí andan con él como padrinos, le dén ciertos azotes en los brazos[pág. 97] con unas hondas, para que se acuerde y tenga memoria de la tal jura que allí hace y merced que le fué hecha. Y esto hecho, desciendan ansí todos juntos á la plaza desta ciudad, ansí vestidos é adornados como estuvieren, donde han de hallar á todos los señores del Cuzco vestidos de unas camisetas largas é coloradas que les dé hasta los piés, los cuales tengan sobre sus mesmas cabezas [pieles de leones con sus rostros][53], é los rostros destos leones tengan en drecho[54] de los suyos mismos, las cuales cabezas de leones tengan ansímismo unas orejas de oro; é ansímismo han de tener consigo estos señores que en la plaza ansí están, cuatro atambores de oro.

É como los noveles lleguen á la plaza, pónganse en ala á la parte de abajo, los rostros hácia do el sol sale; y como ansí lleguen, hinquen las alabardas que ansí traen, en el suelo, cada uno delante de sí. Y como esto sea hecho, los señores que allí están, comiencen su canto y toquen los atambores; y despues de haber cantado y holgádose, siéntense todos ansí en ala como están, y beban cada dos vasos de chicha y otros dos ansímismo ofrezcan al sol, derramándolos delante de sus alabardas, y dende á poco, levántense y tornen á su cantar; en el cual canto han de dar grandes loores[pág. 98] al sol y rogarle que á su pueblo é á sus noveles guarde é aumente; y este canto acabado, tornen á beber. Y esto han de hacer treinta dias, desde el dia que comience.—Y desta manera van cada noche bien arropados de chicha; porque su principal felicidad, en todas sus obras é cosas que hacen, es el bien beber, y mientras más beben, más señor, porque tienen posibilidad para ello.

É ordenó que estos treinta dias cumplidos, se juntasen allí en la plaza los parientes destos noveles é trujesen los noveles allí consigo, é que hincada la alabarda, y estando ellos en pié, tomasen con las manos la alabarda, é ansí, tendidos los brazos, los parientes les diesen con una honda en ellos, para que tuviesen memoria é se acordasen desta fiesta; y que esto hecho, fuesen de allí á una fuente que dicen Calixpucquiu[55], que dice "el manantial del Calix"[56], y siendo ya allí, que se laven todos, á la cual fuente han de ir ya que quiera anochecer. É siendo ansí lavados, hánse de vestir otras camisas preciadas, y ansí vestidos, sus parientes los apedrean con unas tunas[57], y cada pariente, ansí como le haya apedreado con las tunas, sean obligados á les ofrecer á los tales noveles ciertas joyas é piezas de[pág. 99] ropa, é denle ansímismo, en fin desto, á cada uno destos noveles, una honda. Y esto acabado, cada uno destos noveles ha de volver á su casa, la cual casa ha de hallar muy limpia, é muy buena lumbre hecha en ella, y todos sus parientes é parientas en ella; y entónces han de sacar los cuatro cántaros de chicha que hicieron en el principio de la fiesta, de los cuales cántaros han de beber todos, y al tal novel han de imbriagar con la tal chicha de tal manera, que no[58] tenga sentido; é desque ya esté ansí, hánle de sacar del aposento, y donde ellos mejor les pareciere, allí le horaden las orejas. Y otro dia de mañana, salgan todos los noveles á la plaza todos juntos y en órden de pelea y bien ansí como si quisieran dar batalla, con sus hondas en las manos y á los cuellos unas bolsas de redes, en las cuales traigan muchas chinas; y puestos tantos de un cabo como de otro en la plaza, comiencen á batallar; la cual batalla han de dar á fin de que han de entender que ansí han de pelear con sus enemigos. Y desta manera me parece que han de ser estas cirimonias, y deste arte ternan órden [en] el hacer de los orejones y no lo que ha sido hasta aquí.

Oido por los señores lo que Inca Yupanqui tenia ordenado, dijeron que aquello estaba muy bien ordenado é pensado, que así se hiciese de allí adelante, é que les dijese, que ¿desde cuándo queria que comenzase aquella fiesta? Les dijo, que de allí á treinta dias se podria[pág. 100] comenzar, porque de allí comienza el mes de do principiaba el año; y ellos le rogaron, que porque hasta allí no habian tenido órden por do conociesen el año é los meses dél, que tuviese [por bien?] de señalárselo y decilles de donde comenzaban, é los nombres de los tales meses. Y el Ynca les respondió, que despues de aquella fiesta del sol, tenia él pensado de dar órden en aquello; mas, pues que ellos le rogaban que se los dijesen y señalasen (así), que él los queria hacer aquella merced; é que al presente no habia lugar de les dar razon de aquello, porque pensaba señalar y ordenar en los tales meses otras fiestas en que todos ellos se regocijasen é hiciesen sus sacrificios; que de allí á diez dias, les diria la órden que en aquello habian de tener é las fiestas que les habian de regocijar é sacrificios que ansí habian de hacer. Y esto dicho, salieron de su acuerdo él y los demás señores, los cuales se fueron cada uno á su posada, donde comenzaron á dar órden á sus fiestas, que ya habeis oido que dende á treinta dias habian de comenzar; los cuales treinta dias pasados, hicieron su fiesta en la manera que habeis oido; y dende entónces lo continuaron hacer en la manera ya dicha, hasta este año en que estamos de mill y quinientos y cincuenta y un años.—Esta fiesta y las demás que este Señor constituyó, aunque se las quieran quitar en esta ciudad del Cuzco, las suelen ellos hacer oculta ó secretamente en los pueblecillos que están en torno de la ciudad del Cuzco.[pág. 101]

CAP. XV.—En que trata de cómo Inca Yupanqui señaló el año y los meses y los puso nombre, y de las grandes idolatrías que constituyó en las fiestas que ansí ordenó que se hiciesen en los tales meses; é de cómo hizo relojes de sol por los cuales viesen los de la ciudad del Cuzco cuando era tiempo de sembrar sus sementeras.

Pasados que fueron los diez dias que Inca Yupanqui dijo á los señores que despues de aquellos se juntasen con él otra vez, en la cual junta les habia de decir la órden que ansí le pedian que hiciese del año y meses é de las más fiestas que ellos habian de tener é guardar, Inca Yupanqui les dijo que él habia muchos años que habia imaginado los meses é tiempo del año, los cuales habia hallado que eran doce, é que no pensaba decilles destos doce meses é tiempos cosa, sino fuese bien ansí como fuesen entrando y las tales fiestas que ellos en ellos habian de hacer él fuese constituyendo; mas, pues ellos se lo habian pedido, que él se lo queria pedir (así) y decir y declararles las fiestas é sacrificios que en los tales meses ansí habian de hacer, que estuviesen atentos é los tomasen bien en su memoria; que demás desto, ansí mesmo habia pensado[pág. 102] de hacer cierta cosa que él llamó Pachaunanchango, que quiere decir "conocedor de tiempo"[59],—que podemos presumir por relox,—por el cual ellos y sus descendientes, ya que perdiesen la cuenta de los meses, para que le entendiesen cuando era el tiempo del sembrar, é laborar, é aderezar sus tierras.

É ansí, los señores estando atentos, Inca Yupanqui les dijo: á este mes que viene, en el cual se han de hacer los orejones, como ya os tengo dicho, que es de donde el año comienza, le llamareis y llamarse ha Pucuy quillaimi[60], que es nuestro mes de diciembre; y al mes de enero llamaba ha tiempo Coyquis; y al mes de hebrero llamó Ccollappoccoyquis[61]; y al mes de marzo llaman Pachapoccoyquis[62]; y al mes de abril Ayrihuaquis[63]; y al mes de mayo llaman Aymorayquis quilla[64]. En este mes constituyó é mandó Inca Yupanqui que se hiciese otra fiesta al sol, muy solene, en la cual se hiciesen grandes sacrificios, á fin de quél les habia dado la tierra y el maíz que en ella tenian, y que desde que entónces comenzaran á cojer sus maíces, comenzase la fiesta y durase hasta en fin del mes de junio; y que en este mes de junio, que llamó Hátun cosqui quillan, que los que en[pág. 103] el mes de diciembre pasado eran ordenados orejones, en aquesta fiesta que constituia en este mes de junio, se vistiesen de camisetas tejidas de oro y plata y de plumas tornasoles, y que ansí puestos de sus plumajes y patenas é brazaletes de oro, saliesen á esta fiesta; y que en esta fiesta diesen fin á sus ayunos y sacrificios, que desde que eran ordenados orejones hasta allí habian hecho; y comenzasen de allí a holgarse y celebrar la otra que ansí constituia que se habia de hacer al sol por las simenteras, á la cual fiesta que ansí comenzaba desde el mes de mayo hasta fin de junio, como ya habeis oido, llamó é nombró Yahuarincha aymoray[65]. La cual fiesta mandó que se hiciese en la plaza do agora es el espital, en la ciudad del Cuzco, que es á la salida desta ciudad, do llaman Rimacpampa; á la cual fiesta habian de salir vestidos los señores de la ciudad de unas camisetas coloradas que les daba hasta en pies; en la cual fiesta mandó que se hiciesen grandes sacrificios á los ídolos, do se les quemase é sacrificase muchos ganados é comidas é ropa, y en las tales guacas fuesen ofrecidos muchas joyas de oro y plata.

Al mes de julio le llamaron Cahuarquis[66], en el cual no mandó que se le hiciese fiesta ninguna, mas de que les dijo que en este mes se habian de regar sus tierras, é habian de comenzar á sembrar su maíz é papas é [pág. 104]quinua[67] hasta el mes que entraba é salida del setiembre; y al mes de agosto llamó Capacsiquis[68]; y al mes de setiembre llamó Cituaiquis[69]. En este mes dicen que constituyó Inca Yupanqui que se hiciesen dos fiestas, la una que casi quiere parecer á la que nos hacemos de San Juan, porque se levantan á media noche y se lavan hasta que rie el dia, y llevan ciertos hachos encendidos; y despues de ser lavados, dánse con estos hachos en las espaldas, é dicen que echan de sí toda dolencia é mal que tengan. É la otra fiesta es [la] que llamó este Inca Yupanqui Purappucquiu[70], [é] ansímismo la hacia é mandó hacer en este mes; la cual mandó que se hiciese á las aguas, é que ansímismo las hiciesen sacrificios; y en estos sacrificios mandó que se ofreciese mucha ropa y ovejas y coca, y que de todas cuantas yerbas y plantas que habia en los campos, trujesen las flores dellas; todo lo cual mandó que ofreciesen á las aguas en esta manera: que tomasen mucha cantidad de ropa y la echasen en aquel rio del Cuzco en la parte do se juntan los dos rios; que ansímismo trujesen muchas ovejas é corderos é que los ofreciesen al agua y los degollasen en aquel lugar do la ropa era echada, y que hiciesen luego allí un gran fuego en el cual quemasen estas ovejas é corderos, é la ciniza de los tales ansí quemados, la lanzasen en el agua en aquel mesmo sitio, y que luego[pág. 105] tras esto, lanzasen en el rio las flores que ya habeis oido; é tras esto, mandó que echasen en el agua mucha coca molida é desmenuzada. Y tras esto se ponia, cuando se ponia el sol[71], en cierto sitio, en el cual estuvo seguro en pié en una parte donde bien ver se pudiese, y ansí como conociese desde aquel sitio do él se paraba, el curso por do el sol iba cuando se ponia, en aquel derecho, en lo más alto de los cerros, hizo hacer cuatro pirámides ó mármoles de cantería, los dos en medio menores que los otros dos de los lados, y de dos estados de altor cada uno, cuadrados, é apartado uno de otro una braza, salvo que los dos pequeños de enmedio hizo más juntos, que del uno al otro habrá media braza. Y cuando el sol salia, estando uno puesto do Inca Yupanqui se paró para mirar y tantear este derecho, sale y va por el derecho y medio destos dos pilares, y cuando se pone, lo mismo, por la parte do se pone; por donde la gente comun tenia entendimiento del tiempo que era, ansí de sembrar, como de coger; porque los relojes eran cuatro á do el sol salia, y otros cuatro á do se ponia, do se diferenciaban los transcursos y movimientos que así el sol hace en el año. Erróse el Inca Yupanqui en el tomar del mes para que vinieran á una y á nuestra cuenta los meses del año que ansí señaló, porque tomó de diciembre, habiendo de tomar de enero; mas, al fin, él supo de entenderse y dar órden á su república.[pág. 106]

CAP. XVI.—En que trata cómo Inca Yupanqui reedificó la ciudad del Cuzco, é cómo la repartió entre los suyos.

Despues que Inca Yupanqui hubo hecho é dado órden en el año é meses é fiestas que en él se habian de celebrar, y hechos los relojes, habiéndose recreado é holgado en las cosas que habeis oido tiempo y espacio de dos años, el cual tiempo gastó este Señor en estarse en su pueblo, porque los naturales é caciques que á él estaban sujetos tuviesen espacio y tiempo para holgarse en sus tierras del trabajo que habian pasado en el reparo que ansí habian hecho en los arroyos de la ciudad del Cuzco, é porque ansí tuviesen espacio é tiempo de sembrar é coger grandes sementeras, con las cuales se reparasen de comidas é todos proveimientos, é tuviesen con que poder servir é contribuir á la ciudad del Cuzco y á los depósitos que en ella eran; pareciéndole que ya rescibia su persona é los demás algun tanto de pena por la ociosidad que ansí tenian él y los demás, ajuntóse un dia con los principales de la ciudad del Cuzco é díjoles: que ya habia ociosidad; que le parecia que ya era tiempo que los caciques é señores á él subjetos viniesen con sus comidas é bastimentos á la ciudad del Cuzco é trajesen consigo toda la más[pág. 107] gente que ser pudiese, porque tenia en sí acordado de hacer reedificar la ciudad del Cuzco de tal manera, que para perpetuamente fuese hecha y fabricada de ciertos edificios que él en sí tenia pensado, é que despues que fuesen hechos, ellos los verian; para lo cual era necesario mucha y muy gran cantidad de gente, é que para esto era necesario que saliesen de la ciudad ciertos señores de los que allí en aquella junta con él eran; é que luego allí viesen los que querian ir, porque, con los que quedasen, él tenia necesidad, mientras los que habian de ir fuesen, de hacer é proveer lo que para el tal edificio fuese necesario. É luego allí fueron nombrados diez señores, con veinte orejones, los cuales se partieron luego de allí é fueron á los pueblos é provincias á hacer traer y proveer lo que ya habeis oido.

Inca Yupanqui é los demás señores que allí quedaron, así como fueron salidos de su consulta, fueron por todo el torno de la ciudad en cinco leguas, y en el [lugar] que les pareció, buscaron é miraron do hobiesen sierras é sitios do se pudiese sacar piedra y cantería, é barro, é tierras para hacer las mezclas que los tales edificios habian de llevar; donde hallaron que en el sitio de Saluoma[72] habia mucha y muy gran cantidad de piedra é muy grandes canteras. É visto por el Inca é los demás señores que ya allí tenian aparejo é recaudo é mucha y muy gran cantidad de cantería, se[pág. 108] volvieron á la ciudad, donde dieron órden, luego que llegados fueron, en la manera que ansí habian de traer é acarrear la tal cantería; para lo cual mandaron que fuesen hechas muchas y muy gran cantidad de sogas gruesas, é maromas de niervos é de cueros de ovejas.

[Ya] que esto ansí fué hecho, Inca Yupanqui trazó la ciudad é hizo hacer de figuras de barro, bien ansí como él la pensaba hacer y edificar; é luego questo fué hecho, llegaron en aquella sazon é tiempo aquellos orejones é señores que habian ido á hacer traer proveimiento y comida é cantidad de gente para hacer los tales edificios, como ya la historia os ha contado; é como ansí llegasen, los caciques saludaron al Inca en la manera que ya os digimos, y el Inca los recibió con intrañable amor, con los cuales le pareció que seria bien holgarse con ellos cinco dias, y así fué hecho. En cabo de los cuales, paresciéndole al Inca que seria bien dar órden en que se comenzase á poner por obra el fabricar de la ciudad, pareciéndole que ya la tal gente que ansí era llegada habia de descansar el tiempo que le bastase, luego mandó á los caciques que cada uno juntase su gente en cierta campaña é llano é la pusiesen cada uno por sí, porque les queria repartir á todos ellos la obra que ansí habian de hacer, é dalles la órden que en ello habian de tener. Y siendo ansí juntas las tales gentes, repartió su obra entre los tales caciques, mandando á unos que acarreasen piedra tosca para los cimientos, y á otros que trujesen barro el que les pareciese, que fuese bueno é pegajoso; con el cual barro é piedra tosca mandó hacer los cimientos de los[pág. 109] tales edificios, sacándolos de cimiento, que era el cimiento y asiento de ellos desde donde topaban con agua, para lo cual mandó que se edificasen de piedra tosca é barro pegajoso, á fin de que si el agua entrase por ellos, no fuese parte á deshacer é comer este barro; porque, como ya os dijimos, todo lo más del asiento de la ciudad eran ciénegas é manantiales de agua; todos los cuales manantiales mandó que fuesen tomados é repartidos de tal manera, que á las casas de la tal ciudad fuesen por sus caños y hechos fuentes para el servicio y proveimiento della.

Y ansímesmo á otros mandó que sacasen y abriesen los cimientos de las tales casas y edificios de la ciudad, y á otros mandó que acarreasen cantería para el edificio que se habia de edificar despues que estos cimientos fuesen ansí altos en el peso y ser que habian de ser; é á otros mandó hacer adobes de barro é tierra pegajosa, en los cuales adobes se echase mucha cantidad de paja; la cual paja es á manera de esparto d'España; la cual tierra é paja fuese amasada de tal manera, que los tales adobes fuesen bien hechos y tupidos, con los cuales adobes se habia de edificar desde la obra de cantería para arriba hasta que los tales edificios é casas estuviesen en el altor y ser que habian de llevar. Á otros mandó que trujesen y acarreasen mucha cantidad de maderos de aliso[73] largos é derechos, dándoles el largor y medida que habian de tener. Y ansímesmo[pág. 110] mandó que para cuando fuesen hechos y altos los edificios é puestos en proporcion y en el ser que habian de tener, que para [que] la mezcla que ansí habian de llevar en el lucimiento de las casas, ansí por de dentro como por de fuera, pegase y no se resquebrajase, mandó que trujesen para aquel tiempo mucha cantidad de unos cardones que ellos llamaban aguacolla quizca[74], con el zumo de los cuales fuesen untadas las tales paredes; é siendo la mezcla muy bien amasada é mezclada con mucha cantidad de lana, fuese puesta en las tales paredes sobre la mojadura que ya habeis oido de los tales cardones, y que en la tal mezcla, si no quisiesen echar lana, echasen paja, la qual fuese muy mucho molida, é ansí se diese lustre á las tales paredes y edificios.

Todo lo cual que oido habeis siendo proveido, todas estas cosas é cada una de ellas, se levantaron aquellos caciques y luego pusieron por obra los tales edificios y proveimientos de pertrechos que así les era mandado que para lo tal era necesario, y luego mandó Inca Yupanqui que se saliesen todos de la ciudad del Cuzco de sus casas, é sacasen todo lo que dentro dellas tenian, é se pasasen á los pueblezuelos que por allí juntos eran; é como esto fuese ansí hecho, mandó que las tales casas fuesen derribadas por tierra. Donde, como esto fuese hecho é limpio é llano[75], él mesmo[pág. 111] por sus manos juntamente con los demás señores de la ciudad, haciendo traer un cordel, les[76] señaló y midió con el tal cordel los solares é casas que ansí se habian de hacer, é cimientos é edificios dellas; de todo lo cual ansí señalado abiertos los cimientos, y siendo los pertrechos necesarios para la tal obra [traidos, aparejados?], comenzaron á hacer y edificar su ciudad é casas della; los cuales edificios y casas fueron hechos andando en la obra y edificios dellos continuamente, mientras la obra duró, cincuenta mill indios; é tardóse, desde que Inca Yupanqui mandó comenzar á reparar las tierras é rios de la ciudad é la tal hacer y edificar, hasta que todo lo cual que oido habeis fué hecho y acabado, veinte años.

É como ya la ciudad fuese hecha é puesta en perficion, mandó Inca Yupanqui que todos los principales del Cuzco é los demás vecinos é moradores dél, fuesen juntos en cierta campaña rasa; é siendo ansí juntos, mandó traer allí la traza de la ciudad é pintura que ansí habia mandado hacer de barro, é tiniéndolas delante de sí, dió é repartió las casas é solares ya edificados y hechos como oido habeis, á los señores del Cuzco y á los demás vecinos é moradores dél, todos los cuales eran orejones descendientes de su linaje é de los demás Señores que hasta él habian sucedido desde el principio de Manco Capac, poblándolos é mandándolos poblar en esta manera: que los tres señores sus[pág. 112] amigos poblasen desde las Casas del Sol para abajo, hácia la junta de los dos rios, en aquel espacio de casas que entre los dos rios se hicieron, y desde las Casas del Sol para abajo, al cual sitio mandó que se llamase Hurin Cuzco, que dice "lo bajo del Cuzco," y el remate postrero de la punta desto, mandó que se nombrase Pumap Chupan, que dice "cola de leon;" en el cual sitio poblaron estos tres señores, ellos y los de su linaje, de los cuales y de cada uno por sí comenzaron é decindieron los tres linajes de los de Hurin Cuzco; los cuales señores se llamaron Vica Quirao, y el otro Apu Mayta, y otro Quilliscachi Urco Guaranga[77]. É de las Casas del Sol para arriba, todo lo que tomaban los dos arroyos hasta el cerro do agora es la fortaleza, dió é repartió á los señores más propincos deudos suyos é descendientes de su linaje por línia recta, hijos de señores é señoras de su mesmo deudo é linaje; porque los tres señores que de las Casas del Sol para abajo mandó poblar, segun que ya habeis oido, eran hijos bastardos de señores, aunque eran de su linaje, los cuales habian habido en mujeres extrañas de su nacion é de baja suerte, á los cuales hijos ansí habidos, llaman ellos Guaccha Cconcha, que quiere decir "provenidos de pobre gente é baja generacion;" y estos tales, aunque sean hijos del Inca, son llamados ansí, é no son tenidos ni acatados ninguno destos, ansí hombres como mujeres, de los demás señores, sino por un orejon de los otros comunes.[pág. 113]

Porque habrán de saber, que el Inca que ansí es Señor, tiene una mujer principal: esta [no] ha de ser deuda de pobres, y esta tal mujer ha de ser principal é deuda, hermana ó prima hermana suya, á la cual mujer llaman ellos Pihuihuarmi[78] y por otro nombre Mamanguarmi; y la gente comun, como á tal mujer principal del Señor, llaman, cuando ansí la entran á saludar, Pocaxa (?) intichuri capac coya guacchacuyac[79], que dice "Hija del Sol é sola reyna amigable á los pobres;" y esta tal señora habia de ser de padre é madre derechamente señor é deuda del Inca, sin que en ella hubiese raza ni junta de Guaccha Concha, que es lo que ya habeis oido. Y esta tal señora recibia el Inca por mujer principal suya el dia que tomaba la borla del Estado é insinia real, é los hijos que ansí en esta tal señora habia, se nombraban Pihuichuri, que dice como si dijésemos hijos legítimos; y el mayor destos era señor del Estado y heredero legítimo; é si caso fuese que el Inca muriese dejando este tal niño que no supiese gobernar, hacíanle[80] Señor, é poníanle la borla en la cabeza, aunque este tal estuviese mamando, é llamábanle al tal niño Guayna Capac, que dice "mancebo rey;" aunque los que construyen este nombre, no entendiendo lo que quiere decir, [dicen?] que dice [pág. 114]mancebo rico; porque habrán de saber, que Capa, siendo postrera, dice rico, y Guaina dice mancebo; é si dijera este nombre Capa Guaina, dijera mancebo rico; mas dice Guaina Capac, con c postrera, que dice mancebo rey.

É ansí mesmo construyen otro nombre los que no lo entienden, que dice mancebo[81] Viracocha, que quiere decir y podremos tener dice Dios, porque este nombre nombran ellos al que dicen é tienen que fué el Hacedor; é como los españoles viniesen á esta tierra y ellos viesen gente muy agena de su sér, como la historia adelante os contará, llamáronlos á todos y á cada uno por sí, Viracocha; y queriendo construir este nombre los que les parecia que iban entendiendo el hablar, parábanse á pensar y imaginar que vira quiere decir en esta lengua "manteca," y cocha dice "mar;" todo lo cual declaraban é decian que queria decir "manteca de la mar," y "espuma de la mar;" lo cual no quiere decir aquello, sino propiamente Dios. Y ansí, cuando los españoles vinieron á esta tierra, los llamaron deste nombre é tuvieron por dioses.

É volviendo á nuestra historia, á este tal niño señalábanle sus ayos y gobernadores, los cuales gobernasen todo el tiempo que viesen que no era de edad para gobernar; é si el Inca, despues de haber recibido á esta por mujer, ó ántes desta, tuviese otras cincuenta mujeres hermanas y deudas suyas, porque ansí era su costumbre de tener á todas sus hermanas por mujeres, los[pág. 115] tales hijos que en estas habia no heredaban ninguno destos su estado, si no fuese el hijo de la tal Pihui, mujer legítima, que ellos dicen. Y si caso fuese que esta tal no hobiese el Inca en ella hijos, ó la tal pariese hijas, en el tal caso el Estado se daba, por fin de los dias del Inca, al hijo mayor que ansí hobiese habido en cualquiera de las otras mujeres sus hermanas ó deudas, como viesen que el tal mostraba en sí ser é capacidad para rigir y gobernar su reino é república; é si no era tal cual debiese, escogian entre sus hermanos el que mejor les parecia que los podria gobernar, é á este tal é con este tal daban é casaban la tal su hermana, en la manera que ya habeis oido, que ansí su padre habia habido en la tal Pihuihuarmi ó mujer principal, á la cual tenian é respetaban, ansí los señores de la ciudad del Cuzco como los demás señores de toda la tierra, como á su tal reina é señora principal de todos ellos.

É volviendo al propósito del repartir de la ciudad é casas della, Inca Yupanqui las repartió en la manera que habeis oido, tomando él para sí en ella las casas é solares que ansí vió que le bastaban. Y esto ansí hecho, mandó, que porque no hubiese en esta ciudad mezcla de otras gentes ni generacion, sino fuese la suya y de sus orejones, porque esta ciudad tenia él que habia de ser la más insigne ciudad de toda la tierra, y aún que todos los demás pueblos habian de servir é reverenciar, segun que antiguamente fué nuestra Roma; que los del linaje de Allcahuiza[82], el cacique señor que[pág. 116] Manco Capac hallara poblado en aquel sitio, segun que ya la historia os ha contado, que estos tales poblasen allí junto al Cuzco, casi dos tiros de arcabuz de la ciudad; é ansí poblaron; á los cuales dió Inca Yupanqui favor y ayuda para que les ayudasen á hacer sus casas; el cual pueblo, despues que lo tuvieron hecho y acabado, mandó Inca Yupanqui que se nombrase este pueblo Cayaucachi; é ansí, estos de Allcahuiza[83] fueron echados de la ciudad del Cuzco, é ansí quedaron subjetos é avasallados; los cuales podrian decir que les vino güesped que los echó de casa.

CAP. XVII.—En que trata de cómo los señores del Cuzco quisieron que Inca Yupanqui tomase la borla del Estado, viendo su gran saber é valerosidad, y él no la quiso rescebir, porque su padre Viracocha Inca era vivo, é si no fuese por su mano, que no la pensaba rescebir; é cómo vino su padre Viracocha Inca y se la dió; é de cierta afrenta que despues desto hizo á su padre Viracocha Inca, é de la fin é muerte de Viracocha Inca.

Despues de haber Inca Yupanqui dado é repartido la ciudad del Cuzco en la manera que ya habeis oido, puso nombre á todos los sitios é solares, é á toda[pág. 117] la ciudad junta nombró Cuerpo de Leon, diciendo que los tales vecinos y moradores dél eran miembros del tal Leon, y que su persona era la cabeza dél. É como los tales señores de la ciudad hubiesen visto las grandes y crecidas mercedes que les habia hecho é cada dia les hacia, é considerando ellos que si[84] su gran sabiduría y el celo grande que ellos en él conocian que tenia del bien de su república, andaban imaginando todos ellos juntos y cada uno por sí, cómo le hiciesen un servicio señalado, del cual servicio él fuese dellos bien servido y á él fuese agradable. Para lo cual todos ellos se juntaron un dia, en la cual junta ordenaron é concertaron que el servicio que le debian hacer era ponerle la borla del Estado é insignia de rey que ellos tenian, segun era su usanza é costumbre antigua, é darle otro nuevo nombre. Todo lo cual ansí hecho é acordado por ellos, se salieron muy alegres, pensando que habian acordado con qué el Inca le fuese agradable; y esto ansí acordado, se salieron todos é se fueron, ansí todos juntos como estaban, á la casa del Inca; al cual hallaron que no estaba ocioso, el cual estaba pintando é debujando ciertas puentes y la manera que[85] habian de tener, é cómo habian de ser edificados; y ansí mesmo debujaba ciertos caminos que de un pueblo salian y iban á dar á aquellas puentes é rios. Como esto fuese ageno del entender de aquellos señores, que quisiesen[pág. 118] ver este debujo, luego que llegaron do el Inca estaba, despues de le haber saludado y hecho su debido acatamiento, le preguntaron ¿qué era aquello que ansí debujaba? Á los cuales respondió, como los vió ansí venir a todos juntos, todos los cuales habian entrado muy alegres delante dél: "Decime vosotros, ¿qué demanda traeis todos juntos é á qué venís, que me parece que venís alegres? ¿Qué es esto que me preguntais? Cuando sea tiempo, yo os lo diré é mandaré que ansí se haga y á cada uno de vosotros, en la suerte que ansí le cupiere; é no me lo torneis á preguntar, porque, como ya os digo, yo os lo diré; que ya habreis entendido de mí, que cuanto ha que de aquí salió mi padre, que yo no [he] entendido sino ha sido en cosas que os convengan é más bien os sea vuestro; lo cual, tened de mí, que todo el tiempo que yo viviere, siempre haré y acostumbraré á hacer."

Los señores le rendieron gracias por ello é le rogaron que ansí lo hiciese é por ellos mirase; y el Inca les dijo que le dijesen á lo que venian, y que luego se volviesen, porque le hacian perder el tiempo. Y ellos le dijeron, que á lo que ellos allí habian[86] venido, era á rogalle que les dijese que cuándo pensaba tomar la borla del Estado, porque les parecia que era ya tiempo; é que ellos querian dar órden é proveer los menesteres é cosas que para ello eran necesarias, é para la fiesta é ceremonias é ayunos que en tal caso[pág. 119] ansí se habian de hacer. É como el Inca esto oyese, dicen que se rió é dijo: que estaban muy léjos, é que sus pensamientos dellos estaban muy atrás de do el suyo iba caminando, é que ellos pasaban muy adelante al suyo, el dellos; que, al presente, que no gastasen tiempo con sus pensamientos en semejante cosa, porque [á] ellos hacia saber, que mientras su padre viviese, él no pensaba ponerse tal cosa en su cabeza, porque él pensaba que su padre habia de dar la tal borla á su hijo Inca Urco despues de sus dias, la cual él pensaba írsela á quitar de la cabeza, é la cabeza juntamente con ella, por las palabras que su padre le habia dicho, que fueron, que pisase Inca Urco las insignias del Chanca Uscovilca, que él venciera; é que les prometia de no tomar la tal borla mientras su padre viviese, si no fuese en tal manera, ó si no fuese que su padre viniese á la ciudad del Cuzco á se la poner él de su mano en su cabeza; é de aquella manera, que él la acetaria. Que él les agradecia la voluntad que para aquello ellos le habian mostrado, é que les juraba, que él les satisfaria la deshonra que su padre les hiciera á ellos y á su ciudad en desampararla. Y restituyendo el cual juramento, hizo en esta manera: que tomó un vaso de chicha en sus manos, é vaciólo por el suelo, diciendo, que su sangre fuese derramada bien ansí como él habia vaciado aquel vaso de chicha por el suelo, si él de la tal afrenta no tomaba satisfacion de su padre, é haciéndole á su persona otra tal cual él á ellos les hiciera [é] á su ciudad. Á todo lo cual, conociendo de Inca Yupanqui aquellos señores su voluntad, para en lo que[pág. 120] tocaba á lo que ellos habian venido, viéndole enojado, no le respondieron á aquella cosa. É luego les dijo, que si querian otra cosa, si no que se fuesen. É los señores le respondieron que no habian venido á otra cosa más de aquello que le habian dicho.

É ansí, se salieron estos señores é se tornaron á juntar como de ántes habian hecho; en la cual junta platicaron cómo diesen órden para que Inca Yupanqui tuviese la borla del Estado que ellos tanto deseaban. É ansí, acordaron dellos por sí y en nombre dellos mismos, de enviar sus mensajeros á Viracocha Inca, por los cuales le enviasen á rogar que tuviese por bien de venir á la ciudad del Cuzco, haciéndole saber el nuevo edificio della, el cual se holgaria de ver; é por les hacer á ellos merced y contentamiento, tuviese por bien de dar á su hijo Inca Yupanqui, de aquella venida que ansí viniese, la borla del Estado, pues él se habia disistido della é dicho á los caciques que á verle habian ido, que él se disistia della é la daba á su hijo Inca Yupanqui, para que de allí adelante la tuviese é fuese puesta en su cabeza por ellos; lo cual no habia querido hacer por le tener el respeto como á su padre.

Y esto ansí acordado por los señores de la manera que habeis oido, enviaron sus mensajeros á Viracocha Inca donde estaba poblando en su pénol; el cual Viracocha Inca, como viese la embajada que los señores le enviaban, vino á la ciudad del Cuzco; la cual venida, como fuese sabida por el Inca, salióle á rescebir al camino é saludóle como á su Señor y padre; é ansí entraron entrámos juntos en la ciudad. Y viendo [pág. 121]Viracocha Inca la ciudad tan bien obrada y edificada é los edificios della, é supo[87] la órden y gobierno que Inca Yupanqui en ella habia puesto, ansí de los depósitos como de lo demás, tocante al bien de su república, y el amor que todos le tenian, ansí los de la ciudad como los demás caciques y señores, por el buen gobierno con que los gobernaba y mercedes que él ansí les hacia, en presencia de todos los señores del Cuzco y caciques que allí estaban, viendo la suntuosidad que representaba la ciudad é sus edificios, dijo Viracocha Inca á Inca Yupanqui: "Verdaderamente tú eres hijo del sol; yo te nombro rey y Señor." Y tomando la borla en sus manos, quitándola de su misma cabeza[88].

Y era una costumbre entre estos Señores, que cuando aquello así se hacia, el que la tal borla le ponia en la cabeza al otro, juntamente con ponérsela, le habia de nombrar el nombre, el cual habia de tener de allí adelante. É ansí, Viracocha Inca, como le pusiese la borla en la cabeza, le dijo: "Yo te nombro para de hoy más te nombren los tuyos é las demás naciones que te fueren sujetas, Pachacutec[89] Yupanqui Capac Indichuri;" que dice: "Vuelta de tiempo, Rey Yupanqui, Hijo del Sol."—El Yupanqui es el alcuña é linaje de do ellos son, porque ansí se llamó Manco Capac[90], que por sobrenombre tenia Yupanqui.[pág. 122]

É ansí nombrado Inca Yupanqui por rey y Señor, en presencia de los que allí estaban, Inca Yupanqui mandó que fuese allí traida una olla que fuese usada, é que ansí como[91] la hallasen en la casa de do sacasen la tal olla, sin más lavar, sino que ansí como estuviese, se la trujesen; é siendo ansí traida, mandó que la inchiesen allí de chicha, ansí súcia como estaba, é siendo ansí llena, mandó que la diesen á su padre Viracocha Inca, al cual mandó que ansí la tomase é ansí mismo la bebiese sin dejar en ella cosa [gota?].

É visto por Viracocha Inca lo que ansí le era mandado por el nuevo Señor, tomóla, é sin le responder cosa ninguna, bebió la tal chicha, é luego que la hubo bebido, se abajó é inclinó á él, é le pidió perdón. Al cual el nuevo Señor respondió, que él no tenia de que perdonarle, que si lo decia por la gente que le habia echado para le matar, cuando le habia ido á ver, que de aquello él estaba bien satisfecho; que aquello no lo habia él hecho sino en nombre de la ciudad del Cuzco é de aquellos señores que allí estaban presentes, por haber hecho sus cosas como mujer, y pues lo era, que no debia él beber sino en semejantes ollas como aquella en que habia bebido. Á todo lo cual el Viracocha Inca estaba en el suelo é inclinada la cabeza para él, é respondiendo de cuando en cuando á lo que ansí el nuevo Señor le decia, chocayun, que dice: "¡Mi cruel padre!" é "yo conozco mi pecado"[92].[pág. 123]

É luego le hizo levantar é llevole consigo á su casa, donde le aposentó suntuosamente; é luego comieron los dos juntos, é de allí adelante procuró el nuevo Señor de le hacer toda honra y placer é contentamiento.

É luego los señores del Cuzco dieron órden en el proveimiento que era necesario para las fiestas é sacrificios é ayunos que el Inca habia de hacer, é la su tal mujer que en aquella fiesta habia de rescebir. É siendo ansí hecho é proveido, el Inca se metió en un aposento, cual para aquello era señalado, é su mujer é suegra fueron metidas en otro, los cuales estuvieron ayunando, que no comian sino maíz crudo é beber chicha, diez dias; é lo mesmo ayunaban los deudos dél é della, aunque andaban por la ciudad. Mediante los cuales dias, los señores del Cuzco hicieron muchos y muy grandes sacrificios á todos los ídolos y guacas que estaban en torno de la ciudad, en especial en la Casa del Sol, do fueron sacrificados gran suma de ganados, ovejas, corderos é venados, é de todos los demás animales que para aquella fiesta pudieron haber; de muy mucha suma de aves, como son águilas, halcones, perdices, avestruces, é de todas las demás aves bravas que pudieron haber, hasta patos é otras aves domesticas; é otros muchos animales, tigres, leones, gatos[pág. 124] monteses, ecepto zorras, porque con las tales tienen ódio é mal querencia, que si las ven cuando en estas fiestas semejantes están los que ansí entienden en hacer estos sacrificios, lo tienen por mal agüero. Ansímesmo fueron sacrificados muchos niños y niñas, á los cuales enterraban vivos muy bien vestidos é aderezados, los cuales enterraban de dos en dos, macho y hembra; é con cada dos destos enterraban mucho servicio de oro y plata, como eran platos y escudillas y cántaros, ollas y vasos para beber, con todos los demás menesteres que un indio casado suele tener, todo lo cual era de oro y plata; é ansí enterraban estos niños con todos estos ajuares, los cuales eran hijos de cacique y principales. Y mientras estos sacrificios se hacian, todos los de la ciudad estaban en grandes fiestas y regocijos en la plaza de la ciudad.

Y estos dias pasados, los padres de la moza é los demás deudos iban al Inca llevándole la tal mujer delante de sí, vestida de ropa fina tejida de oro y plata fina, los cuales vestidos iban presos por la parte de arriba y junto al pescuezo, con cuatro alfileres de oro de á dos palmos de largo cada uno, los cuales suelen pesar dos libras de oro; y en la cabeza puesta una cinta de oro tan ancha como un dedo pulgar, que casi quiere parecer corona; é ansímesmo llevaba fajada por la cintura una faja tejida con lana fina é oro, en la cual faja iban muchas y diversas pinturas. Llevaba por cobertor otra manta pequeña, ansímismo tejida de oro y plata fina, é de diversas labores, segun su uso de vestido; llevaba calzados en los piés unos zapatos de oro segun su usanza,[pág. 125] las ataduras de los cuales son ansímismo de oro; la cual iba muy limpia é peinada é aderezada. É como así llegasen do el Inca estaba, los sus padres é deudos rogaron al nuevo Señor Pachacuti Inca Yupanqui, que tuviese por bien de recebir por mujer la tal su hija é deuda; y el nuevo Señor, como viese que era cosa que le convenia é á él perteneciente, dijo que la recebia por la tal mujer; é luego allí mandó á los señores del Cuzco que allí eran, que la recebiesen por la tal su Señora; é luego los padres de la tal Señora le rindieron gracias, é los señores del Cuzco la recebieron por la tal su Señora; á la cual, luego allí se levantó Viracocha Inca, padre del nuevo Señor, é la abrazó é besó en un carrillo, é lo mismo hizo ella á él; y esto hecho, la hizo gracia y donacion de ciertos pueblos pequeños que allí en torno tenia de su patrimonio. Y luego el Pachacutec[93] y nuevo Señor abrazó é besó la tal su esposa é mujer, é dióla é ofrecióla cien mamaconas, mujeres para su servicio; é luego fué llevada de allí á las Casas del Sol, la cual hizo allí su sacrificio, y el sol la dió, é su mayordomo en su nombre, otras cincuenta mamaconas. É salida de allí, é siendo ya en las casas del Inca, los señores de la ciudad le fueron á ofrecer sus dones, los cuales le sirvieron de mucho servicio de oro é plata, como son cántaros de oro y de plata, pequeños é grandes, é platos y escudillas y ollas y vasos para su beber, é mucho servicio de yanaconas, que pasaron de más de doscientos.[pág. 126]

Y esto ansí hecho, é siendo las fiestas acabadas, Viracocha Inca dijo á su hijo que ya era tiempo de se volver á su pueblo, porque en las fiestas y regocijos que se habian hecho, [se habia?] tardado tres meses, en el cual tiempo él habia estado siempre allí. El Pachacuti le dijo que se fuese cada y cuando que quisiese; y siendo proveido por Inca Yupanqui todo lo necesario, ansí de bastimento como de todo lo demás de quél tuviese necesidad en su pueblo, se partió Viracocha Inca; al cual rogó Inca Yupanqui, que siempre que hubiese fiestas en el Cuzco, se viniese hallar en ellas, y él dijo que lo haria; el cual, cada y cuando que fiestas habia en la ciudad, siempre venia él á hallarse en ellas. El cual Viracocha Inca, dende á diez años de la coronacion de Pachacuti Inca Yupanqui, estando en su pueblo del péñol llamado Cagua Xaquixahuana[94], que es por cima del pueblo de Calca, siete leguas de la ciudad del Cuzco, holgándose y regocijándose, enfermó de cierta enfermedad, de la cual, en cuatro meses que enfermó este señor Viracocha Inca, murió; el cual murió siendo de edad de ochenta años.

Al cual, despues de muerto, Inca Yupanqui le honró muy mucho, haciendo traer su cuerpo en andas bien adornado, bien ansí como si fuera vivo, á la ciudad del Cuzco, cada é cuando que fiestas habia, haciendo honrar y respetar su persona á los señores del Cuzco é á los demás caciques, bien ansí como si fuera vivo;[pág. 127] delante del cual bulto hacia sacrificar é quemar muchas ovejas é corderos, é ropa, é maíz, é coca, é derramar muy mucha chicha, diciendo, que el tal bulto comia, é que era hijo del sol, é questaba con él en el cielo. É hizo hacer muy muchos bultos, y tantos, cuantos Señores habian sucedido desde Manco Capac hasta su padre Viracocha Inca; é ansí hechos, mandó que se hiciesen ciertos escaños de madera muy galanamente labrados y pintados, en las cuales pintaduras fueron pegadas muchas plumas de diversas colores. Y esto ansí hecho, mandó este Señor que todos estos bultos fuesen asentados en los escaños juntamente con el de su padre, á los cuales mandó que todos acatasen y reverenciasen como á ídolos, é que ansí, les fuesen hechos sacrificios como á tales. Los cuales fueron puestos en sus casas, y cada y cuando que algunos señores entraban á do el Inca estaba, hacian acatamiento al sol, y luego á los bultos, y luego entraban á do el Inca estaba y hacian lo mismo.

Para el sacrificio de los cuales bultos señaló y nombró cierta cantidad de yanaconas é mamaconas, y dióles tierras para en que sembrasen y cojiesen para el servicio destos bultos; y ansímismo señaló muchos ganados para los sacrificios que ansí se le debian hacer; y este servicio é tierras y ganados dió é repartió á cada bulto por sí, y mandó que se tuviese gran cuidado de continuamente, á la noche y á la mañana, de dar de comer y beber á estos bultos é sacrificarlos; para lo cual mandó é señaló que tuviesen cada uno destos un mayordomo de los tales sirvientes que ansí les señaló;[pág. 128] é ansímismo mandó á estos mayordomos é á cada uno por sí, que luego hiciesen cantares, los cuales cantasen estas mamaconas é yanaconas en los loores de los hechos que cada uno destos Señores en sus dias ansí hizo, los cuales cantares ordinariamente todo tiempo que fiestas hubiese cantasen cada servicio de aquellos por su órden y concierto, comenzando primero el tal cantar é historia é loa los de Manco Capac; é que ansí, fuesen diciendo las tales mamaconas é servicio, cómo los Señores habian sucedido hasta allí, y que aquella fuese órden que tuviesen desde allí adelante, para que de aquella manera hubiese memoria dellos y sus antigüedades. Los cuales yanaconas é servicio Inca Yupanqui mandó que tuviesen sus casas é pueblos y estancias en los valles y pueblos en torno de la ciudad del Cuzco, y que estos y sus descendientes tuviesen siempre cuidado de servir aquellos bultos, á quien él los habia dado é señalado. Todo lo cual fué ansí hecho desde entonces hasta el dia de hoy, que lo hacen oculta é secretamente, é algunos público, porque los españoles no entienden lo que es. Y estos tales bultos tienen metidos en orones, que son trojes en que acá se echa el maíz é la demás comida, y otros en ollas y en tinajas grandes, y en huecos de paredes, y desta manera no los pueden topar.

Á los cuales bultos Inca Yupanqui mandó, cuando ansí los mandó poner en los escaños, que les fuesen puestas en las cabezas unas diademas de plumas muy galanas, de las cuales colgaban unas orejeras de oro; y esto ansí hecho, mandó que les pusiesen ansímismo en[pág. 129] las frentes, á cada uno destos bultos, unas patenas de oro, é que siempre estuviesen dos mamaconas mujeres con unas plumas coloradas largas en las manos é atadas unas varas, con las cuales oxeasen las moscas que ansí [en] los bultos se sentasen; el servicio de los cuales é que ansí se hiciese á estos[95] bultos, fuese muy limpio; é que las mamaconas é yanaconas, cada é cuando que delante destos bultos pareciesen á les servir y reverenciar, é otros cualesquier que fuesen, viniesen muy limpios é bien vestidos, é con toda limpieza é reverencia é acatamiento estuviesen delante destos tales bultos. É desta manera, hizo este Señor en esto dos cosas: la que hizo que sus pasados fuesen tenidos y acatados por dioses, é que hubiese memoria dellos; lo cual hizo porque entendia que lo mismo se haria dél despues de sus dias.[pág. 130]

CAP. XVIII.—En el cual se contiene cómo Inca Yupanqui Pachacuti juntó los suyos, en la cual junta les mandó que todos se aderezasen con sus armas para cierto dia, porque queria ir á buscar tierras é gentes que ganar é conquistar é sujetar al dominio é servidumbre de la ciudad del Cuzco; é cómo salió con toda su gente é amigos, é ganó é conquistó muchos pueblos y provincias, é de lo que en la tal jornada le acaeció á él y á sus capitanes.

Ya que Inca Yupanqui se vido Señor, en la órden y manera que ya la historia os ha contado, é que ya no tenia que entender en edificio de la ciudad, despues de se haber holgado con los suyos, mandó que todos los señores de la ciudad del Cuzco é los demás caciques y principales se juntasen en la plaza, los cuales ansí fueron juntos. É siendo allí todos, díjoles, que él tenia noticia en torno de aquella ciudad habia mucha y muy gran cantidad de pueblos y provincias, é para él, que tenia fuerzas, que era mal vivir con poco; que tenia pensado y ordenado de se partir de aquella ciudad de allí en dos meses, á buscar, adquirir y sujetar los tales pueblos y provincias á la ciudad del Cuzco, é quitar los nombres que cada señorcillo de los tales[pág. 131] pueblos é provincias tenian de Capac, é que no habia de haber sino sólo un Capac, y que ese lo era él; y que si caso fuese que, andando en la tal conquista, él topase algun señor con quien él probase sus fuerzas y le sujetase, que él holgaria de le servir, de lo cual él no tenia temor, porque el sol, como ya vian, era con él; para la cual jornada tenia necesidad de cien mill hombres de guerra, que para aquellos dos meses se los tuviesen juntos en aquella ciudad del Cuzco, con sus armas y los demás proveimientos que necesario les fuese para la tal jornada. Á lo cual le respondieron, que ellos estaban prestos de le dar la tal gente y servir con ella, y que ansímismo harian con sus personas; que le rogaban que consigo los quisiese llevar, é que fuese su voluntad de les dar espacio de tres meses, porque tenian necesidad de tal tiempo para hacer la tal gente.

É Pachacuti Inca Yupanqui holgó dello, mandándoles que en sus tierras dejasen todo recaudo de principales é mayordomos, los cuales echasen en el rio, cada uno de los orejones del Cuzco, ciertos vasos de chicha, é que ansímismo le diesen los tales orejones otros ciertos vasos de chicha, finjendo que bebian con las aguas. Porque habrán de saber, que tienen una costumbre y manera de buena crianza estos señores é todos los demás de toda la tierra, y es, que si un señor ó señora va á casa de otro á visitalle ó á velle, ha de llevar tras sí, si es señora, un cántaro de chicha, y en llegando á do está aquel señor ó señora á quien va á visitar, hace escanciar de su chicha dos vasos, y el uno bebe el tal señor que visita y el otro se bebe el tal[pág. 132] señor que la chicha da; y así beben los dos; y lo mismo hace el de la posada, que hace sacar ansímismo otros dos vasos de chicha, y da el uno al que ansí le ha venido á visitar, y él bebe el otro. Y esto hácese entre los que son señores, y esta es la mayor honra que entre ellos se usa; y si esto no se hace cuando se visitan, tiénese por afrentada la persona que ansí va á visitar al otro y esta honra no se le hace de dalle á beber, y excúsase de no le ir más á ver; y ansímismo se tiene por afrentado el que da á beber á otro y no lo quiere rescibir. Ansí que, quando este sacrificio que habeis oido hacen á las aguas, dicen que beben con ellas, que echan un vaso de chicha en el rio y el que ansí le echa bébese el otro.

É ansímismo mandó Inca Yupanqui que, cuando este sacrificio se hiciese, fuesen dos señores del Cuzco, yendo el uno por una parte del rio y el otro por la otra, los cuales llevasen consigo cada uno por sí cada diez indios é los que más quisiese, los cuales indios llevasen unos palos largos en las manos, para que si las tales cosas que fueran sacrificadas en el rio se parasen en la agua á vera de los indios, con sus palos las echasen al medio, para que las aguas las llevasen; é que estos señores que estos indios llevasen para que echasen al medio del rio las tales cosas é sacrificios, fuesen por las veras del rio treinta leguas el rio abajo, porque en parte ninguna no parasen. Y porque viesen que ya la tierra daba fruto mediante las aguas, mandó que fuesen, en aquel mes que este sacrificio se hiciese, por toda la tierra, é que para aquel dia señalado[pág. 133] trujesen [de] todas sus tierras toda la más cantidad de comida que en ese tiempo apuntase á sazonar é que se pudiese comer, la cual comida se pusiese enmedio de la plaza del Cuzco, é de allí fuese repartida en toda la ciudad, para que el comun entendiese que, mediante el sacrificio que ansí á las aguas se hacia é mediante ellas, la tierra daba frutos de que todos participaban é se sustentaban. La cual fiesta se mandó hacer por este Señor en este mes que ya habeis oido, siendo demediado á la luna llena; y en este mes que ya habeis oido se hiciese, la tal fiesta é sacrificio duraba cuatro dias. É al mes de octubre nombró este señor Omaraimiquis[96]. En este mes no constituyó que se hiciese ninguna fiesta en la ciudad, sino fuese la de Oma, en su pueblo, que es legua y media de la ciudad; á los cuales hizo merced y á los Ayarmacas, y á los Quivios [Quizcos], y á los Tambos que se pudiesen oradar las orejas, con tal que no se cortasen los cabellos, porque se conociesen que eran súbditos del Cuzco; porque los orejones dél, [que] eran los señores y los que lo habian de ser en toda la tierra, tenian tusado el cabello y aguzadas las cabezas para arriba, por la cual señal habian de ser conocidos por toda la tierra cada y cuando que del Cuzco saliesen é por ella pasasen. Al mes de noviembre llamó este Señor Cantarayquis[97]. En este mes comienza á hacer la chicha que han de[pág. 134] beber en el mes de diciembre y enero, do comienza el año, y hacen la fiesta de los orejones, segun que la historia os ha contado.

Á los cuales meses Inca Yupanqui nombró en la manera que ya habeis oido, y diciendo á estos señores que cadal mes destos tenia treinta dias, y que el año tenia trescientos y sesenta; y porque andando el tiempo no perdiesen la cuenta de estos meses y los tiempos que habia de sembrar y hacer las fiestas, que ya les habia dicho que habia hecho aquellos pachaunanchac, que dice relojes, los cuales habia hecho en estos diez dias que se tardó en no les querer declarar lo que ya habeis oido; los cuales relojes es desta manera: Que todas las mañanas é tardes miraba el sol en todos los meses del año mirando los tiempos del sembrar y cojer, y ansímismo cuando el sol se ponia; y ansímismo miraba la luna cuando era nueva é llena é menguante; los cuales relojes hacia hacer encima de los cerros más altos á la parte do el sol salia y á la parte donde se pone. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Aquí termina bruscamente la copia manuscrita de que me sirvo, y esta sensible circunstancia, sobre privarnos del resto de la Suma y narracion de los Incas, me impide á mí poner en su propio lugar una extensa nota sobre los meses peruanos; pues, poco seguro de haber restituido á sus nombres la forma que tenian en el[pág. 135] original, quiero suplir el defecto con la série comparativa de las variantes con que los hallo escritos en los tratados que he podido consultar. Vaya por consiguiente la nota, ya que no en su sitio, á modo de añadido ó apéndice postrero.

No todos los autores están conformes en el mes que era cabeza de año, y así, pongo al lado de cada nombre de los doce nuestros, el número ordinal correspondiente en el año de los Incas.
JUAN DE BETÁNZOS.
2.º —Enero..... Cóyquis [Coyáquis?].
3.º —Febrero..... Ccollappoccóyquis.
4.º —Marzo..... Pachappoccóyquis.
5.º —Abril..... Ayrihuáquis.
6.º —Mayo..... Aymoráiquis quilla.
7.º —Junio..... Hátun Cosqui quíllan.
8.º —Julio..... Cahuárquis.
9.º —Agosto..... Capacsíquis.
10.º —Setiembre..... Cituáyquis.
11.º —Octubre..... Omaraymíquis.
12.º —Noviembre..... Cantaráyquis.
1.º —Diciembre..... Puccuyquillaimi [Puccuyquilla raimi?].

DIEGO FERNÁNDEZ DE PALENCIA.
(Historia del Perú.)
8.º —Enero..... Pura Opiáyquiz.
9.º —Febrero..... Cac Máyquiz.
10.º —Marzo..... Pauca Ruaráyquiz [Páucar Uaráyquiz].
11.º —Abril..... Ariguáquiz.
12.º —Mayo..... Aymuráyquiz.
1.º —Junio..... Áucay Cuxqui.
2.º —Julio..... Chaguar Uáyques.
3.º —Agosto ..... Cituáquiz.
4.º —Setiembre..... Puzquáyquiz.
5.º —Octubre..... Cantaráyquiz. (Aunque Fernández
no explica este nombre, viene de cantaray, una
manera de hacer la chicha que se consumia
en la gran fiesta de Capac Raimi. Así lo dice
el P. Molina.)
6.º —Noviembre..... Layméquiz [Raymíquiz].
7.º —Diciembre..... Camáyquiz.

P. CRISTÓBAL DE MOLINA.
(Fábulas y ritos de los Incas.)[pág. 137] 9.º —Enero..... Átun pucuy.
10.º —Febrero..... Pacha pucu.
11.º —Marzo..... Páucar huara.
12.º —Abril..... Ayrihuay.
1.º —Mayo..... Haucay llusqui.
2.º —Junio..... Cahuay ó Chahuarhuay.
3.º —Julio..... Moron Passa ó Tarpuiquilla.
4.º —Agosto..... Coya raymi.
5.º —Setiembre..... Omac raymi.
6.º —Octubre..... Ayarmaca raymi.
7.º —Noviembre..... Capac raymi.
8.º —Diciembre..... Camay quilla.

P. JUAN DE VELASCO.
(Historia de Quito.) [pág. 138] 2.º —Enero..... Uchug pucuy ó Colla pucuy.
3.º —Febrero ..... Átun pucuy.
4.º —Marzo..... Páucar huátay. (Velasco dice que
debe escribirse huatay y no huaray, porque
segun él, este mes ataba la primavera con
el resto del año. Pero todos los demás escritores
están conformes en que es huaray,
á causa del huarachicuy, ó fiesta de los
huaras, pañetes, zaragüelles ó calzoncillos,
que en dicho mes se celebraba.)
5.º —Abril..... Ayrihua.
6.º —Mayo..... Aymuray, Cusqui.
7.º —Junio..... Inti Raimi.
9.º —Julio..... Anta Citua.
9.º —Agosto..... Capac Citua.
10.º —Setiembre..... Uma Raimi, Coya Raimi. (El
nombre de Uma Raimi lo hace derivar de
uma, cabeza, encabezamiento; suponiendo,
sin razon ni prueba alguna, que en ese mes
se hacia uno de todo el imperio. Betánzos
y el P. Molina convienen en que setiembre
se llamaba así por los Omas ó Umas, pueblo
de los cercanos al Cuzco, cuya fiesta principal,
adoptada ó consentida por los incas,
se celebraba por aquel tiempo del año, y
consistia tambien en ponerse las huaras,
bragas ó zaragüelles.)
11.º —Octubre..... Ayarmaca. (Derívalo de aya, muerto, y
asegura que en él se celebraba la Conmemoracion
de los Difuntos; pero viene del
nombre de otro pueblo de los alrededores
del Cuzco, Ayarmaca, que tenia su fiesta en
este mes; la cual estaba en el mismo caso
que la de los Omas. El P. Molina lo dice
así expresamente.)
12.º —Noviembre..... Capac Raimi.
1.º —Diciembre..... Raimi.

MARIANO É. DE RIVERO Y DIEGO TSCHUDI.

(Antigüedades peruanas.)

Comienzan estos autores el capítulo de los meses peruanos con las siguientes palabras:

"Seguimos la etimología derivada de la lengua quíchua; mas, como hay otra cuyo orígen es ménos claro, no siendo quíchua pero ni perteneciente á otra lengua vecina, hemos creido conveniente citar al fin de cada mes estos nombres particulares."—Los cuales, en verdad sea dicho, son los mismos que da Fernández[pág. 139] de Palencia, copiados tan á la letra, que no se salvan muchos de sus evidentes errores de ortografía ó de impresion. Por lo demás, en la mayor parte de ellos no hay de extraño á la lengua quíchua más que la terminacion quis ó quiz; sus raíces se descubren en algunos fácilmente y pueden encontrarse, teniendo la práctica que yo no tengo, en los vocabularios de aquel idioma.

Más adelante añaden los señores Ribero y Tschudi "que los incas contaban los meses desde el 20, 21 ó 22, segun el solsticio, hasta el mismo dia del mes siguiente; de modo que el mes que llamamos Raymi, incluye 21 dias de enero." De aquí el que en los autores que ántes copio, por no tomar algunos en cuenta esta circunstancia, se vea corresponder dos meses de los nuestros inmediatos con uno determinado de los incas; por ejemplo: Collappoccóyquis es febrero para Betánzos, y enero para Velasco, y para el P. Mossi (Dic. de la lengua quíchua); Umaraymi, octubre para Betánzos y setiembre para el P. Molina; Aucay Cuxqui, Hátun Cosqui quillan, Haucay Llusqui ó Cusqui, junio para Betánzos y Fernández de Palencia, y mayo para el P. Molina y el P. Juan de Velasco, etc.

La tabla de los meses segun Ribero y Tschudi, es como sigue: [pág. 140] 2.º —Enero..... Húchhuy-póccoy.—Pura Opiáyquiz.
3.º —Febrero..... Hátun-póccoy.—Cac Máyquiz.
4.º —Marzo..... Páucar-huátay, Páucar huáray.—Pacar (así) Ruaráquiz.
5.º —Abril..... Ayríhuay.—Arihuáquiz.
6.º —Mayo..... Aymuray.—Aymuráyquiz.
7.º —Junio..... Inti-Raymi.—Aucay Cuxqui.
8.º —Juliov..... Anta Asitua.—Chahuar Huáyquiz.
9.º —Agosto..... Capac Asitua, Yapay (?) Asitua.—Cituáquiz.
10.º —Setiembre..... Umu-Raymi, Coya-Raymi.—Puzcuáyquiz.
11.º —Octubre..... Aya-marca ó Ayar-maca.—Cantaráyquiz. (En concepto de
los señores Rivero y Tschudi debe ser Aya
marca, de aya "muerto" y maca, "llevar en
brazos.")
12.º —Noviembre..... Capac-Raymi.—Laiméquiz.
1.º —Diciembre..... Raymi.—Camáiquiz.

(imagen no disponible)
NOTAS:

[1] Véase la página 100, al fin.

[2] Todo lo que en este epígrafe se anuncia desde la vuelta de Inca Yupanqui al Cuzco, falta en el texto del capítulo. Debió ser distraccion de Betánzos; porque, segun su historia, Viracocha no muere ni debe morir hasta el cap. XVII.

[3] Yamque ó Yamqui es nombre que equivale á título de alta y rancia nobleza; pero aquí creo que lo puso el copiante por equivocacion en lugar de Inca.

[4] Aunque en todo el MS., que nos sirve de original se halla este nombre escrito constantemente Contitiviracocha, nosotros seguimos á la mayoría de las autoridades en la materia, que escriben tizi, tici, ticci, tizci y ticsi. Bien es verdad que la segunda t del titi de Betánzos, puede ser una tz ó t suave, como la de los vascongados é ingleses.

[5] Así por Cacha.

[6] Entiéndase reparto del botin.

[7] Estos capítulos I y II trasladó, mudando el estilo, el P. Gregorio García, en el capítulo VII del libro último de su Orígen de los indios del Nuevo Mundo.

[8] En n. orig. se halla escrito constantemente Chincha Roca.

[9] Pagado, en n. orig.

[10] Ó Macma.

[11] Yanalvica, en n. orig.

[12] Pacauray, en n. orig.

[13] Pucaray, en n. orig.

[14] Antes Rapa; la forma de ahora debe ser efecto de la conjuncion y.

[15] Antes Teclovilca. Este Toquello ¿no será Tocllo ó Tullu?

[16] Obtuviese, en n. orig.

[17] Aquí falta algo, como en su junta ó congregacion.

[18] En n. orig. Cagua xaque xaguana. Yo interpreto Cagua ó Caqua, Caca, piedra, peñasco, peñol, risco; aunque más adelante (cap. IX) lo escribe de modo que hace dudosa esta interpretacion, y es más posible que la primera parte de la palabra sea Y-ucai, y el autor se refiera, por tanto, á los edificios que en el valle de este nombre dice Garcilaso que construyó Huiracocha.

Puede ser tambien Cahua Xaquixahuana, pero no he leido ni oido nunca este nombre de pueblo. Tampoco me extrañaría que dijese Calca Xaqui Xaguana, en razon de estar el peñol junto á Calca.

[19] Aquí Viguirao; pero más delante Vicaquirao, que creo es su verdadero nombre. Otros escriben Vecaquéroa.

[20] Muro Uonga en n. orig.

[21] Así en n. orig.; pero evidentemente debe decir Inga ó Inca ó Inca Yupanqui.

[22] ¿No diria hallamos en el original?

[23] Confiaba, en n. orig.

[24] Parece que deberia decir, era justo.

[25] Quien, en n. orig.

[26] Con duda interpretamos lo que se lee en n. orig.: Acucapa yuga aucaguita atixullac xaymocran quihenia punchaopi.

[27] Huyendo, en n. orig.

[28] En los diccionarios quíchuas esta voz de ataque es Chaya-Chaya.

[29] Tirándole, en n. orig.

[30] En el cap. VI va escrito este nombre de otra manera.

[31] Por perfumar. Probablemente seria uso de los chancas ungirse ó darse olor en el cabello con algun aceite ó especie de pomada.

[32] Repartieron, en n. orig.

[33] Requipa, en n. orig.

[34] Ó Sallu, más propiamente. En el cap. XVI lo escribe de otro modo, Saluoma [Sallu Uma].

[35] Xutas, en n. orig.

[36] Manchas, en n. orig.

[37] En el epígrafe y en casi todo el texto del presente capítulo usó el copista equivocadamente del verbo reparar por el de repartir.

[38] Mandado, en n. orig.

[39] Con, en n. orig.

[40] No entiendo esta palabra, como no venga de chapascca, cosa poseida y hecha propia, que se aplicaba principalmente á los terrenos baldios.

[41] Así en n. orig. ¿Qué palabra habrá dado lugar á este gazafaton del copiante?

[42] Colcidelon, en n. orig.

[43] Machina, en n. orig.

[44] Machina, en n. orig.

[45] Así. ¿No será kquepi, avíos?

[46] Así en n. orig; quizá debiera decir, por los de todas las ciudades de la tierra (de su imperio, se entiende).

[47] Así en n. orig. ¿regocijaba?

[48] Del, en n. orig.

[49] Guacha y Coya, en n. orig.

[50] Padres, en n. orig.

[51] No doy con esta palabra, que debe estar notablemente alterada por el amanuense ó no ser de la lengua quíchua. Pero es de notar, que uno de los sitios donde se practicaba cierta ceremonia de esta prolongada fiesta del horadar de las orejas, se llamaba Calispucquiu, ó sea fuente ó manantial (pucquiu) de Calis.

[52] Avaqui, en n. orig.

[53] Suplimos esta frase, imitando el monótono estilo que Betánzos empleaba en su traduccion, y seguros de no equivocarnos en su parte sustancial, porque la tomamos de otros autores que tratan de esta ceremonia del huarachicuy.

[54] Trecho, en n. orig.

[55] Calixpuqüco, en n. orig.

[56] Pero no se entienda por el vaso así llamado; porque Calíx, ó es nombre propio mal escrito, ó corrupcion de Callis, que alguien traduce esforzado, valeroso. Tambien pudiera ser este calix el cantarillo especial de chicha usado en estas ceremonias, y haber dado su nombre á la fuente.

[57] Es decir, con el fruto, que es á modo de los higos chumbos ó de pala, llamado coco ó quizco (Cereus peruvianus).

[58] Sinó, en n. orig.

[59] Más propiamente, señalador del tiempo.

[60] Pucorquillame, en n. orig.

[61] Allapocuyquis, en n. orig.

[62] Pachapocoyquis, en n. orig.

[63] Ayngaquis, en n. orig.

[64] Aricayquesquilla, en n. orig.

[65] Yaguaricha ymaray, en n. orig.

[66] Caguaquil, en n. orig.

[67] Quintuya, en n. orig.

[68] Carpasiquis, en n. orig.

[69] Situayquis, en n. orig.

[70] Porapuipia, en n. orig.

[71] Corregimos así con toda reserva este pasaje, que dice en n. orig.: Y tras esto se ponia segun do se ponia, el qual se puso en cierto sitio, etc.

[72] Sallu Oma ó Sallu Uma. Antes, en el cap. XI, le llama simplemente Salu [Sallu].

[73] Betula nigra.

[74] Cereus peruvianus.

[75] El limpió é allanó, en n. orig.

[76] Del, en n. orig.

[77] Quilis cochevra guaranga, en n. orig.

[78] Piviganarme, en n. orig.

[79] Pocaxa yndinsus capaicoiagua echacoiac, en n. orig.—Segun la traduccion que da Betánzos, sobra la palabra pocaxa, que no he podido encontrar en los diccionarios quíchuas.

[80] Haciéndole, en n. orig.

[81] Esta palabra parece que sobra.

[82] Alcavica, en n. orig.

[83] Alcavica, en n. orig.

[84] Sobra el que si ó está quizás por ansí, tambien.

[85] De, en n. orig.

[86] Venian, en n. orig.

[87] Sin la palabra supo haria mejor sentido todo este pasaje.

[88] Aquí falta lo que el lector adivinará fácilmente, es á saber: Se la puso ó la puso ó la colocó en la cabeza de Inca Yupanqui.

[89] Pachucac, en n. orig.

[90] Llamaban Gocapac, en n. orig.

[91] Mismo, en n. orig.

[92] No acierto con la forma verdadera de chocayun, y dejo á la responsabilidad de Betánzos la traduccion de la palabra, que nos parece algo libre, si no es que el copista omitió algunas otras que debian acompañarla. Chucacayani ó Chocacayani, por virtud de la partícula caya, significa estar postrado en tierra de alguna pedrada ó golpe recibido; acaso aquí el golpe sea en sentido metafórico.

[93] Pachaqul, en n. orig.

[94] Caqucaxaxraguana, en n. orig.—V. la nota del cap. VI, pág. 24.

[95] Ciertos, en n. orig.

[96] Omarimequis, en n. orig.

[97] Cataraquis, en n. orig.

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