Мигель Санчес. Бдительная смотрительница. Miguel Sаnchez. LA GUARDA CUIDADOSA


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por estar ansí encubierto.
No hay más en qué reparar.
Busquémosle luego al punto;
he aquí que está todo junto
y, al fin, ¿en qué ha de parar?
PRÍNCIPE: ¡Qué buen día en él espero!
¡Qué rato que la he de dar!
ARIADENO: Ya comienzo a publicar
que la guarda es caballero.
TREBACIO: Y, ¿si él no quiere después?
ARIADENO: Eso quede por mi cuenta.
PRÍNCIPE: Lo trazado me contenta.
..................... [-és].
ARIADENO: Voy a traértelo aquí
dándole la traza y medio.
PRÍNCIPE: Ve.
ARIADENO: (No ha sido mal remedio Aparte
éste de lo que temí.)

Vase ARIADENO. Sale LEUCATO

LEUCATO: ¿No es hora ya de salir
a holgarte?
PRÍNCIPE: Nueva holgura
me ha trazado mi ventura.
LEUCATO: Merézcatelo yo oír?
PRÍNCIPE: El hombre que he deseado
más ver en aquesta vida
[halla] en tu casa acogida;
que mis gustos han hallado.
LEUCATO: Mil veces dichosa ella
si a servirte acierta en algo.
PRÍNCIPE: Ninguna vez a ella salgo
que no lleve un placer de ella.
LEUCATO: Y agora en ella, ¿qué hallaste?
PRÍNCIPE: Un amigo deseado.
LEUCATO: Si amigo en ella has hallado,
con ocasión me la honraste.
¿Dónde está, para que yo
le sirva?
PRÍNCIPE: En el monte está.
Digámoslo claro ya
pues el disfraz se acabó.
Leucato, aqueste español,
que guarda el monte en vil traje,
en las obras y linaje
envidia su luz el sol.
Es un valenciano noble,
de aquel reino gloria ilustre,
rico en casa, en sangre ilustre,
y en valor y obras al doble.
Por una extraña desgracia,
--que dicha fue para mí--
huyendo se vino aquí
a valerse de mi gracia.
Mató a un hombre principal
cuya venganza tocaba
a otro, que le buscaba
con enemistad mortal,
y porque no le matara
con traiciones, le he tenido
de esa manera escondido
sin que aun de ti me fïara.
Nueva acaba de tener
de que el contrario murió
y ya el perdón alcanzó.
¡Nueva de mucho placer!
TREBACIO: (¿Hase visto tal locura Aparte
como ésta en que da mi amo?)
LEUCATO: Dichoso otra vez me llamo
con esta nueva ventura;
que un hombre cual dicho has,
en sangre, hacienda y valor,
y a quien haces tú favor,
que en él para mí es lo más,
le esconda esa escasa sombra
siendo tan pequeña ella;
mas como vienes a ella,
pudo esconderse a tu sombra.
Aunque me puedes creer
que mil veces he querido
decir que era bien nacido.
PRÍNCIPE: Echábase en él de ver.

[El PRÍNCIPE habla aparte a TREBACIO]

(No se va poniendo mal
nuestra traza.)
TREBACIO: (Bien se guía.)
PRÍNCIPE: (No es bueno decir que había
visto que era principal.)
LEUCATO: ¿Qué ésta ha sido la ocasión
que tanto aquí te traía?
PRÍNCIPE: Acertarla no podía.
Téngole mucha afición.
LEUCATO: Pues agora, ¿dónde es ido?
PRÍNCIPE: Ariadeno fue por él.
LEUCATO: ¿Que aún no has hablado con él
después que eso seha sabido?
PRÍNCIPE: No le he visto.
LEUCATO: De placer
le son las nuevas que sabes.

Sale FLORELA

FLORELA: Aunque de matarme acabes,
el mundo lo ha de saber,
Leucato, a la guarda infiel
de ese monte voluntad
más que no necesidad
le traen velando en él.
Advertirte de ello quiero
aunque la vida me cueste.
No es pobre aqueste soldado
sino rico caballero.
Florencio es su nombre. Advierte
a su intención mal sencilla;
que español y que se humilla
ninguna honra quiere hacerte.

Vase FLORELA

LEUCATO: Espera, rapaza, espera.
TREBACIO: Huyendo va como el viento.
PRÍNCIPE: En villano pensamiento
nunca hay sencillez entera.
¿Hay malicia semejante?
A no conocerle yo,
buen testigo en ésta halló.
LEUCATO: ¡Discursos de una ignorante!
Pero pésame que corra
esta opinión, aunque falsa;
que este decir mal es salsa
que a muchos de pan ahorra;
pues al sabor de ella, alguno
ajenas honras se come.
PRÍNCIPE: No habrá quien a mal lo tome
pues no lo ignora ninguno.

[Habla TREBACIO aparte al PRÍNCIPE]

TREBACIO: (Pues aquésta, ¿adónde estuvo
que vino a saber aquesto?)
PRÍNCIPE: (¿No te ríes de cuán presto
tanto la mentira anduvo?
Que a bocas de niños llega;
pero a todos, malo o bueno,
se lo contara Ariadeno.)
TREBACIO: (¡Qué presto un error se pega!)
PRÍNCIPE: (A no saber yo el concierto,
según lo dijo con traza
y de veras la rapza,
tuviéralo yo por cierto.)
TREBACIO: (Del concierto fui también
y por creérselo he estado.)
PRÍNCIPE: (¿Cómo se había publicado
que a Nisea quiere bien?)
TREBACIO: (Ariadeno lo dirá.)
PRÍNCIPE: (Pues, en publicarlo erró;
que así la burla atajó.)
TREBACIO: (Alguna ocasión tendrá.)

Salen FLORENCIO y ARIADENO

PRÍNCIPE: Florencio mío, ¿es posible
que con voz entera puedo
decir tu nombre sin miedo?
FLORENCIO: ¿Qué hay a tu fuerza imposible?
Cuando tienes más testigos,
tu voz me asegura más
pues las que en mi favor das
ausentan mis enemigos.
Dame la mano, señor,
adonde mi amparo vive.
PRÍNCIPE: El pecho, amigo, recibe,
adonde vive tu amor.
Sea muy enhorabuena
el fin de este tu destierro
aunque me parece yerro
dar parabién de mi pena;
que al fin, por la lbiertad
me querrás dejar a mí.
FLORENCIO: ¿Cómo, si ella vive en ti,
y en mi pecho la lealtad?
Temer yerro de mí puedes;
que a ser fugitivo baste
el esclavo que compraste
con tan insignes mercedes.
PRÍNCIPE: Ya te habrá dicho Ariadeno
la nueva que hemos tenido.
FLORENCIO: Todo me lo ha referido.
PRÍNCIPE: Suceso ha sido muy bueno.
FLORENCIO: Como guïado por ti.
PRÍNCIPE: Tu vida un siglo posea,
y para servirte sea
cuanto me cupiere a mí;
que en este oficio deseo
mil, veces aventuralla.
TREBACIO: Bien finge el bellaco.
PRÍNCIPE: Calla;
que lo escucho y no lo creo.
FLORENCIO: Deja que las manos bese
a quien mi remedio ha sido,
y cuyo pan he comido.
PRÍNCIPE: Debido respeto es ése.
FLORENCIO: Pues da el príncipe licencia,
dame, como a tu crïado,
la mano.
LEUCATO: Ya te ha bastado
mirar que tengo paciencia
para que afrenta tan grande
a mi casa se haya hecho.
Como que en ella tal pecho
tan mal ocupado ande,
basta que no he conocido
en esa humildad estés
sin proseguirla después
que tu valor he sabido.
FLORENCIO: Si el nombre de tu crïado
has de quitarme, no quiero
que se crea el mensajero
que nuevas de mí te ha dado.
Tu monte quiero guardar
en el traje que me estoy.
LEUCATO: Servir sabes desde hoy,
sabe desde hoy mandar;
que como supe mandarte,
sabré servirte también.

El PRÍNCIPE habla aparte con ARIADENO

PRÍNCIPE: (El hombre lo hace bien.)

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