Мигель Санчес. Бдительная смотрительница. Miguel Sаnchez. LA GUARDA CUIDADOSA


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Y, ¿dó está ese crïado?
ROBERTO: Acá le traje
para acogerle aquí por esta noche,
aunque mandó Nisea que se fuese
a la ciudad; que a excusa suya viene.
ARSINDA: ¿Cómo es posible sequedad tan grande?
ROBERTO: Mira que tanto que pedir no quiere;
al príncipe reciba aquese pobre hombre
mientras haya ocasión para volverse
a su tierra.
ARSINDA: Y, ¿pidióle él que lo hiciese?
ROBERTO: Con muchas veras.
ARSINDA: No sé qué me diga.

Salen el PRÍNCIPE y TREBACIO

PRÍNCIPE: ¿Hay, por ventura, alguno en esta casa?
Que no encuentro persona en toda ella.
ARSINDA: Aquí me hallarás a mi presente.
ROBERTO: Está fuera Leucato con los pocos
crïados que en aqueste monte tiene.
PRÍNCIPE: ¿Adónde está?
ROBERTO: Llegóse a un lugar suyo.
PRÍNCIPE: ¿Ha mucho que partió?
ROBERTO: Habrá media hora.
PRÍNCIPE: ¿Cuándo vendrá?
ROBERTO: Mañana, que es muy cerca.

[TREBACIO habla aparte con el PRÍNCIPE]

TREBACIO: (No es mala la ocasión.)
PRÍNCIPE: (A estar en eso
mi dicha; pero más azares tiene.)
TREBACIO: (Con todo eso, es cordura no perderla.)
PRÍNCIPE: ¿Adónde está Nisea?
ARSINDA: Allále dejas
en el monte.
PRÍNCIPE: ¿Con quién?
ROBERTO: Sola quedaba
con un hombre que es guarda de esa monte;
mas ya vuelvo en su busca.
PRÍNCIPE: Y yo contigo;
que no es razón dejarla de esa suerte.
ROBERTO: Agora acabo de apartarme de ella
por señas que de ti hablamos buen rato,
suplicándola yo que te pidiese
que recibieses un crïado pobre.
PRÍNCIPE: Y, ¿encargóse de ello?
ROBERTO: No del todo;
que dice que no es buen cortesía
tratar eso contigo.
PRÍNCIPE: ¿Qué hombre es ése?
ROBERTO: Un hombre que vino en compañía
de un caballero que los días pasadas
hallaste aquí volviendo de la caza
que cayó de un caballo.
PRÍNCIPE: Ya me acuerdo.
ROBERTO: Y ha quedado Nisea lastimada
de la desgracia.
PRÍNCIPE: Y con razón por cierto.
ROBERTO: Y desea amparar este crïado,
y yo, que le conozco, lo deseo.

[TREBACIO habla aparte con el PRÍNCIPE]

TREBACIO: (Débese hacer merced por el servicio
de haber disimulado tu venida
cuando fingiste que venía a buscarte
y que por él del monte te volviste.)
PRÍNCIPE: (Tienes razón; paguémoselo en esto.)
Ese hombre, ¿dónde está?
ROBERTO: Aquí está afuera.
PRÍNCIPE: Llámale.
ROBERTO: Al punto viene.

Vase [ROBERTO]

PRÍNCIPE: Pues, Arsinda,
¿cómo me va con esta ingrata mía?
ARSINDA: Tan mejor que podrías darme albricias.
PRÍNCIPE: ¿En qué manera?
ARSINDA: Yo no lo conozco,
según en condició se ha mejorado.

Salen ROBERTO y ARIADENO

ROBERTO: Éste es el hombre por quien te suplico.
PRÍNCIPE: De su desgracia me ha pesado, amigo.
ARIADENO: Si a ti te pesa, su remedio es cierto.
PRÍNCIPE: Quedéle aficionado a aquel tu amo,
casi sin conocerle, que aun el rostro
no pude verle, mas su trato y término
parecía de hombre principal.
ARIADENO: Sí, era.
PRÍNCIPE: Roberto dice que deseas servirme
y así por él, porque le quiero mucho,
como por ser crïado de quien fuiste,
deseo acomodarte.
ARIADENO: Largos años
y con sucesos vitoriosos vivas.
PRÍNCIPE: Y, ¿en qué acertarás a ejercitarte?
ARIADENO: Del campo y de la aza he sabido algo.
PRÍNCIPE: Pues ése he menester; que gusto de ello.
Habla a Trebacio, y daréte el orden
que has menester.
ARIADENO: Tus pies mil veces beso.
ROBERTO: Favor particular de ti recibo.
ARSINDA: ¿Piensas volverte allá?
PRÍNCIPE: Arsinda,
¿podré quedar mejor acá esta noche?
ARSINDA: En casa ya tú ves que sería yerro
no estando aquí Leucato; mas espera...
Un labrador, crïado suyo, vive
junto a esta casa; que es el que granjea
esta hacienda. Si quieres humillarte
a ser su huésped esta noche, puedes
llegarte a las ventanas de la torre;
que yo procuraré tener en ellas
a Nisea.
PRÍNCIPE: No quiero mejor cama.
Díselo al labrador.
ARSINDA: Tendrálo a dicha.
PRÍNCIPE: Roberto, ven, y vamos por Nisea.
ROBERTO: No estará lejos.
TREBACIO: ¿Quédeste en efecto?
ARIADENO: ¿Qué me mandas hacer?
TREBACIO: Aquí me espera.

Vanse [el PRÍNCIPE, TREBACIO y ROBERTO]. Sale
NISEA

NISEA: ¿Ha venido el príncipe?
ARSINDA: Acá estuvo,
y en tu busca volvió.
NISEA: ¿Fuése mi padre?
ARSINDA: Ya se fue.
NISEA: ¿Cuándo vuelve:
ARSINDA: Mañana.
NISEA: ¿Dijo si iba a la ciudad el príncipe?
ARSINDA: Salió a buscarte, y no se irá sin verte,
a lo que imagino.
NISEA: Pues no diga
nadie que soy venidal que no quiero
que me vea no estando aquí mi padre.
ARIADENO: (Dios sabe la verdad, y si es aquesto Aparte
cumplir conmigo porque yo lo escucho.)
ARSINDA: Mal podrás esconderte de quien ama
y mal diremos que no eres venida
si viene ya la noche.
NISEA: Esto se haga.
¿Aquí estás, Ariadeno?
ARIADENO: A tu servicio.
ARSINDA: Ya crïado del príncipe.
NISEA: Yo me huelgo.
Arsinda, avisa que ninguno diga
que estoy en casa.
ARSINDA: Advertirélo a todos.

Vase [ARSINDA]

NISEA: Y, ¿has de servir al príncipe de veras?
ARIADENO: ¿De qué suerte podré yo entretenerme
más cerca de Florencia que de aquésta?
NISEA: ¿Gusta de ello tu amo?
ARIADENO: Él lo propuso.
NISEA: A mucho nos ponemos; pero vaya.
Seamos todos locos con un loco.
¿Dijiste a Arsinda que Florencio es vivo
y dónde está?
ARIADENO: No me atreví a decírselo.
Muerto es para con ella todavía.
NISEA: No se lo digas hasta que lo vea;
veamos lo que hará.
ARIADENO: Callarélo.
NISEA: Ve en busca de Florencio, que está solo,
y trato con Roberto lo acomode;
que es lástima cuál está. ¡Ah, triste!
ARIADENO: Por la ocasión que lo hace todo es poco.

Vase todos. Sale FLORELA

FLORELA: Encinas de aqueste monte
entre cuya compañía
en paz segura ha pasado
sus pocos años mi vida;
fresnos, tan amigos míos
ya por la costumbre antigua,
que no me pierde en vosotros
la multitud infinita;
yerba, de cuyo regazo
la fiesta de tantos días
hice cama por mi gusto,
que me diste franca y limpia;
hoy, que por necesidad
humilde vengo a pedirla
y ser quiero vuestro huésped
toda aquesta noche fría,
no me la neguéis, piadoso,
ansí os sean siempre amigas
las influencias de los cielos
y sus estrellas benignas;
que aquí me traen perdida
peligros de mi casa y mis desdichas.
Acoged seguramente
una medrosa que fía
de vuestra muda esperanza
más que de su casa misma.
Acogió en ella mi padre,
o por fuerza o por codicia,

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