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Воспоминание об открытии Гаспара Костаньи де Сосы. Memoria del descubrimiento que Gaspar Castaño de Sosa, hizo en el Nuevo México


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En veinte e nueve del dicho salimos deste paraje e fuimos el río arriba por unas muy buenas cabañas, hallamos un riochuelo que venía de una sierra, a lo que parecía que estaba a la parte del Poniente, e lo pasamos; yendo caminando por unas muy buenas cabañas se halló un ojo de agua en la mitad de un llano, en una tetilla; fuimos a dormir a una muy grande alameda, donde se halló una olla y elotes recién desgranados, de que todos se holgaron mucho.

En treinta del dicho salimos deste paraje e fuimos caminando por unas muy buenas cabañas; hacía aquí, el río, un gran recodo al naciente; yendo caminando, vino corriendo Pedro de Íñigo adonde estaba el Teniente, diciendo que a las orillas del río estaba una población y que había gente, y que le parecía que iba saliendo dél; y el dicho Teniente con algunos compañeros fue corriendo, y era una ranchería muy grande despoblada de gente, que Pedro de Íñigo había visto, era de la nuestra; no se satisfizo, por que no llegó a ellos por verlo de lejos; durmieron en esta ranchería, donde había muy largas cabañas.

En primero de diciembre salimos deste paraje atravesando por unos carrizales; y obra de media legua se halló un río, que venía, al parecer, de una sierra que estaba a la parte del Poniente; no se pudo pasar por ir hondo; y así resolvimos al naciente, a pasar el río que habíamos traído, y el río que no pudimos pasar entraba en éste; al pasar del río se quebró la carreta fuerte y cayó al pasar del río a Alonso Xaymez y Juan de Estrada; y no siendo buzos se zambulleron ellos y sus caballos, de que hubo muy grande risa; y ellos corridos de que les llamaban buzos; durmiose en este paraje; el otro día mandó el Teniente de Gobernador a Cristóbal de Heredia, maese de campo, que se aprestase y saliese con algunos compañeros por el río arriba o a la parte que le pareciere, a ver si se podía dar con alguna gente para tomar razón de la tierra que por la altura que había mandado tomarle, parecía haber poblaciones muy cerca; y a cumplimiento dello salió el dicho Maese de Campo, a lo que le era mandado; llevó en su compañía a Francisco López de Ricalde, Francisco de Mancha, Joan Rodríguez Nieto, Gonzalo de Lares, Cristóbal Martín, Joan López, Domingo de Santiesteban, Diego de Viruega, Joan de Contreras, Josepe Rodríguez y Domingo Hernández, los cuales salieron todos con el dicho Maese de Campo; diósele por institución que procurasen en todo caso ver si se podía hallar algunos indios para traer uno o dos al Real, para satisfacer si había cerca poblazones; y que no llegase a poblazones ningunas, aunque las viese, porque no quería el dicho Teniente que ninguna persona llegase a ellas, porque quería entrar con todo su campo y carretas, todo junto en un cuerpo.

En tres del dicho salimos deste paraje y fuimos por el río arriba por unas ciénegas y carrizales; fuimos a dormir al paraje del descaído, a la orilla del río en unos carrizales; el descuido fue que salió el Teniente por el río arriba y entendiéndose volvería luego, no le siguió nadie; e fue tan adelante que era más de dos horas de noche, e no había vuelto, de que todos estábamos con harta pena y, en alguna manera, corridos de haberle dejado ir solo; mas fue por descuido, entendiéndose volvería luego; y haciéndose muchas luminarias para que pudiese vellas, y visto su tardanza se iba doblando más pena a todos; y así se determinó Joan de Carvajal, Pedro Íñigo y Pedro Flores de ir en su busca, llevando hachas encendidas para que el dicho Teniente les viera; y salido del Real con este apercibimiento, le hallaron, obra de un cuarto de legua, que venía al Real; y quejándose todos a él cómo su merced salía solo; y él respondió que no entendió pasar tan adelante, y si pasó fue por descubrir el camino, porque había por allí mala tierra de arenales, que no se podía caminar; demás, que hacía el río un codo, y por dar cabo a ese mal camino fue causa de su tardanza; y con esto vístolo todo el Real, quedaron muy contentos de la mucha pena que de su tardanza había.

En cuatro del dicho salimos deste paraje, y salimos de todos estos arenales y médanos, apartados del río, porque hacía gran codo; y fueron caminando por unas cabañas donde se atajó muy gran rato de camino; ese día volvió el Teniente de Gobernador, atrás, con tres compañeros a ver un río que le habían dicho, venía de la parte del naciente; entraron el río que llevamos, y vuelto no era río, porque los que los vieron eran indios, que andando el día antes buscando unos caballos lo vieron, y era un entero; y así se volvió y alcanzó el Real e carretas a traspuesta del sol, durmiose esta noche, apostado del río, en unos médanos de arenales.

En seis del dicho salimos deste paraje e fuimos el río en la mano, y volvía al Nordeste, fuimos a dormir a la orilla del río, a una alameda de cacatales; y se pegó el fuego en la cabaña, que se entendió se quemara la carreta; y en efeto se quemara si no se hubiera puesto mucha diligencia en apagar el fuego; el otro día, estando en este paraje, vino Gonzalo de Lares y Francisco de Mancha, personas que habían salido con el Maese de Campo a lo atrás referido; y trujeron un billete al Teniente, enviándole a pedir abastimento porque se le había acabado lo que habían llevado; y que no podían ni habían hallado gente ni rastro della; y así, visto la razón de los dichos, el dicho Teniente pidió un buey a Joan Pérez de los Ríos, e se mató e mandó a los dichos Gonzalo de Lares y Francisco de Mancha tomasen aquella carne, e se volviesen adonde quedaba el dicho Maese de Campo e compañeros; porque maíz, ni harina, ni trigo, no lo había ya; y así se fueron con la dicha carne, y que dijese al dicho Maese de Campo que no dejase ver si podía hallar algunos indios, como le era mandado; y si diese vista a algún pueblo no entrase en él.

En siete del dicho salimos deste paraje y pasamos el río, y fuimos a dormir a unas quebradillas adonde empezaba el río a hacer unas grandes alamedas de álamos.

En nueve del dicho salimos deste paraje y fuimos el río arriba que tornaba a enderezar al Norte, por buen camino e mucha alameda; hicimos noche en una alameda a la orilla del río; había por estos parajes grandísima cantidad de mezquite que, si no fueran por él, se pasara grandísimo trabajo; mas provee el Señor en las mayores necesidades, porque no tan solamente comían el mesquite los indios e indias como lo comíamos todos, hombres y mujeres.

En diez del dicho salimos deste paraje e fuimos apartados del río por una gran vuelta que hacía, e fuimos a pasar el río otra vez a la parte del naciente, porque había destotra parte mala tierra; y pasado el río hicimos noche.

En once del dicho salimos deste paraje e fuimos caminando al Nordeste por unas lomas apartados del río, porque hacía mala tierra, demás de hacer una gran vuelta el río; fuimos a dormir en una sabana sin agua.

En doce del dicho salimos deste paraje y fuimos caminando por unas muy buenas sabanas, y fuimos a tomar el río, donde mandó el Teniente de Gobernador prender a Alonso Xaimez; y estando el otro día aquí, llegó Diego de Viruega, que había ido con el Maese de Campo, a decir y avisar el camino que se había de llevar, y que no había topado gente ninguna; salió como doce leguas de allí el río arriba, había hallado rastro de gente e sabana quemada muy reciente, y había visto una sierra delante, al Norte, y esta derecera llevaba el rastro de la gente, y van en su seguimiento; y esto trujo por nueva el dicho Diego de Viruega, que se volvió solo a esto.

El otro día siguiente salimos deste paraje e tornamos a pasar el río a la parte del Poniente, e fuimos caminando por unas muy buenas sabanas apartados del río, porque hacía allí gran codo; fuimos a dormir en una alameda a la orilla del río, donde se halló gran cacatal, e la gente de las espigas del cacate cogieron gran cantidad, e la tostaban e molían para comer.

En catorce del dicho salimos deste paraje e fuimos caminando al Norueste, porque guiaba el río; fuimos a dormir donde se quebró la carreta de don Gaspar en una gran alameda, donde se cogió gran suma de semilla de cacates atrás referida; y porque ya no había más de doce hanegas de trigo que el Teniente de Gobernador llevaba para sembrar; y vista la gran necesidad que se pasaba, iba dando algún poquito de trigo a las personas que le parecía más lo habían menester, porque las demás se pasaban con carne mesquite y semilla de cacate.

En diez y siete salimos deste paraje y fuimos a dormir al río donde mataron el perro grande, a Joan Pérez; matolo un buey de una coz.


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