En dos de noviembre salimos deste paraje, e fuimos a dormir adonde flecharon a Juan de Vega, y fue que cegando a la orilla del río, adonde se pasó, yendo delante Diego de Viruega, Alonso Lucas, Andrés Pérez y otros compañeros, vieron estar a la orilla del río una gandulada, y se fueron los dichos a ellos y estuvieron hablando todos con los indios por señas, unos de una parte del río y otros de otra; y apartándose los dichos de los indios, quedó el dicho Joan de Vega, indio; y visto que quedaba solo, asieron dél algunos indios, y lo echaron en el río y le quitaron unas amarras, y le dieron tres flechazos; y al otro día de mañana parecieron cantidad de indios, y el dicho Teniente procuró de que viniese al Real e no pudo por ningún caso; y estando allí; porque se holgó aquel día, vieron del Real llevar a los dichos indios, no sé qué bueyes; y visto su desvergüenza, el dicho Teniente mandó a Cristóbal de Heredia y a cinco soldados fuesen en seguimiento de los indios que llevaban los dichos bueyes, yendo el dicho en seguimiento dieron con una gandulada, y dicen que les salieron flechando, y ellos en defensa mataron algunos dellos y prendieron cuatro, y los trujeron al Real; y el dicho Teniente, visto la causa por vista destos, e la llevada de los bueyes para castigo de los tales dañadores, mandó a uno dellos que se ahorcase; e los otros tres, por ser mozos e de poca edad, los trujo para lengua en el dicho su campo; e para que más presto hubiesen de aprender la lengua e fueron enseñados, depositó uno dellos a Joan Pérez de los Ríos y otro a Pedro Flores, y el otro a Cristóbal de Heredia; y con toda diligencia que se hizo llevaron un buey, porque los demás se huyeron; en este paraje se hizo abrevadero a mano, y se halló mucho mesquite de que la gente menuda comía, y excusaba alguna costa de bastimentos, y se estimaba mucho por el poco que había.
En tres del dicho salimos deste paraje y fuimos a dormir a una ciénega grande donde había mucha caza.
En cinco del dicho salimos deste paraje y fuimos a dormir a la orilla del propio río; hallaron en el camino una ranchería recién alzada, que debía de tener una gran cantidad de gente, porque tomaba muy gran campo; y hallose también en este día muchos esteros de mucha sal.
En siete del dicho salimos deste paraje y se caminó por unos muy grandes médanos de arena, y se fue a dormir en una ensenada del dicho río.
En ocho del dicho salimos de este paraje y fuimos apartados del río por unas muy buenas cabañas; fuimos a hacer noche en un muy gran llano; habíase aquel día muerto pescado en cantidad, y se tenía por gran regalo, demás de la necesidad que se llevaba y suplía; mucho, juntamente, con la mucha cantidad de mesquite que había, porque no tan solamente lo comía la gente menuda y aun nosotros.
En diez del dicho salimos deste paraje y fuimos caminando; y en algunas partes dormimos, y atravesamos unos mesquitales; fuimos a dormir a un rincón del dicho río, y se metió toda la boyada en una isleta del río; muriose aquí una niña, hija de Francisco López de Ricalde; matose mucho pescado, y había mucho mesquite, tanto que nos excusaba de matar carne algunas veces.
En once del dicho salimos de este paraje y fuimos caminando en algunas partes; dormimos en una cabaña muy buena, donde había muchos lobos; y mataron algunas cabras que se salieron de la majada.
En trece del dicho salimos deste paraje y llevamos muy buena cabaña; fuimos a dormir en el río, en unos cañizales; hizo Viruega ese día una muy gran pesquería; aquella noche se quedó fuera del Real un indio y una india, que causó pena, entendiendo que los habían muerto los indios.
En quince del dicho salimos deste paraje y fuimos a una vuelta del río, donde había gran cantidad de rastro de ganado.
En diez y seis del dicho salimos deste paraje y llevamos muy buen camino, apartados del río por una gran vuelta que hacía; y se quebró allí un pie a una venadilla mansa, que llevaba Catalina de Charles.
En diez y siete del dicho salimos de este paraje yendo por unas lomas arriba a una bajada, se quebró el eje de la carreta fuerte, quedose apartado esta noche del río; a este tiempo, había poco bastimento de maíz y trigo; y así visto esto, el dicho Teniente de Gobernador atento a que había mucho pescado y mesquite, mandó acortar que no se diese a cada persona más de una tortilla pequeña a cada comer, e mandó que se diese a cada persona, cada día, dos libras de carne; y con todo esto había muy gran querella e queja de hambre y así se pasaba con mucho trabajo.
En diez y ocho del dicho fuimos por una muy buena cabaña; fuimos a dormir en un descombrado junto al río, al pie de unas mesillas.
En diez y nueve del dicho fuimos a dormir en unos arenales, donde Joan de Carvajal e Joan Pérez tuvieron no sé qué razones.
En veinte del dicho salimos deste paraje; y salido luego de los médanos de arena, llevamos una muy buena cabaña, apartado del río, porque hacía allí gran vuelta; fuimos a dormir; en este paraje se holgó un día, porque se habían quedado un atajo de bueyes en el otro paraje; respeto de lo que buscaron, hallaron algunos, e se fueron ellos, entendiendo que no faltaban más; también se vido en una sierra un humo; cuatro leguas del paraje, quisieron los compañeros ir a él y el Teniente de Gobernador no quiso prestar consentimiento en ello; entendiose que no quiso dejar allí, por temor de algún daño que se podía dar a los indios, aunque él no lo dijo claramente; esto fue el entendimiento que se le dio, poniéndole por delante que sería acertado que se fuese a ver e se trujese algún indio; e le respondió que no había para qué, pues no había naguatatos para ellos, y que aquella gente no sabría dar razón de cosa alguna, e demás, que él decía iba satisfecho, que aquél era su camino y que llegando más adelante, se procuraría algún indio, entendiendo estarían en parte cerca de lo que iban a buscar; e desto algunos se desharían, porque no les dejaba ir a buscar indios para lo referido.
En veinte e dos del dicho salimos deste paraje y se caminó por unas lomas de buen camino; en este día se apartó el Teniente con su criado Joan López, e fue e subió a lo alto de las sierras, e descubrió otra sierra más adelante; durmió a la orilla del río en una buena cabaña; saliéronse las cabras esta noche del corral y mataron los lobos un gran golpe dellas.
En veinte e tres del dicho salimos de este paraje donde el río hizo una gran vuelta; al Poniente hallose un corral muy grande, donde los indios solían encerrar ganado; fuimos a dormir a la punta donde hacía remate la sierra, a la orilla del río, en una muy buena cabaña.
En veinte y cuatro del dicho salimos deste paraje; tomó el río a dar otra vuelta al Nordeste; aquí le pasamos y fuimos a dormir a un río chico donde había un gran miembral, e parral, e un charco muy grande, donde se mató algunos buitres, los mejores que en todo el camino se habían comido.
En veinte e seis del dicho salimos deste paraje e fuimos atravesando otra vez a tomar el río que quedaba a la mano derecha, porque de atrás lo habíamos llevado siempre a la mano izquierda; eran muy buenas cabañas; de este paraje se volvió mucha caballada atrás; durmiose a la orilla del río, aunque empezó a hacer mucho frío.
Hallose entremedias deste camino un hoyo de agua, que desde que salimos del río Bravo no habíamos visto otro manantial.
En veinte e siete del dicho salimos de este paraje e fuimos por el río arriba por una muy buena cabaña; fuimos a dormir a la orilla del río, donde había muchos carrizales, que parecían ser de ciénegas; estaban secas y resecas, de no haber llovido mucho tiempo, a lo que parecía, en ese paraje.
En veinte e ocho del dicho salimos deste paraje hacia el río, una vuelta al Nordeste; fue siempre por él arriba, por muy buenas cabañas; apartose ese día el Teniente, solo, a ver una alameda que pareció donde habíamos dormido; la cual alameda estaba dos leguas del paraje.
A la parte del Poniente, e vuelto al Real, dijo que había visto él alameda, que era de sauces los más gruesos que había visto en todas las Indias; y volviendo al Real, dijo que había hallado en aquellas cabañas muy gran cantidad de venados, y que eran tan grandes los atajos dellos que no los podía contar; dormimos esta noche en unos médanos de arena, a la orilla del río; y estando en un tular, dormiendo, Joan de Carvajal y Diego de Viruega; y pegaron los mozos del Real fuego, que casi se quemaron si no se hubiera acudido a su socorro con mucha diligencia.
Tags: carta, ensayo, memorias, MEXICO, nota, pieza



















Post a Comment