En 13 del dicho salimos deste paraje, e fuimos a un pueblo, cinco leguas destos dos pueblos: llegamos a él con una hora de sol; estaba este pueblo en un valle, entre unas sierras; no podremos decir lo que en él había, porque había una vara de medir de nieve, cosa que nunca hombre tal ha visto; tanto, que los caballos no podían andar; y asina, llegado que fuimos, no nos salió gente ninguna, ni un indio que habíamos inviado delante de los pueblos de atrás, porque mostraron gran temor de vernos principalmente las mujeres, que lloraban mucho. Y visto esto, se dio una vuelta al pueblo y no nos salió indio ninguno, salvo un indio que venía de un cuartel a otro, y con mucho temor llegó a nosotros, y el dicho Teniente para segurarlos a todos, se apeó, y abrazó al indio, y le llevó de la mano a la redonda de aquel cuartel; y a cabo de otro, había algunos indios, que salían de una estufa, y se fue a ellos mandando que ninguno se apartase de sus caballos. Y en otra parte, vido estar un atajo43 de indios y se fue a ellos, y le aguardaron e les abrazó a todos los demás dellos, y ellos soplándole e poniendo las manos en la cara del dicho Teniente y en su ropa les besaba, y halagándole todos trayéndole las manos, como dicho es; y les dijo que bajasen las gentes, e no abajó nadie; e visto esto, el dicho Teniente les dio unos cuchillitos, y se volvió a sus compañeros, y con él, obra de veinte o treinta indios, y llegado a los compañeros, acordaron de irse a alojar a unos ranchos que estaban del pueblo un gran tiro de arcabuz, donde había gente forastera que venía a rescatar a este pueblo. Yendo a los dichos ranchos, la gente de los hombres y mujeres se iban saliendo, y el dicho Teniente envió a que los volviesen, el cual volvieron, y así nos alojamos en los dichos ranchos, e las gentes dellos sosegados. Del pueblo habría como obra de veinte gandules, y les pedimos nos trujesen maíz y tortillas y leña, y ellos trujeron alguna cosa, casi nada; y visto esto, mandó el Teniente se pusiese vela en la caballada Real, toda doblada, lo cual se hizo toda esta noche. Y al amanecer no vino ninguna persona, excepto un indio viejo con modo de rescatar algo, de que tuvimos sospecha, porque demás desto, estaba toda la gente en las azoteas, y víamos carrear44 mucha agua a gran priesa, y muchachos piedras. Y el pueblo con muy gran fuerza de gente y mucho en cantidad, y las casas de a siete y ocho altos; y arriba de las azoteas tenían un pretil45 de altura de un hombre, donde se reparan; y a todo esto, el dicho Teniente mandó apercebir dos tirillos46, que llevaba de bronce, y que todos se pusiesen a caballo para ir al pueblo a ver la determinación dellos. Y estando desta suerte, sus compañeros le dijeron que estaban de parecer que no se fuese al pueblo, porque aquellos indios estaban de mal arte, y que mejor sería dejarlos con aquella poca amistad que habían mostrado, que no ir, como dicho tenemos, al pueblo; porque si ellos no dan la obediencia como los demás la han dado, ha de ser forzoso estarnos aquí algunos días, para que por los mejores medios que ser pudiese, los traigamos a nuestra amistad; e la tierra toda estaba cubierta de nieve, que caballo ninguno come; será causa nuestra estada47 de que se pierda la caballada, y siendo Dios servido que alce este tiempo, tan recio y de tantos fríos, y estas nieves se derritan, podremos volver otra vez, lo que agora se ha de hacer con menos trabajo. Y así el dicho Teniente, visto el parecer de todos sus compañeros, se volvió de allí sin ir al pueblo, con determinación de alzado todo el mal tiempo de fríos y nieves, volver a traer a la obediencia de Su Majestad el dicho pueblo, como lo ha hecho en los de atrás. Vídose en este pueblo mucha pedrería de chalchuites48, y se vido un bracelete en el molledo49 de un indio, que al parescer era de piedras ricas, del cual el Teniente de Gobernador fue avisado lo quitase; y él respondió, que no convenía de presente, porque no entendiesen los indios que en nosotros había codicia de sus cosas, ni entendiesen que nos veníamos a su tierra por lo que ellos tenían, porque confiaba en Dios de ponerlos todos en la policía que a Dios y al ley se debe, y que aquellas cosas su tiempo vendría, porque de presente no convenía. Sólo quiso el Teniente de Gobernador verlo, y se llegó al indio que lo tenía, el cual dicho indio estaba cobijado en un hermoso cuero de cíbola; y se llegó a él a querer verlo, como dicho tengo, y él no quiso mostrarlo, y así se quedó. Volvímonos a los pueblos donde habíamos salido; había un río, que pasamos helado, en tanta manera que debía de haber dos palmos de nieve, que para deshacerla había menester picos. Había en este pueblo, atrás referido, grande suma de gente en las casas, de a ocho o nueve altos, fundada a cuarteles, y cada cuartel parecía un laberinto, de la armazón de madera que tienen sobre que fundan las dichas casas, a lo que se parecía, por las partes de afuera; tienen sus corredores, por toda la redondez los dichos cuarteles, que se pueden andar de uno a otro.
En 15 del dicho fuimos a un pueblo que estaba, pasado el río caudaloso, y estuvimos en él obra de dos horas: dieron la obediencia a Su Majestad, nombrose gobernador, alcaldes y alguacil, arbolose cruz alta. Y así nos fuimos luego a otro pueblo, una legua deste, y dormimos en él; dieron la obediencia a Su Majestad, nombrose gobernador, alcaldes y alguacil, arbolose cruz alta, con sonido de trompetas y arcabucería.
En 16 del dicho salimos deste pueblo, e fuimos a otro, tornose a pasar el río a la parte del Naciente, dieron la obediencia a Su Majestad, nombrose gobernador, alcaldes y alguacil, arbolose cruz con las solemnidades atrás dichas.
En 17 salimos deste pueblo, e fuimos a otro valle de poblazones de diferente nación, que se llamaban quereses50, dormimos en el camino con muy gran nieve, y al otro día fuimos al dicho valle, donde había cuatro pueblos, a vista unos de otros; estúvose en ellos dos días, dieron la obediencia a Su Majestad, nombrose en ellos gobernadores y alcaldes, arboláronse cruces en todos los dichos pueblos con las solemnidades atrás referidas.
En 21 salimos destos pueblos, e fuimos a un pueblo de la lengua destos; dieron la obediencia a Su Majestad, nombrose gobernador, alcaldes y alguacil, arbolose cruz alta. El otro día siguiente salió el Teniente de Gobernador a descubrir unas minas con algunos compañeros: trujo metales muy buenos al parecer.
En 23 salimos deste dicho pueblo, e fuimos a otro, obra de una legua; dieron la obediencia a Su Majestad, nombrose gobernador y alcaldes y alguacil, arbolose cruz alta, y se pasó luego adelante, e fuimos a otro pueblo, obra de otra legua pequeña, y estuvo la gente en alguna manera reacia, y el Teniente de Gobernador con los medios que para estas cosas tiene, los trujo a sí, e dieron la obediencia a Su Majestad; nombró gobernador, alcaldes y alguacil, arbolose cruz alta. En este pueblo y en todos los demás, nos dieron lo que hubimos menester de maíz, harina, frísol y gallinas en cantidad, sin que se les hiciese ningún daño, porque se tenía muy particular cuidado, e la gracia que parece que el dicho Teniente tiene particular dotada de Dios, para traer estos bárbaros a la obediencia de Su Majestad; para que mediante esto y la voluntad de Dios Nuestro Señor, vengan al conocimiento de la fe católica. Traía consigo una cruz, y en ella la semejanza de Dios Nuestro Señor, el cual en todos los pueblos le tomaba en sus manos, y con todo acatamiento se sentaba de rodillas, e todos sus compañeros se arrodillaban, y venían a besar la cruz y Crucifijo, de que los bárbaros se admiraban; y el dicho Teniente a todos estos pueblos hizo que los propios indios e indias, muchachos, hiciesen lo propio, los cuales lo hacían. Este día nos cayó en este pueblo una muy gran nevada, tanto que el otro día quedaron todos los campos cubiertos, cosa no creída.
En 24, no embargante la mucha nieve que había, salimos deste pueblo, en demanda de ir descubriendo camino a las carretas, a la parte donde estaban, que era en el paraje que decimos de la Urraca. Llevamos deste pueblo dos indios para guías, dándoles a entender la dresera que habíamos de llevar, y obra de media legua, dejamos a uno dellos, y el otro nos fue guiando; fuimos a dormir en unos pinales, donde había una gran vara de nieve; e para beber los caballos, nosotros derretíamos la nieve.
En 25 del dicho mes salimos deste paraje, e fuimos atravesando al Oriente por unos muy grandes pinales; fuimos a dormir a una cañada, donde había mucho cedro; derretíase nieve para la caballada, e nosotros en un cazo, porque agua no había.
En 26 del dicho salimos deste paraje, e fuimos a pasar el río Salado, e fuimos a dormir al paraje de los helotes51.
En 27 del dicho salimos deste paraje, e fuimos al paraje de la Urraca, donde estaban las carretas e Real, donde fuimos muy bien rescibidos, porque había treinta y tantos días que habíamos salido dellas; había ya muy poco bastimento, o ninguno por mejor decir, y con algún poquito que llevábamos, procuramos salir de allí, y venir a las poblazones, como se hizo.
En 30 del dicho salimos deste paraje de la Urraca con todo el Real y carretas, e fuimos a dormir en el paraje de la Rinconada, caminando dos leguas.
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