Воспоминание об открытии Гаспара Костаньи де Сосы. Memoria del descubrimiento que Gaspar Castaño de Sosa, hizo en el Nuevo México
Uncategorized March 11th, 2006
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Otro día de mañana el dicho Teniente mandó traer caballo, y se puso luego a caballo, muy aderezado, antes que se recogiesen las velas, y dio vista al pueblo e plazas e calles, y halló la gente muy sosegada, de que se holgó mucho, que era lo que él pretendía y deseaba; y así hizo recoger toda su gente a su alojamiento, e les hizo un parlamento, agradesciéndoles el mucho bien que habían hecho en acudir a las obligaciones, que todos debemos de hacer en servicio de Dios nuestro Señor y de Su Majestad; e les pidió, y rogó a todos ellos, por amor de Dios, no se hiciese ningún daño a los dichos indios, ni en su pueblo y casas, aunque no había para qué, porque todos pretendían regalarles, aunque no les fuera mandado, y por ver el mucho celo que el dicho Teniente mostraba, de favorecer a los dichos indios; y luego dicho Teniente mandó a los indios lavorios27 de su Real e campo, que por ningún caso saliesen del Real, ni entrasen en casa ninguna, ni diesen ninguna pesadumbre a los indios del pueblo. Y luego en este ínterin, estando todos juntos, muy contentos de ver que el pueblo estaba sosegado, no embargante esto, mandó el dicho Teniente que fuesen algunos compañeros a aquel cuartel, donde había habido la vela, y que tornasen a ver si podían sacar la gente, y para esto llevasen candelas. Los cuales fueron y entraron por los bajos, donde la gente el día de antes se había escondido, y hallaron muchas minas e contraminas, que saltan por debajo de tierra a otros cuarteles y estufas que tienen debajo de tierra; y visto esto, se volvieron diciendo que allí no había gente ninguna, y así mandó el dicho Teniente que se quedase así, y quedó con este sosiego. Y el dicho Teniente se fue al pueblo con algunos compañeros de a caballo y de a pie, asegurando toda la gente lo mejor que pudieron; y mirando el pueblo, de lo que en él había, mostrose mucha cantidad de gentes, mostrándoles mucha amistad, y se vido por extenso todo lo que había la cosa. Muy de ver en él eran diez y seis estufas, todas debajo de tierra, muy encaladas28, y muy grandes, que tienen hechas para los fríos, que son grandes en esta tierra; no hacen lumbre dentro, porque de afuera traen muchas brasas, y cubiertas con ceniza, con tanta curiosidad, que no sabré decir; la puerta por donde entran es un escotilloncillo, que no cabe más de una persona, y abajan por una escalera que para el efecto allí tienen enclavada. Las casas en este pueblo están a manera de cuarteles, tienen las puertas a las partes de afuera, por toda la redonda, a espaldas con espaldas las dichas casas; tienen las casas de a cuatro y a cinco altos; en los entresuelos no hay puertas ningunas a las calles; súbense con escalerillas llevadizas todas a mano, y por sus escutillones. Tiene cada casa tres e cuatro aposentos, de modo que la adresera29 de cada casa, de alta a baja, tiene quince o diez aposentos; tienen mucha curiosidad en los aposentos, de muy encalados, y en sus servicios y en sus moliendas tiene cada casa tres y cuatro piedras de moler, las cuales tienen puestas y asentadas en sus piletas, y sus manos de moler, y muy encaladas: muelen con esta curiosidad que, se van repasando de una en otra la harina que muelen, porque no hacen istanal, que con esta harina hacen su pan de muchas maneras y su atole30 y tomales31. Había en este pueblo cinco plazas; había gran suma de maíz, que al parecer de todos, fue cosa de admiración, y hubo personas que entendían y decían había más de treinta mil hanegas de maíz, porque cada casa tenía dos o tres aposentos llenos, y es el mejor maíz que se ha visto; muchos frísoles; el maíz era de muchos colores, y lo propio es el frísol; al parecer había maíz de dos o tres años, tiene muchas yerbas, quilites y calabazas. En su casa muchas cosas para las labranzas de sus milpas32; sus vestidos, a lo que allí vimos a los hombres, por ser tiempo de fríos, los más dellos o todos traían una manta de algodón y un cuero de cíbola encima; algunos de ellos tapan sus vergüenzas con unos pañetes muy galanos y con muchas labores. Las mujeres con una manta, dado un nudo al hombro, y una faja de un palmo de ancho en la cintura; por un lado está toda abierta la manta, encima desta se ponen alguna otra manta labrada, muy galana, o algunas pellicas33 de pluma de gallina, y otras muchas curiosidades, que para bárbaros, es de notar. Tienen mucha loza de las coloradas y pintadas y negras, platos, cajetes34, saleros, almofias35, jícaras muy galanas: alguna de la loza está vidriada. Tienen mucho apercibimiento de leña, e de madera, para hacer sus casas, en tal manera, a lo que nos dieron a entender, que cuando uno quería hacer casa, tiene aquella madera allí de puesto para el efecto, y hay mucha cantidad. Tiene dos guajejes36 a los lados del pueblo, que le sirven para se bañar, porque de otros ojos de agua, a tiro de arcabuz, beben y se sirven. A un cuarto de legua va el río Salado, que decimos, por donde fue nuestro camino, aunque el agua salada se pierde de muchas leguas atrás.
Y en ver todas las cosas que en el pueblo había, gastamos este día; nunca quiso salir indio de las casas; diéronnos algunas cosillas de las nuestras, aunque poco y de poco valor. Y con esta seguridad, el dicho Teniente mandó quitar las velas, y sólo la hubiese en el cuerpo de guardia por estar pegado, al pueblo, como dicho es, entendiendo que con ello aseguraría más los indios, y ellos propios lo pidieron asina, y así lo hizo. El otro día no amanesció persona en el dicho pueblo, y visto esto, recebimos todos mucha pena, y así mandó el Teniente de Gobernador que, no embargante que los dichos indios habían dejado el pueblo, no se les hiciese daño ninguno, excepto se buscase en las casas, a ver si hallaban algunas cosas de las nuestras; y así se hizo, sin se les hacer daño ninguno. Algunas cosillas de las nuestras se hallaron, aunque no nos fueron de momento, porque todo estaba hecho pedazos; y así mandó que de cada cosa se tomase un poco, de maíz, frísoles y harina, lo cual se hizo, y se hicieron veinte e dos hanegas, y las envió a las carretas al paraje de la Urraca: fueron con estas cargas ocho compañeros, y otros ocho o diez mozos. Y el dicho Teniente e demás gente e Real se quedó en el pueblo a ver si de los indios volvían alguno dellos; y así se estuvo algunos días aguardando a lo que dicho tengo: y visto esto, y que ninguno venía, determinó el dicho Teniente de alzar el Real, porque los indios se volviesen a su pueblo, por tenerles mucha lástima en haber dejado sus casas, y el tiempo ser muy recio de fríos, aires, nieves, cosa no creída; tanto, que los ríos estaban todos helados en aquel tiempo, como más adelante desto trataremos más largo. Y el dicho Teniente mandó que se aprestasen para salir de allí a otros pueblos, de que algunos compañeros recebían pena, por causa del recio frío e la fuerza que había de hacerlos. No se pudo volver al Real, sino pasar adelante, como se fue a descubrir camino para poder entrar en los dichos pueblos, porque en este no podían entrar carretas; e demás desto, el dicho Teniente de Gobernador traía en la faltriquera unas piedras de metales, e preguntó en este pueblo a los indios dónde había de aquello, y ellos me dieron a entender que en los otros pueblos atrás referidos; y así entendido esto, determinó el dicho Teniente a ir a lo atrás referido y a descubrir estas minas, e lo puso por obra.
En 6 de enero, del año de 1591, se salió de este pueblo en demanda de lo atrás referido: mandó el Teniente al Maese de campo dejase dentro del pueblo a cuatro compañeros escondidos, en sus muy buenos caballos, para que si volviesen algunos indios al pueblo, tomasen algunos para darles a entender que se volviesen a sus casas, y al efecto se quedó Juan de Carbajal, Francisco de Mancha, Juan de Contreras, Cristóbal Martín. Y no hubimos alzado nuestro Real, cuando por un lado del dicho pueblo vinieron dos indios, y así los prendieron y llevaron adonde estaba el dicho Teniente de Gobernador con su Real, que era dos tiros de arcabuz del pueblo; e vistos los dichos indios, el dicho Teniente les regaló e les dio algunas cosillas, e les dio a entender que se volviesen a sus casas, y en presencia dellos mandó en el propio lugar arbolar una cruz alta, dándoles a entender lo que significaba, e mandó al secretario hiciese mandamiento de amparo, en nombre de Su Majestad, e de lo demás que convino a su Real servicio, e lo dio a uno de los indios, que lo diese a su Capitán, y así lo envió, y el otro llevó consigo, para guía de su determinación; y así fue su viaje llevando el indio por delante, y él muy contento guiándolos. Yendo dos leguas deste pueblo, por unas sierras y por una vereda, encontramos a un indio que venía a las poblazones donde íbamos, e se prendió; e preso, entendimos ser hijo del cacique donde habíamos estado, pero llevámoslo con nos; fuimos a dormir en esta tierra en una cañada de muchos pinos.
Tags: carta, ensayo, memorias, MEXICO, nota, piezaRelated posts
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