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y del Rey. Y a este tiempo, andando el dicho Teniente con algunos compañeros por de dentro del pueblo, no hubo indio que más tirase piedra, ni flecha; mas antes todos procuraban por señas de querer nuestra amistad, y haciendo la cruz con sus manos, diciendo amigos, amigos, amigos, que es la señal que para nuestra amistad muestran. Y así andando en esto, el Teniente de Gobernador fue a una plaza, donde estaba el Capitán del dicho pueblo, y salió el dicho Capitán a un corredor, y estuvo hablando con el dicho Teniente. Estaba a este tiempo con él Diego de Biruega, el cual subió dos altos para querer hablar con el Capitán y halagarlos, y subido que fue, los indios se iban huyendo dél; salió un viejo, que quedó por donde había entrado, que le abrazó, y así se tornó a abajar, y el dicho Teniente por señas, dijo al Capitán y a otros muchos que en aquel corredor estaban, que él no les venía a hacer mal ninguno, y que no tuviesen miedo; y ellos lo entendieron claramente, e les trujeron muchas cosillas de comer luego, e se las echaban de los corredores, porque ninguno quiso abajar abajo; y un indio se determinó a querer bajar, y otros pagaron24 dél, y así no bajó. Y el dicho Teniente pidió al Capitán las armas y sillas y arcabuces y toda la demás ropa que había quitado al dicho Maese de campo y sus compañeros; y él les respondió que las sillas todas las habían quemado, y los arcabuces y las guarniciones de las espadas y toda la ropa repartida y llevada a otros pueblos, de modo que dio a entender claramente que no había ya nada, salvo algunas hojas sin guarniciones. Mandó el dicho Teniente a algunos de sus compañeros, que en aquel cuartel, donde había la mucha fuerza, y nos teníamos ganado, procurasen si podían prender a algunos indios, para que de ellos se supiese de las armas e ropa, y así lo pusieron por obra; e mandó que no se les hiciese daño ninguno, y se volvió adonde dejaba el Capitán del pueblo, diciéndole que no tuviesen miedo, porque no se les haría ningún daño, y ellos lo entendieron claramente, y mostraron querer amistad. Subiose el dicho Capitán sobre unas azoteas, de allí hizo un parlamento a su gente e pueblo, a voces altas; luego vimos salir mucha gente por todos los corredores, mostrando alegría, mostrando señales de mucha amistad, mas con todo esto ninguno quiso bajar a las plazas ni calles. E tornando (a decir) el dicho Teniente al dicho Capitán, hiciese parecer e traer a sus gentes lo que habían quitado tornole a responder que no había nada, y eso que hubiese, se lo haría traer; y así luego hizo traer dos hojas de espadas sin guarniciones, una escarcela, unos pedazos de jerga, y algunas cosillas de poco momento. Y a esto era ya tarde, y le dijo el dicho Teniente que hiciese buscar y juntar todo, y que al otro día lo daría; y así se fue a su alojamiento a ver si habían sus compañeros tomado o prendido algunos indios, e le respondieron que no fueron poderosos a ello, porque eran tantas las portinuelas25 y escutillones26 que en el dicho cuartel había minas e contraminas por debajo de tierra, que era un laberinto de ver; y así, por ser ya de noche, lo dejaron. Mandó el Teniente al Maese de campo que en aquel cuartel e las azoteas dél pusiese vela e guarda, bastante para que los indios e gentes no saliesen de allí, para que el otro se pusiese calor a sacarlos, para que entendiesen no se les haría, ni queríamos hacerles ningún mal ni daño. Y así el dicho Maese de campo mandó al capitán Alonso Xáimez se apercibiese para la dicha vela o guarda, como lo mandaba el dicho Teniente, y tuviese consigo para el efecto gente bastante, la que a él le pareciese; y así, llevó consigo a Juan Estrada, Juan Rodríguez Nieto, Juan de Contreras, Francisco de Mancha, Diego Díez de Verlanga, Francisco de Bascones. Y así, mandó el dicho Teniente al dicho Maese de campo pusiese guarda e vela de a caballo a la redonda del pueblo; para que la gente no se saliese dél. Lo cual él lo mandó, e fueron de la dicha guarda del pueblo Martín de Salazar, Francisco López de Ricalde, Juan de Carbajal, Hernán Ponce de León, Juan Sánchez, Juancho, Cristóbal Martín, Juan Rodríguez de Ávalos, Blas Martínez de Mederos, Juan López, Diego de Biruega; y puestas estas dichas guardas e velas, quedó todo sosegado este día, e con vela en el cuerpo de guardia.

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