Воспоминание об открытии Гаспара Костаньи де Сосы. Memoria del descubrimiento que Gaspar Castaño de Sosa, hizo en el Nuevo México
Uncategorized March 11th, 2006
Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33
Email This Post
|
Print It
|
| 103 views
El dicho Teniente respondió que quería si por bien los podía aplacar, para que no hubiese daño de una parte o de otra, y así le respondieron: «no gaste vuesa merced tiempo en ello, porque es por demás», y así el dicho Teniente llamó a Andrés Pérez, secretario, que fuese con él; el cual fue, y llegado al pueblo y andando a la redonda dél, dijo al dicho Secretario, que diese fe de cómo su merced les llamaba por señas, y había gastado todo este tiempo en dar muchas vueltas al pueblo con los dichos maese de campo Martín de Salazar, Juan de Carbajal e Blas Martínez de Mederos y con Diego de Biruega. Y así, visto por el dicho Secretario el apercibimiento que les hacía el dicho Teniente de antes, como se lo hizo en presencia del dicho Andrés Pérez, secretario, el dicho Teniente le dijo que diese fe de ello e de todo le diese testimonio en presencia de los dichos, e se volvió al Real, y les tornó a preguntar a todos sus compañeros: «¿qué haremos, señores, porque estos indios no quieren acudir a cosa?» Y así le respondieron todos en una voz: «¿que aguarda vuesa merced a estos perros?» Y el dicho Teniente respondió: «¿pues qué quieren vuestras mercedes que hagamos?» Tornaron a decir que les sacudiesen por mal, que por bien no había de hacer buenos amigos dellos. El dicho Teniente les respondió: «paréceme, señores compañeros, que es ya tarde para ponernos a hacer este negocio como vuestras mercedes lo dicen». Ellos respondieron, que si de Dios estaba tener nosotros vitoria, nos ha de sobrar tiempo. Sería esto a las dos de la tarde; todos entendimos que el dicho Teniente hacía esto por alargar el tiempo a los dichos indios. Y visto el parecer de todos, mandó al Maese de campo enviase a dos compañeros a poner en un alto a las espaldas del pueblo, donde se descubría todo, para que viesen si salía gente dél; y al efecto envió a Juan de Carbajal y a Blas Martínez de Mederos fuesen al dicho alto, y así fueron. Y el dicho Teniente se volvió al pueblo a tornarlos a llamar y halagar; y no quisieron, mas antes una india salió a un corredor de las dichas casas, que son de a cuatro y cinco sobrados, e le echó una poca de ceniza, y a esta dieron grande alarido, y él se volvió, e mandó que todos se apercibiesen, e tomasen sus caballos los que tenían armas, y mandó a Juan Rodríguez Nieto disparase uno de los tiros por alto. Y así se disparó e con él la arcabucería, a ver si con esto tomaban temor, e se fueron llegando al dicho pueblo, y ellos tirando mucha piedra con ondas y a mano y mucha flechería; y el dicho Teniente, con todo esto los llamaba, y ellos hacían más burla, a tanto, que las mujeres mostraban terrible ánimo, e iban subiendo mucha piedra a los altos. Y así mandó el dicho Teniente al Maese de campo, mandase con todo rigor batir el dicho pueblo, y para más seguridad nuestra, se fue el dicho Teniente y el Maese de campo a un lado del pueblo, a un cuartel que allí estaba sin gente, y hizo subir a lo alto a Diego de Biruega, Francisco de Mancha, Diego Díaz de Verlanga, Juan Rodríguez Nieto, con una de las dichas piezas de artillería, y así subieron, aunque con mucho trabajo, porque los indios le daban mucha guerra de detrás de una manga e trinchera; e para poder mejor subir, el dicho Teniente arremetió a aquella gente donde los indios estaban e los hizo retirar. Y subidos arriba a lo alto, el dicho Teniente les dijo, diciéndoles que de allí arcabuceasen a la parte que más necesario fuese, y así se volvió adonde quedaba el dicho Maese de campo con los demás compañeros, donde había gran fuerza de gente, que era la mayor que en todo el pueblo había, y así, por ser la más fuerte, se procuró combatir con mucha arcabucería. Y visto los indios lo mucho que los apretábamos, ellos no hacían menos, y con todo esto no había ningunos que dejasen sus cuarteles ni trincheras; mas antes, cada uno procuraba defender lo que era a su cargo sin hacer mudanza; cosa no creída, que bárbaros tal astucia tengan. A este tiempo, estando muy cerca deste dicho cuartel, un indio, criado del dicho Teniente, llamado Thomás, con un arco y flechas empezó de tirarles, y otro indio, llamado Miguel, hizo lo propio: visto por los dichos indios que los nuestros les tiraban flechas, se espantaban e mostraban más temor que no la arcabucería, y así mandó el dicho Teniente que les apretasen por todas partes, y así se hizo; y el dicho indio entró en un aposento, y juntamente con él Domingo Hernández Portugués, e los demás en sus puestos, disparando su arcabucería. Y visto los indios lo mucho que les apretaban, iban dejando algunos alojamientos; y visto por el dicho Teniente que ya podían entrar seguramente y en esta parte, mandó que subiesen algunos compañeros a tomar el alto de aquella fuerza; e para el efecto, mandó a algunos compañeros que subiesen e se fuesen al cuartel adonde estaban Biruega, Mancha, Diego Díez, Juan Rodríguez, e les preguntó lo que había; ellos le respondieron que estaban dos de ellos heridos, mas que la gente de aquella fuerza que pretendíamos ganar, se retiraba la mayor parte della, y un indio que allí andaba entre los demás, que mostraba muy grandísimo ánimo, iba reforzando con gente la dicha fuerza, le había a este punto derribado Diego Díaz de Verlanga de un arcabuzazo, cosa no creída por ser muy lejos; y viendo caído éste los de aquel cuartel, que era el más fuerte y el que se pretendía ganar, había desamparado la fuerza, la mayor parte de ella. Y así se fue el dicho Teniente, e dejó a los dichos, visto que estaban en su puesto como muy valerosos soldados, como allí lo mostraron y en todo lo demás; y les dijo que no disparasen arcabuz ninguno ni se hiciese de allí más daño. Llevó consigo a Diego de Biruega, a la parte donde se combatía, e mandó al capitán Alonso Xáimez subiese a lo alto con algunos compañeros, porque los de abajo les irían haciendo segura la subida, como se hizo. E viendo los indios, aunque a este tiempo no parecían muchos como de antes, mas esos pocos que allí quedaban, de atrás de sus pretiles, defendían valerosamente los altos, porque no se pudiese subir, si no era por escaleras que tienen, hechas de palillos, que no puede subir más de una persona, e para entrar e subir de un aposento a otro, no hay puertas, sino unos escotillones, cuanto quepa una persona; y así los nuestros para poder entrar por estos escotillones, y subir a los altos de las azoteas, era menester entrar por ellos sin espada y adarga, y para poderlas llevar, se las iban dando los unos a los otros, como iban subiendo. Y visto el dicho Teniente el riesgo que los nuestros tenían, mandó al Maese de campo y a otros muchos compañeros que apuntasen su arcabucería en los contrarios, porque de antes les había mandado que no tirasen a matarlos, porque sin matar los esperaba en Dios que habíamos de salir con la nuestra, como fue Dios servido. Y así, visto lo mandado, el Maese de campo de un arcabuzazo derribó a uno, e Juan de Contreras derribó a otro, Juan López, criado del dicho Teniente, derribó otro, y así dejaron aquel pretil e fuerza, e los nuestros subieron a lo alto. El primero que subió fue Diego de Biruega, Francisco López de Ricalde, Juan Rodríguez de Ávalos, el capitán Alonso Xáimez, Juan de Estrada, Francisco de Bastones, Cristóbal Martín fueron los que subieron; luego el dicho Teniente mandó a Juan de Contreras, alférez de su campo por ausencia de su hermano Francisco Salgado, subiese a lo alto, juntamente los trompeteros, tocando las trompetas, señal de alegría y vitoria. Y visto el pueblo que este cuartel estaba ganado de los nuestros, no paresció persona emproviso en todas las azoteas. Y a este tiempo, el dicho Teniente de Gobernador y Capitán general, con algunos compañeros, entró por las plazas del dicho pueblo e calles e las gentes que en él había en este tiempo, se asomaban todos a los corredores, que tenían hechos de maderas, por todas las calles, plazas, cuarteles, e todos se mandan por ellos de unas casas a otras, y algunas puentes de madera que tenían en los altos de las azoteas de una a otra, donde había calle en medio; y así se mandaban por todas partes con mucha seguridad, aunque de los nuestros no se les hizo más daño de lo dicho, porque el dicho Teniente de Gobernador lo quería llevar más por amistad que no por guerra. Y este daño que se les hizo le pesó en extremo, respecto de que no pudo hacerse de otra suerte para seguridad de los nuestros; tanto, que antes de esto se pegó fuego en un corredorcillo de madera, y el dicho Teniente, visto pegado el dicho fuego, mandó con mucha instancia que se apagase, el cual acudió a ello con mucha diligencia, Diego de Biruega, como la suele tener en otras muchas cosas, y así lo apagó, de que el dicho Teniente se holgó mucho, diciendo que, pues éramos cristianos, habíamos de usar de cristiandad, como lo debemos hacer en todas cosas tocantes al servicio de Dios
Tags: carta, ensayo, memorias, MEXICO, nota, piezaRelated posts
Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33












About



Leave a Comment
You must be logged in to post a comment.