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Воспоминание об открытии Гаспара Костаньи де Сосы. Memoria del descubrimiento que Gaspar Castaño de Sosa, hizo en el Nuevo México


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En 30 del dicho salimos deste paraje, y fuimos a dormir una legua pequeña del pueblo, a donde se iba por muy mal camino; dormimos a la orilla del río.

En 31 del dicho, antes que amaneciese, mandó el Teniente aderezar de almorzar, y mandó que todos almorzasen y tuviesen confianza, que dél todos serían bien recibidos de los indios e todo el pueblo; porque su pecho e celo era de no hacerles daño ninguno, y así lo mandó a todos los compañeros no hiciesen cosa alguna, ni saliesen de la orden que el dicho Teniente les diese, o el dicho Maese de campo. Y luego salieron enderezados al dicho pueblo, e para que los indios supiesen de su ida antes de ser vistos, mandó al dicho Maese de campo enviase otros compañeros, por alguna parte oculta, a ver si podían encontrar con algún indio, para enviarle delante al pueblo, dándole a entender no venían a darles pesadumbres, mas antes los traería, e recibiría a la obediencia de Su Majestad. Salió a esto Martín de Salazar y Cristóbal y Diego de Biruega; y el dicho Teniente con su Real iban caminando al pueblo derecho por una vereda, a donde los dichos habían de salir, hallando el indio. Y así yendo caminando con su gente en orden, con su bandera alta, y llegando a vista del pueblo, mandó tocar las trompetas que llevaba, y llegando cerca del pueblo, vido que toda la gente estaba en arma, hombres y mujeres en las azoteas e por los bajos, con grande apercibimiento. E visto el dicho Teniente de Gobernador de la suerte que estaba, mandó al Maese de campo hiciese alojar el Real a tiro de arcabuz del pueblo, de aquella parte donde paresció ser más fuerte el pueblo; e se hizo ansí, e mandó dos tiros de bronce los asestase, y a esto mandó a Juan Rodríguez Nieto estuviese con los dichos tirillos y con lumbre apercebido, porque siendo necesario, estuviese todo listo para reparo e defensa de los dichos e pueblo, poniéndose en defensa, o por mejor decir, en alguna desvergüenza, como la pasada; y que todos estuviesen con mucho apercibimiento, como se pusieron todos como muy valerosos soldados, e todos debemos hacer, como lo mostraron todos generalmente. Y puesto todo esto en concierto, el dicho Teniente de Gobernador empezó de llamar los indios por señas, e ninguno quiso venir ni salir de sus alojamientos, ni detrás de sus muralletas y trincheras e mangas22 que el dicho pueblo tiene en las partes más necesarias para su defensa. Aunque todo esto era hecho de atrás, la causa dello de presente no la entendimos, salvo después nos dieron a entender que tenían guerra con otras gentes, y por este respecto estaban así fortalescidos; salvo en las azoteas de las casas, tenían muchos pretiles de tierra para reparo de nosotros, porque de atrás no los tenían. Esto sería a las ocho del día; y visto esto, el dicho Teniente salió del dicho alojamiento, en su compañía el maese de campo Martín de Salazar, Juan de Carbajal, Blas Martínez de Mederos, y llegándose al pueblo y a las casas, llamando a los dichos indios, e dándoles a entender que no venían a hacerles ningún mal ni daño; e con todo esto, no hubo querer a sosegarse, mas antes a gran priesa iban subiendo pedrería a las azoteas; y esto de la pedrería, la subían las mujeres, porque los hombres todos estaban en arma en sus puestos con gran de ánimo y alaridos que daban. Y el dicho Teniente con los dichos fue dando vuelta a todo el pueblo, y él y los compañeros regalando a todo el pueblo de palabra e señas que les hacía, e dándoles algunas preseas, a ver si con esto los podían aplacar. No fueron poderosos a ello, mas antes les tiraban mucha pedrada y flechas y findas23, y haciendo cada vez más algazara; y en este tiempo gastaron como cinco horas, dando muchas vueltas al pueblo, e toda la demás gente en su alojamiento, como les era mandado, y así se volvieron al dicho alojamiento. Y mandó el dicho Teniente que estuviesen todos prestos, y juntasen la caballada; y tomó algunas preseas más de las dadas, como fueron cuchillos y otras cosillas, y tornaron al pueblo, e dándole vuelta, tornándoles a regalar, e procurar saber cuál era el capitán del dicho pueblo. E puesto por obra, se vino a entender o ver el dicho indio, y a este tiempo iba Diego de Biruega, y estando a pie quiso subir por una esquina, que estaba derribada, a dar algunas cosillas a los indios que allí estaban, que en alguna mostraban querer nuestra amistad; con todo esto no quisieron dejar subir al dicho Biruega. Y a este tiempo vino allí el Capitán del dicho pueblo, e le dieron un cuchillo e no sé qué cosillas, e no bastó todo esto para sosegarles, o se volvieron todos al alojamiento, diciendo el dicho Teniente: «¿que les paresce a vuesas mercedes, señores compañeros? Estos indios no quieren nuestra amistad». Algunos les respondieron: «¿pues qué determina vuesa merced con ellos?»

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