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En 1.º de diciembre salimos deste paraje, atravesando por unos carrizales, y obra de media legua, se halló un río que venía al parecer de una sierra, que estaba a la parte del Poniente; no se pudo pasar por ir hondo, y así devolvimos al naciente a pasar el río que habíamos traído; y el río que no pudimos pasar entraba en este. Al pasar del río se quebró la carreta fuerte, y cayó al pasar del río Alonso Xáimez, Joan de Estrada, y no siendo bucios, se zambulleron ellos y sus caballos, de que hubo muy gran risa, y ellos corridos de que los llamaban bucios15. Durmiose en este paraje; el otro día mandó el Teniente de Gobernador a Cristóbal de Heredia, maese de campo, que se aprestase, y saliese con algunos compañeros por el río arriba, o a la parte que le pareciese, a ver si se podía dar con alguna gente para tomar razón de la tierra, que por la altura que había mandado tomar, le parecía haber poblaciones muy cerca. Y al cumplimiento de ello salió el dicho maese de campo, a lo que le era mandado; llevó en su compañía a Francisco López de Ricalde, Francisco de Mancha, Juan Rodríguez Nieto, Gonzalo de Lares, Cristóbal Martín, Juan López, Domingo de Santisteban, Diego de Biruega, Juan de Contreras, Josephe Rodríguez y Domingo Hernández, los cuales salieron todos con el dicho maese de campo. Diósele por instrucción, que procurase en todo caso ver si se podía hallar algunos indios, para traer uno o dos al Real, para satisfacerse si había cerca poblazones; y que no llegase a poblazones ningunas, aunque las viese, porque no quería el dicho Teniente que ninguna persona llegase a ellos, porque quería entrar con todo su campo y carretas, todos juntos en un cuerpo.

En 3 del dicho salimos deste paraje, y fuimos por el río arriba por unas ciénegas y carrizales16; fuimos a dormir al paraje del Descaído, a la orilla del río, en unos saritiales17. El descuido fue, que salió el Teniente por el río arriba, y entendiendose volvería luego, no le siguió nadie; e fue tanto adelante, que era más de dos horas de noche, e no había vuelto, de que todos estábamos con harta pena, y en alguna manera corridos de haberle dejado ir solo; mas fue por descuido, entendiéndose volvería luego. Y haciéndose muchas luminarias para que acudiese a ellas, y visto su tardanza, se iba doblando más pena a todos; y así se determinó Juan de Carbajal, Pedro Íñigo, Pedro Flores de ir en su busca, llevando hachas hechas encendidas, para que el dicho Teniente las viera. Y salido del Real con este apercibimiento, le hallaron, obra de un cuarto de legua, que venía al Real; y quejándose todos a él cómo su merced salía solo; y él respondió que no pensó pasar tan adelante, y si pasó, fue por descubrir el camino, porque había por allí mala tierra de arenales, que no se podían caminar, demás que hacía el río un codo, y por dar cabo e ese mal camino, fue causa de su tardanza. Y con esto, vístolo todo el Real, quedaron muy contentos de la mucha pena que de su tardanza había.

En 4 del dicho salimos deste paraje, y salimos de todos estos arenales y médanos18 apartados del río, porque hacía gran codo, y fueron caminando por unas sabanas, donde se atajó muy gran rato de camino: este día volvió el Teniente de Gobernador atrás con tres compañeros a ver un río, que le habían dicho venía de la parte del Naciente, a entrar en el río que llevábamos. Y vuelto, no era río, porque, los que lo vieron, eran indios que andando el día antes buscando unos caballos, los vieron, y era un estero19, y así se volvió y alcanzó el Real e carretas casi ha puesto el sol; durmiose esta noche apartado del río en unos médanos de arena.

En 6 del dicho salimos deste paraje, e fuimos el río en la mano que volvía al nordeste: fuimos a dormir a la orilla del río a una alameda de zacatales, y se pegó el fuego en la sabana, que se entendió se quemara alguna carreta, y en efecto se quemara, si no se hubiera puesto mucha diligencia en apagar el fuego. El otro día, estando en este paraje, vino Gonzalo de Lares y Francisco de Mancha, personas que habían salido con el Maese de campo a lo atrás referido, y trujeron un billete al Teniente, enviándole a pedir abastimento, porque se les había acabado lo que habían llevado, y que no podían ni habían hallado gente ni rastro della. Y así, visto las razón de los dichos, el dicho Teniente pidió un buey a Juan Pérez de los Ríos, e se mató, e mandó a los dichos Gonzalo de Lares, y Francisco de Mancha tomasen aquella carne, e se volviesen adonde quedaba el dicho Maese de campo e compañeros, porque maíz, ni harina, ni trigo no lo había ya. Y así se fueron con la dicha carne; y que dijese al dicho Maese de campo, que procurase ver si podía alzar algunos indios, como le era mandado, y si diese vista algún pueblo, no entrase en él.

En 7 del dicho salimos deste paraje, y pasamos el río, y fuimos a dormir a unas quebradillas, adonde empezaba el río a hacer unas grandes alamedas de álamos.

En 9 del dicho salimos deste paraje, y fuimos el río arriba, que tornaba a enderezar al norte, por buen camino e mucha alameda; hicimos noche en una alameda; a la orilla del río había por estos parajes grandísima cantidad de mesquite, que si no fuera por él, se pasara grandísimo trabajo; mas provee el Señor en las mayores necesidades, porque no tan solamente comían el mesquite los indios e indias, como lo comíamos todos, hombres y mujeres.

En 10 del dicho salimos deste paraje, e fuimos apartados del río, por una gran vuelta que hacía, e fuimos a pasar el río otra vez a la parte del Naciente, porque hacía destotra parte mala tierra; y pasado el río, hicimos noche.

En 11 del dicho salimos deste paraje, e fuimos caminando al nordeste por unas lomas, apartados del río, porque hacía mala tierra, demás de hacer una gran vuelta el río; fuimos a dormir en una sabana, sin agua.

En 12 del dicho salimos deste paraje, e fuimos caminando por unas muy buenas sabanas, y fuimos a tornar a tomar el río, donde mandó el Teniente de Gobernador prender a Alonso Xáimez. Y estando el otro día aquí, llegó Diego de Biruega, que había ido con el Maese de campo, a decir y avisar el camino que se había de llevar, y que no había topado gente ninguna, salvo como doce leguas de allí el río arriba, había hallado rastro de gente, e sabana quemada muy reciente, y había visto una sierra delante al norte, y esta dresera llevaba el rastro de la gente, e iban en su seguimiento; y esto trujo por nueva el dicho Diego de Biruega, que se volvió solo a esto.

El otro día siguiente salimos deste paraje, e tornamos a pasar el río a la parte del Poniente, e fuimos caminando por unas muy buenas sabanas, apartados del río, porque hacía allí gran codo; fuimos a dormir en una alameda a la orilla del río, donde se halló gran zacatal; e la gente de las espigas del zacate, cogieron gran cantidad, e la tostaban e molían para comer.

En 14 del dicho salimos deste paraje, e fuimos caminando al norueste, porque guiaba el río; fuimos a dormir, donde se quebró la carreta de don Gaspar, en una gran alameda, donde se cogió gran suma de semilla de zacate, atrás referida, porque ya no había más de doce hanegas de trigo, que el Teniente de Gobernador llevaba para sembrar; y vista la gran necesidad que se pasaba, iba dando algún poquito de trigo a las personas que le parecía más lo habían menester, porque las demás se pasaban con carne, mesquite y semilla de zacate.

En 17 salimos deste paraje, y fuimos a dormir al río, donde mataron el perro grande a Juan Pérez; matolo un buey de una coz.

En 19 del dicho salimos deste paraje, e fuimos caminando al Poniente, obra de una legua, por unas quebradas, y veníamos a dar otra vuelta al Poniente, porque así nos era forzoso por la malicia de la tierra y el río; y desta suerte venimos a dormir dentro de una quebrada, donde había un riachuelo, que venía del norueste, y antes de entrar en el río que traíamos, se perdió en unos arenales que hacía la quebrada.

En 21 del dicho salimos deste paraje, e fuimos por una muy buena sabana, aunque cuesta arriba, obra de una legua, apartados del río, porque hacía gran codo; fuimos a dormir a una rinconada, apartados del río, donde hubo muchos pareceres de que íbamos perdidos, y el Teniente de Gobernador y Capitán general, les dijo que no tuviesen pena, que él estaba enterado de que no estaban las poblaciones de allí de veinte leguas a veinte y cinco arriba; y con esto algunos quedaron contentos y otros muy incrédulos.

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