Воспоминание об открытии Гаспара Костаньи де Сосы. Memoria del descubrimiento que Gaspar Castaño de Sosa, hizo en el Nuevo México
Uncategorized March 11th, 2006
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En 23 del dicho salimos deste paraje, y al punto que estaban unciendo, llegó Pedro Flores con la nueva del agua que había descubierto, y así se fue a dormir allá con gran regocijo, por ser en cantidad. Y el otro día llegaron los dichos que habían descubierto el río, y que ya se había acabado las lomas y sierras, y estaría de allí cuatro leguas: fueron bien recibidos con la nueva que trujeron, respecto del demasiado trabajo que hasta allí se trujo por la malicia de la tierra y de las pocas aguas y trabajo de la caballada, que era lo que se sentía, porque todos en general se desesperaban por la mucha piedra que había, andando en demanda del río Salado, que era el que deseábamos. Gastose en esta sierra veinte e cinco docenas de herraje, porque de otra suerte no se podía andar, porque muchos caballos en dos o tres días se les gastaban las herraduras, cosa no creída, y así se nos encogió mucha caballada; fue cosa inmensa de ver, dino de no creer sino los que lo vieron, el mucho trabajo que toda esta compañía pasó hasta llegar a esta agua, cosa que si se hubiera de pagar a dineros en descubrir este camino no se pudieran remunerar si no fuera con muy gran cantidad. Y así el Teniente de Gobernador les vendió a todos sus compañeros las gracias, y que él esperaba en Dios Nuestro Señor, que de él serían pagados y de Su Majestad; y lo que fuese en su mano, ninguno fuese corto en mandarle ni en pedirle cosa alguna que él pudiese hacerles merced en nombre de Su Majestad, porque les daba su palabra de hacerlo así, pues con dineros el mucho trabajo y voluntad con que ellos acudían; él no era poderoso a gratificárselos de otra suerte, porque habiendo de ser con dineros, habían de ser muchos y en mucha cantidad. Y ellos, todos juntos a una voz, respondieron siempre estarían prestos a todos los trabajos que les sobreviniesen, porque ellos su principal intento no era otro sino de acudir a lo que el dicho Teniente les mandase en nombre de Su Majestad. Lo cual el dicho Teniente les agradeció, y que esperaba en Dios, mediante su voluntad y con su favor, salir con lo que habían intentado, porque dello entendía que era negocio muy principal, y que Su Majestad se lo gratificaría, como lo hace a todos los que le sirven. Y con esto el dicho Teniente quedó muy contento con tan grande ánimo como sus compañeros le mostraron, y ellos no menos de lo que el dicho Teniente les dijo. Cosa que yo aquí no puedo encarecer ni significar los trabajos atrás referidos, porque todos, en haberse hallado el río que se buscaba, entendíamos que estábamos ya fuera de todos ellos, y así se estuvo dos días aquí con muy gran contento.
En 25 del dicho fuimos a dormir deste paraje dos leguas, y quedamos sin agua.
En 26 del dicho salimos deste paraje para ir al río, cosa tan deseada, y no se pudo hallar abajadero para poder bajar al río, si no fue por unas grandes cuestas, donde se pasó mucho trabajo en hacer camino para poderse bajar; y todo este trabajo les parecía a todos cosa muy liviana por el gran deseo que tenían de servir a Dios y al Rey. Y en la dicha bajada se quebraron algunas carretas, entre las cuales se quebró una en que venía la caja Real con sus reales quintos; y así se bajaron todas, y el dicho Teniente de Gobernador mandó que se fuesen todos al río con las carretas y Real a holgarse, porque él se quedaría allí, como quedó, con algunos compañeros, con la dicha caja Real, y el otro se aderezó la carreta y se fue al dicho río.
Estando en el río, al otro día llegó Alonso Xáimez con los demás compañeros que llevó consigo, diciendo que él había seguido el rastro que el dicho Teniente les había mandado y que dio a cabo de tres días con muy gran cantidad de gente de nación tepelguan. El cual fue dellos muy bien rescibido, quedándoles a entender por nagualato a lo que iban, se holgaron mucho e les dieron muchos cueros de Cibola8, gamuzas, zapatos de su modo dellos muy buenos, mucha carne, y les dieron a entender que por allí podíamos ir, que ellos de allí nos llevarían adonde había mucho maíz y poblaciones; y así el dicho Alonso Xáimez se volvió muy contento con la amistad que los indios le mostraron. Y llegado que fue al Real, le dijo el dicho Xáimez al Teniente de Gobernador que ¿cómo, pues su merced le había enviado, cómo no le siguió? Y el Teniente se rió dél por ver cuán apartada era aquella discera de su camino, mostrándole tanto agradecimiento como él quisiera, porque no había, traído indio ninguno; y quisieran algunos que se tomara aquella derrota. Y satisfaciéndose el dicho Teniente de lo que había, entre otras muchas cosas que había un río que salía, donde aquella gente estaba, venía a entrar en el río en que estaban, y habíamos de llevar, y así el dicho Teniente le dijo que fuese el río arriba, y que llegado a la junta donde estase9 este otro, iría a ver esa gente, y desto quedó el dicho Xáimez e los demás sus compañeros que habían ido con él muy satisfechos, porque deseaban en extremo de que se fuese por allí.
En 28 del dicho salimos de este paraje: yendo el río arriba, se hallaban muchas rancherías10 recién alzadas, e no paresció sino fue un indio que salió a las carretas; no hubo lengua ninguna de muchas que llevaba que le entendiesen; personas le preguntaban algunas cosas y se entendía, y el dicho Teniente le mandó dar un poco de maíz y que fuese a llamar la gente que por allí había y que no tuviese miedo, y así se fue: fuimos a dormir a unos cerrillos a la orilla del río.
En 29 del dicho salimos deste paraje, a dormir a la propia orilla del río, donde se mató algún pescado.
En 30 del dicho salimos deste paraje, y fuimos a dormir a unas rancherías viejas, donde había muchas moscas, y el otro día faltaron muchos caballos, respecto de que se apartaron por el poco pasto que había; y andando en busca de caballos Diego Díaz de Verlanga, Francisco de Mancha, hallaron una salina muy grande y con mucha sal, cosa no creída, y muy blanca. Fuimos a dormir a unas ciénegas11, donde se derramaba mucha agua del río que hacía las dichas ciénegas. Y los primeros que llegaron a este paraje fue Diego de Biruega, Francisco López de Ricalde, Andrés Pérez, secretario de gobernación, y vieron ir caminando alguna gente e fueron a ellos y trujeron cuatro personas, porque las demás huyeron e se metieron en la ciénega. Llevaban estas gentes muchos perros cargados, porque se acostumbra por aquellas comarcas, e los vimos cargados, cosa para nos nueva, jamás vista. Y se volvieron al Real con las cuatro personas, e no hallaron al Teniente en el Real por haber vuelto atrás aquel día en busca de unos caballos, y así se soltaron luego dos mujeres con todo lo que traían e se quedaron dos gandules hasta que llegó el Teniente. Y llegado que fue, supo lo sucedido e se holgó, e visto los indios y hablándoles, no hubo quien les entendiese, y les mandó dar carne y maíz y se fueron, diciéndoles por señas que no tuviesen pena; y se fueron con todo lo que traían y un perro cargado con dos cueros liados, con su reata, pretal, taharria, de que todos holgaron verle por ser cosa nueva.
En 2 de noviembre salimos deste paraje, e fuimos a dormir a donde flecharon a Juan de Vega; y fue que llegando a la orilla del río adonde se pasó, yendo delante Diego de Biruega, Alonso Lucas, Andrés Pérez y otros compañeros, vieron estar a la orilla del río una gandulada, y se fueron los dichos a ellos y estuvieron hablando todos con los indios por señas, unos de una parte del río y otros de otra, y apartándose los dichos de los indios, quedó el dicho Juan de Vega, indio; y visto quedaba solo, asieron dél algunos indios y lo echaron en el río, y le quitaron una chamarra y le dieron tres flechazos. Y al otro día de mañana parecieron cantidad de indios, y el dicho Teniente procuró de que viniese al Real e no pudo por ningún caso, y estando allí, porque se holgó aquel día, vieron del Real llevar a los dichos, indios no sé que bueyes; y visto su desvergüenza, el dicho Teniente mandó a Cristóbal de Heredia y algunos soldados fuesen en seguimiento de los indios que llevaban los dichos bueyes. Yendo el dicho en seguimiento, dieron con una gandulada y dicen que les salieron flechando, y ellos en defensa mataron algunos dellos y prendieron cuatro y los trujeron al Real. Y el dicho Teniente, visto la causa por vista de ojos e la llevada de los bueyes, para castigo de los tales dañadores, mandó a uno dellos que se ahorcase e los otros tres, por ser mozos e de poca edad, los trujo para lenguas en el dicho su campo; e para que más presto hubiesen de deprender la lengua e fuesen enseñados, depositó uno dellos a Joan Pérez de los Ríos y otro a Pedro Flores, y el otro a Cristóbal de Heredia. Y con toda diligencia que se hizo, llevaron un buey, porque los demás se huyeron. En este paraje se hizo abrevadero a mano y se halló mucho mesquite12 de que la gente menuda comía y excusaba alguna costa de bastimento y se estimaba mucho por el poco que había.
Tags: carta, ensayo, memorias, MEXICO, nota, piezaRelated posts
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